miércoles, 25 de marzo de 2026

 LA CASA-TORRE

 Y FERRERÍA DE OLAETXEA

EN ALTZOLA

Juan Pérez de Licona y María Ibáñez de Sasiola



Esta bella fotografía de Indalecio Ojanguren, probablemente realizada en la década de 1920, nos muestra las ruinas de lo que fue una antigua y poderosa casa-torre gamboína, así como una de las más importantes ferrerías de Gipuzkoa.

Situada junto a la N-634 en el barrio elgoibartarra de Altzola, merece la pena contemplarla desde el otro lado del río Deba, junto al antiguo balneario.

Al parecer, esta torre-ferrería que a lo largo de la historia perteneció a diferentes familias ya estaba en funcionamiento desde el siglo XIII. Derruida en tiempos de Enrique IV (S. XV) durante las guerras banderizas, fue nuevamente reconstruida a principios del XVI.

Casa-torre y ferrería de Olaetxea. Litografía del siglo XIX.

 A pesar de su lamentable estado, el edificio muestra interesantes elementos arquitectónicos de los siglos XV-XVI como los arcos apuntados a través de los cuales discurrían las aguas que movían el martillo pilón de la instalación ferrona. También conserva, en las esquinas superiores de la fachada que da al río, dos garitones originales así como un matacán defensivo de la misma época. En el pasado, la antigua casa-torre también contó con un molino y una ermita, ésta bajo la advocación de La Concepción. La ermita se desmanteló a mediados del siglo XIX y en su lugar se construyó la casa que muestra la fotografía de Ojanguren, a la izquierda de la torre, y que fue derruida en 1953.

Según la tradición, en esta ferrería se fabricó el primer ancla de hierro elaborada de una sola pieza y con un peso de tres toneladas. Se dice también que en la ferrería se elaboraban clavos para la construcción naval en los astilleros de Deba, Mutriku  y otros puertos vascos donde se botaban los galeones que entre otras cosas realizaban las campañas balleneras en aguas de Terranova.

Líneas arriba comentaba que esta torre-ferrería a lo largo de su historia perteneció a diversas y poderosas familias, una de ellas los Andonaegui. Pero, como debarra, me gustaría hacer referencia e incidir especialmente en una muy especial: los Licona-Sasiola. Gracias al historiador Javier Elorza hoy sabemos que en 1477 Juan Pérez de Licona era propietario de la mitad de la torre y ferrería de Olaetxea.

¿Pero quién era Juan Pérez de Licona? Para quién lo desconozca, decir que el citado Licona pertenecía a una importante y poderosa familia de mercaderes de Ondarroa; su torre natal aún se conserva en esa población bizkaina.

Juan Pérez de Licona, conocido como "Balento" era tío de la madre de San Ignacio de Loyola, la azkoitiarra Marina Sanz de Licona y Balda; era por tanto tío abuelo de Iñigo de Loyola. En 1458 el ondarrutarra se casó en Deba con María Ibáñez de Sasiola, miembro de otra poderosa y noble familia, levantando el matrimonio su propia torre "Etxeandia" en el arrabal de Deba, en la actual calle Astillero.

En 1503 los esposos donan la torre de la familia Sasiola, situada río arriba a unos tres kilómetros de la villa de Deba, a la comunidad franciscana de la Seráfica Orden de la Observancia. Dicha orden establecerá allí un importante convento en el que, cumpliendo su voluntad, Juan Pérez de Licona y su esposa María Ibáñez de Sasiola fueron enterrados tras su muerte. El convento franciscano de Sasiola al igual que la casa-torre y ferrería de Olaetxea está actualmente en ruinas.

Ello me obliga a invitar a los lectores a realizar una reflexión.

Todos los años Debako Kultur Elkartea suele organizar varias visitas guiadas para dar a conocer el valor de nuestro patrimonio; una de ellas precisamente al convento de Sasiola. Y todos los años al llegar a Sasiola comienzo la visita con las mismas palabras, palabras que no son mías sino de un fascinante y casi desconocido personaje que no siendo ni vasco ni español luchó como nadie por salvaguardar el patrimonio vernáculo de Euskal Herria: el arquitecto suizo Alfred Baeschlin: 

" Los bellos monumentos, legados del pasado, se van uno tras otro. Se mueren. Sin agonía, sin que nos demos cuenta de la proximidad del fin brutal. Como ya los hemos conocido viejos, agrietados y decaídos, nos parece que han de durar siempre" .

Estas líneas las escribió en un artículo publicado el 14 de octubre de 1927 en el diario La Tarde, de Bilbao. En él se refería a la imponente torre medieval de Sestao, ya desgraciadamente desaparecida, pero perfectamente podría referirse a la casa-torre de Olaetxea en Altzola o al convento franciscano de Sasiola.

Cada vez que paso ante ellas, ambas al pie de la N-634, giro mi cabeza y recuerdo las palabras de don Alfred. Y mi sentimiento es el mismo: ¡Qué pena! ¡Qué desidia! ¡No somos dignos de tener lo que tenemos! 


Torre de Sestao (Bizkaia). Levantada en 1370 y derribada en 1931.






 

     













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