viernes, 10 de julio de 2026

            

                                                                        1898

 LOS ÚLTIMOS ITZIARTARRAS Y DEBARRAS

 DE FILIPINAS, CUBA, PUERTO RICO

 Y DEMÁS COLONIAS

 HISTORIAS DE LA GUERRA Y LA EMIGRACIÓN


     Soldados españoles durante la Guerra Hispano-Norteamericana en Cuba. Fotografía de autor desconocido

En esta ocasión he querido escribir basándome en ciertos datos, creo yo interesantes, sacados del Archivo Histórico Municipal de Deba. Todos ellos corresponden a las actas municipales de las sesiones celebradas durante el año 1898.

He preferido seleccionar ese año por lo que representa, que no es poco; porque fue precisamente entonces cuando, tras la derrota en la Guerra Hispano-Norteamericana y el tratado de París, España perdió obligadamente las provincias ultramarinas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas así como la isla de Guam en el Pacífico que, con malas artes, pasaron a estar bajo la órbita norteamericana del tío Sam. Un año más tarde, en 1899, España vendería a Alemania, a precio de saldo (25 millones de pesetas) las islas Marianas del Norte, las islas Carolinas y Palaos, archipiélagos del Pacífico que desde hacía siglos seguían perteneciendo a España y que en honor a la verdad representaban un "muerto" difícil de mantener.

                                       


 
Peseta española de Alfonso XIII utilizada en Guam hasta 1898. Cuando el almirante norteamericano F.V. Green tomó posesión de la isla ordenó estampar sobre las monedas españolas una estrella de cinco puntas y en su interior sus propias iniciales y la inscripción USA 1899 GUAM.

Tras leer las actas municipales de 1898 saqué una conclusión: Cuánta pobreza; cuánta miseria. Y digo esto porque para mantener todas aquellas posesiones se necesitaba un buen contingente de tropas, de soldados de remplazo, de chicos que obligadamente tenían que dejar el caserío para mantener a tiro limpio las colonias de un imperio ya inexistente y en el peor de los casos morir a miles de kilómetros.

 Hay que tener en cuenta que en 1898 España contaba con poco más de 18 millones de habitantes y que tan solo en la isla de Cuba las fuerzas armadas españolas estaban compuestas por más de 200.000 hombres entre ejército regular y cuerpo de voluntarios, y que solo entre 1895 y 1898 murieron en Cuba alrededor de 45.000 soldados españoles, la mayoría debido a enfermedades como la fiebre amarilla, la malaria, la disentería o el tifus.

El gran benefactor debarra José Manuel Ostolaza Zabala narraba que antes de emigrar a América, donde hizo fortuna, había estudiado la carrera de náutica en Bilbao y que siendo un joven piloto estuvo embarcado llevando tropas desde la Península a Filipinas y a Cuba. Lo que más le marcó de aquella época fue la cantidad de jóvenes soldados que morían a bordo. Así narraba uno de sus viajes de Cádiz a Manila embarcado en uno de los buques de la Compañía Transatlántica Española:

 “Fue un viaje desastroso; de los 3.200 hombres de tropa que conducíamos, por accidentes, temporales y pestes desarrolladas a bordo, antes de llegar a Singapur se echaron al agua más de 500 cadáveres”.

             1898. Soldados españoles en Filipinas a la hora del rancho. Autor desconocido.

Pero para hacernos una somera idea de la situación de entonces en Deba, Itziar y sus caseríos pasaré a describir algunos fragmentos de varias actas municipales debarras de 1898. No voy a hacer mención a solicitudes de socorro por parte de viudas, ancianos o simplemente padres de familia solicitando ayuda económica para su sostenimiento, incluso para la lactancia de sus hijos. Me hubiese gustado mostrar más ejemplos de los años 1895, 1896 y 1897, años tan o más desastrosos que 1898, pero por cuestiones de espacio me privaré de ello.


 Sesión del 9 de enero de 1898:

“Seguidamente se entera de una instancia de José Eizaguirre del caserío Saleche en solicitud de socorro fundándose en haber perdido en el interregno de dos años dos hijos, uno en la Guerra de Cuba, y previa una razonada discusión acordó no tomarla en consideración en razón a no establecer precedente”

El pobre José Eizaguirre se quedó sin la ayuda municipal. La muerte de sus dos hijos suponía la ruina del caserío.

 

Sesión del 6 de marzo de 1898 (Acta de clasificación y declaración de soldados):

El soldado Juan Garate Beristain, hijo de Francisco y Juana tras ser tallado y reconocido médicamente “alega la excepción de tener dos hermanos en filas y ningún otro que llegue á diez y siete años. Reconocido por el Médico municipal manifiesta no observarle ningún defecto. Visto el expediente del que resulta que sólo tiene dos hermanos mayores de 17 años, el 1º llamado José del reemplazo de 1893 en el 2º Regimiento de Zapadores  Avistadores según certificado que acompaña, y el 2º también José Garate Beristain en el Batallón de Cazadores nº12 Expedicionario de Filipinas…”

El Ayuntamiento acuerda declararle soldado condicional hasta que no presente el certificado de hallarse activo el incorporado para servir en Filipinas. Dos hermanos en filas y a punto de llevarse al tercero: otra ruina para el caserío. ¿Quién iba a trabajar la tierra?.

Desembarco en Manila de un Batallón de Cazadores Expedicionarios del ejército español. Quién sabe si entre  los soldados que aparecen en la fotografía se encuentra José Garate Beristain, del batallón de cazadores Nº12 citado en las actas municipales de Deba. Fotografía del catálogo de la exposición "El imaginario colonial".

 

Sesión del 20 de marzo de 1898:

“Dada cuenta de haber regresado enfermo de Cuba el soldado José Beloqui Elorza y por prescripción facultativa habérsele señalado interinamente la adquisición de píldoras de quinina, 125 gramos de arroz, 250 de carne, 250 de pan, un litro de leche y medio litro de vino diarios acuerda se le siga socorriendo en la misma forma hasta nueva orden”.

En este caso  la Comisión Municipal de Beneficencia hizo un derroche de generosidad.

 

Sesión del 31 de mayo de 1898:

“Dado cuenta de una instancia de Sebastián Larrañaga en solicitud de que sea socorrido su hijo Juan José Larrañaga que ha regresado enfermo de la campaña de Cuba, acuerda manifestarle que los otros soldados que enfermos como él han venido del Ferrol no han sido socorridos y no obstante si presenta documento de que ha regresado enfermo de Cuba ó Filipinas podrá ser reconocido”

Se deduce que Juan José Larrañaga debió desembarcar en Ferrol tras servir como soldado en la campaña de Cuba.

 

Sesión del 11 de septiembre de 1898:

“Acto seguido se entera el Ayuntamiento de que los mozos Francisco Arruti Salegui y Julián Aguirregaviria y Aramberri, hijos de José y Simón y de Francisca y Josefa mozos nº1 y 13 del sorteo del año 1898 y 20 y 17 del alistamiento del mismo año, fueron citados en debida forma para el acto de ingreso en Caja y posteriormente por tres veces seguidas para serles entregados los pases correspondientes expedidos por el Jefe de la Caja de Recluta de San Sebastián, a pesar de lo cual no comparecieron aquellos al referido acto ni tampoco alegaron causa justa que les impidiese su presentación…”

Dos que no quieren ir a la mili. Tal y como estaban las cosas mejor largarse.

 

Sesión del 2 de octubre de 1898, veintiún días después :

Se da cuenta de los expedientes instruidos contra ambos prófugos y siguiendo las leyes “El Ayuntamiento acuerda. Que debe declarar como declara Prófugos para todos los efectos legales a los mencionados mozos Francisco Arruti y Salegui y Julian Aguirregaviria y Aramberri y sujetos por tanto a servir en Ultramar con el recargo de dos años sobre el tiempo ordinario y pérdida de todo derecho de redención sustitución exclusión y excepción condenándoles al pago que ocasione su busca, captura y conducción á la Capital, á cuyo efecto la Corporación recomienda al Sr Presidente que procure desplegar la mayor actividad por medio de los dependientes del Municipio y despacho de suplicatorios exhortos y mandamientos á las autoridades y funcionarios respectivos con inserción de anuncios en los periódicos oficiales…”

Lo del recargo de dos años sobre el tiempo ordinario de servicio no era una broma. Hay que tener en cuenta que en 1898 el servicio militar activo duraba tres años, más cinco en la reserva. Esto quiere decir que los mozos de Zubelzu Torre y Ugarte Berri con el recargo de dos años iban a cumplir una mili activa de como mínimo cinco años. A todo esto: sobra decir que por entonces existía la denominada "redención en metálico" que consistía en pagar 1500 pesetas para librarse del servicio militar, todo un dineral solo al alcance de las familias muy pudientes. ¡Lo de siempre!

Tras leer el acta referente a la busca y captura de estos dos mozos quedé intrigado por saber de qué casa o caserío podían proceder. En el acta se citaban sus nombres y apellidos y además en el acta anterior se citaba el nombre de sus padres.

Hace unos años fotografié todas las páginas del Libro de Matrícula de la Parroquia de Itziar; el correspondiente a 1887. En él aparecían los datos de todos los habitantes de Itziar en los que se incluía además de sus nombres, la edad, el lugar de nacimiento, la casa o el caserío donde habitaban, la profesión, e incluso si comulgaban por Pascua Florida (al menos una vez al año).

Tras revisar las 1642 matriculaciones de Itziar correspondientes al año 1887 entre las que en buena lógica debían aparecer los dos prófugos, tuve mi recompensa. Allí estaban ambos y también sus padres y hermanos.

El primero de ellos, Francisco Arruti Salegui, hijo de José Ramón Arruti y de Francisca Nicolasa Salegui, tenía 19 años en el momento de ser llamado a filas y era natural del caserío Zubelzu Torre, en el barrio de Mardari. El matrimonio Arruti-Salegui tenía siete hijos, cinco varones y dos chicas. Francisco era el sexto hijo.

El segundo de los jóvenes prófugos en busca y captura, Julián Aguirregaviria Aramberri, era hijo de Simón Aguirregaviria Azpiazu y de Josefa Aramberri Larrañaga. En el momento de ser llamado a filas contaba dieciocho años. El matrimonio tenía ocho hijos e hijas llamados Faustino, Francisco, Josefa Antonia, José Mª, José Benito, Julián, Sabina y María. Julián era el sexto hijo.

Libro de matrícula de la parroquia de Itziar correspondiente al año 1887. En la página se muestra todos los habitantes del caserío "Ugarte berria" en el barrio de Arbizkoa, entre los que aparece Julián Aguirregaviria cuando contaba 7 años.  

Solo quedaba ponerme en contacto con algún miembro de las actuales familias Arruti y Aguirregabiria, en los caseríos Zubeltzu Torre y Ugarte Berri. En el primero de los casos no hubo suerte. Intenté con el segundo.

Llamé por teléfono a Sabino Aguirregabiria para comentarle que estaba escribiendo este artículo y para preguntarle si sabía algo más sobre sus antepasados y sobre el prófugo Julián Aguirregaviria, hermano de su bisabuelo. Y así descubrí una interesante historia sobre los Aguirregaviria de Ugarte Berri.

Sabino me contó que de los cinco hijos varones, Faustino, su bisabuelo, al ser el mayor se quedó con el caserío. José María y José Benito lucharon en Filipinas y consiguieron regresar vivos. Pero al poco tiempo emigraron a Argentina, concretamente a Buenos Aires. Al poco, dos de las hermanas seguirían el mismo camino asentándose en la capital argentina donde, al menos al principio, al tener muy buena mano para la costura se ganaron muy bien la vida. Una de ellas (María Jacinta Josefa) nacida el 20 de marzo de 1886 en el caserío Ugarte Berri de Itziar uniría su vida en Argentina a la de otro vasco natural de Sestao, Fermín Gorostiza. De esa unión nacería su hijo Héctor Carlos Gorostiza Aguirregaviria, importante dramaturgo y Secretario de Cultura de la Nación durante el gobierno democrático del presidente Raúl Alfonsín. 

Pero no queda ahí la cosa. Carlos Gorostiza, el hijo de aquella chica de Ugarte Berri tendría una hermanastra llamada María Esther Gorostiza a la que conoció cuando ella tenía diecinueve años. María Esther era ni más ni menos que la famosa actriz Analía Gadé, nombre artístico de ésta.

Pero volviendo a Julíán "el prófugo", pregunté a Sabino si sabía qué había sido de él. En 1898 estaba buscado por las autoridades y hasta ahí llegaban mis pistas. Una vez más mi interlocutor fue abriéndome el camino de la historia de Ugarte Berri. Al parecer tras la independencia de Cuba en 1898, Julián se asentó en aquel país junto a su hermano Patxi (Francisco), ocho años mayor que él.

Y efectivamente, al consultar la "Gaceta" cubana en la que se publicaban las Cartas de Naturalización (concesión de la nacionalidad) otorgadas durante el mes de mayo de 1904 por el presidente de la República de Cuba Tomás Estrada Palma, pude leer:

"A Julián Aguirregaviria y Arambarri, natural de Deva, Guipúzcoa, España, de 25 años de edad, soltero, hijo de Simón y de Josefa".

Ya tenemos a Julián convertido en un cubano hecho y derecho, pero aún soltero. En Cuba los dos hermanos, Patxi y Julián, se asentarían y la vida les debió sonreír pues además de formar familia ambos tuvieron suerte en los negocios llegando a alcanzar un buen estatus económico-social.



Fotografía de los hermanos Patxi (sentado) y Julián (de pie) Aguirregaviria Aramberri con sus mujeres e hijos. La elegante ropa que visten todos nos da a entender su presumible buena situación económica.

Caserío Ugarte Berri. La fotografía fue realizada en 1945 por las hijas de Patxi Aguirregaviria  durante una de las visitas a la casa natal de su padre. 
 

Contaba Sabino que cuando las hijas de Patxi venían de Cuba de vacaciones solían hospedarse en el Hotel María Cristina de Donostia e iban de visita al caserío en coche. Pero algo se les torció en el camino a los Aguirregaviria cubanos. Después de haber hecho fortuna en la perla del Caribe llegó la revolución castrista (1953-1959) que acabó con la dictadura de Fulgencio Batista. Una gran parte de lo que habían ganado con sumo esfuerzo se esfumó y supuso la ruina de los hermanos Aguirregaviria. Ambos murieron en Cuba y allí reposan. Según me contaba Sabino, algunos de los descendientes de ambos residen en Miami y en Bilbao.

Esta es una de tantas historias de gentes que, como ocurre hoy día, pero a la inversa, tuvieron que dejar su tierra no por gusto, sino para ganarse la vida lejos, muy lejos de casa. Quizás, historias como ésta nos ayuden a comprender a quienes hoy día, escapando de la guerra o del hambre llegan a nuestra tierra buscando una vida humanamente digna. Porque también nosotros, los vascos, hemos sido un pueblo de emigrantes.       




 

                         LEOCADIO IRIONDO LIZARZABURU

                 “El héroe que perdió una pierna por su Patria”

                   El duro periplo de un miliciano republicano.



En septiembre de 1938, dos años después de su marcha al exilio en Méjico, José Manuel Ostolaza, fundador de la E.B.E.F.O. enviaba una postal dedicada a un antiguo alumno del mencionado centro. Iba dirigida a Leocadio Iriondo Lizarzaburu con motivo del décimo aniversario de la fundación del centro debarra. 

El anverso de dicha postal mostraba a la plantilla de la empresa de Ostolaza, la Mexican American Hat Co. sita en la ciudad norteamericana de Saint Louis, Missouri, dirigida ya entonces por su hermano Francisco. En el reverso de la tarjeta, además de las fechas del aniversario “Sep. 17/1928 - Sep. 17/1938, 10º Aniversario de la E.B.E.F.O.”, un texto impreso sobre cómo, cuándo y otras circunstancias acerca de la creación de la empresa de Ostolaza.

Pero lo más curioso es el texto manuscrito por José Manuel dedicado a su querido ex alumno Leocadio:

“Un recuerdo al E.B.E.F.O. devarra, Leocadio Iriondo, héroe que ha perdido una pierna por su Patria.

J.M. Ostolaza

México sep. 1938.”

Bonita y sencilla dedicatoria. 





Muchos de los que conocieron a Leocadio, e incluso de los que a menudo fueron atendidos por él en la barra del bar Buru Zuri, es probable que desconozcan que en 1936, al poco de cerrarse el centro fundado por Ostolaza, Leocadio, con diecinueve años (cumpliría veinte el 4 de diciembre) se enroló en el batallón Baracaldo, también conocido como 28º batallón de Euzkadi, una unidad de milicianos antifascistas. 

En dicho batallón, formado el 21 de septiembre de 1936 en Baracaldo, de ahí su nombre, militaron casi un centenar de guipuzcoanos, mayoritariamente afiliados o simpatizantes de Izquierda Republicana, como Leocadio. Conviene aclarar que no fueron pocos los jóvenes debarras afiliados a ese partido y que precisamente la segunda planta de la casa donde se ubica el bar Buru Zuri, por entonces llamado Bar Julián, era sede de la Agrupación Republicana de Deba.

También debió militar o al menos simpatizar y colaborar con dicho partido político don José Manuel Ostolaza, el millonario humanista y benefactor debarra fundador de la EBEFO. Un mismo pensamiento político, las siglas de ese partido y las de la EBEFO unirían a Leocadio y José Manuel, incluso más allá de la muerte.

Edificio donde, en el segundo piso, se ubicaba la Agrupación Republicana de Deba. La foto fue realizada con motivo de la proclamación de la República el 14 de abril de 1931. Según parece, el jovencito que se encuentra en el balcón del primer piso, a la derecha, posiblemente sea el por entonces alumno de la EBEFO, Leocadio Iriondo. Cinco años más tarde el joven se alistaría como miliciano para defender a la República.


Miembros del batallón Baracaldo. De los tres milicianos que están agachados Leocadio es el del centro. Probablemente la fotografía fue realizada pocos días antes de que el debarra fuese herido.

Tras los combates en Markina, Malzaga, Eibar y Elgueta el batallón Baracaldo retrocedió hacia Bizkaia, a la zona de Amorebieta, donde al parecer Leocadio fue herido de bala en el muslo izquierdo. Debió suceder el cuatro de mayo de 1937 pues, según hemos podido constatar, ese día ingresa en el Santo Hospital Civil de Bilbao por "Herida de bala con orificio de entrada y salida en pierna izquierda". El parte especificaba su tratamiento: "Quirófano", y una nota : "No es urgente".

Algo se debió torcer, probablemente una gangrena, pues la siguiente noticia que tenemos del joven Leocadio nos llega a través de un parte del Hospital Nº4  en Santander fechado el 14 de junio de 1937. "Amputación muslo izquierdo. Pasa al hospital Nº6. Observaciones: Evacuar al extranjero". En el mismo parte se especificaba la procedencia del herido: Batallón 28, 4ª Compañía. Destacamento: Amorebieta.

                Otra imagen del frente de Bizkaia. Leocadio, a la derecha, agachado.


Parte de ingreso de Leocadio en el Santo Hospital Civil de Bilbao (actual Hospital de Basurto) por "herida de bala con orificio de entrada y salida en pierna izquierda". "Tratamiento: Quirófano. No es urgente".

         

Partes del Tribunal Médico Militar de Euzkadi en Santander. El primero de ellos está fechado el 14 de junio de 1937; es de suponer que hacia esa fecha le fue amputada la pierna. El segundo parte está fechado el 3 de julio del mismo año. 



La siguiente noticia que tenemos de Leocadio está fechada el diez de enero de 1939, fecha que corresponde a la expedición de su carné de identidad por la Delegación General de Euzkadi en Valencia en el que Leocadio aparece domiciliado en Gandía, calle Hospital Militar Nº17. 
Pocos meses después, el ocho de abril de 1939, a través de un parte médico del Hospital Militar de Onteniente sabemos que ingresó en esa fecha en el citado centro valenciano y que dos días después, el diez de abril, fue dado de alta por curación.
Hacía diez días que oficialmente había finalizado la Guerra Civil.

Nos queda la duda de dónde y qué hizo el miliciano debarra entre el catorce de junio de 1937 fecha en la que desde el Hospital Militar Nº 4 de Santander es enviado al Hospital Militar Nº6 y su posterior ingreso en el Hospital Militar de Onteniente Nº17.  
¿Cuál era el hospital Nº6 al que se le envía desde Santander?

Por otro lado el parte del Tribunal Médico Militar de Euzkadi en Santander, fechado el tres de julio de 1937, en las observaciones remarca: "Evacuar al extranjero". Entre esa fecha y la del carné de identidad expedido en Valencia por la Delegación General de Euzkadi el diez de enero de 1939 han transcurrido diecinueve meses.
¿Dónde anduvo y qué hizo Leocadio durante todo ese tiempo? Y sin una pierna. Su familia lo desconoce.      

                                                      

      




...Y acabó la guerra

Hablando con Karmele, su sobrina, me comentaba que según el propio Leocadio vino desde Valencia en tren, portando tan solo la documentación pertinente y su historial médico.
Y así, en 1939, tres años después del levantamiento franquista  
aterrizó de nuevo en Deba, pero con una pierna menos.
Eran tiempos muy duros, años en los que todos los días los pelotones de fusilamiento realizaban horas extras en los paredones de los cementerios.
Pero algo debe tener el ser humano para sobrellevar y sobreponerse a los males en los periodos más difíciles.

Recordaba Karmele una anécdota que bien podría incluirse en un relato de humor negro y que describe perfectamente la forma de actuar de aquellos jóvenes que habían sobrevivido a la contienda, es decir, los que no habían muerto ni se encontraban recluidos en las cárceles y campos de concentración.
Resulta que durante una de aquellas noches o madrugadas de San Roke, algunos graciosos de la cuadrilla "Trankala", a la que pertenecía Leocadio, tuvieron la genial idea de quitarle la pierna ortopédica y meterla en un balde de vino. La cosa habría quedado en nada si la prótesis no fuese de cartón piedra como el de las muñecas "Mariquita Pérez", como era el caso. La ortopédica pierna quedó desecha por efecto del alcohólico elemento y hubo que realizar una nueva, seguramente más parecida a la del pirata Pata Palo.


16 de agosto de 1940. 07:30 de la mañana, antes del encierro. En la imagen realizada durante la diana del día de San Roke vemos al grupo de “madrugadores” o “gaupaseros” de la cuadrilla "Trankala" formado por Leocadio Iriondo, Vicente Larrañaga “Txatua”, Fito Esnaola y Patricio Astigarraga “Patirki”. Había que tener buen humor para, recién terminada la guerra y con una pierna amputada en el frente, festejar como si nada la festividad del santo patrón. Un detalle: todos llevan pañuelo al cuello pero no rojo; eso vendría después.


Otra mañana de fiestas. Entre risas, los miembros de la cuadrilla "Trankala" llevan a hombros a Leocadio como si estuviese muerto. Alguno de ellos levanta la pierna izquierda parodiando a Leocadio por la falta de esa pierna. Entre ellos podemos reconocer a sus inseparables amigos Patricio Astigarraga "Patirki" y a Vicente Larrañaga "Txatua".



Bar Buru Zuri, años 60. De izquierda a derecha Iñaki Andonegui "Voltios", José Antonio Iriondo, Javier Galdona "Txipia", Felipe Gazteain, Vicente Larrañaga "Txatua", Leocadio Iriondo, Alejo, Pepita y Ángel Iriondo, por último Félix Irastorza esposo de Pepita.




Bella estampa de una merienda probablemente realizada en los años cincuenta en la campa de Santa Katalina. Todos los que aparecen en la imagen a excepción de los txistularis fueron alumnos de la EBEFO. De izquierda a derecha: Tomás Lizarzaburu, José Vega, Leocadio Iriondo, Luis Egaña "Arranomendi" y por último José Arrizabalaga "Olloki". Los txistularis: Julián Iriondo (hermano de Leocadio), José Antonio Garate y Ángel Iriondo (hermano de Leocadio).

Y así, entre txikito y txikito en la barra del Buru Zuri, transcurrieron los duros años de posguerra. Algunos de sus mejores amigos, como Patirki, emigraron al otro lado del charco aunque nunca perdieron el contacto. Y a pesar de todas las tristes vicisitudes, los antiguos compañeros de la EBEFO siempre mantuvieron el fraternal vínculo trenzado por don José Manuel Ostolaza al que sin duda alguna quisieron como a un padre. Siempre hubo momentos para reunirse y celebrar la memoria de tiempos pasados, de recordar al benefactor republicano muerto en el exilio.

Leocadio falleció en 1983 y fue enterrado junto a la tumba propiedad de la familia Ostolaza.      
En 1987 se trajeron desde México las cenizas de José Manuel Ostolaza para depositarlas en la tumba familiar en el viejo cementerio de Deba. Y cosas de la vida: desde entonces, Leocadio, "el héroe que perdió una pierna por su Patria" y don José Manuel, el fundador de la EBEFO, descansan uno al lado del otro; como en los viejos tiempos. 




 







domingo, 5 de julio de 2026

                   LAS VÍRGENES Y CRISTOS NEGROS...

                                  O AHUMADOS





Cuatro de las siete denominadas "vírgenes negras" de Gipuzkoa. De arriba abajo, Itziar, Guadalupe, del Coro y del Juncal.

Hace unos días mientras una amiga y yo tomábamos un txikito sentados en la Plaza Nueva de Deba, salió en nuestra conversación el tema de las vírgenes negras. Ella expuso su teoría sobre la negrura de esas imágenes. Yo expuse la mía diciéndole que a pesar de que efectivamente debe haber alguna virgen negra de verdad, quizás por estar tallada en maderas como el castaño oscuro o el ébano, el bronceado del 90% de ellas se debe a la devoción de los fieles o lo que es lo mismo: el humo de los cirios y lamparillas de aceite acumulado durante siglos.

Mucho se ha hablado y escrito sobre las siete vírgenes negras de Gipuzkoa, entre las que se incluye la de Itziar, pero hoy está completamente asumido que ninguna de esas siete Vírgenes eran negras, más bien, y como dirían los indios de las películas del far-west, en realidad eran o son verdaderos "rostros pálidos". Y ello queda claro cuando se las somete a una buena limpieza y restauración. Ya se sabe lo que dice el anuncio: "el algodón no engaña". Pero lo más curioso del tema es que cuando se realiza una copia de muchas de esas imágenes de vírgenes negras se les vuelve a representar con el rostro moreno o negro; el devoto tradicionalista prefiere la virgen negra de las estampas, la que ellos, sus padres y sus abuelos conocieron; en eso no hay racismo por cuestiones del color de la piel.

                                                            


La imagen superior nos muestra a la Virgen del Juncal de Irún antes de su restauración. En la fotografía inferior podemos apreciar que, tras la restauración, la Virgen irundarra tenía muy poco de "moreneta" y mucho de pirenaica. 

Y a mantener ese mito de las vírgenes negras también contribuyen las redes en internet donde como casi siempre tenemos a la inteligencia artificial (IA) metiendo la pata hasta el mismísimo zancajo.


Ayer mismo hice la prueba para ver que decía la IA sobre la Virgen de Itziar. Y este fue el resultado:

"El Santuario de Nuestra Señora de Itziar, ubicado en el barrio de Itziar (a solo 6 Km de Deba, Gipuzkoa) alberga una de las tallas marianas más importantes del País Vasco. Se trata de una de las siete vírgenes negras de la provincia, famosa por su profundo arraigo entre los marineros y peregrinos del Camino de Santiago".

Aclarar que la Virgen de Itziar tradicionalmente ha sido considerada como patrona de los marinos guipuzcoanos. Algo que hoy prácticamente se ha olvidado.



Imagen de la para algunos "Virgen negra de Itziar" (S.XIII). Como puede observarse poco tiene de negra.

Yo, que personalmente, como marino que fui, he tenido tratos espirituales con esta Virgen -una copia de ella preside el salón de mi casa junto a un dios Eolo del siglo XVII- puedo asegurar que los momentos más intensos en los que esta imagen adquirió  aquel bronceado, hoy ya inexistente, fue cuando los barcos debarras cruzaban el charco para llegar a las costas de Terranova y Labrador en busca de ballenas o bacalao y volvían cargados de saín (grasa de ballena). O incluso cuando se buscaban la vida realizando el corso contra barcos de países enemigos o amigos.

Eran operaciones de riesgo y ello conllevaba la ofrenda de velas, cirios y lamparillas de aceite: antes de la partida, para que todo saliese bien; al regreso para dar las gracias; y si la cosa salía mal, para encomendar el alma del difunto. Y ya se sabe lo que ello producía: humo, mucho humo y el ahumado bronceado de nuestras Vírgenes y Cristos. 

A finales de los años 50 del pasado siglo, la imagen de Ntra. Sra. de Itziar se encontraba en tal mal estado y tan bronceada que se envió a Madrid para que fuese restaurada en los talleres del gran artista y restaurador José Lapayese Bruna. Durante un tiempo en el que la imagen permaneció en Madrid, esta fue acogida en el domicilio del matrimonio formado  por María Dolores Dávila y su esposo, el debarra Teodoro Aguirre, por entonces residentes en la capital de España. Cuenta la familia que fueron muchas las personas (veraneantes y debarras) que acudían a su casa para rezar con gran devoción ante la imagen en el improvisado oratorio habilitado en una de las estancias de su domicilio.

Y ya se sabe: la Virgen fue a Madrid bronceada y volvió con su original blanca palidez.

Año 1959. Recibimiento de la imagen de la Virgen de Itziar a hombros de anguleros en el barrio de Artzabal (Deba) tras su regreso de Madrid.


EL CRISTO NEGRO DE DEBA

Situado en el bajo coro, a la entrada de la iglesia de Santa María de Deba, se encuentra la imagen gótica de Jesús crucificado obra realizada probablemente a mediados del siglo XVI o principios del XVII. Es una bella imagen policromada por la que desde hace siglos las gentes de Deba han demostrado una gran veneración.

El estado de la imagen hace unos décadas era muy diferente a la que hoy podemos contemplar. Y para demostrar el efecto del humo de los cirios, velas y lamparillas de aceite nada mejor que ver cuál era su estado hace unas décadas, antes de la restauración de la imagen. Mucha gente estaba convencida de que se trataba de un "Cristo negro".

Cuando a veces enseño ambas fotografías a algunas personas les cuesta creer que se trata de la misma imagen. Y todos me hacen la misma pregunta: ¿Pero es el mismo Cristo?

Y mi respuesta siempre la misma: ¡Pues, sí!

     

            Imagen del Cristo crucificado debarra en la actualidad. Autor desconocido. 

 Imagen de Cristo crucificado, antes de su restauración. Si nos fijamos con detalle aún pueden verse en el paño pequeños rastros del dorado que se aprecia en la fotografía superior.

 
Y por si alguien no lo ve claro, como prueba fehaciente de los efectos del humo y grasa acumulada durante siglos, vemos que no solo estaba ahumado el Cristo, sino también el mismísimo "Lignum Crucis" o sea, la cruz de madera.

El Santo Cristo debarra fue restaurado hacia 1998 por Marina del Rey y Carmen Marín, de la empresa Kalikot. La operación se realizó cuando ambas estaban restaurando el retablo de la iglesia de Deba.

Pero el de Deba no es el único Cristo negro de Gipuzkoa. El experto restaurador ya jubilado Xabier Martiarena, me hizo llegar unas fotografías del Santo Cristo de Lezo restaurado por él mismo. Al igual que el de Deba es un Cristo muy marinero y milagrero lo que le provocó ser víctima de los humos de las ofrendas de las gentes de mar, pero gracias al amigo Xabier su piel tornó al color original.

 
  
Arriba el negro santo Cristo de Lezo antes de su restauración. Sobre estas líneas el Cristo ya restaurado luciendo el mismo color de piel que sus paisanos de Lezo. 


Para concluir, tan solo una breve reflexión: 

Además de para ahumar los quesos, los chorizos o el salmón, (operación realizada con las maderas más propicias de cada tierra), el humo producido por la combustión de la cera de nuestras abejas, el aceite de oliva virgen extra, o incluso la grasa de la "Balaena biscayensis" también sirvió para ennegrecer las valiosas imágenes de nuestro patrimonio. Son cosas de la historia.  

 


 


miércoles, 27 de mayo de 2026


                                    EL CASERÍO ITXURRIKUA

               Y LA PLAZA ZAHARRA DE DEBA

                Historias del patrimonio urbano


La imagen que se muestra fue realizada un día lluvioso hacia 1910. Gracias a ella podemos ver que por entonces prácticamente todos los edificios situados en la plaza Zaharra eran muy diferentes en forma y altura a lo que son hoy día. Llama poderosamente la atención el edificio situado entre la iglesia y los edificios de la derecha. Se trata del caserío urbano Itxurrikua. 

Hasta los años sesenta del siglo veinte aún existía alguna casa en el centro del pueblo con ganado y cuadras; la última fue la de la familia Iriondo “Zesterokua”, sita en Iturkale. Somos muchos los que aún la recordamos y recordamos también su sidrería, los establos del ganado al fondo, y a las vacas pasando ante la iglesia cuando iban a pastar en los prados situados sobre el viejo cementerio.

La de Itxurrikua fue también una de las últimas, y anteriormente lo fue la de Barberokua, emplazada donde en 1927 José Manuel Ostolaza edificó la E.B.E.F.O, Fundación Ostolaza; actual Kultur Elkartea.

El edificio situado en el lugar que ocupó la antigua Itxurrikua de la Plaza Zaharra que aparece en la foto, fue construido en 1922. En diciembre de 1921, su propietaria, Telesfora Ulacia, solicitaba autorización al Ayuntamiento para la reforma de su casa sita en el Nº5 de la “Plaza Vieja”. El consistorio acordó conceder dicha autorización “para que haga la obra conforme a lo ordenado por las ordenanzas municipales y pueda si le conviene elevar un piso más a la casa que los señalados en el plano”.

Años después, en los bajos de la casa se abriría la tintorería "Los Mil Colores", ¡qué nombre tan maravilloso! regentada por la familia Benítez, los padres de Jaime "Tintorero". Y años después, en el mismo local, Martín Aizpurua "Martintxiki" abriría su almacén de albañilería. En el local esquina con Iturkale, Iciar Albizu y Loli Iruretagoyena abrirían la joyería relojería "Loli-Iciar". 

En ese edificio levantado sobre el viejo Itxurrikua nací yo y prácticamente todos mis hermanos y hermanas, mi tía Charo y mi prima Marialui Urizar. También lo hicieron mis amigos Iñaki y Mikel Arrizabalaga, así como Josu y Mila Aizpurua, hijo e hija de "Martintxiki" e Isabel.

Ninguno de los nacidos allí hemos olvidado a doña Prudencia Ulacia, nacida en el viejo caserío Itxurrikua pero con pinta de haberlo hecho en Buckingham Palace. Aún estoy viendo sus muñecas y dedos repletos de joyas. Nunca olvidaré la pluma estilográfica que me regaló el día de mi primera comunión. Y ninguno de los que allí vivimos nos hemos olvidado de su perro Robbie. 

Al pasar el otro día ante la casa vi que le habían cambiado el número. Ya no era el número cinco de nuestra época sino el número cuatro, aunque por suerte para los románticos viejos habitantes de la casa aún conserva la placa metálica esmaltada en azul con el viejo número. Afortunadamente, hace ya años que a la Plaza Zaharra se le volvió a imponer su nombre original. Cuando nacimos allí los que aún vivimos, era la plaza del "Generalísimo Franco".

   Lo que antaño fue impar hoy es par, como si fuese una grotesca metáfora de los cambios sociopolíticos que sufrimos hoy día. 

Pero desgraciadamente nuestra plaza ha perdido algo muy importante, algo vital: el silencio. Aquel silencio de hace años, solo roto por el sonido de los chorros de agua salidos de la boca de los angelotes de la fuente era un bálsamo, un relajante para el cuerpo y el espíritu.

Tampoco llegan ya en primavera las golondrinas de nuestra niñez y juventud para anidar bajo los aleros y alegrarnos los amaneceres y atardeceres con sus veloces vuelos y alegres gorjeos. Las hemos espantado para siempre. Sí; las hemos perdido, entre otras cosas, a cuenta de los malditos amplificadores de música, batucadas varias y diversos ruidos humanos que "legalmente" contaminan nuestras calles y flagelan nuestras neuronas; los decibelios salen gratis. Y lo peor de todo: nadie hace ni dice nada por acabar con ello. ¡Pobre Plaza Zaharra! ¡Pobres de nosotros!

 

Imagen actual de la Plaza Zaharra. El edificio de la derecha, el más bajo de los tres que se ven en la fotografía, era el de más altura en la primera década del siglo XX. 

   


miércoles, 25 de marzo de 2026

 LA CASA-TORRE

 Y FERRERÍA DE OLAETXEA

EN ALTZOLA

Juan Pérez de Licona y María Ibáñez de Sasiola



Esta bella fotografía de Indalecio Ojanguren, probablemente realizada en la década de 1920, nos muestra las ruinas de lo que fue una antigua y poderosa casa-torre gamboína, así como una de las más importantes ferrerías de Gipuzkoa.

Situada junto a la N-634 en el barrio elgoibartarra de Altzola, merece la pena contemplarla desde el otro lado del río Deba, junto al antiguo balneario.

Al parecer, esta torre-ferrería que a lo largo de la historia perteneció a diferentes familias ya estaba en funcionamiento desde el siglo XIII. Derruida en tiempos de Enrique IV (S. XV) durante las guerras banderizas, fue nuevamente reconstruida a principios del XVI.

Casa-torre y ferrería de Olaetxea. Litografía del siglo XIX.

 A pesar de su lamentable estado, el edificio muestra interesantes elementos arquitectónicos de los siglos XV-XVI como los arcos apuntados a través de los cuales discurrían las aguas que movían el martillo pilón de la instalación ferrona. También conserva, en las esquinas superiores de la fachada que da al río, dos garitones originales así como un matacán defensivo de la misma época. En el pasado, la antigua casa-torre también contó con un molino y una ermita, ésta bajo la advocación de La Concepción. La ermita se desmanteló a mediados del siglo XIX y en su lugar se construyó la casa que muestra la fotografía de Ojanguren, a la izquierda de la torre, y que fue derruida en 1953.

Según la tradición, en esta ferrería se fabricó el primer ancla de hierro elaborada de una sola pieza y con un peso de tres toneladas. Se dice también que en la ferrería se elaboraban clavos para la construcción naval en los astilleros de Deba, Mutriku  y otros puertos vascos donde se botaban los galeones que entre otras cosas realizaban las campañas balleneras en aguas de Terranova.

Líneas arriba comentaba que esta torre-ferrería a lo largo de su historia perteneció a diversas y poderosas familias, una de ellas los Andonaegui. Pero, como debarra, me gustaría hacer referencia e incidir especialmente en una muy especial: los Licona-Sasiola. Gracias al historiador Javier Elorza hoy sabemos que en 1477 Juan Pérez de Licona era propietario de la mitad de la torre y ferrería de Olaetxea.

¿Pero quién era Juan Pérez de Licona? Para quién lo desconozca, decir que el citado Licona pertenecía a una importante y poderosa familia de mercaderes de Ondarroa; su torre natal aún se conserva en esa población bizkaina.

Juan Pérez de Licona, conocido como "Balento" era tío de la madre de San Ignacio de Loyola, la azkoitiarra Marina Sanz de Licona y Balda; era por tanto tío abuelo de Iñigo de Loyola. En 1458 el ondarrutarra se casó en Deba con María Ibáñez de Sasiola, miembro de otra poderosa y noble familia, levantando el matrimonio su propia torre "Etxeandia" en el arrabal de Deba, en la actual calle Astillero.

En 1503 los esposos donan la torre de la familia Sasiola, situada río arriba a unos tres kilómetros de la villa de Deba, a la comunidad franciscana de la Seráfica Orden de la Observancia. Dicha orden establecerá allí un importante convento en el que, cumpliendo su voluntad, Juan Pérez de Licona y su esposa María Ibáñez de Sasiola fueron enterrados tras su muerte. El convento franciscano de Sasiola al igual que la casa-torre y ferrería de Olaetxea está actualmente en ruinas.

Ello me obliga a invitar a los lectores a realizar una reflexión.

Todos los años Debako Kultur Elkartea suele organizar varias visitas guiadas para dar a conocer el valor de nuestro patrimonio; una de ellas precisamente al convento de Sasiola. Y todos los años al llegar a Sasiola comienzo la visita con las mismas palabras, palabras que no son mías sino de un fascinante y casi desconocido personaje que no siendo ni vasco ni español luchó como nadie por salvaguardar el patrimonio vernáculo de Euskal Herria: el arquitecto suizo Alfred Baeschlin: 

" Los bellos monumentos, legados del pasado, se van uno tras otro. Se mueren. Sin agonía, sin que nos demos cuenta de la proximidad del fin brutal. Como ya los hemos conocido viejos, agrietados y decaídos, nos parece que han de durar siempre" .

Estas líneas las escribió en un artículo publicado el 14 de octubre de 1927 en el diario La Tarde, de Bilbao. En él se refería a la imponente torre medieval de Sestao, ya desgraciadamente desaparecida, pero perfectamente podría referirse a la casa-torre de Olaetxea en Altzola o al convento franciscano de Sasiola.

Cada vez que paso ante ellas, ambas al pie de la N-634, giro mi cabeza y recuerdo las palabras de don Alfred. Y mi sentimiento es el mismo: ¡Qué pena! ¡Qué desidia! ¡No somos dignos de tener lo que tenemos! 


Torre de Sestao (Bizkaia). Levantada en 1370 y derribada en 1931.