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jueves, 30 de julio de 2026

 

                 TEMPUS FUGIT SICUT UMBRA

                El tiempo huye como la sombra



No se me ha ocurrido mejor titular que esta frase en latín a menudo tallada en la piedra de los relojes de sol barrocos. Una frase que nos hace recordar que todo en la vida es efímero, tan efímero como la sombra que va moviéndose y desapareciendo al mismo paso que avanza y desaparece el sol: toda una metáfora de lo que es la vida.

La fotografía que muestro fue probablemente realizada por Hilario Allica en agosto de 1947 durante las fiestas de San Roque; concretamente con motivo de un concurso por parejas de trajes típicos de baserritarra.

En ella podemos ver a 16 chicos y chicas debarras posando en el muelle de Deba, precisamente en el lugar que en la antigüedad era conocido como “el pasaje” por ser ese el lugar desde donde salía la gabarra que pasaba al muelle de Urasandi en la ribera mutrikuarra: el puente es cosa de hace dos días (1866).

Del grupo de jóvenes de la fotografía se ha podido identificar a todos gracias a la colaboración de algunos familiares de estos. De izquierda a derecha vemos a José Luis Urcaregui, Luis Salegui "Miramar", Roberto Soto, Ignacio Galarraga, Peli Iriondo “Zesterokua”, Antón Iriondo “Patxi” y Ramón Egaña “Pititi”.

Las chicas de pie: Blanca Esnaola, Iciar Mugica, Begoña Arostegui, Maritxu Jaureguizar, Ane Arostegui y Asun Iriondo “Buruzuri”.

Sentadas: Elena Urcaregui e Itziar Egaña “Millán”. Agachado junto a ellas, Iñaki Iriondo “Zesterokua”.

El citado concurso de trajes fue ganado por la pareja formada por Ignacio Galarraga y Begoña Arostegui quienes, cosas de la vida, contraerían matrimonio a los pocos años. 

Un dato curioso es que el primero de los chicos, José Luis Urcaregui, fue un destacado artista que se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y posteriormente en París y Londres. Más tarde marcharía a trabajar en EE.UU. Él es el autor de la réplica de la imagen de la Virgen de Itziar que hoy podemos contemplar en la fachada principal de la iglesia de Deba, realizada a finales de los cincuenta o principios de los sesenta.

Pero la fotografía nos muestra mucho más que a unos jóvenes de fiesta.

Al fondo a la derecha vemos la imponente e histórica casa-torre de Urasandi, desaparecida en diciembre de 1989 pasto de un incendio. En el pasado tuvo su propio muelle y astillero y las naos de sus propietarios, los Arriola de Urasandi, surcaron las aguas atlánticas para llegar a Terranova y realizar las campañas balleneras. El Euskal Itsas Museoa de Donostia guarda el maravilloso escudo, en el pasado (hasta 1989), situado sobre el dintel de su puerta principal, en el que tallado en piedra arenisca muestra una de aquellas legendarias naos.

Bello escudo en el pasado ubicado sobre el dintel de la entrada principal de la casa-torre de Urasandi, actualmente en el Euskal Itsas Museoa de Donostia.

A su izquierda podemos ver la conocida como “Casa cuartel” por haber sido cuartel de la Guardia Civil y que al dejar de serlo fue cuna y vivienda de conocidas familias debarras como las de Paco Mas, Manuel Egaña "Txapasta", Manuel Elorza "Pikua", Eustaquio Ortega, José Ostolaza y la familia Pascual, Rufino Arritokieta, Daniel Muniozguren, Jesús Sagües y Javier Azcárate.

En el extremo izquierdo podemos apreciar la desaparecida marmolería de Patirki  Astigarraga quien en los años cuarenta dejó su pueblo natal para emigrar a México buscando nuevos horizontes.

Al fondo, entre la marmolería y la casa cuartel se encontraba el caserío “Txokorrekua” que queda tapado en la foto por un árbol y que como el resto de las anteriores casas mencionadas fue devorado por las llamas del incendio de 1989. 

Si nos fijamos de nuevo en la fotografía veremos que ya no queda nada ni nadie de los que aparecen en ella. Todos han desaparecido; hasta los adoquines del muelle.

Bueno... solo queda el histórico escudo de Urasandi, aunque no en su ubicación original. Algo es algo.

Tempus fugit sicut umbra. Parece una frase especialmente pensada y dirigida a los jóvenes: vivid, disfrutar de la vida, pero sobre todo aprovechar el tiempo, porque ese tiempo huye como la sombra. 


 

   


viernes, 27 de febrero de 2026

 EL BARCO FANTASMA

DE ALFONSO REYES OCHOA



Hace ya un tiempo me llegó esta fotografía. Al verla deduje que probablemente fue realizada a principios de la década de 1920. La imagen nos muestra a un pequeño vapor hundido en la ría de Deba, en el barrio de Artzabal. Muy probablemente se trata del “Margarita” que fue abandonado en ese lugar y donde debido a la acción del tiempo fue agonizando lentamente hasta morir y ser fagocitado por los negros fangos de las orillas.

Sobre la cubierta del buque vemos a unas muchachas y tras ellas, a la izquierda, se aprecia uno de los almacenes de la "Compañía de Carbones Asturianos", donde solían descargar los barcos que desde Gijón y algún otro puerto asturiano llegaban a Deba con el entonces preciado mineral.

Y viendo la fotografía me di cuenta de que la escena ya fue descrita en dos de sus obras por el escritor, pensador y diplomático mejicano Alfonso Reyes Ochoa, incondicional veraneante debarra durante los diez años que residió en España (1914-1924).

La primera vez lo haría en su "Deva la del fácil recuerdo" del que extraigo estas líneas:

“En mitad de la ría, por ejemplo, hay un barco arruinado, obstáculo de madera y hierros viejos donde, sólo de noche, da señal de vida una tímida lamparita de algún guardián. Pues no me quitéis de allí ese estorbo, ese fantasma, ese cadáver. Conforme navegamos rumbo a las buenas meriendas de los caseríos de la margen, nos sale al paso, doliente y serio. Estamos hechos a él y, cuando lo quiten, dejará un hueco en el espacio, una zona muerta en el cuadro”.

Efectivamente Alfonso Reyes se está refiriendo al barco de la fotografía. Pero por si existiese alguna duda, el mejicano lo vuelve a citar en una de sus obras más profundamente filosóficas "Los siete sobre Deva: Sueño de una tarde de agosto" iniciada en Deba en agosto de 1923 y finalizada en Buenos Aires en junio de 1929, durante su época como embajador mejicano en la República Argentina.


Alfonso Reyes Ochoa ¿en la alameda de Deba?. El escritor, pensador y diplomático mejicano, además de secretario de la Legación de Méjico y encargado de negocios en España fue embajador de Méjico en Francia, Argentina y Brasil. 


El texto de don Alfonso al que me estoy refiriendo es el siguiente: 

"En el recodo de la ría se desfonda una barca, moribunda
y anclada desde hace años, carcomida y oxidada toda, hecha fantasma de sí mismaabierta como una granada y con las costillas de hierro al aire: triste caballo fallecido, como esos que vemos en la pampa calcinarse al sol".

Refiriéndose a las dos obras mencionadas, el propio Alfonso Reyes escribía:
"Deva, la del fácil recuerdo" era mi cuartel general. Y todavía años más tarde le consagré esa divagación (¿ensayo, poema, anecdotario?) que llamé -acaso con mal chiste- "Los siete sobre Deva".

Es muy probable que muchos de los que lean este artículo desconozcan la figura y obra de Alfonso Reyes Ochoa, y es muy triste también que alguien como él, considerado por Jorge Luis Borges “el mejor prosista de lengua española en cualquier época” y nominado hasta en cinco ocasiones al premio Nobel de Literatura sea prácticamente un desconocido en Deba, el pueblo al que tanto quiso y al que dedicó páginas tan bellas.

No estaría de sobra que los profesores de literatura en nuestros centros escolares hiciesen mención en alguna de sus clases a este ilustre personaje.
Por cierto: creo también oportuno señalar que su labor en Méjico en pro de los exiliados españoles fue de lo más encomiable. En 1939 fundó en Méjico la Casa de España, expresamente concebida para acoger y ayudar a los exiliados republicanos españoles.

Convendría recordar aquello de que "de bien nacidos es ser agradecidos". Y para ello la mejor manera de hacerlo sería muy simple: perpetuar su memoria, leer su obra; aunque solo sea la referente a su estancia y vivencias en el País Vasco, en Euskal Herria.  

    

1926. Han pasado unos años y el "Margarita" se deshace junto a la ribera de "Casa Campo". Como diría el pensador mejicano es ya un fantasma, un cadáver.



viernes, 5 de diciembre de 2025

 

IMAGENES DE NUESTRA HISTORIA

AL PIE DEL ANTIGUO ESPIGÓN DE LA RÍA DE DEBA



El pasado mes de agosto recibí una llamada de Patxi Izaguirre Boneta. Me informaba que tenía unas interesantes fotos antiguas relacionadas con Deba y como dentro de un cajón no hacían nada me las donaba para que las fuese publicando en la revista DEBA o en cualquier medio relacionado con la historia y la cultura en general. Como tenía que venir a Deba con motivo de una reunión de antiguos amigos, me dijo que me las traía, y así fue.
Al verlas, le comenté que me gustaría estudiarlas con detenimiento pues una foto por bella que sea a veces dice poco si no se interpreta el contexto: fecha, lugar, personajes, vestimentas, pequeños detalles... etc.

Le prometí que tras el estudio pertinente las publicaría para que la historia de cada una de las fotos quedase inmortalizada. 

Las tres fotografías que hoy publico muy probablemente fueron realizadas hacia 1915; las dos primeras al pie del tambor del espigón durante la bajamar, en la margen derecha, entre la ría y la playa de Deba; la tercera en la misma playa, junto al espigón. La obra del espigón al que me estoy refiriendo finalizó en 1860. Aún no se había realizado la escollera en la que más de setenta años después quedaría embutido el tambor del viejo espigón.

Las imágenes nos muestran a los niños de la familia donostiarra Izaguirre-Epalza: Isabel (la niña pequeña), Juan y Ricardo (ambos con traje de marinerito), así como a una jovencita cuya identidad desconocemos; es posible que perteneciese a la familia Del Valle Lersundi con quienes al parecer estaban emparentados los Izaguirre. En las fotografías no aparece Antxon Izagirre Epalza, hermano de los niños, pues aún no había nacido (padre de Patxi Izaguirre Boneta, donante de las fotos).

En la primera imagen vemos a una señora con parasol, probablemente el aña de las criaturas. Todos van elegantemente vestidos lo que ya nos está diciendo que pertenecían a una familia acomodada. Todos, menos la niña más pequeña lucen amplios sombreros de paja; eran otros tiempos en los que el bronceado no estaba de moda; era cosa de pobres. El mayor de los niños porta una cartera, posiblemente la funda de la cámara fotográfica de fuelle del autor de la instantánea, seguramente el padre. El más pequeño realiza una voltereta con toda la gracia y naturalidad de un niño.


En la segunda de las fotografías aparecen solo los niños sin la persona adulta que les acompaña en la primera fotografía. Está realizada más cerca y se aprecian mejor los detalles de sus vestimentas y sombreros; la jovencita luce una hermosa pamela. Todos ellos están apoyados en la base del tambor del espigón, construido con grandes piedras de sillería. Podemos apreciar que el fondo de la ría, en ese momento en bajamar, es de arena como en la playa donde prácticamente se encuentran.
  
En la tercera de las imágenes vemos a los mismos niños que tras posar al pie del espigón han pasado a la playa y construido un barquito de arena en el que imaginariamente navegan. Al fondo se aprecian la pared lateral del frontón (1897), la casa de Amillaga y la antigua casa de baños de la familia Salegui. La pamela de la jovencita nos impide ver si ya existía el "chalé del Notario". De no ser así, las fotografías de los niños Izaguirre-Epalza serían anteriores a 1913, año en el que fue construido el citado chalé. 








Estas fotografías de 1929, fueron realizadas durante la pleamar desde el dique izquierdo de la ría, en la parte de Mutriku. Ambas nos muestran el antiguo espigón que separaba la playa de la ría antes de que se construyese la escollera (las obras de aquella primera escollera, inicialmente con una longitud de 100 metros, se aprobarían en 1929. Posteriormente se realizarían varias ampliaciones más). En el tambor se adivina la baliza luminosa que marcaba la entrada al puerto de Deba. Como puede apreciarse, para acceder al tambor había una escalera de cuatro peldaños pues este se encontraba a mayor altura que el resto del espigón.


Como complemento al texto que ilustra estas fotografías, decir que aún hoy se puede contemplar una parte del antiguo tambor del espigón al que nos referimos. Quien desee hacerlo solo tiene que bajar por las escaleras existentes unos metros antes del comienzo de la escollera. Las siguientes fotografías dan una pista sobre su ubicación.

    Remate final del tambor donde se aprecia la forma redondeada del mismo.


Detalle donde se aprecia el nivel más alto del tambor respecto al resto del espigón.

En esta última fotografía se puede apreciar el buen trabajo realizado en la construcción del tambor así como la gran calidad de los sillares.

Y para terminar, tan solo decir que gracias a las bellísimas fotografías de la familia Izaguirre-Epalza, más de un debarra y no debarra se habrá enterado de la existencia de nuestro antiguo espigón. Con ello queda demostrado que también la fotografía es un buen medio para conocer o recordar nuestra historia.