viernes, 10 de julio de 2026

            

                                                                        1898

 LOS ÚLTIMOS ITZIARTARRAS Y DEBARRAS

 DE FILIPINAS, CUBA, PUERTO RICO

 Y DEMÁS COLONIAS

 HISTORIAS DE LA GUERRA Y LA EMIGRACIÓN


     Soldados españoles durante la Guerra Hispano-Norteamericana en Cuba. Fotografía de autor desconocido

En esta ocasión he querido escribir basándome en ciertos datos, creo yo interesantes, sacados del Archivo Histórico Municipal de Deba. Todos ellos corresponden a las actas municipales de las sesiones celebradas durante el año 1898.

He preferido seleccionar ese año por lo que representa, que no es poco; porque fue precisamente entonces cuando, tras la derrota en la Guerra Hispano-Norteamericana y el tratado de París, España perdió obligadamente las provincias ultramarinas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas así como la isla de Guam en el Pacífico que, con malas artes, pasaron a estar bajo la órbita norteamericana del tío Sam. Un año más tarde, en 1899, España vendería a Alemania, a precio de saldo (25 millones de pesetas) las islas Marianas del Norte, las islas Carolinas y Palaos, archipiélagos del Pacífico que desde hacía siglos seguían perteneciendo a España y que en honor a la verdad representaban un "muerto" difícil de mantener.

                                       


 
Peseta española de Alfonso XIII utilizada en Guam hasta 1898. Cuando el almirante norteamericano F.V. Green tomó posesión de la isla ordenó estampar sobre las monedas españolas una estrella de cinco puntas y en su interior sus propias iniciales y la inscripción USA 1899 GUAM.

Tras leer las actas municipales de 1898 saqué una conclusión: Cuánta pobreza; cuánta miseria. Y digo esto porque para mantener todas aquellas posesiones se necesitaba un buen contingente de tropas, de soldados de remplazo, de chicos que obligadamente tenían que dejar el caserío para mantener a tiro limpio las colonias de un imperio ya inexistente y en el peor de los casos morir a miles de kilómetros.

 Hay que tener en cuenta que en 1898 España contaba con poco más de 18 millones de habitantes y que tan solo en la isla de Cuba las fuerzas armadas españolas estaban compuestas por más de 200.000 hombres entre ejército regular y cuerpo de voluntarios, y que solo entre 1895 y 1898 murieron en Cuba alrededor de 45.000 soldados españoles, la mayoría debido a enfermedades como la fiebre amarilla, la malaria, la disentería o el tifus.

El gran benefactor debarra José Manuel Ostolaza Zabala narraba que antes de emigrar a América, donde hizo fortuna, había estudiado la carrera de náutica en Bilbao y que siendo un joven piloto estuvo embarcado llevando tropas desde la Península a Filipinas y a Cuba. Lo que más le marcó de aquella época fue la cantidad de jóvenes soldados que morían a bordo. Así narraba uno de sus viajes de Cádiz a Manila embarcado en uno de los buques de la Compañía Transatlántica Española:

 “Fue un viaje desastroso; de los 3.200 hombres de tropa que conducíamos, por accidentes, temporales y pestes desarrolladas a bordo, antes de llegar a Singapur se echaron al agua más de 500 cadáveres”.

             1898. Soldados españoles en Filipinas a la hora del rancho. Autor desconocido.

Pero para hacernos una somera idea de la situación de entonces en Deba, Itziar y sus caseríos pasaré a describir algunos fragmentos de varias actas municipales debarras de 1898. No voy a hacer mención a solicitudes de socorro por parte de viudas, ancianos o simplemente padres de familia solicitando ayuda económica para su sostenimiento, incluso para la lactancia de sus hijos. Me hubiese gustado mostrar más ejemplos de los años 1895, 1896 y 1897, años tan o más desastrosos que 1898, pero por cuestiones de espacio me privaré de ello.


 Sesión del 9 de enero de 1898:

“Seguidamente se entera de una instancia de José Eizaguirre del caserío Saleche en solicitud de socorro fundándose en haber perdido en el interregno de dos años dos hijos, uno en la Guerra de Cuba, y previa una razonada discusión acordó no tomarla en consideración en razón a no establecer precedente”

El pobre José Eizaguirre se quedó sin la ayuda municipal. La muerte de sus dos hijos suponía la ruina del caserío.

 

Sesión del 6 de marzo de 1898 (Acta de clasificación y declaración de soldados):

El soldado Juan Garate Beristain, hijo de Francisco y Juana tras ser tallado y reconocido médicamente “alega la excepción de tener dos hermanos en filas y ningún otro que llegue á diez y siete años. Reconocido por el Médico municipal manifiesta no observarle ningún defecto. Visto el expediente del que resulta que sólo tiene dos hermanos mayores de 17 años, el 1º llamado José del reemplazo de 1893 en el 2º Regimiento de Zapadores  Avistadores según certificado que acompaña, y el 2º también José Garate Beristain en el Batallón de Cazadores nº12 Expedicionario de Filipinas…”

El Ayuntamiento acuerda declararle soldado condicional hasta que no presente el certificado de hallarse activo el incorporado para servir en Filipinas. Dos hermanos en filas y a punto de llevarse al tercero: otra ruina para el caserío. ¿Quién iba a trabajar la tierra?.

Desembarco en Manila de un Batallón de Cazadores Expedicionarios del ejército español. Quién sabe si entre  los soldados que aparecen en la fotografía se encuentra José Garate Beristain, del batallón de cazadores Nº12 citado en las actas municipales de Deba. Fotografía del catálogo de la exposición "El imaginario colonial".

 

Sesión del 20 de marzo de 1898:

“Dada cuenta de haber regresado enfermo de Cuba el soldado José Beloqui Elorza y por prescripción facultativa habérsele señalado interinamente la adquisición de píldoras de quinina, 125 gramos de arroz, 250 de carne, 250 de pan, un litro de leche y medio litro de vino diarios acuerda se le siga socorriendo en la misma forma hasta nueva orden”.

En este caso  la Comisión Municipal de Beneficencia hizo un derroche de generosidad.

 

Sesión del 31 de mayo de 1898:

“Dado cuenta de una instancia de Sebastián Larrañaga en solicitud de que sea socorrido su hijo Juan José Larrañaga que ha regresado enfermo de la campaña de Cuba, acuerda manifestarle que los otros soldados que enfermos como él han venido del Ferrol no han sido socorridos y no obstante si presenta documento de que ha regresado enfermo de Cuba ó Filipinas podrá ser reconocido”

Se deduce que Juan José Larrañaga debió desembarcar en Ferrol tras servir como soldado en la campaña de Cuba.

 

Sesión del 11 de septiembre de 1898:

“Acto seguido se entera el Ayuntamiento de que los mozos Francisco Arruti Salegui y Julián Aguirregaviria y Aramberri, hijos de José y Simón y de Francisca y Josefa mozos nº1 y 13 del sorteo del año 1898 y 20 y 17 del alistamiento del mismo año, fueron citados en debida forma para el acto de ingreso en Caja y posteriormente por tres veces seguidas para serles entregados los pases correspondientes expedidos por el Jefe de la Caja de Recluta de San Sebastián, a pesar de lo cual no comparecieron aquellos al referido acto ni tampoco alegaron causa justa que les impidiese su presentación…”

Dos que no quieren ir a la mili. Tal y como estaban las cosas mejor largarse.

 

Sesión del 2 de octubre de 1898, veintiún días después :

Se da cuenta de los expedientes instruidos contra ambos prófugos y siguiendo las leyes “El Ayuntamiento acuerda. Que debe declarar como declara Prófugos para todos los efectos legales a los mencionados mozos Francisco Arruti y Salegui y Julian Aguirregaviria y Aramberri y sujetos por tanto a servir en Ultramar con el recargo de dos años sobre el tiempo ordinario y pérdida de todo derecho de redención sustitución exclusión y excepción condenándoles al pago que ocasione su busca, captura y conducción á la Capital, á cuyo efecto la Corporación recomienda al Sr Presidente que procure desplegar la mayor actividad por medio de los dependientes del Municipio y despacho de suplicatorios exhortos y mandamientos á las autoridades y funcionarios respectivos con inserción de anuncios en los periódicos oficiales…”

Lo del recargo de dos años sobre el tiempo ordinario de servicio no era una broma. Hay que tener en cuenta que en 1898 el servicio militar activo duraba tres años, más cinco en la reserva. Esto quiere decir que los mozos de Zubelzu Torre y Ugarte Berri con el recargo de dos años iban a cumplir una mili activa de como mínimo cinco años. A todo esto: sobra decir que por entonces existía la denominada "redención en metálico" que consistía en pagar 1500 pesetas para librarse del servicio militar, todo un dineral solo al alcance de las familias muy pudientes. ¡Lo de siempre!

Tras leer el acta referente a la busca y captura de estos dos mozos quedé intrigado por saber de qué casa o caserío podían proceder. En el acta se citaban sus nombres y apellidos y además en el acta anterior se citaba el nombre de sus padres.

Hace unos años fotografié todas las páginas del Libro de Matrícula de la Parroquia de Itziar; el correspondiente a 1887. En él aparecían los datos de todos los habitantes de Itziar en los que se incluía además de sus nombres, la edad, el lugar de nacimiento, la casa o el caserío donde habitaban, la profesión, e incluso si comulgaban por Pascua Florida (al menos una vez al año).

Tras revisar las 1642 matriculaciones de Itziar correspondientes al año 1887 entre las que en buena lógica debían aparecer los dos prófugos, tuve mi recompensa. Allí estaban ambos y también sus padres y hermanos.

El primero de ellos, Francisco Arruti Salegui, hijo de José Ramón Arruti y de Francisca Nicolasa Salegui, tenía 19 años en el momento de ser llamado a filas y era natural del caserío Zubelzu Torre, en el barrio de Mardari. El matrimonio Arruti-Salegui tenía siete hijos, cinco varones y dos chicas. Francisco era el sexto hijo.

El segundo de los jóvenes prófugos en busca y captura, Julián Aguirregaviria Aramberri, era hijo de Simón Aguirregaviria Azpiazu y de Josefa Aramberri Larrañaga. En el momento de ser llamado a filas contaba dieciocho años. El matrimonio tenía ocho hijos e hijas llamados Faustino, Francisco, Josefa Antonia, José Mª, José Benito, Julián, Sabina y María. Julián era el sexto hijo.

Libro de matrícula de la parroquia de Itziar correspondiente al año 1887. En la página se muestra todos los habitantes del caserío "Ugarte berria" en el barrio de Arbizkoa, entre los que aparece Julián Aguirregaviria cuando contaba 7 años.  

Solo quedaba ponerme en contacto con algún miembro de las actuales familias Arruti y Aguirregabiria, en los caseríos Zubeltzu Torre y Ugarte Berri. En el primero de los casos no hubo suerte. Intenté con el segundo.

Llamé por teléfono a Sabino Aguirregabiria para comentarle que estaba escribiendo este artículo y para preguntarle si sabía algo más sobre sus antepasados y sobre el prófugo Julián Aguirregaviria, hermano de su bisabuelo. Y así descubrí una interesante historia sobre los Aguirregaviria de Ugarte Berri.

Sabino me contó que de los cinco hijos varones, Faustino, su bisabuelo, al ser el mayor se quedó con el caserío. José María y José Benito lucharon en Filipinas y consiguieron regresar vivos. Pero al poco tiempo emigraron a Argentina, concretamente a Buenos Aires. Al poco, dos de las hermanas seguirían el mismo camino asentándose en la capital argentina donde, al menos al principio, al tener muy buena mano para la costura se ganaron muy bien la vida. Una de ellas (María Jacinta Josefa) nacida el 20 de marzo de 1886 en el caserío Ugarte Berri de Itziar uniría su vida en Argentina a la de otro vasco natural de Sestao, Fermín Gorostiza. De esa unión nacería su hijo Héctor Carlos Gorostiza Aguirregaviria, importante dramaturgo y Secretario de Cultura de la Nación durante el gobierno democrático del presidente Raúl Alfonsín. 

Pero no queda ahí la cosa. Carlos Gorostiza, el hijo de aquella chica de Ugarte Berri tendría una hermanastra llamada María Esther Gorostiza a la que conoció cuando ella tenía diecinueve años. María Esther era ni más ni menos que la famosa actriz Analía Gadé, nombre artístico de ésta.

Pero volviendo a Julíán "el prófugo", pregunté a Sabino si sabía qué había sido de él. En 1898 estaba buscado por las autoridades y hasta ahí llegaban mis pistas. Una vez más mi interlocutor fue abriéndome el camino de la historia de Ugarte Berri. Al parecer tras la independencia de Cuba en 1898, Julián se asentó en aquel país junto a su hermano Patxi (Francisco), ocho años mayor que él.

Y efectivamente, al consultar la "Gaceta" cubana en la que se publicaban las Cartas de Naturalización (concesión de la nacionalidad) otorgadas durante el mes de mayo de 1904 por el presidente de la República de Cuba Tomás Estrada Palma, pude leer:

"A Julián Aguirregaviria y Arambarri, natural de Deva, Guipúzcoa, España, de 25 años de edad, soltero, hijo de Simón y de Josefa".

Ya tenemos a Julián convertido en un cubano hecho y derecho, pero aún soltero. En Cuba los dos hermanos, Patxi y Julián, se asentarían y la vida les debió sonreír pues además de formar familia ambos tuvieron suerte en los negocios llegando a alcanzar un buen estatus económico-social.



Fotografía de los hermanos Patxi (sentado) y Julián (de pie) Aguirregaviria Aramberri con sus mujeres e hijos. La elegante ropa que visten todos nos da a entender su presumible buena situación económica.

Caserío Ugarte Berri. La fotografía fue realizada en 1945 por las hijas de Patxi Aguirregaviria  durante una de las visitas a la casa natal de su padre. 
 

Contaba Sabino que cuando las hijas de Patxi venían de Cuba de vacaciones solían hospedarse en el Hotel María Cristina de Donostia e iban de visita al caserío en coche. Pero algo se les torció en el camino a los Aguirregaviria cubanos. Después de haber hecho fortuna en la perla del Caribe llegó la revolución castrista (1953-1959) que acabó con la dictadura de Fulgencio Batista. Una gran parte de lo que habían ganado con sumo esfuerzo se esfumó y supuso la ruina de los hermanos Aguirregaviria. Ambos murieron en Cuba y allí reposan. Según me contaba Sabino, algunos de los descendientes de ambos residen en Miami y en Bilbao.

Esta es una de tantas historias de gentes que, como ocurre hoy día, pero a la inversa, tuvieron que dejar su tierra no por gusto, sino para ganarse la vida lejos, muy lejos de casa. Quizás, historias como ésta nos ayuden a comprender a quienes hoy día, escapando de la guerra o del hambre llegan a nuestra tierra buscando una vida humanamente digna. Porque también nosotros, los vascos, hemos sido un pueblo de emigrantes.       




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