EL CASERÍO ITXURRIKUA
Y LA PLAZA ZAHARRA DE DEBA
Historias del patrimonio urbano
La imagen que se muestra fue realizada un día lluvioso hacia 1910. Gracias a ella podemos ver que por entonces prácticamente todos los edificios situados en la plaza Zaharra eran muy diferentes en forma y altura a lo que son hoy día. Llama poderosamente la atención el edificio situado entre la iglesia y los edificios de la derecha. Se trata del caserío urbano Itxurrikua.
Hasta los años sesenta del siglo veinte aún existía alguna casa en el centro del pueblo con ganado y cuadras; la última fue la de la familia Iriondo “Zesterokua”, sita en Iturkale. Somos muchos los que aún la recordamos y recordamos también su sidrería, los establos del ganado al fondo, y a las vacas pasando ante la iglesia cuando iban a pastar en los prados situados sobre el viejo cementerio.
La de Itxurrikua fue también una de las
últimas, y anteriormente lo fue la de Barberokua, emplazada donde en 1927 José Manuel Ostolaza edificó la E.B.E.F.O, Fundación Ostolaza; actual Kultur Elkartea.
El edificio situado en el lugar que ocupó la antigua Itxurrikua de la Plaza Zaharra que aparece en la foto, fue construido en 1922. En diciembre de 1921, su propietaria,
Telesfora Ulacia, solicitaba autorización al Ayuntamiento para la reforma de su
casa sita en el Nº5 de la “Plaza Vieja”. El consistorio acordó conceder dicha
autorización “para que haga la obra
conforme a lo ordenado por las ordenanzas municipales y pueda si le conviene
elevar un piso más a la casa que los señalados en el plano”.
Años después, en los bajos de la casa se abriría la tintorería "Los Mil Colores", ¡qué nombre tan maravilloso! regentada por la familia Benítez, los padres de Jaime "Tintorero". Y años después, en el mismo local, Martín Aizpurua "Martintxiki" abriría su almacén de albañilería. En el local esquina con Iturkale, Iciar Albizu y Loli Iruretagoyena abrirían la joyería relojería "Loli-Iciar".
En ese edificio levantado sobre el viejo Itxurrikua nací yo y prácticamente todos mis hermanos y hermanas, mi tía Charo y mi prima Marialui Urizar. También lo hicieron mis amigos Iñaki y Mikel Arrizabalaga, así como Josu y Mila Aizpurua, hijo e hija de "Martintxiki" e Isabel.
Ninguno de los nacidos allí hemos olvidado a doña Prudencia Ulacia, nacida en el viejo caserío Itxurrikua pero con pinta de haberlo hecho en Buckingham Palace. Aún estoy viendo sus muñecas y dedos repletos de joyas. Nunca olvidaré la pluma estilográfica que me regaló el día de mi primera comunión. Y ninguno de los que allí vivimos nos hemos olvidado de su perro Robbie.
Al pasar el otro día ante la casa vi que le habían cambiado el número. Ya no era el número cinco de nuestra época sino el número cuatro, aunque por suerte para los románticos viejos habitantes de la casa aún conserva la placa metálica esmaltada en azul con el viejo número. Afortunadamente, hace ya años que a la Plaza Zaharra se le volvió a imponer su nombre original. Cuando nacimos allí los que aún vivimos, era la plaza del "Generalísimo Franco".
Lo que antaño fue impar hoy es par, como si fuese una grotesca metáfora de los cambios sociopolíticos que sufrimos hoy día.
Pero desgraciadamente nuestra plaza ha perdido algo muy importante, algo vital: el silencio. Aquel silencio de hace años, solo roto por el sonido de los chorros de agua salidos de la boca de los angelotes de la fuente era un bálsamo, un relajante para el cuerpo y el espíritu.
Tampoco llegan ya en primavera las golondrinas de nuestra niñez y juventud para anidar bajo los aleros y alegrarnos los amaneceres y atardeceres con sus veloces vuelos y alegres gorjeos. Las hemos espantado para siempre. Sí; las hemos perdido, entre otras cosas, a cuenta de los malditos amplificadores de música, batucadas varias y diversos ruidos humanos que "legalmente" contaminan nuestras calles y flagelan nuestras neuronas; los decibelios salen gratis. Y lo peor de todo: nadie hace ni dice nada por acabar con ello. ¡Pobre Plaza Zaharra! ¡Pobres de nosotros!
Imagen actual de la Plaza Zaharra. El edificio de la derecha, el más bajo de los tres que se ven en la fotografía, era el de más altura en la primera década del siglo XX.
Un placer leer esta historia tan llena de cariño y nostalgia 💝
ResponderEliminarEs realmente encantador traer estos y otros hermosos recuerdos a la memoria presente y ausente a la vez pero real y conmovedor
ResponderEliminarMuchas gracias por tu desinteresado trabajo y por motivarnos para conservar en lo posible todo nuestro patrimonio, no sólo el tangible
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