lunes, 26 de octubre de 2026

LA PLAZA, LOS BANQUILLOS, EL IMPUESTO MUNICIPAL Y OTRAS HISTORIAS DECIMONÓNICAS.

                             LA PLAZA, LOS BANQUILLOS,

                           EL IMPUESTO MUNICIPAL

                      y otras historias decimonónicas


Probablemente muchos conocerán esta fotografía de principios del siglo XX, realizada en la entonces conocida como "Plaza Mayor" de Deba. La escena nos muestra a las "baserritarras" vendiendo sus productos del día en la plaza. Todas ellas están sentadas en unos banquillos y si nos fijamos un poco podemos ver a un alguacil, probablemente dos, supervisando los puestos. No hay mesas donde posar los productos, tan solo unos banquillos para las vendedoras.

Hace unos días, revisando las actas municipales debarras me topé con la correspondiente al cuatro de abril de 1869 y de inmediato recordé la foto que muestro pues, aunque es algo posterior, refleja claramente lo que viene a decir el acta.
Por entonces era alcalde de Deba Pedro de Olave, un isabelino-liberal que ocupó durante muchos años ese cargo y que también fue diputado foral. Es el mismo a quien  durante su visita a Deba en 1866, la reina Isabel II regaló una botonadura por el cálido recibimiento que se le hizo; y el mismo también, íntimo amigo de Francisco Pi y Margall, presidente de la 1ª República Española quien, por cierto, veraneaba en Deba.

Sí, en Deba. Porque el presidente republicano, justo es decirlo, fue un gran estudioso del sistema foral, de la historia y de las costumbres del País Vasco. Quizás porque tras la Revolución de 1854, siendo buscado por las autoridades para detenerle, tuvo que refugiarse en Bergara donde el Fuero le amparaba y la policía gubernamental no podía echarle mano.

Fue allí, en Bergara, donde tras un flechazo de los que solo se ven en las películas, el político republicano federalista se casó en pocos meses con una chica jovencísima llamada Petra Arsuaga Goicoechea, vecina de Bergara aunque originaria de Zerain. Esa es la razón por la que al parecer la pareja tomó Deba como lugar de veraneo, por entonces un importante centro balneario decimonónico.
                                                         
                                                 Retrato del alcalde de Deba Pedro Olave Beriztain en el que luce la botonadura que le regaló la reina Isabel II.

Debieron ser interesantes las estivales tertulias en las que, según se dice, intervenían el alcalde debarra Pedro de Olave y Francisco Pi y Margall. ¡Quién pudiera haber asistido a alguna de ellas! 
Fijándome de nuevo en la fotografía, digo yo que la joven esposa del que unos años después llegaría a ser presidente de la 1ª República, más de una vez haría la compra en la plaza que nos muestra la imagen.

- Garbiñe: mesedez, ponme unos puerros que a mi marido le encanta la "porrusalda".

Pero volviendo de nuevo al tema del acta de 1869, cabe decir que, por lo que se deduce del texto, no debía haber hasta entonces banquillos donde las baserritarras asentasen sus posaderas y las pobres mujeres se pasaban toda la mañana de pie. Transcribo literalmente un fragmento del acta referente al tema: 

" Tambien se trato sobre la poca comodidad que existe en la plaza mayor de esta (villa) para la gente que se pone en ella con el objeto de vender las aves frutas hortalizas etc. y á insinuacion del Sr Presidente (el alcalde Olave) se acordó comisionar a D. Juan de Unzueta, Síndico, para que disponga se hagan unos banquillos con destino a los citados vendedores quienes deberán pagar un cuarto por cada dia cuya recaudacion se hará por el Alguacil hasta ver qué efecto y producto resulta para en su caso sacar este arbitrio ó recurso a remate".

Económicamente hablando, eran tiempos muy difíciles y el texto nos da a entender que el señor alcalde no solo estaba pensando en la comodidad de las vendedoras sino también en la forma de sacar unos cuartos para el Ayuntamiento.

Vemos que el precio a pagar por banquillo y día era de un cuarto, muy poca cosa, algo así como un céntimo de peseta. Pero lo más curioso es la expectativa del señor Olave de que si funcionaba la cosa se podría sacar este impuesto a remate, es decir, dar la concesión para la explotación de este servicio de banquillos en subasta al mejor postor.


En esta segunda fotografía de la misma época que la primera, aunque la calidad de la imagen no es buena, podemos apreciar la Plaza Mayor muy concurrida en un día lluvioso de feria. Suelo mojado y algún paraguas abierto. Debe tratarse de la feria que se celebraba el primer sábado de cada mes.

Al fondo vemos la calle de la Cruz con la ermita del mismo nombre y tras ella, la casa de Lojendio al fondo. Cuando esta última fue derribada en 1986, su escudo, el de los Oliden, fue reubicado en los aukupes del Ayuntamiento.
Al comienzo de la calle de la Cruz, a la izquierda, se aprecia la tienda de Jose Mª Azcoitia que años después pasaría a ser propiedad de Domingo Albizu "Arriola". A la derecha de la calle, el banco de San Sebastián, en el lugar en el que actualmente se ubica el supermercado DIA.

A la derecha, en la plaza, se ve que hay gran movimiento en los puestos que, al contrario que en la primera fotografía, cuentan con mesas para exponer los productos. También se aprecian un par de carros.
A la izquierda de la imagen vemos a un charlatán de feria subido sobre una mesa intentando convencer a baserritarras y kaletarras de que él sí vende duros a cuatro pesetas. Alguno picaría.

En fin, son dos imágenes de la historia comercial agropecuaria local que merecen ser conservadas en nuestra memoria. 
 






 

 






 

5 comentarios:

  1. Entrañables las fotografías y el texto. Y encima la novedad, para mí desconocida , de don Francisco Pi chapuzándose en Deva. Jajaja. Enhorabuena, Alex. Me ha encantado cómo siempre.

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  2. Magnífico tu artículo. Nada menos que Pi y Maragall veraneante de Deba y enamorado de una joven guipuzcoana

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  3. Maria Jesús Urgel Ubau27 de octubre de 2026 a las 20:35

    Como siempre, muy interesante y de nuevo gracias por compartir estas narraciones

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