viernes, 27 de enero de 2017


CUATRO MUJERES Y ...

DEBA EN 100 PALABRAS




En la fotografía, en el centro, tres de las cuatro ganadoras del concurso:
 Maddi Echeverria Crucelegui, Maria Antonia Manzano Presa y Naiara Zubimendi
Zubillaga. La cuarta ganadora, Marta Ortiz Mateo, no pudo asistir al acto.
Flanqueando a las ganadoras, cuatro de los miembros que formaron parte del jurado,
 entre ellos el autor de este blog.

Ayer, día 26 de enero de 2017, tuvo lugar la entrega de los premios literarios "Deba en 100 palabras", concurso literario patrocinado por la Fundación Cárdenas, entidad encarnada en su presidente Javier de Cárdenas, marqués de Prado Ameno, un hombre siempre volcado en apoyar a todo lo que culturalmente concierne a la villa de Deba.
 
La presente edición, cuyo tema obligatorio era la ermita de Santa Catalina de Deba, nos ha deparado una curiosa y agradable sorpresa. Los cuatro premios (dos primeros premios, uno en euskara y otro en castellano, y dos segundos premios en cada uno de estos idiomas) han ido a parar a mujeres. Las cuatro ganadoras fueron María Antonia Manzano Presa (de Madrid) por "Quemando una ramita" y Maddi Echeverria Crucelegui (de Donostia) por "Un día inolvidable", ambas en el apartado en castellano. Las ganadoras en euskara fueron Naiara Zubimendi Zubillaga (de Zumaia) por "Talaia", y Marta Ortiz Mateo (de Madrid).

Cuatro mujeres: dos madrileñas y dos guipuzcoanas. 
Para mí, que formé parte del jurado, el hecho de que las cuatro ganadoras fuesen mujeres no fue intrascendente, pues me hizo meditar sobre el importante papel desempeñado por las mujeres debarras en el campo literario euskaldun a través de la historia; y así lo hice saber en el acto tanto a las premiadas como al público asistente. Y me alegra mucho porque parece ser que, aún hoy, seguimos teniendo cantera literaria femenina para rato.
 
La primera obra escrita por una mujer en euskara, de la que existe constancia, salió de la pluma de una debarra: María Estibaliz de Sasiola, nacida poco antes de 1550 en la torre del mismo nombre, a pocos metros de donde se celebró el acto. Fue una mujer culta, como lo demuestran los poemas que de ella se conservan, lo que desmonta la creencia de que las mujeres de entonces no tenían acceso a la cultura. Y si alguien lo duda, que se lo pregunten a Teresa de Ávila la gran escritora mística castellana, coetánea de la autora debarra.



El tema del concurso de este año ha sido la ermita de Santa Catalina.
El lugar donde se encuentra dicha ermita, está considerado como una de la mas bellas
atalayas del Cantábrico. La fotografía corresponde a una de las romerías celebradas en ella
 todos los 24 de junio, día de San Juan.  
 
 Pero el hecho de que María Estibaliz fuese una poetisa pionera en lengua vasca no quiere decir que antes no hubiese habido otras mujeres, y también nacidas en esta villa guipuzcoana.
Los primeros versos en euskera atribuidos a mujeres vascas lo son de dos mujeres debarras. Son versos correspondientes a dos elegías medievales de los siglos XIV-XV, probablemente las más antiguas del País Vasco: las endechas de Milia de Lastur y las de Usua de Alós.
A pesar de que cuando vieron la luz no fueron escritos, pues eran improvisados, los viejos versos guardados en la memoria del pueblo serían recopilados y transcritos más tarde por Esteban de Garibay en el siglo XVI y por Juan Venancio Araquistaín en el siglo XIX.
Pero no queda ahí la cosa. Ya durante las primeras décadas del siglo XX, otra debarra, Tene Mujica, fue una de las más prolíficas escritoras en lengua vasca de su época. ¿Quién será la siguiente?.

Para terminar, me permito una reflexión:
A pesar de esta sociedad, a pesar de este momento en que vivimos donde las vertiginosas redes sociales mal utilizadas nos van secando el cerebro; a pesar de estos días en los que la telebasura parece formar parte de nuestra vida; a pesar de estos tiempos en los que hay jóvenes y mayores, hombres y mujeres que no han leído un libro y si lo han hecho ha sido por obligación; a pesar de eso, a pesar de todo eso y mucho más, aún queda un resquicio para la esperanza.
Estas cuatro mujeres y todos los demás participantes del "Deba en 100 palabras" nos lo han demostrado.             
    
     

  

domingo, 9 de octubre de 2016

LOS SASIOLA, LOS CONDES DE PEÑAFLORIDA Y EL BLOODY MARY




Miembros de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (Comisión de Bizkaia)
durante su visita a la iglesia de Santa María de Deba. 

A principios de septiembre recibí la llamada de una persona a la que siempre he admirado: el polifacético doctor Ricardo Franco Vicario. Entre los muchos cargos profesionales, culturales o lúdicos que ejerce, Ricardo es vocal de la comisión bizkaina de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.
Según me comentaba , el motivo de su llamada era que dicha comisión bizkaina de “la Bascongada”, encabezada por su presidente Lorenzo Goikoetxea, había organizado una jornada de visita al Geoparque de la Costa Vasca cuyo espacio geográfico comprende los municipios de Mutriku, Deba y Zumaia. Uno de los actos programados para dicho día era la visita a la iglesia de Santa María de Deba, una joya declarada Monumento Nacional en 1931, recién instaurada la República. Ricardo me solicitaba hacer de cicerone en aquella visita guiada, solicitud a la que accedí muy gustosamente.


Llegado el día señalado,  24 de septiembre, la visita tuvo lugar tal y como estaba previsto. En ella, más que dar a conocer los aspectos artísticos del monumental templo, me centré en dar a conocer la historia de Deba y sus gentes a través de las cinco capillas góticas de las, en el pasado, más relevantes familias de la villa: los Andonaegui, Zubelzu, Irarrazabal, Sasiola y Aguirre.
El recorrido por las capillas, transcurría con normalidad - sobra decir que con gran atención de los notables visitantes-  cuando llegados a la capilla del linaje de los Sasiola y tras dar mis explicaciones sobre la histórica familia me propuse entretener a los oyentes con dos acertijos referentes a personajes de esa familia.
El primer acertijo consistía en que estos adivinasen la relación existente entre los Sasiola y la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, institución a la que todos ellos pertenecían. El segundo, algo más estrambótico que el primero, consistía en adivinar la relación entre los Sasiola de Deba y el conocido cóctel “Bloody Mary”, según los expertos, uno de los mejores remedios para aliviar la resaca alcohólica.


DE LOS SASIOLA A LA REAL SOCIEDAD BASCONGADA DE AMIGOS DEL PAÍS

Sepulcro de Martín Ochoa de Sasiola, "el Tesorero" del Condestable de Castilla.
Entre risas, sonrisas y cruces de miradas, y viendo que ninguno de ellos daba con las respuestas me lancé a desvelar ambos enigmas.
Apoyado en el sepulcro del debarra Martín Ochoa de Sasiola, quien fuera tesorero del Condestable de Castilla don Pero Fernández de Velasco, algo así como un Cristóbal Montoro pero a lo grande y con pedigrí nobiliario, comencé a desgranar la historia de quien hace quinientos años había sido enterrado en él.
Martín Ochoa de Sasiola estuvo casado con María Martínez de Zarauz, nacida en Getaria en la casa-torre conocida como de Zarauz, edificio en ruinas situado junto a la parroquia de esa localidad y cuyos muros exteriores aún se conservan.
 De los hijos de ese matrimonio, uno de ellos, llamado Rodrigo Sasiola y Zarauz contrajo matrimonio con una joven llamada Jordana Manuel de Arancibia Zaldivar, nacida en la legendaria torre de Arancibia en Berriatua.
 Uno de los hijos de la pareja, Martín Ochoa de Sasiola y Arancibia, casó con María Eguino Areisti, natural de Azkoitia.

 
Jordana Manuel de Sasiola Arancibia
La única hija de éstos, Jordana Manuel  Sasiola-Arancibia Eguino, llamada como su abuela paterna, se casó con Juan Munibe Ortiz de Otalora, natural de San Andrés de Etxebarria y posteriormente residente en su nueva torre de Markina. Con ese matrimonio se unían los linajes de Sasiola y Munibe, dos linajes fundidos en uno y del que con el paso del tiempo descendería Xabier María Munibe e Idiaquez, VIII conde de Peñaflorida y fundador de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.             
Tras los comentarios y para reafirmar más aún mis explicaciones desvelé a mis atentos oyentes lo que hasta entonces les había ocultado: la capilla-sepulcro de los Sasiola, hasta fechas relativamente recientes también había sido conocida como capilla de los condes de Peñaflorida por ser ésta de su propiedad. No contento con ello y para ayudarles a acrecentar todavía más su interés sobre la historia de aquella capilla les hice un curioso comentario acerca de un conocido personaje de la política actual, descendiente de los linajes  de Sasiola y Munibe. Se trataba del ex alcalde de Vitoria-Gasteiz y ex ministro  Alfonso Alonso Aranegui cuya familia, muy ligada aún al pueblo de sus orígenes,  es la propietaria de una de las casas más históricas y antiguas de Deba: la casa torre de Maspe.


DE LOS SASIOLA AL BLOODY MARY
La segunda de las adivinanzas:  el nexo entre los Sasiola  y el mundialmente conocido cóctel Bloody Mary dejó perplejos a los ilustres visitantes. Al ver que nadie daba con la respuesta, me dispuse a desvelarla.
Otro miembro de esa poderosa familia, Jofre Ibañez de Sasiola “el Bachiller”, pariente del “Tesorero” Sasiola allí enterrado, además de alcalde de Deba e importante mercader, fue miembro del consejo real de Castilla-León durante el reinado de los Reyes Católicos y primer embajador del reino castellano en Londres, cargo que ostentó en la capital inglesa en dos ocasiones; la primera en 1483, la segunda en 1491.
Estando a punto de jubilarse, los Católicos Reyes le encomendaron una última e importante misión: hacer de casamentero. La operación consistía en conseguir que el príncipe de Gales, Arturo Tudor, se casase con Catalina de Aragón, la hija pequeña de los reyes Isabel y Fernando.

Catalina de Aragón
Buenas y efectivas debieron ser las gestiones del ex alcalde de Deba para conseguirlo ya que en noviembre de 1501 se celebraba la boda entre los jóvenes príncipes. Pero lo que son las cosas. A los cinco meses de la boda muere Arturo y la joven castellana queda viuda. Pasarán siete largos años hasta que Catalina vuelva a casarse, esta vez con el hermano menor de Arturo, el rey Enrique VIII. Con él tendrá una hija: la futura reina de Inglaterra, María Tudor.
No andaban bien las cosas en Inglaterra por entonces debido al cisma con Roma y a la implantación del anglicanismo, lo que conllevó la muerte de numerosos clérigos y nobles fieles a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Recordemos a Sir Thomas More, más conocido como Santo Tomás Moro, ajusticiado en la torre de Londres por orden de Enrique VIII tras ser acusado de alta traición al no prestar juramento a la Iglesia anglicana y oponerse al divorcio del rey con Catalina de Aragón.
Aquel baño de sangre debió quedar grabado en la mente de la joven heredera María, tan ferviente católica o más que su “Católica” y castellana abuela Isabel o su madre Catalina. Aquel fervor haría que tras acceder al trono, María se propusiese dar la vuelta a la tortilla no encontrando mejor forma de hacerlo que realizar una sangrienta escabechina entre quienes habían seguido a su padre Enrique y asesinado a toda una legión de opositores. Dicha escabechina le sirvió para que los anglicanos le adjudicasen el nada cariñoso apelativo de “Bloody Mary”  (María la Sanguinaria).

María Tudor
Y así llegamos al coctel  Bloody Mary, inventado según dicen en 1921 por el barman Fernand Petiot,  del establecimiento parisino “Nueva York”; un coctel elaborado a base de zumo de tomate y tan rojo como la sangre de los anglicanos ejecutados por orden de la reina María de Inglaterra y llamado así en honor de ésta.
Resumiendo: si Jofre, el ex alcalde de Deba miembro del Consejo Real de Castilla y embajador en Londres no hubiese realizado la gestión para casar en Inglaterra a la hija pequeña de los Reyes Católicos con Arturo, Príncipe de Gales, y más tarde con su hermano Enrique VIII, no habría nacido María Tudor, con lo que lógicamente tampoco habría corrido la sangre de numerosos anglicanos y la simpática María jamás hubiese sido apodada Bloody Mary y ,en consecuencia, el cóctel así llamado es posible que hubiese existido, pero eso sí … con otro nombre. 

                                              


EPÍLOGO
Lo pasamos muy bien en aquella visita, tanto ellos como yo. La pena es que tuvimos que andar ligeros pues la marea estaba subiendo y todavía les quedaba visitar la rasa mareal en el tramo de Zumaia. Aún así todavía nos quedó tiempo para la fotografía de rigor ante la monumental portada de santa María y para tomar un café.
Quedamos en que volverían otro día.
Y efectivamente, ayer contactaban conmigo vía correo electrónico, Xabier Orue-Etxebarria y Estíbaliz Apellaniz. Me comunican que vuelven el 15 de octubre, esta vez con una cuadrilla de amigos bizkaitarras. Serán bienvenidos. 

  
                      

lunes, 5 de septiembre de 2016

DEBA Y LA BALLENA


Escudo de Deba en la iglesia de Santa María.
Es el más antiguo de los escudos de la villa.
© Kaioa. (prohibida la reproducción)
El escudo de Deba, al contrario de lo que sucede en otras poblaciones costeras vascas, no muestra referencia alguna a la actividad ballenera desarrollada en el pasado en esta villa. No quiere ello decir que dicha actividad careciese de importancia en la economía de su puerto; antes bien, está documentalmente demostrada la entonces trascendental labor de los balleneros debarras no sólo en  aguas vascas sino, posteriormente,  también en aguas americanas.
La ilustración de José Ignacio Treku, muestra el despiece de una ballena en Deba.
Junto a una de las puertas de entrada a la villa, pueden apreciarse los hornos
donde se elaboraba el saín. En un plano medio, la partida de una lancha ballenera,
 y al fondo, la señal de humo en una de las atalayas.
© kaioa. (prohibida la reproducción)

   
Desde tiempos inmemoriales, el 23 de octubre, día de Santa Engracia, los marinos de de Itziar y posteriormente también los de Deba, celebraban una gran fiesta en Itziar coincidiendo con el inicio de la campaña de la ballena. Esa fiesta, en la que no faltaban las corridas de toros, se celebró hasta 1743, año en el que las Juntas Generales de Guipúzcoa, reunidas en Azpeitia, las prohibieron a petición del ayuntamiento de Deba alegando que ese día ocurrían demasiados escándalos.
Todavía hoy,  existe un lugar en Deba conocido como “Labatai”, nombre que proviene de la unión de las palabras “Labea” (horno) y “Atari” (portal). El origen del topónimo se debe a que en ese espacio, situado en el pasado fuera de las murallas de la villa pero junto a una de los portales de entrada a ésta, se encontraban los hornos donde era fundida la grasa de las ballenas cazadas por los marinos de Itziar y Deba desde los primeros siglos de la Baja Edad Media.
Era precisamente allí, un lugar entonces bañado por las aguas durante la pleamar, donde al bajar la marea se realizaba el despiece de las ballenas que llegaban a pesar hasta setenta toneladas. Tras el despiece, las tiras de grasa arrancadas a los cetáceos, se cocían en enormes calderas de cobre para ser  transformadas en saín (aceite).
El saín de las ballenas cazadas en nuestras costas y en aguas americanas,
era el combustible utilizado en aquella época y su valor era similar o incluso
superior al del petróleo en nuestros días.
© Kaioa. (prohibida la reproducción)
 


En un principio, la caza se realizaba en las cercanas aguas locales situadas frente al pueblo. Tras el aviso, mediante hogueras, de los vigías de las atalayas situadas en la falda de Santa Catalina, en Itsaspe y en Mendata, todas ellas interconectadas visualmente, las chalupas partían en persecución de la ballena franca glacial (Euskal balea), especie que llegaba a las aguas vascas hacia el mes de octubre para pasar el invierno y parte de la primavera en el Cantábrico. Generalmente la gente acudía a las rocas y zonas elevadas de la costa para observar y animar con sus gritos a los miembros de las diferentes tripulaciones que perseguían y arponeaban a las ballenas.
El hecho de haber sido el primer “heridor”  reportaba ciertos beneficios económicos para quien tenia ese honor. Tras la muerte del cetáceo, este era remolcado a puerto para ser descuartizado.


Restos de una de las atalayas balleneras debarras, la situada en Mendata (Deba).
Desde atalayas como ésta se daba hace siglos el aviso de la llegada
de los cetáceos a las aguas locales. Solían estar intercomunicadas entre ellas
a modo de telégrafo visual.  

El aceite (saín) de ballena era un combustible muy cotizado pues ardía muy bien, dando buena luz y prácticamente no producía humo ni olores.
Pero no sólo se aprovechaba la grasa. Aunque la carne de ballena, salvo la de las crías, no era del gusto de los vascos, tras ser puesta en salazón, esta era generalmente exportada a Francia. No sucedía lo mismo con la lengua, pieza muy codiciada por su exquisitez que a menudo iba destinada a gente muy pudiente o a sufragar los gastos de mantenimiento y obras de la iglesia.
También se aprovechaban las barbas y los huesos, utilizados para elaborar elementos de corsetería, objetos decorativos, muebles e incluso en la construcción.
Balleneros en tierras americanas,
indígenas americanos en Deba. 
A partir del siglo XV, comenzó la extinción de la ballena en nuestras aguas y los marinos debarras se vieron obligados a faenar, primero en aguas de Asturias o Galicia, y posteriormente en Islandia, Terranova, la península del Labrador y el Golfo de de San Lorenzo (Canadá). Deba se convirtió en un importante puerto ballenero, receptor del saín traído de tierras americanas, no solo por los barcos de la villa sino también por naves de otras poblaciones guipuzcoanas. En su puerto y en el cercano puerto fluvial de Altzola comenzaba la vía más corta hacia la Llanada Alavesa y la Meseta Castellana, importantes destinos de los productos de los balleneros vascos.

En azul, la ruta marítima y fluvial desde
Terranova y puertos guipuzcoanos al puerto
de Deba y al de Altzola. En rojo, la ruta terrestre
hacia la Llanada Alavesa y tierras de Castilla.
© Kaioa. (prohibida la reproducción)

Es numerosa la documentación existente sobre balleneros debarras en tierras americanas. Apellidos como los Arriola de Urasandi, Irarrazabal, Sorasu, Sorarte, Zubelzu … llenan muchas páginas de la documentación de la época.  
Hasta hace unas décadas, entre los exvotos conservados en la sacristía de la iglesia de Itziar, se conservaba un testimonio de las andanzas de nuestros balleneros en Terranova. Se trataba de una canoa india o esquimal que por desgracia desapareció durantes las reformas realizadas en la sacristía de dicho templo hacia los años sesenta o setenta del pasado siglo XX. La explicación a este hecho puede encontrarse en el relato que en 1769 realizaba el vicario de Deba Pedro Joseph Aldazabal Murguia. Según él, en 1620 mientras el capitán Francisco de Sorarte, natural de Itziar, navegaba por las costas de Terranova, se encontró con unos nativos que viajaban en una canoa. Se trataba de un matrimonio y su hija quienes tras ser apresados y embarcados en el ballenero vasco fueron traídos a Deba. El hecho quedaba avalado por el libro de partidas de bautismo de la iglesia de Itziar donde un tiempo después de la llegada de los nativos se hacía constar el bautizo de una mujer “ que traxo  de tierra nueva, el capitán Francisco de Sorarte”.
 
La histórica fotografía, perteneciente al archivo de la familia Aguinagalde,
muestra entre otros exvotos de la sacristía de Itziar, la canoa traída por
 el capitán ballenero Francisco de Sorarte en 1620. Dicha canoa, probablemente
un kayak, estaba forrada con pieles, seguramente de foca.
Foto: cortesía de Daniela Angeli.


martes, 16 de agosto de 2016

SOBRE LA RELIQUIA DE SAN ROQUE Y OTRAS RELIQUIAS DE LA VILLA DE DEBA





Ermita de San Roque,16 de agosto: devoción y tradición. En la imagen,
 el sacerdote debarra Josean Larrañaga da a besar la reliquia del santo a Patxi Alzibar.

El origen de la veneración a las reliquias religiosas se pierde en la oscuridad de los tiempos. Debió nacer cuando hace muchos miles de años la fe del ser humano se basaba en creencias y ritos de tipo animista.
Hoy día prácticamente todas las grandes religiones, incluidas la cristiana, la musulmana y la budista, siguen dando culto a esos restos a los que, en ocasiones, el fervor popular ha atribuido poderosas propiedades  milagrosas.
Ese fervor ayudó a que durante la Edad Media la importancia de las iglesias se midiese según el número y calidad de sus reliquias, lo que propició que se organizase un lucrativo negocio en torno a éstas, gran parte de ellas, dicho sea de paso, falsas. Un templo con reliquias importantes atraía a numerosos fieles lo cual se traducía en numerosas dádivas y limosnas por parte de los devotos.

Como dato curioso decir que aún hoy, a lo largo de toda Europa se conservan “reliquias” tan "interesantes" como los pañales, el cordón umbilical, el prepucio y más de sesenta y cuatro dientes de leche del Niño Jesús, diversas ampollas con gotas de leche de la Virgen así como uno de sus brazos, las colas de dos asnos que llevaron a Cristo, dos plumas y un huevo del Espíritu Santo tras convertirse en paloma, varias plumas de los arcángeles San Miguel y San Gabriel, dos botellas con un suspiro de San José y un estornudo del Espíritu Santo, o un trozo del mismísimo barro con el que fue creado Adán, que no es moco de pavo.

Pero a estos curiosos, divertidos y anecdóticos datos no escapa el municipio de Deba.
En el capítulo VI del libro “Breve Historia Del Mas Luminoso Astro, Y Brillante Estrella De La Mar, La Milagrosa Imagen De Maria Santisima De Iziar”, escrito en 1767 por don Pedro Joseph de Aldazaval y Murguia, vicario de Deba, éste hace un pormenorizado relato de las reliquias donadas en tiempos pasados por ilustres hijos de la villa al santuario de Itziar y a la iglesia de Deba. Debido a su interés transcribo directamente algunos párrafos.
 “ Entre otras Reliquias, que se veneran en este Santuario, es muy singular, e insigne una Cabeza entera de las once mil Virgenes, que desde Flandes embió á esta Parroquia, con el correspondiente adorno, año de 1580, Don Juan de Lastur hijo de esta Villa de Deva, y Thesorero de los Reales Egercitos en aquellos Paìses, y assi mismo otra Cabeza para la Parroquial Matriz de la misma Villa”.



En la imagen, dos relicarios conservados en la iglesia de Deba y que curiosamente
 están datados como del año 1580, el mismo año en el que Juan de Lastur envió
 desde Maastricht los cráneos pertenecientes a dos de las “once mil vírgenes”
 (en realidad eran once: Santa Úrsula y diez compañeras más) martirizadas en el siglo V por los hunos.
 ¿Serán estos los relicarios que albergaron los citados cráneos?. Realmente es muy probable. 


El envío de Juan de Lastur incluía también  “tres Cavellos de la propia Cabeza de la Gloriosisima Virgen Nuestra Señora, y una parte del verdadero Madero de la Santa Cruz, y parte de la Cabeza del Glorioso San Andres, y un huesso de San Gervasio, Patron de su Iglesia (en Maastricht), y de los huesos de San Blas Martyr, y otras Reliquias de mucha veneración”.  
Todas las reliquias fueron enviadas desde la ciudad de Masstricht, Países Bajos, el 15 de marzo de 1580, con sus correspondientes certificados de autenticidad y el aval de las más altas jerarquías eclesiásticas.
Desgraciadamente, aunque parece confirmado que las reliquias efectivamente llegaron a Itziar, en 1767 estas habían desaparecido, según el vicario Aldazabal Murguia, “o por el sacrílego hurto de algún desalmado, o por el descuydo de mirar por ellas con devida atención, o por ambos motivos juntos”.
 
En  1607, otro debarra, el jesuita Pedro de Aguirre, enriquecía la colección de reliquias del santuario de Itziar con una nueva remesa procedente de iglesias y catacumbas de Roma. Dichas reliquias se presentaron en Itziar “con la mayor pompa, y solemnidad en 15 de Agosto” de ese mismo año. Entre esas reliquias se encontraban  “Una Costilla entera de los Martyres de San Calixto en la Iglesia de San Sebastian de Roma…, un Huesso de la Canilla de los mismos Martyres; otro de San Primo Martyr; otro huesso de Santa Lucia Virgen, y Martyr; otro de San Paternio Martyr; otro de San Ignacio Martyr; otro de San Thimoteo Martyr; otros ocho de los Santos Martyres San Leon, San Alifax, San Jacinto, San Pio, Santa Liberata, San Valerio, y San Antonino, y otras muchas Reliquias de Santos Martyres, cuyos nombres se ignoran”.

                                                                      
Reliquia de San Roque
conservada en Deba


Poco a poco con el paso del tiempo se han ido perdiendo la mayoría de todas aquellas reliquias. A pesar de ello aún quedan algunas como la del santo patrono de la villa de Deba, San Roque,  que es dada a besar a los fieles el día de su festividad, 16 de agosto.
Nadie sabe si la reliquia de nuestro santo es auténtica o si es “auténticamente falsa”, pero eso es lo de menos. La importancia de una reliquia no estriba en la reliquia en sí, sino en lo que encierran la vida, los hechos y los méritos del santo o persona de quien proceden o se dice que proceden. La auténtica  reliquia se encuentra en el mensaje, en el ejemplo que aquella persona pudo dejarnos.
Se dice que San Roque, hijo del Gobernador de Montpellier, por entonces territorio perteneciente al reino de Mallorca, lo tenía todo en la vida. A pesar de ello, tras vender todos sus bienes y dar lo recaudado  a quienes nada tenían, decidió dedicarse a ayudar a los apestados, convirtiéndose así en una verdadera ONG ambulante.
 
Creo que la historia me suena. En realidad la historia siempre se repite y mientras estos días disfrutamos de las fiestas de nuestro santo patrono, presiento que hay muchos San Roques, hombres y mujeres, ayudando a quienes hoy son tratados como verdaderos “apestados”. Roques salvando a los refugiados que llegan a la isla griega de Lesbos; Roques acogiendo a quienes buscando una vida digna atraviesan en barcazas y en pateras las aguas del Mediterráneo o del  Estrecho; Roques que arriesgan y pierden sus propias vidas por salvar las de otros en numerosos países en guerra; Roques que se dejan el pellejo trabajando por los demás, por los desposeídos, en los lugares más inhóspitos y olvidados del mundo ... incluso en el mismísimo corazón de la vieja Europa.

   
Deba, 16 de agosto. Imagen de San Roque en procesión hacia su ermita.




lunes, 13 de junio de 2016

Mi reencuentro con el capitán Ángel Pérez.


         LA CASUALIDAD, LA MEMORIA Y EL RÍO VITAL



Hace unos días asistí a la presentación del libro Pompilio Madrigal, última novela del autor hispano-argentino José Ángel Romano Pérez. El acto con gran asistencia de público tuvo lugar en el Salón de los Espejos del histórico palacio de Aguirre, en Deba.
Una semana antes me había enterado del evento a celebrar a través del responsable de cultura y archivero del Ayuntamiento debarra, Raimundo Amutxastegi.


Deba, 6 de junio de 2016. Presentación de la novela "Pompilio Madrigal" de José Ángel
Romano Pérez.

Fue él quien me informó sobre la existencia y orígenes del autor argentino, orígenes que curiosamente al igual que algunos pasajes de su novela tenían mucho que ver con nuestro pueblo. En un momento dado, Amutxastegi hizo mención a cómo la familia del autor, concretamente su bisabuelo materno, había tenido farmacia en Deba.

Rápidamente saltaron como chispas en mi cerebro las palabras " Farmacia" y "Pérez" que, unidas ambas, me hicieron rememorar unas vivencias y a unos personajes de los que siempre he guardado un cariñoso recuerdo.
¡ Y lo que son las cosas!, el autor de Pompilio Madrigal era sobrino de Ángel Pérez García, una persona a la que jamás he olvidado. Pero mejor entrar en la historia.

La historia comienza hace casi cuarenta años cuando yo contaba veinticuatro. Había embarcado como oficial de radio a bordo del "Vega de Guernica", un pequeño buque matriculado en Bilbao que hacía la ruta entre Málaga y los puertos argelinos de Jijel, Skikda y Bejaia transportando sémola de trigo. Era mi primer embarque como oficial y aquella responsabilidad conllevaba la inseguridad del novato.


El buque "Vega de Guernica" donde navegué con Ángel Pérez.

Me presenté ante el capitán, un hombre que por su edad podría ser mi padre y que a primera vista me dio la sensación de ser un hombre tranquilo y sobre todo, una buena persona. Se llamaba Ángel Pérez García y era de Madrid.
Cuando le comenté que yo era de Deba, esbozó una amplia sonrisa y me dijo: "mi abuelo tuvo farmacia en Deba". Aquella circunstancia hizo que ambos nos sintiésemos complacidos. Fue un buen comienzo; teníamos algo en común.
Ángel Pérez estaba acompañado a bordo por su esposa, Isabel, y dos de sus hijos: una jovencita de unos trece años, Isabel, y un muchachito de unos diez, Raimundo.



La imagen de Ángel Pérez corresponde a la época en que nos conocimos.

Puente de mando del "Vega de Guernica". En el centro de la imagen,
el autor de este artículo; a la derecha Isabel, la hija de Ángel Pérez;
 a la izquierda, el timonel.


Ángel con sus hijos Isabel y Raimundo.

Recuerdo aquellos viajes de apenas día y medio de navegación como si fuesen un crucero de placer. Mi responsabilidad al entrar a puerto y mientras el buque descargaba se limitaba a salir de excursión por los alrededores, a coger almejas en la playa y a tomar el sol con los dos mozalbetes.
Fueron vivencias maravillosas pero desgraciadamente breves pues al poco tiempo desembarcaron Ángel y su familia y algo más tarde yo.
Fue la última vez que nos vimos; hace unos días me enteré de que tanto Ángel como su esposa fallecieron hace tiempo, pero aún así, gracias a la presentación de la novela Pompilio Madrigal, hemos vuelto a reencontrarnos de alguna forma.


De izquierda a derecha: el autor de este artículo, el primer oficial
 del Vega de Guernica cuyo nombre he olvidado, Isabel madre, Isabel hija
 y el pequeño Raimundo. La escena corresponde a una excursión a la playa
en un puerto argelino. Ángel Pérez no aparece por ser el autor de la fotografía. 



Isabel Bustamante con sus dos retoños: Isabel(ita) y Raimundo.

En la presentación de su libro José Ángel Romano habló emocionado de sus orígenes debarras. De cómo su bisabuelo, un burgalés llamado Eulogio Pérez Hermosilla y su esposa, una gipuzkoana del Alto Deba llamada María Zubizarreta habían regentado durante años (hasta el año 1894) la farmacia de Deba. De cómo tres hijos de ese matrimonio, entre ellos el padre del capitán del "Vega de Guernica" y la abuela materna del escritor argentino, habían nacido en Deba, concretamente en la calle Cordelería, datos que fueron corroborados en el archivo municipal mediante las partidas de nacimiento.


Calle Cordelería, Deba. Probablemente fue
en la casa de la derecha o de la siguiente, donde
habitó el matrimonio Pérez-Zubizarreta y también donde
nacieron tres de sus hijos. Al fondo, a escasos cuarenta metros,
se aprecia la casa de la farmacia.

Durante la presentación del libro en la que intervinieron, además del autor, el alcalde de Deba, Pedro Bengoetxea y el abogado Eduardo Garcia, se repitieron los conceptos "Casualidad", "Memoria" y "Río Vital". Estos tres conceptos sintetizaban las circunstancias que habían hecho que después de ciento veintidós años desde que Eulogio Pérez Hermosilla, boticario de Deba, dejase esta población para marchar a Morata de Tajuña, un biznieto suyo presentase en ella su última novela.
Sí; también fue para mí  algo muy especial, porque en la "memoria" de mi vida, la "casualidad" ha hecho que mi relación, primero con Ángel Pérez, su esposa Isabel y sus hijos, y más tarde con José Ángel Romano Pérez, el sobrino del capitán del "Vega de Guernica" hayan pasado a formar parte de mi "río vital".

Porque ¡qué cosas nos depara la vida! desde hace cerca de treinta años vivo en el tercer piso del edificio de la farmacia, en la Plaza Zaharra; la misma que hasta hace unos años regentaron los Barrera, mucho antes los Muguerza, y antes que todos ellos los Perez-Zubizarreta: los abuelos del capitán Ángel Pérez. 


El edificio de enfrente, la casa de Arteaga, es
comúnmente conocido en Deba como "casa de la
farmacia". La antigua farmacia de los Perez-Zubizarreta
estuvo ubicada en los bajos de este edificio.
La fotogrifía tiene más de un siglo. Plaza Zaharra de Deba. Al fondo a mano
derecha, bajo los toldos, la antigua botica.
 Hacía unos años que los Pérez-Zubizarreta habían dejado Deba para instalarse
 en Morata de Tajuña.  

El edificio de la antigua farmacia en la Plaza Zaharra en cuyos bajos se situaba
la farmacia es el cierre del círculo de mi relación con el capitán Ángel Pérez.
El destino quiso que yo habite en el tercer piso del edificio donde se encontraba
  la farmacia de sus abuelos.



¿Quién fue Ángel Pérez García?

Ángel Pérez, con uniforme, en el cuarto de derrota probablemente
a bordo del "Cabo de Buena Esperanza" barco de pasaje
 de la compañía Ibarra.

Han tenido que transcurrir casi cuarenta años para que, gracias a su sobrino, José Ángel Romano Pérez, haya podido enterarme de quién fue realmente aquel capitán del "Vega de Guernica". 
Perteneciente a una saga de farmacéuticos y veterinarios, Ángel Pérez García nació en Casas Ibañez, Albacete, el 24 de septiembre de 1925. Era hijo de Ángel Pérez Zubizarreta, veterinario y alcalde republicano de Morata de Tajuña aunque nacido en Deba, desde donde habían llegado sus padres, Eulogio Pérez Hermosilla y María Zubizarreta.

El alcalde de Morata de Tajuña fue víctima de las garras del franquismo durante la Guerra Civil, ya que a pesar de haber demostrado una integridad ética ejemplar y haber intervenido para evitar el derramamiento de sangre en aquella localidad, no tuvo más remedio que escapar hacia el exilio con su familia; primero a Francia donde conocieron la miseria de los campos de concentración, más tarde a Méjico, y parte de su familia a Argentina.

Haré un paréntesis para comentar otra de las casualidades que rodean a esta historia.
Cuando José Ángel Romano Pérez me refería la estancia de su abuelo en Méjico, hizo un comentario relativo a cómo éste era amigo del famoso futbolista de la selección nacional de futbol de Euskadi, Isidro Lángara. Para mí fue una sorpresa pues, curiosamente, también lo era de un hermano de mi padre exiliado en Méjico, Francisco Turrillas Bordagaray, primer director del periódico editado por el Gobierno Vasco en aquel país: "Euzko Deya". Es más, le comenté que yo aún guardaba una carta de Lángara dirigida a un hermano mío.
Engañado por falsas promesas de respetar su vida, el padre de Ángel Pérez regresó del exilio mejicano pero al llegar a España fue encarcelado, muriendo al poco de salir de prisión.

Hacia el año 1943 Ángel debió ingresar como alumno en la Escuela Náutica de Tenerife y tras finalizar sus estudios en junio de 1945 embarcó como alumno en prácticas el 30 de enero de 1946; lo hizo a bordo del buque "Condecorado". Posteriormente, también como alumno, lo haría a bordo de los buques Cabo de la Plata", "Cabo de Creux", "Cabo Silleiro" y "Cabo de Hornos".  
Tras realizar las prácticas, el 27 de julio de 1950 se tituló como piloto en la Escuela Náutica de Bilbao, y en enero  de 1958 como capitán, en Madrid.  

En junio de 1963 Ángel hizo un breve paréntesis en su vida para casarse en agosto con Isabel Bustamante, una joven extremeña residente en Madrid. Había desembarcado del "Bera" un petrolero sueco que hacía la ruta entre Polonia y el Mar Negro. Tendrían tres hijos: Isabel, Ángel y Raimundo. 


Historial profesional de Ángel Pérez. Como se
puede apreciar, navegó en 57 barcos.

Según he podido comprobar en su historial profesional a lo largo de su vida marítima navegó en 57 buques, un dato que como diría su hija Isabel, no está nada mal para ser un chico de Albacete. 
Tras una larga vida navegando por todos los océanos, se jubiló en septiembre de 1984.
Ángel, el viejo lobo de mar, el nieto de Eulogio Pérez Hermosilla y María Zubizarreta, los boticarios de Deba, inició su última singladura, la más larga, el 12 de junio de 2008. Sus restos reposan junto a los de su esposa y su abuelo en el cementerio de Morata de Tajuña. 
Mi recuerdo más cariñoso a todos ellos. 

                   

Cementerio de Morata de Tajuña. Panteón donde reposan
los restos de Eulogio Pérez Hermosilla (farmacéutico de Deba),
su nieto Ángel Pérez, el capitán del "Vega de Guernica"
 y la esposa de éste, Isabel Bustamante.




Una curiosidad: uno de los hijos del matrimonio compuesto por Eulogio Pérez Hermosilla y la guipuzcoana María Zubizarreta, farmacéuticos de Deba, pasó a residir en la población cacereña de Trujillo donde, al igual que su padre, también ejerció como farmacéutico.
Para no perder el apellido  "Zubizarreta", la rama extremeña decidió unir los apellidos Pérez y Zubizarreta, convirtiéndolos en uno sólo: en su primer apellido. En la actualidad son numerosos los Pérez Zubizarreta en esa población; también los hay farmacéuticos. Todos ellos son descendientes de un debarra; de un hijo del boticario de Deba.