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viernes, 1 de agosto de 2025

 

TRES HISTORIAS DEBARRAS

DURANTE LA INVASIÓN

ALEMANA DE FRANCIA


En mayo de 1940 las tropas de Adolf Hitler invaden Francia y en pocos días (27 de junio de ese año) llegan a la frontera de Hendaya (País Vasco bajo jurisdicción francesa) donde permanecerán hasta agosto de 1944. Durante esos cuatro años, las tropas nazis cruzarán a menudo la frontera de Irún para, entre otras cosas, hacer turismo en la neutral España de Franco y relajarse después de haber luchado en otros frentes europeos.

Deba fue uno de esos destinos turísticos nazis y precisamente a ello me voy a referir en los siguientes tres breves relatos históricos, todos tan reales como la vida misma y todos ellos acaecidos entre 1940 y 1944.


         Fiestas de San Roke. Deba, 1940. Un grupo de soldados alemanes durante una corrida de toros. 


Julian Urain y la pistola Luger.


                                        

Julián Urain, a la derecha, junto a su hermano gemelo Cruz el día de la primera comunión. Nadie diría que con esa cara de angelito, Julián como si de un miembro de la resistencia se tratara, sería capaz de arrebatar el arma reglamentaria a un oficial alemán.
                       

La primera de las historias tiene como protagonista a un muchacho de unos trece años cuya osadía pudo costarle cara a él y a otras personas. Debió suceder en agosto, probablemente durante las fiestas de San Roke. Tuvo lugar en el restaurante Iriondo (Patxi), que como era habitual en aquellas fechas estaba abarrotado de clientes, algunos de ellos militares alemanes. Y como también era habitual, muchos niños; todos ellos esperando que los guerreros de don Adolfo les obsequiasen con unas chocolatinas o alguna chuchería.

                                           

                                      Pistola Luger del ejército alemán.

La escena: unas mesas grandes y en una de ellas sentados los oficiales, comiendo y bebiendo con alegría; en las otras, suboficiales y soldados. En la puerta, una legión de chiquillos, entre ellos el jovencito Julián Urain que separándose del grupo de niños, todos ellos más jóvenes que él, se acerca a un alemán y le pide que le enseñe su pistola. El teutón, quizás animado por los efectos espirituosos del Soberano o el Veterano de Osborne y deseoso de agradar al muchacho, se levanta de la mesa y se la entrega para que este pueda saborear el tener en sus manos el mortífero juguete: una auténtica Luger.

Queriendo presumir de ser tenedor de aquella maravilla, el muchacho se gira mostrando con orgullo el arma al resto de niños.

Todos quedan maravillados, boquiabiertos; tan maravillados que ni siquiera se atreven a tocar aquel tesoro.

El caso es que visto y no visto. En un despiste del oficial alemán , Julián echa a correr con el arma y aunque los teutones salen corriendo tras él, ninguno consigue atraparlo. Julián y el resto de niños se escabullen entre calles y desaparecen como almas que llevan el diablo.

Pregunta: ¿Y a donde fue a parar el arma?

Respuesta: al fondo de la ría.


                       Soldados alemanes durante una corrida de toros en Deba.

"la Belga" 

Narraba mi informante, Antón Mari Azpeitia, cómo siendo un niño, sus padres solían alquilar en verano el piso de la calle Lersundi donde residían para, como muchos debarras, sacar un dinero que ayudase a sustentar la economía familiar en tiempos tan difíciles como aquellos de posguerra.

 

La desaparecida casa de Lojendio donde se sitúan los hechos narrados. El escudo que se ve en su fachada es el que hoy podemos ver bajo los arkupes del ayuntamiento. (Foto: Roque Aldabaldetrecu. Revista DEBA. Nº87).

Residían en verano en casa de unas tías, en la calle de la Cruz, junto a Akerzulo y la casa de Lojendio. Recordaba cómo por las noches llegaba un coche alemán y tras aparcar junto a la puerta de la casa de Lojendio, descendía primero el chofer y después un oficial alemán de alta graduación. Era de noche y por ello no se han borrado de su mente los focos de aquel coche que iluminaban el lugar, ni la bandera que portaba el vehículo del alto mando quien por cierto a veces venía de paisano y otras uniformado.

Él, un niño de seis o siete años, escondido tras los visillos y con la luz apagada observaba siempre la escena. La puerta de la casa de Lojendio abierta y una señora esperando al visitante.

                                            


En la casa residía una dama que hablaba un idioma extraño y a la que llamaban "la Belga". Era bajita y rechoncha pero muy moderna; era además la primera mujer a la que se había visto en el pueblo vestida con pantalones y fumando. A veces venía el coche a buscarle a ella; nadie sabía a dónde iba.

Quizás aquel misterio hizo que ¡cosas de los pueblos! algunos asegurasen que la dama era una espía alemana; nadie sabía quién era la Mata Hari de Akerzulo. Eran tiempos en los que a los hoteles y pensiones de Deba llegaban numerosos refugiados; gentes de todo tipo y estatus que huían de la contienda europea; aviadores aliados derribados en Francia, millonarios alemanes, judíos... todos ellos de paso; y cómo no, una legión de espías.

Terminada la Guerra Mundial, tras la derrota alemana, "la Belga" pasó a residir en uno de los chalés de la playa. Pocas cosas se recuerdan de ella; alguna como que Félix Iciar, el hijo de Gregori y hermano de Javi "Pinpot" le hacía los encargos. Hasta bien entrados los años 50, "la Belga" siguió pasando los veranos en Deba. Al parecer, por entonces residía en Madrid y según cuentan, se había casado con un chico vasco.

Poco más se sabe de ella, de aquella supuesta enigmática Mata Hari de Akerzulo.

Bueno; que se llamaba Evelyn. 


Manuel Calderón. El marino debarra que comandó la costa francesa.


                

                                    El Capitán de Navío Manuel Calderón López-Bago en su casa de Hondarribia. 


La siguiente historia tiene como protagonista a uno de los debarras menos conocido pero que tuvo una gran relevancia durante la última Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Se llamaba Manuel Calderón López-Bago (1899-1979). Marino de guerra, hijo de una familia de militares, durante la Guerra Civil fue comandante del destructor Velasco y más tarde comandante de tiro del crucero Canarias, participando como tal en la batalla de Matxitxako contra los bous de la Armada de Guerra Auxiliar de Euzkadi. Fue precisamente allí donde dos debarras se irían al fondo del mar con el bou "Nabarra", víctimas  del fuego artillero del Canarias.

Gracias a Calderón, siendo Ayudante Personal de Franco, los supervivientes del Nabarra, todos ellos condenados a muerte, fueron indultados, yendo él personalmente a buscarlos a la cárcel de Ondarreta e invitándoles a comer en Hondarribia.

Cuando tiene lugar la invasión alemana de Francia, Calderón es Comandante Naval del Bidasoa y cuando llegan los alemanes a Hendaya se encontraba con sus marineros de la Comandancia de Hondarribia en la Estación Naval de Hendaya. Los militares franceses habían huido y a requerimiento de los arrantzales  de los puertos vascos de Iparralde, había acudido allí para salvar la valiosísima documentación que en ella se guardaba. Una verdadera locura que casi le acarrea un serio disgusto cuando se presentaron allí los invasores alemanes, quienes no entendían nada.

Aclaradas las cosas, el general alemán Schneider, máxima autoridad en la comandancia de Bayona en ese momento, le ruega que al no tener el ejercito alemán un comandante de marina en la zona, se haga cargo de la Comandancia de Inscripción Marítima Francesa del Departamento de Bayona.

Dura labor la suya, pues durante ese tiempo paradójicamente le tocó protegerse de las dos cosas que más odiaba, pues ambas le tenían en su punto de mira: la Gestapo y la Falange Española.

                        

    

Puente de Santiago, Irún-Endaya,1940, tras la invasión alemana de Francia. A mano izquierda militares españoles de alta graduación. A mano derecha un oficial alemán y junto a él el marino debarra Manuel Calderón López-Bago. Un debarra comandando la costa francesa de Iparralde durante la invasión alemana. El documento fotográfico, de  sumo interés, es cortesía de Olav Mazarrasa Mowinckel.           

Muchas son las cosas que se podrían hablar sobre este singular debarra-hondarribitarra que en 1947 fue nombrado Comandante Militar de Marina de Guipuzcoa para regocijo del consistorio de Deba, como puede verse en las actas municipales.

Solamente resaltar que con toda seguridad fue el militar más querido por los arrantzales y marineros vascos de Hegoalde y de Iparralde; tan querido que muchos de sus hijos (32) fueron apadrinados por don Manuel Calderón, entre ellos José Manuel Ibar "Urtain" o el dirigente de ETA Miguel Ángel Apalategui "Apala". 








 


martes, 19 de diciembre de 2017

EN TORNO A LAS MEMORIAS DE MANUEL CALDERÓN LÓPEZ-BAGO



EN TORNO A LAS MEMORIAS DE

 MANUEL CALDERÓN LÓPEZ-BAGO

José Mari Irusta Mugarza en la memoria histórica debarra


El Capitán de Navío D. Manuel Calderón
López-Bago con uniforme de gala en su
casa de Hondarribia.



Hace ya unos meses que terminé de leer el libro titulado "Manuel Calderón, Memorias de un Marino Vasco". El libro, una joya desde el punto de vista histórico, con introducción y notas de Olav Mazarrasa Mowinckel (1), recoge las memorias de este hombre singular nacido el año 1899 en Deba, todo un personaje sobre el que hace años me dediqué a investigar.

Para quien lo desconozca, decir que Manuel Calderón López-Bago, además de ahijado de la reina María Cristina, fue director de tiro del crucero Canarias durante la batalla de Matxitxako (2), ayudante personal de Franco y Comandante Militar de Marina de Gipuzkoa. Manuel Calderón ha pasado a la historia, entre otras muchas cosas, por haber salvado la vida de numerosos gudaris vascos o haber batido el record, creo yo que mundial, en cuanto al número de ahijados y ahijadas apadrinados, treinta y dos, todos ellos vascos, entre ellos José Manuel Ibar "Urtain" o el ex-militante y dirigente de ETA Miguel Ángel Apalategi "Apala" (3).

En resumen, podría decirse que Manuel Calderón, con todas sus virtudes, vicios y defectos, fue un verdadero caballero, un ser perteneciente a una raza de "Hombres de Honor" ya casi extinta; un personaje realmente de película.
Parte de las investigaciones realizadas hace años me sirvieron para escribir un artículo al que titulé "Don Manuel Calderón, el honor de un gran marino debarra", publicado en el número 74 de la revista DEBA, así como en mi blog personal. Ello motivó el que el autor de la recopilación de las memorias, Olav Mazarrasa, tuviese la deferencia de nombrar mi trabajo en la introducción y notas del libro, hecho por el que me sentí sinceramente agradecido.


Martín Aranburu (1855-1938) ejerció
como médico de Deba durante varias
décadas. Fue él quien ayudó a traer al
mundo a Manuel Calderón. Durante
 la última Guerra Carlista, cuando contaba
catorce años, el popular médico había servido
como cornetín de órdenes en la partida guerrillera
del cura Santa Cruz.

Por cierto, las memorias del insigne marino comienzan con una curiosa frase que denota el sentimiento o ánimo de Calderón para con su pueblo, Deba, en el momento en el que comenzó a redactarlas:
"Vine a la vida de la mano del Doctor D. Martín Aramburu, un 13 de Septiembre a las 11 de la mañana (...) en el pueblo más triste de la costa vasca, ¡Deva!..."

Refiriéndose a los hechos narrados por Manuel Calderón en sus memorias, Olav Mazarrasa comenta acertadamente que algunos de los datos aportados por el marino debarra en sus memorias no son del todo ciertos; no porque su autor pretendiese cambiar o desvirtuar la realidad, sino porque sencillamente el paso del tiempo habría hecho que Calderón olvidase o tergiversase involuntariamente o, en algún caso "adornase" algunos detalles, cosa muy comprensible. Independientemente de esos pequeños detalles, quisiera alabar el gran trabajo de Olav Mazarrasa cuyas notas dejan ver un paciente y minucioso trabajo.

Uno de esos, digamos, errores, quizás "adornos" producidos por la imaginación de Calderón es el referido a su toma de posesión de la Comandancia Militar de Marina de Gipuzkoa donde afirma que
"el Ayuntamiento de Deva -mi pueblo- me nombró "hijo predilecto" y puso mi nombre a una calle en la cual no había más que un portal. Ni yo fui a tomar posesión de dicho nombramiento (como el Ayuntamiento quería) ni me importó un bledo. Esas cosas me dan cien patadas en la barriga".

Algo no cuadra en las afirmaciones de Calderón, ya que revisando los libros de actas del Ayuntamiento de Deba correspondientes a los intervalos 1942-1948 y 1948-1957, no aparece ningún acta en la que Calderón sea nombrado "hijo predilecto" de Deba y tampoco se dé su nombre a una calle de la villa.

Lo que sí aparece reflejado en el acta correspondiente al 26 de marzo de 1947 es la felicitación oficial del consistorio con motivo de su nombramiento como "Comandante Militar de Marina de Guipúzcoa". Así quedó reflejada la felicitación en el libro de actas:
"Habiéndose hecho público el nombramiento del Comandante Militar de Marina de Guipúzcoa, del hijo de ésta Villa D. Manuel Calderón, el Ayuntamiento por unanimidad acordó felicitarle por su honroso e importante cargo, deseándole un feliz acierto en su dedicada gestión en bien de nuestra querida provincia".

El acta del Ayuntamiento debarra está fechada el 26 de marzo de 1947 mientras que Calderón sitúa su toma de posesión el 12 de junio de ese año. Entre la felicitación del consistorio y la toma de posesión del cargo de Comandante Militar de Marina de Gipuzkoa transcurrieron 78 días.


En la imagen, detalle del punto número 1 del acta del 26 de marzo de 1947 en el que se felicita a Manuel Calderón por su nombramiento como "Comandante Militar de Marina de Guipuzcoa".









Pero sin duda el error más dramático cometido por Manuel Calderón es el referido a la muerte de un joven debarra, empleado del Banco Guipuzcoano, quien después de ser detenido por la Gestapo tras la ocupación alemana de Francia, fue según Calderón, fusilado en la cárcel de Baiona.
Así narraba el marino vasco los hechos:

"Conozco el caso de un pobre muchacho de 27 años, natural de Deva, exempleado del Banco Guipuzcoano que estaba refugiado en Biarritz por gudari. Lo detuvo la Gestapo por ir 24 horas sin permiso a Pamplona. Y pidió por su libertad a sus padres, residentes en Deva, medio millón de pesetas puestas en España. Como los pobres padres no lo tenían, se empeñaron en que yo les acompañase para hablar con el jefe de Biarritz, un tipo repugnante, duro, que les dijo delante de mí que si no llevaban el cheque el hijo sería fusilado. Acudí a las autoridades militares, pero ya esas se desentendían por completo con la Gestapo. Aquella tarde fue fusilado, el pobre chico, en el patio de la cárcel de Bayona". 

Intrigado por conocer quién pudiera ser el joven debarra asesinado por los alemanes, recurrí a un viejo amigo pensando que, por su edad, quizás fuese conocedor del hecho y tuviese referencias del mismo. Y efectivamente, di en el clavo a la primera. Mi amigo no solo conocía lo sucedido sino que además me lo narró tal y como lo había narrado un hermano del joven asesinado, concretamente su hermano José Luis.

Pero la realidad de los acontecimientos difería de lo narrado por Manuel Calderón quien había perdido la pista del joven debarra en Biarritz dando por hecho que éste había sido fusilado por los nazis en la prisión de Baiona. La realidad era aún más dramática de lo que el propio Calderón había supuesto.

Nunca hubiese imaginado yo quién podría ser aquella víctima de la Gestapo. Había hecho muchas conjeturas, pero cuando mi amigo me dijo que se trataba de Jose Mari Irusta Mugarza, quedé absolutamente sorprendido por ser la familia Irusta una de las más conocidas de Deba, y con cuyos miembros tengo relación.


¿ Cuál fue la realidad de los hechos ?

Según relataba su propio hermano José Luis (Deba 1915-2013) y según muestra también la documentación que pude conseguir referente al tema, la realidad es que tras ser detenido por la Gestapo a la vuelta de una escapada a Pamplona durante los Sanfermines y sin el permiso correspondiente, José Mari fue enviado a Burdeos en cuya prisión ingresaba el 9 de agosto de 1944. Desde allí, vía Toulouse, sería deportado al campo de concentración de Dachau (Alemania) donde ingresaba el 28 de agosto con matrícula 93956. Posteriormente, parece ser que desde aquel campo fue transferido al de Mauthausen (Austria).
Así lo refleja el "Journal Officiel de la République Française" del 11 de enero de 1995 en un listado del "Ministere des Anciens Combattants et Victimes de Guerre" en el que José Mari Irusta aparece como fallecido el 13 de septiembre de 1944 en Mauthausen. Otros documentos sitúan su muerte el 13 de noviembre, lo que lógicamente hace pensar que alguien debió transcribir mal la fecha del deceso del debarra; al parecer, la segunda de las fechas (noviembre) es la correcta. Asimismo algunos documentos sitúan su muerte en el campo de concentración de Melk (Austria), un subcampo satélite dependiente de Mauthausen.


5 de mayo de 1945. La fotografía de Cpl Donald R. Ornitz muestra la liberación por las fuerzas de EEUU del campo de Mauthausen. Sobre la gran puerta de entrada puede apreciarse una gran pancarta escrita en español y colocada por los presos republicanos españoles recluidos en dicho campo. Desgraciadamente, José Mari Irusta, fallecido en noviembre de 1944 no pudo vivir ese emocionante momento.













Haciendo una sencilla resta entre el año de su muerte (1944) y el de su nacimiento (1908), vemos que murió con treinta y seis años y no con veintisiete como afirma Calderón en sus memorias. He ahí otro error; José Mari Irusta no murió con veintisiete años sino con treinta y seis.

Por otro lado, Calderón afirma que en la desgraciada entrevista con el "repugnante" jefe de la Gestapo en Biarritz, además de él mismo, estuvieron presentes los padres de José Mari Irusta, algo imposible pues para entonces hacía ya años que la madre, Nicolasa, había fallecido. A la citada entrevista debió acudir tan solo el padre, Guillermo.

Este último dato puede cuestionarnos si no sería otra la persona que supuestamente, según Calderón, fue fusilada en el patio de la carcel de Baiona.

¿Sería otra la persona mencionada por éste?

Rotundamente no. En Deba no ha existido ninguna otra persona asesinada por los nazis, que estuviese exiliada en Francia, que hubiese sido detenida a su vuelta de Pamplona, y que además hubiese trabajado en el Banco Guipuzcoano.

¿QUIÉN FUE JOSÉ MARI IRUSTA MUGARZA?


Fotografía realizada en Bedia (Bizkaia),
pueblo de su madre, de los cuatro hijos del
matrimonio Irusta-Mugarza. De izquierda a
derecha, José Luis, Paulita, José Mari y Ramón.

José Mari Irusta Mugarza nació en Deba el 17 de noviembre de 1908. Fue el segundo de los cuatro hijos (3 chicos y una chica, Paulita, la mayor) del matrimonio formado por Guillermo Irusta, de profesión fontanero, y de la arratiana de Bedia, Nicolasa Mugarza.

Pero no fue el único hijo de éstos que tuvo que marchar al exilio; también lo hicieron sus hermanos Ramón y José Luis; este último, tras su regreso sería enviado a un batallón disciplinario de trabajadores, en Cádiz.

Del primero de ellos se dice que tenía una voz espectacular, tan espectacular que como tenor formó parte del Coro Nacional Vasco "Eresoinka", fundado en 1937 por Gabriel Olaizola cumpliendo una petición expresa del lehendakari José Antonio Aguirre (4).

Es importante recordar que Eresoinka (compuesto por un coro y un grupo de danza) estaba formado por vascos y vascas que en ese momento se encontraban en el exilio y que recorrió Europa cosechando grandes éxitos. Entre sus miembros también se encontraban el conocido tenor irundarra Luis Mariano y la soprano Pepita Embil, madre del tenor Plácido Domingo.


Coro Nacional Vasco  "Eresoinka". Enmarcados con un círculo, podemos apreciar a Pepita Embil, Luis Mariano y en la última fila a Ramón Irusta Mugarza.




                                                                       
       
  J.Mari Irusta Mugarza
J. Luis Irusta Mugarza
Ramón Irusta Mugarza

Continuando con José Mari Irusta, decir que siendo muy joven ingresó en la plantilla del Banco Guipuzcoano, creado en 1899, ascendiendo por su valía y llegando a ocupar un puesto de cierta relevancia, al parecer director de sucursales, motivo por el que se movía frecuentemente en el ámbito geográfico de Gipuzkoa.

Ya desde joven debió sentir grandes inquietudes políticas, lo que posteriormente le llevó a militar en el partido Acción Nacionalista Vasca (ANV), fundado en 1930, y donde se dice que probablemente fue comisario político durante la Guerra Civil. Quizás fue esa una de las razones por las que fuese enviado al campo de Mauthausen, uno de los mayores campos de exterminio, campo clasificado como de "grado III" y expresamente creado por los nazis para acoger en él a los considerados como "enemigos políticos incorregibles del Reich". Lo que está absolutamente claro es que falleció al poco tiempo de su ingreso en aquel infierno.


La fotografía muestra a un grupo de debarras en la plaza del 
Castillo de Pamplona durante los Sanfermines. José Mari Irusta
 es el segundo por la izquierda, de pie. Del resto solo se ha podido
identificar a Agustín Esnaola "Ostrope", primero por la derecha, 
y agachado a Agustín Azkoitia "Azkoiti".Tras una escapada 
como ésta a los Sanfermines de 1944, José Mari fue detenido
 por la Gestapo en la fontera.

Poco se sabe sobre la actividad política de José Mari en el exilio francés, lo que sí parece contrastado es que tanto él como sus hermanos José Luis y Ramón fueron amigos de Paul Dutournier (Sara, 1911-1993). Para quienes desconozcan quién fue este interesante personaje diré que fue un activo miembro de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, motivo por el que fue condecorado con numerosas cruces y medallas. También fue alcalde de Sara entre los años 1948 y 1978. Pero quizás la faceta más romántica de Doutournier fue la de contrabandista, lo que le sirvió para plasmarlo en un libro basado en sus experiencias en la frontera pirenaica, un libro al que tituló "La nuit est Basque".

Han transcurrido setenta y tres años desde la muerte de José Mari Irusta en Mauthausen. Sirvan estas páginas para honrar su memoria y la de todos aquellos que, como él, perdieron su vida en la lucha contra el fascismo y la sinrazón. Pero También un recuerdo muy especial a Manuel Calderón López Bago, porque, ante todo, y por encima de su ideología política, fue una persona que trabajó incansablemente por salvar la vida de quienes habían luchado en el bando opuesto, como José Mari Irusta a quien como Calderón narra en sus memorias, desgraciadamente no pudo salvar la vida.


Fotografía de José Mari Irusta, probablemente
realizada durante los últimos meses de su exilio
 en Iparralde.
Notas:

1) Olav Mazarrasa Mowinckel (Santander, 1950) tuvo acceso a la copia mecanografiada que el propio Calderón fue entregando capítulo a capítulo a sus amigos santanderinos Ramón Gorbeña y Luz Mazarrasa, tíos de Olav.

2) La batalla naval de Matxitxako en la que Calderón era director de tiro del crucero Canarias, tuvo lugar el cinco de marzo de 1937 y en ella fallecieron a bordo del bou "Nabarra" los debarras Juan Odriozola Basurto y Modesto Aspiazu Esnaola.

3) Según Olav Mazarrasa "el caso es que Manolo  Calderón había pasado sus últimos años en una residencia para militares y un día recibió una visita muy especial: la del etarra Apala, uno de sus múltiples ahijados del País Vasco, que venía a cumplimentarle. Parece que el recibimiento no fue bueno, Calderón discutió con él, le armó la bronca padre, le llamó "mal español" y le echó de su habitación".

4) La frase exacta del Lehendakari José Antonio Aguirre a Gabriel Olaizola fue la siguiente: "Es posible que no podamos salir de aquí. Sin embargo, nuestra tarea no ha terminado y deseo que llegue también al terreno artístico. Te pido que salgas inmediatamente hacia Francia y formes, entre nuestros refugiados, el mejor coro posible para que lleve, por todo el mundo, gracias a nuestras melodías, el recuerdo de un pueblo que muere por la libertad". 

  Bibliografía:

     Ayuntamiento de Deba. Archivo Histórico Municipal: Libro de Actas 1942-1948, sec.80, fol.256

    Calderón López-Bago, Manuel. Mazarrasa Mowinckel, Olav. “Manuel Calderón, Capitán de         
    Navío. Memorias de un Marino Vasco". Open Ediciones Universitarias, 2016.
             
    deia.com: “Historias de los vascos. El arte vasco en la guerra: Eresoinka”.

    García Santamaría, Ana: “Republicanos de Navarra, Gipuzkoa, Alava y Bizkaia en campos de 
    concentración nazis: Los olvidados”. Antzina, diciembre 2016.     
    www.antzinako org

   Journal Officiel de la  République Française,  Mesures Nominatives, Ministere     
   des Anciens Combattants et Victimes de Guerre, 11 janvier 1995, p. 00517.

   Turrillas Aranzeta, Alex: “Don Manuel Calderón López-Bago. El honor de un    
   gran marino debarra”. Revista DEBA, nº74, negua 2009.


  Fotografías:

. Retrato de Manuel Calderón: archivo herederos de Manuel Calderón. 
  www.openedicionesuniversitarias.com

. Retrato de Martín Aranburu: “Egun Zaharretako. DEBA, 260 Argazki”. Original de 
  Pilar Aginagalde.

. Campo de Mauthausen: Cpl Donald R. Ornitz.

. Coro Eresoinka y retrato de Ramón Irusta Mugarza: fotografías de Jesús 
  Elosegui. Archivo Aranzadi. Gure Gipuzkoa.

. Jose Mari Irusta Mugarza: fotos cedidas por la familia Irusta Urain.


AGRADECIMIENTO: Mi más sincero agradecimiento a la familia Irusta-Urain por su aportación en cuanto a información y fotografías.