lunes, 4 de agosto de 2014

CORSARIOS DEBARRAS

 

NUESTROS PERROS DEL MAR

 


Frecuentemente, cuando se habla o escribe acerca de la historia marítima de Deba, se hace mención a la importancia de su puerto en los siglos XV y XVI como puerta de salida de las lanas de Castilla o de las armas y herrajes elaborados en las ferrerías del Bajo Deba, Alto Deba y algunos municipios bizkainos colindantes, como Elorrio o Ermua.
También es frecuente la mención al puerto debarra como importante referente en lo tocante al tema de la caza de la ballena en aguas de Terranova, o como reconocido puerto comercializador y distribuidor en el siglo XVI del saín producido en tierras americanas.
Algo menos conocida es la actividad complementaria ejercida por nuestros mercaderes y marinos, como fue la del corso, o como se decía entonces, la de “hacer el corso”. En sus inicios, parece ser que el motivo de armar las naves no fue otro que la defensa de éstas y sus tripulantes de los ataques piratas; pero la venganza del ojo por ojo y, sobre todo, la productividad de este lucrativo negocio en el que a veces se incluyó el comercio de esclavos, se transformó en norma. De la defensa se pasó al ataque. Así actuaron nuestros temidos corsarios, nuestros “perros del mar”, un término acuñado en Inglaterra “sea dogs” para denominar a quienes ejercían la actividad corsaria.



Patente de corso muy tardía. Corresponde al reinado de Carlos III.

La patente de corso, originalmente llamada “carta de marca y represalia” era un permiso que el rey concedía  a los propietarios de una nave para perseguir, abordar y hacerse con las mercancías y con los barcos de países enemigos. Según estipulaban las leyes, la quinta parte de los bienes arrebatados, denominada “quinto real”, correspondía a la corona.
Dicho esto, es fácil deducir que en los periodos más duros de guerras durante los siglos XV, XVI y XVII prácticamente todos los barcos debarras contasen en algún momento con estas patentes o permisos, y que muchas veces la línea que separaba a corsarios y piratas estuviese poco definida.
Pese a la imagen que hoy se tiene de la actividad corsaria, que no debe confundirse con la del pirata (castigada con la horca), es importante destacar que su práctica era legal  y que de sus campañas, además de los tripulantes, se beneficiaban los armadores, la corona y el pueblo en general, incluida la iglesia. La importancia económica de la actividad corsaria era tal que en ciertos momentos se hizo habitual que los barcos llevasen a bordo un notario para controlar y dar fe de las capturas.
Importantes personajes de familias debarras, como los Irarrazabal, los Sasiola o los Leizaola, a veces ocupando puestos de responsabilidad en el Consejo Real de Castilla,  han pasado a la historia como conocidos corsarios. Uno de esos legendarios personajes fue Fernán Ruiz de Irarrazabal, preboste de la villa de Deba y corsario de altos vuelos de  quien se dice que en 1412 atacó con sus propias naves a dos naos francesas con las que entabló duro enfrentamiento. Viendo que las cosas se ponían feas, seleccionó a sus mejores hombres y subió con ellos a bordo de un esquife (embarcación pequeña y ligera) con la intención de abordar a una de las naves francesas. Para que el abordaje fuese más rápido, hizo un boquete en el fondo de su esquife obligando a los marineros a subir rápidamente a bordo de la nao francesa. Tras fiera lucha cuerpo a cuerpo, los franceses optaron por rendirse antes que ser pasados a cuchillo.

 
Pistola-balloneta inglesa “Waters”, conservada en Deba. Probablemente fue construida a mediados del siglo XVII. El arma, con la culata parcialmente rota, muestra signos de haber permanecido presumiblemente bajo el agua o en un lugar muy húmedo durante algún tiempo. No sería extraño que hubiese sido utilizada por algún “perro del mar” debarra, por algún “sea dog” inglés, o quizás por ambos.

 
Para hacernos una idea más real de lo que fue esta actividad, nada mejor que mostrar algunos casos documentados en los que los marinos de Deba son unas veces los atacantes y otras las víctimas de la rapiña. Así podemos verlo cuando en 1483 el escocés John Mac Intosh presentaba una queja tras quedarse estupefacto al ver en el altar mayor de la iglesia de Santa María de Ondarroa un enorme candelero de cobre que le había sido robado en 1477. Los autores del robo habían sido los tripulantes de una nave de Deba que además del candelero y otros objetos, se habían hecho con un rico botín de paños finos, bacalao, hierro y pastel, todo ello valorado en 4.425 coronas.
Otro ejemplo de esta productiva actividad es un emplazamiento realizado en 1487 por el vecino de Laredo, Sancho González de la Obra, contra el ex alcalde de Deba Jofre de Sasiola y otros guipuzcoanos autores del robo de un navío irlandés, en represalia de lo cual el de Laredo fue hecho prisionero por los vecinos de la ciudad de Cork.
En noviembre de 1475, Jacobo Espato Doria, natural de Sicilia, presenta una denuncia contra Juan de Licona vecino de Deba. Según el siciliano un día de octubre de 1475, mientras se encontraba en el puerto de Castil Rojo (Nápoles) cargando aceite, miel, azúcar, cueros y otras mercancías en su goleta de 24 bancos, y en otras dos naos , fue asaltado por el de Deba, patrón de una nao de 700 botas, que se llevó todos sus navíos y mercancías. Las pérdidas fueron valoradas en 5.000 ducados de oro.
Ese mismo año, en abril, los Reyes Católicos habían firmado carta de represalia contra unos ingleses que robaron 165 toneles de vino a Pedro de Ochoa, vecino de Monreal de Deva.
Algo parecido, pero a lo grande, fue la acción del debarra Juan Martinez acaecida en 1557. A ese año corresponde la denuncia presentada contra él por Bernardo Cardux, maestre florentino vecino de Amberes, y por Alejandro Antenori y Juan Simonete por el robo de cuatro navíos cargados de vino cuando se dirigían de Burdeos al Condado de Flandes. Lógicamente dichos navíos fueron a parar al puerto de Deba. 
En 1484 Isabel la Católica enviaba una carta al duque de Bretaña rogándole que hiciese devolver a Fernando de Sasiola, vecino de Deba, la nao de 130 toneles que le fue robada cuando venia de Flandes cargada de paños y otras mercancías.
En 1488, una nave de Jofre de Sasiola era abordada por corsarios alemanes. A bordo de ésta viajaba Bartolomé Colón, hermano del almirante, quien fue retenido y secuestrado durante seis años; ese mismo año se otorgaba carta de marca y represalia contra los autores de dicho abordaje y secuestro, pertenecientes a la Hansa de Alemania.  
En 1500, los Reyes Católicos enviaban una carta a Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador en la República Veneciana, ordenándole informase al Dux sobre la concesión de una carta de marca y represalia contra los vecinos de Venecia y a favor de Fernando de Leizaola, vecino de Deba, cuya nao había sido atacada por tres galeazas venecianas. Asimismo se exigía al Dux veneciano que se pagasen los daños causados al debarra.                    
 
Pero a menudo los asaltos no sólo se realizaban contra naves de países enemigos, siéndolo en ciertos momentos contra naves de la propia corona e incluso entre naves vascas lo que ya constituía verdadera piratería. El 20 de octubre de 1483 se presentaba una citación para que respondiesen ante el Consejo Real los tripulantes de dos naves vascas por haber asaltado a un navío propiedad de Diego Fernandez de Valladolid, vecino de Sevilla. Dicho navío, que transportaba mercancías valoradas en 420.000 maravedíes y se dirigía desde Sevilla a las Islas de Gran Canaria y Madeira, fue asaltado a la altura del cabo de San Vicente. Entre los citados por la justicia aparecen  Michel de
Deva “el corcobado”, maestre de la nao grande, Domingo de Alós, maestre de la nao pequeña, su cuñado Martín de Lasao, alguacil, y Jalón, piloto, todos ellos vecinos de Deba.
Un suceso curioso ocurrió en 1530, cuando el turco Barbarroja campaba a sus anchas por todo el Mediterraneo atacando a las naves comerciales cristianas y haciéndose con numerosos cautivos; entre ellos se sabe de un marino debarra cuyo rescate en 1533 fue pagado por la villa de Deba.
Es necesario decir que las operaciones corsarias no se realizaban tan solo en la mar. Era muy frecuente que las “labores” de los corsarios se realizasen dentro de los puertos enemigos, robando y llevándose los barcos atracados en sus muelles e incluso realizando razias tierra adentro, como veremos a continuación.
Durante las guerras con Francia, Carlos I concedió masivas autorizaciones a los marinos guipuzcoanos para armar sus naves en corso y atacar a Francia fuesen donde fuesen, incluidas las lejanas aguas y tierras de Terranova. Los gastos, claro está, corrían a cargo de éstos.
En 1555, prácticamente al final de las guerras con Francia, las Juntas Generales ordenaban realizar un informe sobre las actuaciones de los barcos guipuzcoanos entre los años 1552 y 1555. De los catorce informantes seleccionados por las Juntas, tres eran debarras: Domingo de Gorocica, alcalde de Deba, capitán y armador; Miguel de Zaldivia, capitán, y Martín Ochoa de Irarrazabal, capitán y armador. He aquí algunas informaciones proporcionadas por estos:
Refiriéndose a Domingo Gorocica dice el informe: “ Y que este testigo, él mismo por su persona ha sido diversas veces en saltar en tierra de Francia… Y en las dichas entradas ha quemado villajes y lugares, y sacado muchas presas y ha hecho muchas tomas de vacas y bueyes y carneros y otros ganados para el mantenimiento de la dicha gente y tomado muchas y diversas mercaderías, todas las cuáles este testigo ha traido a los puertos de esta Provincia y repartido entre su gente… y vino con las dichas sus presas al dicho puerto de la dicha villa de Deba…”  Asimismo, el alcalde afirmaba saber que “solos los vecinos de la dicha villa de Deba en esta presente guerra han tomado mas de seiscientos naos e galeones y otras fustas entre grandes y pequeñas; las doscientas de ellas armadas y con mucha artilleria y diversas municiones que valian mas de 400.000 ducados”.
Por su parte, Martín de Zaldivia afirmaba en el informe de 1555 que hacía cuatro días habían zarpado de Deba “siete y ocho naos, galeones y zabras de armada muy apercibidas y en orden” . En cuanto al armamento de estas naves declaraba que estas salían armadas “de todo armazón de guerra, así lombardas, mosquetes, versos, arcabuces, ballestas, gurguces, y echafuegos, lanzas y dardos y municiones necesarias y otras maneras y géneros de armas ofensivas y defensivas…” Refiriéndose a sus gestas, afirmaba que con las naos de los también capitánes debarras García de Iciar y Cristóbal Arias  entraron en el canal de Burdeos quemando algunos poblados y haciéndose con numerosas cargas de trigo y que en otro viaje con el capitán Garcia de Iciar  y el también capitán armador debarra Martín Dabice de Aguirre apresaron al alcaide del castillo situado junto a la bahía de Fornia, a su mujer y a su familia cobrando por ellos un rescate de 700 ducados.
Otra de las innumerables operaciones en aguas y tierras francesas fue la realizada en 1552 por el capitán y armador  Juan de Ansorregui quien junto a los tripulantes de otras ocho zabras tomó y saqueó la isla de Caperon.
Martín Ochoa de Irarrazabal, quien alardeaba de haber participado en esas operaciones, afirmaba haberse apoderado junto a otros armadores debarras de más de setenta naos grandes y pequeñas, todas ellas cargadas. También afirmaba que en Terranova se habían apoderado de más de 200 naos gruesas cargadas de grasa de ballena y bacalao y que las trajeron a Guipúzcoa.
El siglo XVIII, aunque fue un momento de gran actividad corsaria, sobre todo en la “carrera de Indias” donde competían corsarios, piratas y bucaneros, no lo fue tanto en nuestro puerto. Fue el siglo de la ilustración, de los “Caballeritos de Azkoitia” y del Real Seminario de Bergara. El siglo más reproducido en las clásicas películas de piratas; el de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, cuyos más de 50 barcos iban y venían armados en corso de tierras americanas. Para entonces el puerto de Deba ya no era lo que había sido aunque todavía salían barcos con destino a Londres, como el bergantín San Rafael, que en 1789 cubría línea regular entre Londres, Deba, Donostia y Baiona. Tan solo diez años antes, en 1779, las autoridades de Deba se quejaban de que una pequeña embarcación corsaria inglesa merodeaba por aguas debarras, careciendo la villa de cañón y pólvora con los que poder defenderse.
Para finalizar, decir que la actividad corsaria duró hasta el siglo XIX; concretamente hasta el año 1856, cuando con la firma del Tratado de París se suprimieron definitivamente las patentes de corso.
 
 
 

domingo, 13 de julio de 2014

DEBA Y LA PIEDRA

Durante siglos, la extracción y el trabajo de la piedra ha representado el modo de vida y sustento de numerosas familias del municipio. Todavía hoy nos suenan cercanos los nombres y apellidos de canteros como los hermanos Antonio y Francisco Arrizabalaga “Txarturi”, los hermanos Joaquín y José Mari Aperribay Zubiaurre y sus hijos, el cantero y adoquinador Pablo Aranceta o el lasturtarra Francisco Albizu “Soarte”. 
Muchas han sido las canteras que a lo largo de la historia han sido y son explotadas en Deba, la mayoría de piedra caliza; entre éstas, las históricas de San Nicolás, Urkulu, Gaztelu, Duquesa, Goltzibar o Istiña (Antsondo).
La piedra caliza debarra ha sido tan apreciada, que la población incluso dio  su nombre a uno de los diez mármoles más conocidos del país: el “Gris Deva”. Este mármol al igual que los denominados “Gris Duquesa” y “Rosa Duquesa” son aún extraídos de las canteras de Lastur.


Santuario de Arantzazu. En primer plano los apóstoles de Oteiza,
 al fondo las piedras talladas por Francisco Albizu "Soarte".


La caliza conocida como “Gris Deva” ha sido utilizada  en la construcción de numerosos y conocidos edificios. En 1948, el cantero local Patxi Albizu “Soarte” fue contratado para elaborar y suministrar 7000 piedras en forma de punta de diamante para la edificación de las torres del Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu. Las piedras elaboradas por “Soarte” de forma artesanal fueron extraídas de la cantera Urkullu de Lastur.

Operarios de la cantera de Arronamendi, probablemente en la década de 1940.

Pero la caliza no ha sido la única piedra extraída de nuestras canteras. Hasta los años cincuenta del siglo veinte, las ya desaparecidas canteras de Arronamendi situadas en los acantilados costeros, actualmente “Geoparque de la Costa Vasca”, albergaron hasta seis empresas explotadoras de piedra arenisca calcárea destinadas a la elaboración de adoquines. Según se dice, durante los años treinta del siglo XX, en la cantera de Arronamendi trabajaron hasta cien personas. Curiosamente, el propio nombre de este monte y cantera guarda directa relación con la actividad ejercida en ellos, ya que “Arronamendi” está formado por la unión de las palabras “(H)arri” “ Ona” y “Mendi” (piedra, buena, monte) lo que en euskara viene a significar “monte de buena piedra”.
                                                                                            

Uno de los propietarios de la última cantera explotada en Arronamendi fue mi propio abuelo, Pablo Aranceta Lasagabaster. Todavía hoy, mi madre recuerda cómo a finales de los años treinta o comienzos de los cuarenta la empresa estuvo a punto de firmar un contrato millonario para la elaboración y suministro de toneladas de adoquines con destino a Holanda. Estos iban a ser utilizados en la construcción de los “polders”; pero lo que parecía iba a ser un gran negocio quedó suspendido definitivamente con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
También recuerda cómo siendo una adolescente ayudaba a la economía familiar llevando el control de los adoquines cargados en los vagones de ferrocarril en el muelle de carga de la propia cantera.
Todavía en los años cincuenta, siendo yo un niño, era normal que la guardia civil acudiese habitualmente a nuestra casa, situada en la Plaza Zaharra, para controlar las cajas de dinamita que mi abuelo guardaba en el camarote o desván de casa con destino a la cantera. Eran otros tiempos y lo que para las normas de seguridad hoy es una barbaridad, entonces se veía como algo normal.

Elaboración de adoquines en la cantera de Arronamendi.
En primer plano Francisco Arrizabalaga "Txarturi".
                                        
La labra de los adoquines era realizada artesanalmente, uno a uno, en la misma cantera y posteriormente estos eran cargados en vagones de ferrocarril con destino final, a veces vía marítima, a muy diversos lugares de la geografía como Asturias, Cantabria, Cataluña o Castilla.
Generalmente, los propios canteros de la explotación eran los encargados de realizar la obra de calles, plazas, puertos, o carrejos, residiendo éstos, a veces con sus familias, en muy diversos lugares durante el tiempo que durasen las obras. Esa es la razón por la que mi madre, Irene Aranceta Lecuona nació en Oviedo: “el adoquinado”.
En las canteras de Arronamendi trabajaron populares personajes como el conocido bertsolari Txirrita.
La piedra debarra  ha sido también el elemento por el que han pasado a la historia del deporte rural nombres de harrijasotzailes como  Victor Zabala (Arteondo), Manuel arakistain (Ziaran Zar), Angel Albizu (Soarte), José Manuel Agirre (Endañeta) o incluso mujeres como Dámasa Agirregabiria popular fémina harrijasotzaile durante los años treinta del siglo XX.





miércoles, 28 de mayo de 2014

ALEX TURRILLAS ARANZETA. CURRICULUM DE UN QUINTO DEL 53

Alex Turrillas Aranzeta. Este soy yo cuando todavía no tenía pelo blanco.

Nací en Deba, Gipuzkoa, en agosto de 1953, catorce años después de finalizada la Guerra Civil y un año después de que desapareciese la cartilla de racionamiento.

Ex-aspirante a clérigo, estudié varios años en el seminario de donde escapé sin renegar de algunas cosas. Actualmente (mañana no lo sé), me defino como “anarkokristiano”, ya que me quedo con el mensaje y no con los ritos y las pautas marcadas por la burocracia eclesiástica. Admiro al papa Francisco por su voluntad de renovar la Iglesia y realizar una buena limpieza, que falta hace; sobran los sepulcros blanqueados. Aunque pienso que el buen hombre está atado de pies y manos por ocultos poderes.

Siendo estudiante trabajé en casi todo lo que se puede trabajar: funcionario, camarero, contador de aguas, ayudante de cocina, taquillero … etc. , fui incluso profesor de español de una de las hijas del ya fallecido presidente vitalicio de Costa de Marfil, Félix Houphouët Boigny.

Tras escapar de la Universidad de Zaragoza me matriculé en la Escuela Náutica de Barcelona, lo que me sirvió para navegar durante más de 12 años como oficial radioelectrónico de la marina mercante, haciéndolo generalmente en buques extranjeros.
Ese tiempo me sirvió para conocer prácticamente todo el mundo y doctorarme en “Ciencias de la Vida”, la mejor, o al menos, la más interesante de las carreras, pues te abre la mente y te enseña a ver lo pequeños que somos.

Me siento un privilegiado por haber podido asistir en vivo y en directo a históricos acontecimientos como la revolución jomeinista y la caída del Sha de Persia, la dictadura de los militares y la guerra de las Malvinas en Argentina, los años duros y el florecimiento de la Perestroika en la CCCP, o la interpretación del “ Si vas a Calatayud pregunta por la Dolores” en una sala de fiestas del Congo y en versión original del grupo donostiarra "Los Xey".
He dormido en camas importantes como la del rey Carlos VII, la emperatriz María Antonieta o la de Carlos Gardel (si es mentira, que los cuervos me saquen los ojos).

Estando navegando creé una agencia de publicidad (Kaioa),  lo que, tras dejar de navegar, me sirvió para vivir, casarme y criar a dos morroskos.
Entre otras labores, he ejercido como redactor de textos en mi empresa. He sido asimismo director de la revista “Amalur” y publicado numerosos artículos y más de una docena de obras sobre temas de historia, etnografía y literatura infantil. Soy socio de Aranzadi Zientzia Elkartea (Sociedad de Ciencias Aranzadi) y mi gran pasión son las humanidades en general y  la historia en particular.

Esa pasión me ha proporcionado algún que otro regalillo o privilegio como el haber sido invitado a dar algunas conferencias en lugares diversos. Recuerdo con especial cariño la de La Habana (Cuba) en 2018, donde diserté sobre arquitectura regionalista vasca en las XV Jornadas de Arquitectura Vernácula organizadas por la Fundación Cárdenas, la Cátedra de Arquitectura Vernácula Gonzalo de Cárdenas y la Oficina del Historiador de esa ciudad.  

Estuve muerto una vez a causa de un infartazo provocado por el estrés, pero como nunca he podido estar quieto, decidí resucitar al cabo de dos minutos y reincorporarme a la vida cotidiana; la eterna, de momento puede esperar.  



martes, 20 de mayo de 2014

“LA CIENCIA Nº 78” , un efímero Triángulo Masónico en Deba

La existencia de logias masónicas en Euskal Herria está documentada desde al menos el siglo XVI, aunque fue realmente en el siglo XVIII cuando, con el enciclopedismo y la ilustración, estas tomaron fuerza.

En 1765 el conde de Peñaflorida solicitaba licencia real para la creación de una Sociedad de ilustrados masónicos. Aquella progresista sociedad que buscaba la riqueza del país mediante la modernización tecnológica y el progreso, se denominó Sociedad Bascongada de Amigos del País y tenía su sede en Azkoitia. 

                                                                           

Aunque no se puede afirmar rotundamente que dicha sociedad fuese masónica, su símbolo, tres manos unidas, (uno de los más conocidos símbolos masónicos), con la leyenda “Irurac Bat, nos sugiere que efectivamente pudo tratarse de una sociedad de este tipo o, como es sabido. al menos con numerosos masones entre sus miembros.
A comienzos del siglo XX el movimiento masónico recobraba fuerza de nuevo, proliferando las logias, que curiosamente contaron entre sus miembros con un buen número de personas pertenecientes al ámbito militar. 

                                                                             

La primera noticia de la existencia de una sociedad masónica en Deba corresponde al año 1.915, concretamente al 11 de octubre, día en el que los aspirantes a masones Andrés Abad Revuelta, Ángel Heras Maiz y Julio López Rodríguez solicitan entrar en la masonería fundando o “levantando columnas”, dicho en términos masónicos, del triángulo La Ciencia nº 78, con sede en Deba. Desconocemos si además de sus tres fundadores, la logia pudo contar con más miembros, quiénes fueron y dónde se reunían.
Andrés Abad Revuelta, cuyo nombre simbólico era Newton, tomó el cargo de presidente de la logia con grado tercero. Había nacido el 22 de julio de 1880 en Herrera de Pisuerga aunque residía en Deba donde al parecer ejercía como funcionario de la aduana portuaria entonces todavía existente en la localidad.

                                                                                 
                                           
Ángel Heras Maiz, militar y miembro de Izquierda Republicana, fue el primer tesorero de la logia debarra con el nombre simbólico de Euclides y grado tercero. Aunque nacido en Pamplona residió en Deba donde al parecer fue teniente de miqueletes. En 1917 se traslada a Donostia donde es nombrado capitán de ese cuerpo y en 1931 comandante. En 1932 pasó, con el cargo de segundo vigilante y grado tercero, a la logia donostiarra Altuna nº 15, constituida ese mismo año. En 1940, tras la Guerra Civil y cuando al parecer ya se encontraba exiliado en Francia, país donde murió, fue denunciado como masón por su antiguo compañero Abad Revuelta.
El tercer miembro fundador del triángulo La Ciencia nº 78, el militar Julio López Rodríguez, con nombre simbólico Cayo Graco, era secretario y grado segundo. Aunque nacido en Mondoñedo (Lugo), residía en Deba donde presumiblemente pudo ejercer como oficial de carabineros. Probablemente, motivado por sus destinos, este miembro aparece posteriormente como perteneciente a las logias “Turdetania nº 15” de Córdoba y “Luz y Prosperidad nº 5 “ de Palma del Río.
La vida del Triangulo masónico debarra debió ser breve ya que en el registro oficial de las logias dependientes del Gran Consejo Federal Simbólico del Gran Oriente español correspondiente al 1º de julio de 1924, dicho Triangulo debarra aparece ya con sede en Zumaia y compuesta por seis miembros.   

viernes, 16 de mayo de 2014

DE LONDRES A DEBA

EL VIAJE DE UN FORTE PIANO EN 1789 
         A BORDO DEL BERGANTÍN SAN RAFAEL
Un bergantín seguramente muy parecido a éste, el San Rafael, cubría la línea Londres-Deba en 1789


No hace falta decir que el gusto por la música, tanto la profana como la religiosa, es algo consustancial al pueblo vasco y por supuesto al de Deba, donde existe una gran tradición musical.
El archivo parroquial de esta villa guarda toda los documentación correspondiente a la importación desde Inglaterra de un fortepiano en julio de 1789, con destino a la parroquia de Deba. El acceso a esta documentación y su posterior escaneo me fueron posibles gracias a Patxi Aizpitarte, parroco de Deba con quien mantengo una buena relación.


Fortepiano de la casa Longman y Broderip. El modelo corresponde
a los años en que fue importado el de Deba, con destino al Cabildo Parroquial.

Para quien lo desconozca, decir que el fortepiano es un instrumento intermedio entre el clavicordio y el piano del siglo XIX. no debiéndose confundir, según los expertos, con el piano-forte o piano actual.
Ante la incógnita sobre qué utilidad se podría dar a dicho instrumento en una iglesia que ya contaba con un órgano, me dirigí al organero de la casa Grenzing, Oscar Laguna, asiduo del veraneo debarra.
Según Laguna, el fortepiano era utilizado en aquellos tiempos en época de cuaresma y Semana Santa, ya que su menor potencia sonora estaba más en consonancia con esas fechas de absoluto recato litúrgico.
Decir también que importantes maestros de la época a la que me estoy refiriendo, tales como Juan S. Bach, Mozart, Haydn o Beethoven compusieron numerosas obras para ser interpretadas con este predecesor del piano actual.

Carta de embarque del fortepiano, fechada el 4 de julio de 1789 en el puerto de Londres
El interés de dicha documentación, compuesta por la carta de embarque, factura, letra de cambio y recibo, estriba en que nos da a conocer que aún, casi a finales del siglo XVIII, el puerto de Deba mantenía tráfico comercial regular con puertos europeos, y como se aprecia en este caso, también con el de Londres.

Como puede verse en la documentación, el fortepiano fue comprado en la capital inglesa a los señores Longman y Broderip  por don Manuel de Oleaga, capitán del bergantín San Rafael, quien lo embarcó en su nave el 4 de julio, zarpando el 7 de julio de 1789 con destino al puerto de Deba. El establecimiento de Longman & Broderip se encontraba originalmente situado en el Nº 26 de Cheapside, una de las calles comerciales más importantes en el Londres de entonces. Posteriormente, en 1.782 la firma se trasladó al Nº 13 de Haymarket, cerca del Opera House.

Placa de un fortepiano de la casa Longman & Broderip.
En ella puede apreciarse la dirección de los dos establecimientos
 de la firma en Londres.

Según se lee en los documentos, el bergantín hacía posteriores escalas en San Sebastián y Bayona. El importe de la operación de compra en la que se incluyen varios conceptos, cuatro mil setecientos veinte reales y dos maravedíes de vellón pagado en libras, fue abonado por el mayordomo del Ilustre Cabildo Eclesiástico de Deba, don Juan Ramón de Arteaga.
Y ¡cosas de la vida!, desde hace ya muchos años la que fue casa de Juan Ramón de Arteaga, en aquella época mayordomo del ilustre cabildo parroquial, amén de importante terrateniente local, es actualmente mi casa y en ella conservo varias cartas suyas aparecidas en el camarote y precisamente fechadas en esa época.
En una de ellas, ésta algo anterior, enviada el 12 de agosto de 1778 por un tío del citado Arteaga, se le informa del envío de una caja conteniendo dos paquetes de tabaco, uno de ellos para su primo Altuna. También se le informa de que dicha caja  contiene asimismo las dos pelucas por él solicitadas, lo que nos da a entender que el mayordomo del cabildo parroquial debarra, además de ser fumador, portaba peluca, algo común en aquellos tiempos entre la gente pudiente.            
Decir también que los Arteaga eran descendientes de Ochoa de Arriola, propietario ya en el siglo XV de la casa torre de Urasandi edificio que el año de su desaparición, 1990, pertenecía a la familia Velarde Arteaga, descendientes directos de la medieval familia de los Arriola de Urasandi.  


                   




  




domingo, 4 de agosto de 2013

DOS RITOS PARA UNA FIESTA

                              DOS RITOS PARA UNA FIESTA

 

Hace ya un par de años, Agustín de Cárdenas Chávarri, me hablaba sobre el acto recordatorio que anualmente se celebra en el cementerio debarra poco antes del lanzamiento del txupinazo oficial de fiestas. Le vi muy informado sobre el tema y, efectivamente, me hizo saber que él había asistido en más de una ocasión al citado acto, convertido desde hace años en un verdadero ritual.
Aquella conversación con Agustín me dio pie a escribir sobre dos ritos desconocidos por muchos de los que disfrutan de las tradicionales fiestas de San Roque; uno dedicado a los ausentes, el otro a los presentes.

Recordar a los ausentes.

A las cinco de la tarde, como en el poema de Lorca, un recuerdo para Agurtzane y los ausentes.
El primero de ellos, al que acabo de referirme, se celebra desde las fiestas del año 1986, pocas semanas después de la muerte en accidente de la joven de 24 años Agurtzane Egaña, miembro de la banda de música de Deba.
Desde entonces, el catorce de agosto todos los componentes de la banda se dirigen al cementerio donde, a las cinco de la tarde, al son de la Martxa de Deba rinden tributo no sólo  a la memoria de Agurtzane, sino extensivamente a la memoria de todos los debarras fallecidos. Las alegres notas de la marcha compuesta por don Pablo Sorozabal rompen al menos durante unos minutos
el siempre tenso silencio del camposanto como queriendo transmitir y hacer partícipes de la explosiva alegría festiva a los ya eternos ausentes.
Algo tienen los debarras con la música que hasta la escuchan después de muertos; posiblemente será porque la llevan en el alma, y según dicen, ¡ojalá sea cierto!, el alma pervive tras el terrenal jolgorio.        

Reconfortar a los presentes

Ikaki junto a la hornacina de San Roque construida por sus amigos Bittor Urain,
Bentu Fernández y él mismo.
El origen del segundo de los ritos, tiene también nombre y apellido: Iñaki Odriozola.
Todo comenzó cuando hace ya doce años el hijo del cariñosamente recordado sumo pontífice de las parrillas debarras, Inaxio Odriozola y de su esposa Joxepa Lasa, tuvo la generosa idea de agasajar con un hamaiketako a quienes regresan al pueblo, tras asistir a la misa celebrada en la ermita de San Roque el día de la festividad de nuestro santo patrón.
Este acto, convertido ya en ritual, se celebra en pleno camino a la altura de la hornacina del santo de Montpellier. Es allí donde Iñaki y sus ayudantes dirigidos por el maestro de ceremonias Bentura Fernandez agasajan a romeros, anderos y autoridades con una soberbia ensalada de tomate procedente de la huerta de los Odriozola y una tabla de jamón y embutidos variados; todo ello regado con abundante vino, txakoli y refrescos.
Mientras el personal da buena cuenta de las viandas, Iñaki y otros voluntarios relevan a los sufridos anderos cargando sobre sus hombros los 76 kilos de la efigie de San Roque para que estos puedan reponer fuerzas.

Para mí, que desde hace años asisto al rito sociogastronómico-religioso, éste es uno de los actos más sencillos y simpáticos de las fiestas; todo un ejemplo de confraternización ciudadana sin distinción de credos ni de ideologías, eso sí, confraternización  vía gástrica, como corresponde al país donde vivimos.
La organización del acto tiene a mi modo de ver un doble valor teniendo en cuenta que los gastos de comida y bebida corren a cuenta del bueno de Iñaki, valor que se quintuplica viendo los tiempos que corren.


Iñaki entrevistado por ETB, mientras releva junto a Fernando Pastor, Josu Iriondo
y Jesús Mari León a los anderos oficiales.
El año pasado, como avalando la trascendencia del rito, observé con sorpresa que hasta las mismísimas cámaras de Euskal Telebista se habían acercado al lugar para entrevistar al simpático filántropo. Tuve la sensación de que era algo así como el reconocimiento a la generosidad y buena voluntad de Iñaki Odriozola.
Si los hados nos son propicios, este año, el dieciséis de agosto también acudiremos a la ermita, sabiendo que  al regreso, a un lado del camino y fiel a la cita, encontraremos a Iñaki ofreciéndonos, además del hamaiketako, su generosa y gratuita sonrisa.
 
Se acabó lo que se daba.Tras el hamaiketako, Iñaki con sus colaboradores,
amigos y una representación de las autoridades municipales.
 
                                                            
                         

martes, 2 de julio de 2013

¿ BOLA O BALA ?


                        HISTORIA DE UNA PIEDRA


Recuerdo haber escuchado de niño que la  esfera empotrada en el muro frontal de la iglesia de Itziar, no es en realidad una simple bola pétrea, sino la bala o proyectil de un antiguo tipo de cañón denominado pedrero.
Nunca me había creído que aquello fuese cierto, pues me parecía imposible que hace más de quinientos años hubiese cañón capaz de lanzar proyectiles de tal calibre.

Pasaron los años y tuve la oportunidad de leer parte de una obra publicada en Pamplona en 1767 cuyo título era “ Breve historia de la aparición del más luminoso astro y brillante estrella de la mar, la milagrosa imagen de María Santísima de Iciar”. El autor de aquella breve historia con un título nada breve por cierto, era Pedro José Aldazabal Murguia, vicario de Itziar y Deba, además de miembro de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País.

Fachada de la iglesia de Itziar.
En la parte de abajo, a mano
 derecha, puede apreciarse la
gran bala de pedrero empotrada
en el muro.

Para la confección del citado libro, don Pedro se había basado en textos escritos años antes por un fraile carmelita itziartarra llamado José Jesús María Arakistain, autor entre otras obras del himno de la Virgen de Itziar.
Mi sorpresa fue grande cuando ví que entre aquellos textos se hacía mención a la citada bala o proyectil y a cómo y en qué circunstancias fue a parar o empotrarse en los muros del santuario de Itziar.
Para ser breve, transcribo directamente los textos originales del libro de don Pedro José Aldazabal Murguía en los que se detallan tales circunstancias.

 “ Corroborasse esta Tradiccion, y fama con las muchas balas, que han traido á su Santuario Devotísimo los Navegantes en reconocimiento, de haver experimentado milagrosas asistencias, y socorros de su clarísima Estrella Sagrada, y Celestial Protectora en repetidísimas ocasiones, de las cuales algunas passan de 32. libras de calibre, y otras son menores y de diferentes calibres, y todas se hallan colgadas en la misma Iglesia, y entre otras hay tambien una bomba: Mas entre todas ellas es muy singular una bala de piedra, que se conserva ajustada, y encajada en la pared maestra del frontis de la Iglesia, de tan crecida magnitud y mole, que se hará increíble á quien no la huviere visto, y se pasmará cualquiera, al considerar, que pudiesse haver pedrero tan grande, y capáz, que disparasse tan prodigiosa mole. Sobresale la mitad de esta bala de la pared, para que todos puedan ver su grandeza, hallandose labradas las demás piedras muy ajustadamente colocadas, y no se puede discurrir, que le huviessen puesto en aquel parage para otro fin, que para conservar la memoria de algun milagro prodigioso, que la Sagrada Virgen obró, que por lo demás afea la pared, y no poco costó el colocarla tan ajustadamente. Y aunque no se sabe el tiempo cierto, en que se colocó aquella bala , sospechar se puede que fue por los años de 1476. Porque como escribe Garibai: Este año estando el Rey Don Fernando el Catholico en Bilbao á la Jura del Señorio, le dieron los Guipuzcoanos, y Vizcainos treinta Naves contra las Costas  de Galicia, que estaba por el Rey de Portugal. Entre las demás se armó una del Capitan Lasalde, vecino de la Villa de Deva, que era de quinientas toneladas: Tomáron algunas Villas, y fronteras, reduciendolas al servicio de los Reyes, y haciendo otras proezas volvió la Armada en el mes de Noviembre del mismo año, y entre las demás presas trajo la Nave de Lasalde dos piezas de Artilleria de fierro, la una de estraña magnitud, tomada en Bayona de Miño, que tiraba bala de piedra de 174. libras, y la otra, un passabolante tomado en Vivero, que tambien tiraba bala de piedra de 30. libras. Y aunque esta Nave se armó en San Sebastián, mucha parte de su tripulacion era Gente de Deva, que en agradecimiento a los favores, experimentados en su expedición, es muy creìble, que quisiesen perpetuar su reconocimiento, abriendo en la pared aquella concavidad, para colocar en ella la bala, que oy se vè. 

       

                                 


       

miércoles, 20 de marzo de 2013

LA ENTRÁTICA, UN RITO PERDIDO

LA PURIFICACIÓN DE LAS MADRES

Hace unos días comentaba con mis compañeros de trabajo, acerca de los numerosos ritos que hasta hace relativamente pocos años se celebraban y que ya han desaparecido. Eran ritos milenarios que en cuestión de pocos años han sido borrados incluso de la memoria popular debido a los grandes cambios que cada vez a mayor velocidad van transformando a nuestra sociedad, incluso a la religiosa.
Uno de esos ritos era la "Entrática", algo desconocido por la mayoría de personas menores de cincuenta años ya que, según creo recordar, desapareció con los cambios litúrgicos del Concilio Vaticano II, clausurado en 1965.

La "Entrática", conocida en euskara como "Eliz-Sartzea", era un ritual de purificación que recogió el cristianismo de la religión judía. Según la ley de Moisés, tras el parto del primogénito, las mujeres debían someterse a un rito similar a éste para purificar su cuerpo. Desde el día que el justo Moisés bajó del monte Sinaí y comenzó a organizar el cotarro judaico, hasta la desaparición del rito en los años sesenta del pasado siglo, pasó mucho tiempo, por no hablar del número de mujeres purificadas.

Todavía hoy, el dos de febrero, la iglesia católica celebra la Purificación de la Virgen recordando el día que, cumpliendo con la ley judía, la Virgen acudió al templo de Jerusalén para purificarse y presentar a su hijo Jesús. Cuenta la historia Sagrada que, como era preceptivo, debía ofrecerse un sacrificio y que al ser muy pobres, la Virgen ofreció un par de tórtolas. 


Continuando pués con esa antiquísima tradición, la Iglesia Católica hizo también que tras el parto de sus hijos e hijas, la mujer permaneciese obligatoriamente sin salir de casa durante un tiempo hasta someterse al rito purificatorio. Este encierro era respetado escrupulosamente hasta el punto de que la madre no asistia al bautizo de su criatura (generalmente celebrado a los pocos días del nacimiento) por no poder quebrantar la vieja costumbre.

En Euskal Herria, donde la teja ha sido secularmente símbolo de propiedad, pero también de protección a cubierto, ésta era utilizada por las mujeres de una forma muy peculiar. Cuando por algún motivo realmente importante y vital la mujer se veía en la necesidad de salir a la calle, ésta cubría su cabeza con una teja; de esa forma se quería transmitir que permanecía a cubierto a pesar de haberse ausentado del hogar.



Hace ya años, hablando sobre este asunto con un amigo bermeano, éste se refería al periodo comprendido entre el parto y la entrática como la "cuarentena" de la mujer; así era popularmente conocida al parecer en algunos lugares.

Yo, que durante años fui monaguillo, tengo el privilegio de tener grabado en el disco duro de mi cerebro, la imagen de numerosas entráticas, bautizos, viáticos, extremaunciones, funerales y entierros. Además, como hijo mayor, el primero de siete hijos paridos por la señora Irene Aranzeta Lekuona, recuerdo haber visto a mi madre, no una, sino varias veces, ser protagonista del milenario ritual de la entrática.
Para quienes desconozcan este rito, narraré cómo se celebraba en Deba, mi pueblo.
Imagino que en el resto de pueblos de Euskal Herria sería muy parecido, posiblemente con alguna mínima variante.
Recuerdo que se celebraban hacia media mañana (los judios también lo hacían siempre por la mañana). Más o menos a esa hora, la serora se dirigía a casa de la madre para recoger a ésta y a su criatura.


Recuerdo que durante muchos años en Deba hubo dos seroras, las hermanas María y Rosa Lizarzaburu, ambas de edad muy avanzada. Las funciones puramente litúrgicas corrían a cargo de María, mientras que las de limpieza, planchado y orden general de todos los elementos religiosos corrían a cargo de Rosa. Queda claro pues, que era María la encargada de "concelebrar" el ritual.

Tras recoger en su domicilio a la madre y al neófito o neófita , María se dirigía con ellos al pórtico de la iglesia donde se celebraría la primera parte - la esencial- de la entrática. Allí, les esperaba el sacerdote. La madre se arrodillaba en una silla-reclinatorio con la criatura en brazos a la vez que sujetaba un cirio encendido en una de sus manos (el fuego es la luz que alumbra el camino y purifica el alma).
El sacerdote realizaba las oraciones de purificación de la madre y la bendecía. Esta parte del ritual era breve y sencilla, y generalmente no acudía gente al acto pues era algo muy personal. A partir de ese momento la mujer ya podía ingresar en el templo pues había quedado limpia de impureza.

Vista del interior de la iglesia de Santa María. La foto corresponde
a la primera mitad del siglo XX. A mano izquierda, en la parte inferior,
puede observarse el altar de San José que aunque ya desaparecido,
aún conserva el pequeño retablo anexo a una de las columnas.
Sobre este altar se colocaba a las criaturas para ser ofrecidas a San José
 y pedir su  protección. 


En la segunda parte del ritual no intervenía el sacerdote, sino que era la serora quien llevaba la voz cantante. Ella junto a la madre y la criatura entraban en la iglesia y se dirigían al pequeño altar de San José. Este altar (hoy solo queda el pequeño retablo), se encontraba adosado a una de las columnas de la iglesia.
Allí, la serora colocaba sobre el altar a la criatura como símbolo de ofrecimiento de la criatura al justo José.
Arrodilladas madre y serora en un reclinatorio, esta parte del ritual continuaba con oraciones, letanías y berridos de la criatura, a menudo poco dispuesta a colaborar.
La salida del templo era discreta, sin gente ni testigos del rito realizado. La madre se dirigía de nuevo a casa llevando en brazos a su criatura.  



  

    

miércoles, 13 de marzo de 2013

ANTXOA FRESKUE

¡ CÓMO HAN CAMBIADO LOS TIEMPOS !

Hace unos días, mientras esperaba el turno en la pescadería, observé con discreción las obligadas etiquetas que clavadas en el  hielo, informaban sobre la procedencia de los pescados expuestos al público:
anchoa del Mediterraneo, verdel  y merluza de anzuelo del Cantábrico, merluza del Atlántico Sur, bacalao del Atlántico Norte..., y así, un sinfín de especies y  procedencias.
¡ Cómo han cambiado los tiempos !  pensé.

Todavía recuerdo, cuando siendo niño, oía desde casa el reclamo publicitario de aquellas pescateras de Mutriku que, tras su arribada a Deba a bordo de un autobús de la legendaria compañía "La Esperanza", recorrían las calles con su fresca mercancia al grito de "antxoa freskueeeee", un "freskue" con muchas "es" y con un tono ascendente hasta lo que diesen de sí la garganta y los pulmones.
Las recuerdo con las cajas de anchoa o lo que se terciase, sobre sus cabezas, y con una voz que para sí la quisiera más de una soprano.

En Deba teníamos pescaderías, claro está, pero las que recorrían las calles, al menos en aquella época, eran mutrikuarras. Creo recordar que una de ellas era conocida como María "Beltza".

La ilustración de J.Ignacio Treku, recrea el puerto de Deba a mediados del siglo XIX. 




Hace casi un siglo que en Deba no hay embarcaciónes ni gentes dedicadas profesionalmente a la pesca - la última fue el vaporcito pesquero de Pío Esnaola - y en Mutriku, a pesar de su indudable sabor marinero, quedan muy pocas.
¡Dónde han quedado aquellas seculares peleas a muerte y aquellos efímeros acuerdos entre los dos municipios gipuzkoanos, sobre los derechos de venta del pescado de unos y otros!

La foto de Ricardo Martín corresponde al año 1917.  En la imagen, los arrantzales del vapor lekeitiarra "Clotilde" en el
puerto de Donostia. El vapor de los hermanos Esnaola al que se hace referencia en el artículo debió ser muy parecido a éste. Todavía hoy se conserva en el primer machón del puente de Deba, la escalera de madera por la que accedian a la embarcación sus tripulantes. Foto: Guregipuzkoa. Kutxa-Fototeka. Fondo FOTO CAR. Autor Ricardo Martín .


Hace unos años, en mi época de marino mercante, navegué con un lekeitiarra a punto de la jubilación: Manu Goitia. El gran Manu, hace años fallecido, me contaba una anécdota referente al cambio de gustos y preferencias en cuanto al consumo de pescado. Manu sabía mucho de esto pues había sido arrantzale prácticamente durante toda su vida.
La anécdota se la había contado su madre siendo un niño, y a mí, como debarra, me gustó mucho pues hacía referencia a mi pueblo.

Según la madre de Manu, esposa, madre, hermana, hija, nieta y descendiente de mil y una generaciones de arrantzales, la primera población donde se pescó, vendió y consumió el sapo (rape), fue en Deba. Según el testimonio de la lekeitiarra, por aquellos tiempos todos los arrantzales de los puertos vascos se mofaban de los arrantzales debarras pues además de pescar el hoy tan apreciado y codiciado bicho marino, este llegaba a las casas de los pobres gracias a la venta pedestre y ambulante de una señora de Deba. Del precio mejor no hablar: casi de regalo.
¡Qué deshonra para un marinero vasco pescar aquel horrible e infernal animal!

¡Qué pescados tan frescos aquellos! y además en tiempos en los que solo se veían los frigoríficos - entonces los llamábamos neveras - en las películas americanas o en los anuncios de la revista Selecciones de Reader´s Digest.

Y hablando de pescados frescos, contaré algo que me sucedió hace unos años.
Había invitado a cenar en mi casa a dos amigos de Bilbao, veraneantes en Deba durante toda la vida. Hacía poco que a tres pasos de mi portal se había abierto una tienda de congelados.
Pensando en la cena y en los comensales, compré unos buenos lomos de merluza congelada que llegada la hora los preparé en salsa verde. Eran tiempos en los que la merluza fresca tenía un precio prohibitivo.

Mientras los dos bilbaínos invitados y mi esposa daban cuenta de los entrantes, yo me afanaba en la preparación de una hermosa cazuela de merluza.
Llegado el momento serví a los invitados, que con una voracidad fuera de lo normal comenzaron a engullir lo que hacía unas horas, había sido un bloque de hielo elaborado a bordo de un buque factoría en aguas del Atlántico Sur.

No hay nada más agradecido para un cocinero, que los comensales dejen bien limpio el plato y pregunten si se puede repetir.
Y eso me sucedió a mí. Solo que uno de ellos interrumpió por unos segundos la ingesta de la argentina merluza, para con un tono serio y con cara de experto gourmet decirme:
"La verdad, Alex... ¡cómo se nota que es merluza de anzuelo!, ¡Vaya diferencia! ".
Y se quedó tan tranquilo y tan a gusto, pensando que se estaba comiendo una merluza pescada en Mutriku.



                                                                              Dedicatoria:
Con todo el cariño, a mi gran amigo, experto gourmet y pelotari de pro, Joserra Castillo Arrese; el único que fue capaz de cerrar el Fontón Madrid y el bilbaíno con más "txispa" y gracia de todo el Señorío.