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domingo, 24 de marzo de 2019

LA VENGANZA DE LOS IRARRAZABAL

26 millas naúticas a remo desde Deba a Bakio
para pasar a cuchillo a Iñigo de la Renteria
y a diez de sus hombres




Una de las más interesantes crónicas medievales vascas es la escrita a finales del siglo XV por el banderizo oñacino bizkaino Lope García de Salazar y titulada Bienandanças e Fortunas. La escribió en su torre de Sant Martín de Muñatones, en Muskiz, hoy día embutida dentro de las instalaciones de la refinería de Petronor, pero por entonces situada junto a las marismas y el puerto fluvial del río Barbadún.

De los 25 libros que forman el citado compendio histórico he seleccionado un breve pero interesante pasaje del libro XXII. En este queda reflejado con toda nitidez lo que fueron las cruentas guerras entre los poderosos y violentos clanes vascos, gamboínos y oñacinos, para quienes el lema "valer más" significaba robar, asesinar, saquear, incendiar... no sólo al clan contrario sino incluso al pueblo llano. Todo valía para ser el más poderoso.

No olvidemos que paradójicamente varias villas vascas tuvieron su origen gracias a los desmanes cometidos por estos señores. Un ejemplo de ello es el de la fundación de la villa bizkaina de Villaviciosa de Marquina en 1355 (actual Markina Xemein) que tuvo lugar gracias a la solicitud de las gentes del lugar a don Tello, señor de Bizkaia, para crear una villa amurallada y así poder defenderse de las tropelías cometidas por los señores de Astigarribia (Mutriku) y de Olaso (Elgoibar).




Nos cuenta don Lope  - que de esto sabía mucho pues él mismo era señor de uno de aquellos clanes -  cómo en 1422 varias familias gamboínas cercaron la torre de Unzueta en Eibar. No era la primera vez pues según narra el autor

"En el año del Señor de mil CDXX años (1420), levantáronse Ferrando de Ganboa e todos los Ganboínos de noche con la luna e quemaron la casa de Unçueta e doze omes en ella, ca era de madera, e tornáronse a su tierra. E feziéronse los unos a los otros de cada día e ovo entre ellos muchas muertes e omeçidas entre ellos, que duran largos tienpos".

Ese mismo año de 1420, el citado Ferrando de Ganboa, señor de la torre de Olaso, protagonizaba otra de las suyas. La noche de Navidad se presentaba en Lazkao, cabeza del bando rival oñacino y degollaba a Martín López de Lazcano, un mozalbete de tan sólo 12 años. De nada le sirvió a su madre el proteger entre sus brazos al muchacho. La cruenta operación se saldó además con la muerte de diez hombres de aquella familia.



  
El caso es que al cabo de dos años del incendio de la casa de Unzueta en Eibar por los gamboínos las cosas seguían igual o peor.
De nuevo, en 1422, es cercada la casa de Unzueta por los que lo habían hecho dos años antes. Al mando de las tropas asaltantes nuevamente Fernando Ruiz de Ganboa y Avendaño, señor, entre otras, de la casa de Olaso en la vecina localidad de Elgoibar. Entre otros miembros de aquel clan, Fernando Ruiz de Irarrazabal, preboste de la villa de Deba. Les acompaña un corregidor del rey.

Pero esta vez el sitio de los gamboínos a la casa de Unzueta tendría un resultado diferente e inesperado: el poderoso clan bizkaino oñacino de los Butrón, comandados por Gonzalo Gómez de Butrón y Juan de Mújica, acude en auxilio de sus aliados eibarreses enfrentándose en el cerro de Akondia a los Ganboa.

"E llegados en la comarca, pelearon sobre la dicha casa de Unçueta en el cerro de Acundia e fueron vençidos los Ganboanos. E morieron allí el prevoste Ferrand Ruiz de Deva e otros XXV omes..."

Efectivamente, la batalla se salda con la muerte de veintiséis hombres del bando gamboíno, entre ellos el preboste de Deba Fernando Ruiz de Irarrazabal. Por su parte los Oñacinos de Butrón y de Mújica sufren la pérdida de cinco hombres, entre ellos la de uno de sus jefes, Sancho Ortiz de Martiartu.


Ilustración del sepulcro de los Irarrazabal.
 Capilla de la Misericordia, iglesia de Santa
 María de Deba.

La Venganza

El autor de las Bienendanzas e Fortunas nos narra breve pero detalladamente cómo se sucedieron los hechos tras la muerte de Irarrazabal y cómo se materializó la venganza de sus hijos, venganza de la que fue víctima una de las familias del clan de los Butrón: los Renteria de Bakio.

"E después d'esto, vino el Prevoste de Deba, fijo de aquel Prevoste, e sus hermanos, con quatro grandes pinaças de remos e desenbarcaron en una alvorada en Vaquio e mataron a Íñigo de la Rentería cavo (junto a) su casa; e otrosí mataron en el logar de Vaquio fasta diez omes e d'ellos que fallavan, deziendo que eran de Butrón, e enbarcaron en sus pinaças e fueron a Deva, donde eran venidos".

Antes de analizar los hechos creo oportuno comentar que el fallecido en la batalla de Akondia, Fernando Ruiz de Irarrazabal, fue preboste de Deba y su jurisdicción, honor perpetuado por merced otorgada en Aguilar de Campoó en 1421 por el rey Juan II. Esta merced real se debió a los servicios prestados por el debarra en la guerra de Baiona y "Lanbort" (Lapurdi), donde intervino con cincuenta hombres de armas a su costa.

Él es también el protagonista de la gesta fechada en 1421 en la que "yendo por mar en Navíos propios, abordó a otros de Franceses con quienes estuvo peleando; y viendo que estaba en duda la victoria, se metió en un Esquife con la gente más florida, y acometió la Nave, que le hacía más resistencia, y con una maza de fierro, que llevaban, dio un golpe tan grande en el Esquife, que se iba a fondo, y viendo aquella temeridad los suyos, por no perecer subieron todos a la Nave contraria, y le rindieron, ganando los demás, y trageron a la villa de Deva".


Grabado que representa la gesta de Fernando de Irarrazabal
el la que hundíó su propio esquife para abordar a una nave francesa.
Cortesía de Eduardo Urrejola (Chile).

Queda claro que el preboste debarra era un hombre de armas tomar en el sentido literal de la palabra, como también lo fueron sus hijos, los protagonistas de la vendetta contra la casa de la Renteria.

Nos dice el autor de las Bienendanzas e Fortunas que para llegar a Bakio, los hijos de Fernando de Irarrazabal, uno de ellos nuevo preboste de Deba, lo hicieron a bordo de cuatro grandes pinazas y que arribaron a la localidad bizkaina al amanecer "alvorada".


Dibujo de pinaza del S. XV con un mástil.

La pinaza del siglo XV, que podía ser de navegación de altura o de bajura, según su tamaño, era un tipo de embarcación a remo pero dotada de uno o dos mástiles abatibles con vela, uno pequeño a proa y otro más grande en el centro de la embarcación.
Su eslora podía alcanzar los 12 m.; la manga podía llegar a los 2,75 m. y su puntal a 1,40 m. Era bastante ligera y solía ser utilizada tanto para la pesca como para el transporte marítimo de cabotaje de productos como mineral de hierro, sal, cereal, lana ... ; también para remolcar naves mayores a las salidas y entradas del puerto (atoaje).

La ría de Deba era muy concurrida por este tipo de embarcaciones ya que a ella y hasta el descargadero de Iruroin, ría adentro, llegaban numerosas pinazas procedentes de Muskiz, todas ellas cargadas con mineral de hierro con destino a las ferrerías de las comarcas del Bajo y Alto Deba.
Ni qué decir que, curiosamente, por entonces (S.XV) el comercio del hierro de Muskiz estaba controlado por el clan del autor de las "Bienandanzas e Fortunas", Lope García de Salazar.

Cuatro pinazas, ¿pero cuántos hombres podía transportar cada pinaza?

Existen datos de la época por los que conocemos que cada una de ellas, si era de altura y con diez bancadas, podía transportar hasta 19 o 20 hombres, lo que multiplicado por cuatro nos dan alrededor de 80 hombres. Ese debió ser más o menos el número de hombres que componía la expedición de los Irarrazabal a Bakio.

¿Cuánto tardaron en llegar?

La distancia desde Deba hasta la playa de Bakio donde supuestamente desembarcaron los "vengadores" viene a ser de alrededor de 26 millas náuticas, lo que suponen alrededor de 48 kilómetros. Si tenemos en cuenta que llegaron al amanecer y que la velocidad estimada a golpe de remo y con ayuda de una vela fuese de unos cinco nudos, el tiempo invertido en el viaje debió ser de unas cinco horas a la ida y otras tantas de vuelta.

De todo ello deducimos que si desembarcaron en Bakio hacia las siete u ocho de la mañana debieron partir de Deba a las dos o tres de la madrugada y estar de nuevo para la hora de comer.
También se deduce de los textos que la operación debió desarrollarse por sorpresa y de forma relámpago, esto es: desembarcar, dirigirse a la casa de los Renteria, pasar a cuchillo a Íñigo, al que encuentran junto a su casa, y acto seguido a otros diez hombres de su clan.

¿Por qué contra los de la casa de Rentería?
  
Cuenta Lope García de Salar que los de la casa de "la Renteria" pertenecían al bando de Butrón. Lógicamente ello nos lleva a pensar que si no intervinieron directamente en la batalla de Akondia donde murió el preboste Irarrazabal, no andaban muy lejos como aliados que eran del bando oñacino y de la casa de Butrón.

Curiosamente, entre la documentación referente a esta familia, los Rentería, a veces aparece como perteneciente al bando oñacino y otras al gamboíno. No es nada extraño, pues en ocasiones era tan normal la unión entre familias del mismo bando como el paso al bando contrario.

Esta es la breve historia de una "vendetta" medieval en toda regla. Si es leída por al menos dos debarras, dos bakiotarras y alguno de los Irarrazabal chilenos entre los que incluyo a Eduardo Urrejola, León Irarrazabal, y sus familias, me sentiré satisfecho.


Bibliografía.

Aldabaldetrecu Saiz, Patxi. "Irarrazabal. Memoria Histórica de los Irarrazabal, sus casas y propiedades". Enero 1998.

Agote Aizpurua, Xabier. "Gure itsasontziak". Gipuzkoako Foru Aldundia, Kultura eta Euskara Departamentua. Diputación Foral de Gipuzkoa, Departamento de Cultura y Euskera, 2009. 120 p. Bertan 23.

Aldazabal Murguia, Pedro Joseph. "Breve historia de la aparición del más luminoso astro y brillante estrella de la mar, la milagrosa imagen de Santa María Santísima de Itziar". Pamplona; imprenta de Martín Joseph de Rada. Año 1769.

Astui Zarraga, Aingeru. "Lanchas de Pesca a Vela". pp.161-167. Itsasoa. El mar de Euskalerria. La Naturaleza, el Hombre y su Historia.

Barkham Huxley, Michel. "Las pequeñas embarcaciones costeras vascas en el siglo XVI: notas de investigación y documentos de archivo sobre el "galeón", la "chalupa" uy la "pinaza". Itsas Memoria. Untzi Museoa-Museo Naval. Donostia-San Sebastián.

García de Salazar, Lope. "Historia de las Bienendanzas e Fortunas". Libro XXII. Título de cómo Ferrando de Ganboa e los Ganboanos quemaron de noche la casa de Lope de Unçueta con XII omes. Título de la pelea que ovieron los Ganvoínos con Gonzalo Gómez de Butrón e Juan de Múgica sobre la casa de Unçueta.














lunes, 4 de agosto de 2014

CORSARIOS DEBARRAS

 

NUESTROS PERROS DEL MAR

 


Frecuentemente, cuando se habla o escribe acerca de la historia marítima de Deba, se hace mención a la importancia de su puerto en los siglos XV y XVI como puerta de salida de las lanas de Castilla o de las armas y herrajes elaborados en las ferrerías del Bajo Deba, Alto Deba y algunos municipios bizkainos colindantes, como Elorrio o Ermua.
También es frecuente la mención al puerto debarra como importante referente en lo tocante al tema de la caza de la ballena en aguas de Terranova, o como reconocido puerto comercializador y distribuidor en el siglo XVI del saín producido en tierras americanas.
Algo menos conocida es la actividad complementaria ejercida por nuestros mercaderes y marinos, como fue la del corso, o como se decía entonces, la de “hacer el corso”. En sus inicios, parece ser que el motivo de armar las naves no fue otro que la defensa de éstas y sus tripulantes de los ataques piratas; pero la venganza del ojo por ojo y, sobre todo, la productividad de este lucrativo negocio en el que a veces se incluyó el comercio de esclavos, se transformó en norma. De la defensa se pasó al ataque. Así actuaron nuestros temidos corsarios, nuestros “perros del mar”, un término acuñado en Inglaterra “sea dogs” para denominar a quienes ejercían la actividad corsaria.



Patente de corso muy tardía. Corresponde al reinado de Carlos III.

La patente de corso, originalmente llamada “carta de marca y represalia” era un permiso que el rey concedía  a los propietarios de una nave para perseguir, abordar y hacerse con las mercancías y con los barcos de países enemigos. Según estipulaban las leyes, la quinta parte de los bienes arrebatados, denominada “quinto real”, correspondía a la corona.
Dicho esto, es fácil deducir que en los periodos más duros de guerras durante los siglos XV, XVI y XVII prácticamente todos los barcos debarras contasen en algún momento con estas patentes o permisos, y que muchas veces la línea que separaba a corsarios y piratas estuviese poco definida.
Pese a la imagen que hoy se tiene de la actividad corsaria, que no debe confundirse con la del pirata (castigada con la horca), es importante destacar que su práctica era legal  y que de sus campañas, además de los tripulantes, se beneficiaban los armadores, la corona y el pueblo en general, incluida la iglesia. La importancia económica de la actividad corsaria era tal que en ciertos momentos se hizo habitual que los barcos llevasen a bordo un notario para controlar y dar fe de las capturas.
Importantes personajes de familias debarras, como los Irarrazabal, los Sasiola o los Leizaola, a veces ocupando puestos de responsabilidad en el Consejo Real de Castilla,  han pasado a la historia como conocidos corsarios. Uno de esos legendarios personajes fue Fernán Ruiz de Irarrazabal, preboste de la villa de Deba y corsario de altos vuelos de  quien se dice que en 1412 atacó con sus propias naves a dos naos francesas con las que entabló duro enfrentamiento. Viendo que las cosas se ponían feas, seleccionó a sus mejores hombres y subió con ellos a bordo de un esquife (embarcación pequeña y ligera) con la intención de abordar a una de las naves francesas. Para que el abordaje fuese más rápido, hizo un boquete en el fondo de su esquife obligando a los marineros a subir rápidamente a bordo de la nao francesa. Tras fiera lucha cuerpo a cuerpo, los franceses optaron por rendirse antes que ser pasados a cuchillo.

 
Pistola-balloneta inglesa “Waters”, conservada en Deba. Probablemente fue construida a mediados del siglo XVII. El arma, con la culata parcialmente rota, muestra signos de haber permanecido presumiblemente bajo el agua o en un lugar muy húmedo durante algún tiempo. No sería extraño que hubiese sido utilizada por algún “perro del mar” debarra, por algún “sea dog” inglés, o quizás por ambos.

 
Para hacernos una idea más real de lo que fue esta actividad, nada mejor que mostrar algunos casos documentados en los que los marinos de Deba son unas veces los atacantes y otras las víctimas de la rapiña. Así podemos verlo cuando en 1483 el escocés John Mac Intosh presentaba una queja tras quedarse estupefacto al ver en el altar mayor de la iglesia de Santa María de Ondarroa un enorme candelero de cobre que le había sido robado en 1477. Los autores del robo habían sido los tripulantes de una nave de Deba que además del candelero y otros objetos, se habían hecho con un rico botín de paños finos, bacalao, hierro y pastel, todo ello valorado en 4.425 coronas.
Otro ejemplo de esta productiva actividad es un emplazamiento realizado en 1487 por el vecino de Laredo, Sancho González de la Obra, contra el ex alcalde de Deba Jofre de Sasiola y otros guipuzcoanos autores del robo de un navío irlandés, en represalia de lo cual el de Laredo fue hecho prisionero por los vecinos de la ciudad de Cork.
En noviembre de 1475, Jacobo Espato Doria, natural de Sicilia, presenta una denuncia contra Juan de Licona vecino de Deba. Según el siciliano un día de octubre de 1475, mientras se encontraba en el puerto de Castil Rojo (Nápoles) cargando aceite, miel, azúcar, cueros y otras mercancías en su goleta de 24 bancos, y en otras dos naos , fue asaltado por el de Deba, patrón de una nao de 700 botas, que se llevó todos sus navíos y mercancías. Las pérdidas fueron valoradas en 5.000 ducados de oro.
Ese mismo año, en abril, los Reyes Católicos habían firmado carta de represalia contra unos ingleses que robaron 165 toneles de vino a Pedro de Ochoa, vecino de Monreal de Deva.
Algo parecido, pero a lo grande, fue la acción del debarra Juan Martinez acaecida en 1557. A ese año corresponde la denuncia presentada contra él por Bernardo Cardux, maestre florentino vecino de Amberes, y por Alejandro Antenori y Juan Simonete por el robo de cuatro navíos cargados de vino cuando se dirigían de Burdeos al Condado de Flandes. Lógicamente dichos navíos fueron a parar al puerto de Deba. 
En 1484 Isabel la Católica enviaba una carta al duque de Bretaña rogándole que hiciese devolver a Fernando de Sasiola, vecino de Deba, la nao de 130 toneles que le fue robada cuando venia de Flandes cargada de paños y otras mercancías.
En 1488, una nave de Jofre de Sasiola era abordada por corsarios alemanes. A bordo de ésta viajaba Bartolomé Colón, hermano del almirante, quien fue retenido y secuestrado durante seis años; ese mismo año se otorgaba carta de marca y represalia contra los autores de dicho abordaje y secuestro, pertenecientes a la Hansa de Alemania.  
En 1500, los Reyes Católicos enviaban una carta a Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador en la República Veneciana, ordenándole informase al Dux sobre la concesión de una carta de marca y represalia contra los vecinos de Venecia y a favor de Fernando de Leizaola, vecino de Deba, cuya nao había sido atacada por tres galeazas venecianas. Asimismo se exigía al Dux veneciano que se pagasen los daños causados al debarra.                    
 
Pero a menudo los asaltos no sólo se realizaban contra naves de países enemigos, siéndolo en ciertos momentos contra naves de la propia corona e incluso entre naves vascas lo que ya constituía verdadera piratería. El 20 de octubre de 1483 se presentaba una citación para que respondiesen ante el Consejo Real los tripulantes de dos naves vascas por haber asaltado a un navío propiedad de Diego Fernandez de Valladolid, vecino de Sevilla. Dicho navío, que transportaba mercancías valoradas en 420.000 maravedíes y se dirigía desde Sevilla a las Islas de Gran Canaria y Madeira, fue asaltado a la altura del cabo de San Vicente. Entre los citados por la justicia aparecen  Michel de
Deva “el corcobado”, maestre de la nao grande, Domingo de Alós, maestre de la nao pequeña, su cuñado Martín de Lasao, alguacil, y Jalón, piloto, todos ellos vecinos de Deba.
Un suceso curioso ocurrió en 1530, cuando el turco Barbarroja campaba a sus anchas por todo el Mediterraneo atacando a las naves comerciales cristianas y haciéndose con numerosos cautivos; entre ellos se sabe de un marino debarra cuyo rescate en 1533 fue pagado por la villa de Deba.
Es necesario decir que las operaciones corsarias no se realizaban tan solo en la mar. Era muy frecuente que las “labores” de los corsarios se realizasen dentro de los puertos enemigos, robando y llevándose los barcos atracados en sus muelles e incluso realizando razias tierra adentro, como veremos a continuación.
Durante las guerras con Francia, Carlos I concedió masivas autorizaciones a los marinos guipuzcoanos para armar sus naves en corso y atacar a Francia fuesen donde fuesen, incluidas las lejanas aguas y tierras de Terranova. Los gastos, claro está, corrían a cargo de éstos.
En 1555, prácticamente al final de las guerras con Francia, las Juntas Generales ordenaban realizar un informe sobre las actuaciones de los barcos guipuzcoanos entre los años 1552 y 1555. De los catorce informantes seleccionados por las Juntas, tres eran debarras: Domingo de Gorocica, alcalde de Deba, capitán y armador; Miguel de Zaldivia, capitán, y Martín Ochoa de Irarrazabal, capitán y armador. He aquí algunas informaciones proporcionadas por estos:
Refiriéndose a Domingo Gorocica dice el informe: “ Y que este testigo, él mismo por su persona ha sido diversas veces en saltar en tierra de Francia… Y en las dichas entradas ha quemado villajes y lugares, y sacado muchas presas y ha hecho muchas tomas de vacas y bueyes y carneros y otros ganados para el mantenimiento de la dicha gente y tomado muchas y diversas mercaderías, todas las cuáles este testigo ha traido a los puertos de esta Provincia y repartido entre su gente… y vino con las dichas sus presas al dicho puerto de la dicha villa de Deba…”  Asimismo, el alcalde afirmaba saber que “solos los vecinos de la dicha villa de Deba en esta presente guerra han tomado mas de seiscientos naos e galeones y otras fustas entre grandes y pequeñas; las doscientas de ellas armadas y con mucha artilleria y diversas municiones que valian mas de 400.000 ducados”.
Por su parte, Martín de Zaldivia afirmaba en el informe de 1555 que hacía cuatro días habían zarpado de Deba “siete y ocho naos, galeones y zabras de armada muy apercibidas y en orden” . En cuanto al armamento de estas naves declaraba que estas salían armadas “de todo armazón de guerra, así lombardas, mosquetes, versos, arcabuces, ballestas, gurguces, y echafuegos, lanzas y dardos y municiones necesarias y otras maneras y géneros de armas ofensivas y defensivas…” Refiriéndose a sus gestas, afirmaba que con las naos de los también capitánes debarras García de Iciar y Cristóbal Arias  entraron en el canal de Burdeos quemando algunos poblados y haciéndose con numerosas cargas de trigo y que en otro viaje con el capitán Garcia de Iciar  y el también capitán armador debarra Martín Dabice de Aguirre apresaron al alcaide del castillo situado junto a la bahía de Fornia, a su mujer y a su familia cobrando por ellos un rescate de 700 ducados.
Otra de las innumerables operaciones en aguas y tierras francesas fue la realizada en 1552 por el capitán y armador  Juan de Ansorregui quien junto a los tripulantes de otras ocho zabras tomó y saqueó la isla de Caperon.
Martín Ochoa de Irarrazabal, quien alardeaba de haber participado en esas operaciones, afirmaba haberse apoderado junto a otros armadores debarras de más de setenta naos grandes y pequeñas, todas ellas cargadas. También afirmaba que en Terranova se habían apoderado de más de 200 naos gruesas cargadas de grasa de ballena y bacalao y que las trajeron a Guipúzcoa.
El siglo XVIII, aunque fue un momento de gran actividad corsaria, sobre todo en la “carrera de Indias” donde competían corsarios, piratas y bucaneros, no lo fue tanto en nuestro puerto. Fue el siglo de la ilustración, de los “Caballeritos de Azkoitia” y del Real Seminario de Bergara. El siglo más reproducido en las clásicas películas de piratas; el de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, cuyos más de 50 barcos iban y venían armados en corso de tierras americanas. Para entonces el puerto de Deba ya no era lo que había sido aunque todavía salían barcos con destino a Londres, como el bergantín San Rafael, que en 1789 cubría línea regular entre Londres, Deba, Donostia y Baiona. Tan solo diez años antes, en 1779, las autoridades de Deba se quejaban de que una pequeña embarcación corsaria inglesa merodeaba por aguas debarras, careciendo la villa de cañón y pólvora con los que poder defenderse.
Para finalizar, decir que la actividad corsaria duró hasta el siglo XIX; concretamente hasta el año 1856, cuando con la firma del Tratado de París se suprimieron definitivamente las patentes de corso.
 
 
 

sábado, 29 de diciembre de 2012

CINCO CAPILLAS CON HISTORIA

 
 
 
 
La iglesia parroquial de Santa María de Deba, Monumento Nacional del Estado desde el año 1931, es una de las grandes joyas de la arquitectura religiosa vasca.
Levantada en el siglo XV sobre una primitiva iglesia del siglo XIV, fue ampliada en el siglo XVI y concluida en el XVII. La financiación del templo corrió a cuenta del vecindario debarra, de ahí que, desde hace siglos, la fachada principal del templo luzca con orgullo el escudo de la villa.
Uno de los elementos más interesantes de este monumental templo son sus capillas góticas, construidas en el momento de mayor esplendor de la población.

Fue ése un momento en el que los impuestos procedentes del tráfico de lana castellana y de productos manufacturados exportados a Inglaterra, Francia, Flandes y otros países europeos, contribuyeron al enriquecimiento de la villa. Ni qué decir de los beneficios procedentes de las sustanciosas campañas balleneras a Terranova, organizadas éstas por familias locales, o de las también sustanciosas campañas corsarias en las que el rey se beneficiaba de una quinta parte del botín, "quinto real ", pero el armador de la nave, los tripulantes y de paso, la iglesia y el pueblo debarra en general, también fueron partícipes directa o indirectamente de aquellos beneficios.

De las seis capillas que hoy podemos visitar en la iglesia parroquial de Santa María de Deba, cinco de ellas fueron construidas para servir de oratorio y enterramiento a las más poderosas familias debarras de los siglos XV-XVI. La sexta, fue sacristía hasta que en 1714, finalizada una nueva, aquella pasó a desempeñar funciones de capilla.

Las cinco capillas privadas son una especie de libro abierto en el que han quedado escritos importantes pasajes de la historia de Deba, algunos de ellos dignos de la mejor película de acción. Pertenecen a los linajes de Irarrazabal, Sasiola, Zubeltzu, Aguirre y Andonaegui. Todas ellas tienen una gran historia; algunas, incluso leyenda.
He aquí algunas breves reseñas históricas de estas capillas y de sus propietarios. 

Capilla de los Irarrazabal, o de la Misericordia
Fue construida por la más importante de las familias debarras, prebostes de la villa desde su fundación en 1343, de ahí que ocupe un lugar preferencial: la primera en el lado del evangelio. Hasta hace unas décadas, esta capilla era también conocida con el nombre de "Valparaíso" o del "marqués de Valparaíso". Más adelante explicaré los porqués de esta curiosa denominación.

 
La casa solar de los Irarrazabal, desgraciadamente ya desaparecida, estaba situada a la salida del pueblo, en el barrio de Artzabal. Existen algunas vagas referencias sobre la antigua torre medieval pero en realidad lo único que se conserva de esta familia es el topónimo de un caserío situado junto al lugar donde se ubicó la torre, y la capilla-sepulcro de la familia, situada en la iglesia parroquial.
 
Sepulcro de los Irarrazabal o de Valparaiso. El paso del tiempo ha hecho que
las figuras talladas en la piedra se vean con dificultad.
En el centro se puede apreciar un caballero armado con espada y escudo
flanqueado por un hombre con lanza y otra figura sedente.
En ambos laterales, dos escudos irreconocibles, debido al desgaste de la piedra,
sostenidos por dos leones rampantes. Es de suponer que al menos uno de los
escudos sea el de los Irarrazabal.

En septiembre de 1394, siendo alcalde de Deba Fernán Miguelez de Irarrazabal y preboste Juan Ruiz de Irarrazabal, reunido el concejo en el interior del templo, fueron aprobadas las primeras ordenanzas de la villa de Deba, consideradas las más antiguas de Gipuzkoa ya que tres años más tarde, en 1397, verían la luz las primeras ordenanzas de la Hermandad de villas de Gipuzkoa.
 
Los Irarrazabal, además de ser dueños de diversas ferrerías,molinos, lonjas y cargaderos, fueron constructores y propietarios de barcos dedicados al comercio, al corso, o a la caza de la ballena en aguas de Terranova. Uno de ellos fue Martín Ochoa de Irarrazabal, alcalde de Deba en 1570, importante mercader, ballenero y capitán de mar, generalmente a bordo de sus propias naves al servicio de la corona. Murió  de un tiro mientras luchaba contra los ingleses a bordo de la nao "Felipe y Santiago" una de las naves de la conocida como "Armada Invencible".
 
Otro miembro destacado de esta familia fue Francisco de Andia Irarrazabal, nacido en Deba en 1536; caballero de la Orden de Santiago, paje en la corte del príncipe y más tarde rey, Felipe II, a quien acompañaría a Inglaterra para sus desposorios con María Tudor. Poco después embarcaría para América, llegando a Chile junto a su gran amigo, de origen bermeotarra, Alonso de Ercilla y Zúñiga, autor de la inmortal obra literaria " La Araucana".
 
Su hijo, Francisco de Andia Irarrazabal y Zarate, nació en Chile el año 1576 aunque pasó la mayor parte de su vida en Europa. Primogénito de siete hermanos fue sucesor de las casas de Andia en Tolosa y de Irarrazabal en Deba, población esta última donde había nacido su padre.
Su historial es de lo más interesante pues prácticamente no hay guerra ni cargo donde no se le nombre. Fue el chileno con más cargos y títulos, tantos que merece la pena hacer mención de, al menos, algunos de ellos:
Caballero de la Orden de Santiago, Trece de esta Orden, Comendador de Villoria y de Aguilarejo, primer vizconde de Santa Clara, Maestre de Campo General de infantería española, Veedor General del ejercito de Flandes, Gobernador de las armas del reino de Murcia, Gobernador y Capitán General de las Islas Canarias, Gobernador General de Chile, Gobernador General de Gibraltar, Capitán General de Orán y Mazarquivir, Virrey de Galicia, de Navarra y de Sicilia, Consejero de Estado y Guerra de Felipe IV, Gobernador de Artillería y Juntas de Guerra de Cataluña, Consejero de Guerra de Flandes, Capitán de Guardias del Archiduque Alberto y Comisario General del Ejército de Granada.
Se dice de él que sirvió a la corona sesenta años, recibiendo cuarenta y cinco heridas de guerra.
Fue cinco veces virrey, y Felipe IV le concedió el título de marqués de Valparaíso (título con grandeza de España que en la actualidad ostenta Don Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete.
Francisco Andia Irarrazabal murió en Madrid en octubre de 1659 y es muy probable, casi seguro, que como señor de la casa de Irarrazabal, su cuerpo fuese enterrado en el sepulcro de la capilla familiar de Deba. Esa podría ser la explicación a la anteriormente comentada denominación de la capilla-sepulcro como del "marqués de Valparaiso".

Haciendo mención a la personalidad de este personaje, me gustaría comentar una anécdota referente a él.
Hace unos días, interesado en conocer algún dato sobre su vida, me introduje vía cibernética en el Archivo Histórico Nacional. Mi labor fue premiada cuando conseguí hacerme con un documento fechado en 1636, momento en el que Francisco de Andia Irarrazabal era precisamente Virrey de Navarra, y año también en el que visitó Deba para supervisar la construcción de tres galeones de su propiedad que se estaban construyendo en los astilleros de esta villa guipuzcoana.
Es un documento del Consejo de la Inquisición referente a un "Proceso de fe" contra don Francisco de Andia-Irarrazabal y Zarate. Para ser breve, resumiré la anécdota diciendo que el señor Irarrazabal, Virrey de Navarra, no se cortó un pelo a la hora de imponer una severa multa al mismísimo obispo de Pamplona, don Pedro Fernández Zorrilla.   
Si Irarrazabal tenía carácter, el obispo no se quedaba atrás, pues según consta, el virrey vasco-chileno fue excomulgado con todas las de la ley, según los inquisidores, por ser sospechoso del "error de Inglaterra"; una vendetta en toda regla.  

Capilla de San Antón o de los Sasiola


Fue fundada por Martín Ochoa de Sasiola, llamado “el Tesorero” y por su esposa María Martinez de Zarauz, y en ella fueron enterrados. La capilla está dedicada a San Antón, por ser éste el santo protector del linaje de los Sasiola.
Martín Ochoa de Sasiola fue secretario del condestable de Castilla Pedro Fernández de Velasco, el hombre con más poder en el reino, tras el rey. Este miembro de la familia Sasiola fue uno de los personajes que el 25 de Noviembre de 1539, recibieron en el túnel de San Adrián al emperador Carlos V cuando entró en Gipuzkoa.


 
La capilla posee un pequeño pero precioso retablo tapizado con brocados de Flandes y muestra un maravilloso tríptico flamenco del siglo XVI que dice bastante sobre las relaciones comerciales de los Sasiola con los puertos de los Países Bajos.


El sepulcro, tallado en arenisca, luce a su derecha el escudo de Castilla-León. A la izquierda, otro intencionadamente destrozado por el cincel, que según algunos historiadores podría tratarse del escudo de la casa inglesa de Plantagenet. En el centro, en la parte inferior, el escudo de los Sasiola con la tau de San Antón y sobre éste, una talla con un jarrón de lirios alusivo a la Virgen, elemento hagiográfico mariano muy común, también presente en el sepulcro de los Aguirre.
En uno de los muros de la capilla existe una puerta cegada que en el pasado daba acceso al claustro. Tallado en el dintel de arenisca de esa puerta, en la parte del claustro, se puede apreciar el escudo de los Sasiola, propietarios de la capilla.
 
 

Los Sasiola, importante familia de mercaderes, tuvieron estrechas relaciones con la corona inglesa. No en vano, uno de sus miembros, Jofre Ibáñez de Sasiola, “El Bachiller”, tío paterno de Martín Ochoa de Sasiola, además de alcalde de Deba, formó parte del Consejo Real de Fernando el Católico, siendo también el primer embajador que tuvo el reino de Castilla-León en Londres. Curiosamente, una de sus labores en Inglaterra consistió en acordar el matrimonio entre la hija pequeña de los Reyes Católicos, Catalina de Aragón, con Arturo, Príncipe de Gales. Al morir Arturo al poco tiempo de la boda, ella contraería nuevo matrimonio con el hermano de su marido, Enrique VIII, con el que tuvo una hija: María Tudor, a la que con el tiempo, los anglicanos ingleses llamarían "Bloody Mary".

El escudo labrado en el sepulcro está sostenido por dos ciervos rampantes y muestra las flores de lis de la casa de Plantagenet. Curiosamente, en algún momento, quizás debido a algún episodio corsario frente a Inglaterra, este escudo fue dañado intencionadamente con un cincel. La imagen está forzada para que puedan apreciarse con claridad las tres flores de lis y los ciervos.







Otra de sus misiones del embajador debarra fue la de terminar con las guerras de corso entre los marinos vascos e Inglaterra, alguna de cuyas paces se firmó precisamente en Deba. Así sucedió en 1473 cuando en esta villa se reunieron los marinos vascos con los embajadores ingleses.
En reconocimiento a sus méritos, Jofre Ibáñez de Sasiola fue premiado por la corona inglesa con la más importante distinción en aquel país: Caballero de la Orden de la Jarretera. Jofre murió en Zumaia donde había fundado casa tras su boda con María López de Areizti.
El padre de Jofre Ibáñez de Sasiola, “el Bachiller”, llamado y apellidado igual que su hijo, fue además de alcalde de Deba, importante mercader y reconocido corsario. Un dato históricamente interesante que demuestra la actividad de sus negocios marítimos es que en 1488 Bartolomé Colón, hermano del descubridor, viajó a Londres en una nave de Jofre Ibáñez de Sasiola, padre, la cual fue abordada por corsarios alemanes que tuvieron secuestrado al hermano del almirante y descubridor genovés durante seis años.
    
Capilla de San Juan Bautista o de los Zubelzu.

Es popularmente conocida como “capilla de la hilandera” debido a que existe una leyenda romántica local que relaciona esta capilla con sus dos protagonistas: Andra Madalen y su hija Katalintxu, ambas, según la tradición, pertenecientes la casa de Zubeltzu.
Al parecer, al menos, en ella debieron ser enterrados Fernando de Zubelzu y su esposa María de Zuazola en la segunda mitad de mil quinientos, ya que los escudos de ambas casas aparecen tallados en el frontal del sepulcro familiar.

 
Los Zubelzu procedían de la torre del mismo nombre situada en el barrio de Mardari, pero su casa, dentro de la villa, estaba situada donde actualmente se encuentra el cine “Zubelzu”.
Esta familia era propietaria de naos destinadas al comercio, al corso, o a lo que hiciese falta. Así  tenemos que la nao "Concepción Mayor", de 486 toneladas y dieciséis cañones, propiedad de Juan Pascual de Zubelzu, fue una de las seis naves debarras que formaron parte de la Armada Invencible. Al mando de la nao iba su propio hijo, Manuel López de Zubelzu quien, como el resto de las naves de esta población, pudo arribar a puerto tras la desastrosa expedición.
Esta capilla está considerada como una de las más bellas del arte gótico en Euskal Herria.
En el friso labrado sobre el sepulcro se aprecia un Cristo crucificado, flanqueado por los doce apóstoles. El frontal del sarcófago muestra varios escudos heráldicos así como una escena del bautismo de Jesús y varios monjes orantes en procesión.
Arriba, dos bellas vidrieras que hacen referencia a los dos personajes protagonistas de la leyenda de La Hilandera: Anrdra Madalen y su hija Katalintxo.



Capilla de San Pedro
o de los Aguirre  
 
Perteneció a la poderosfamilia de los Aguirre, emparentada con las familias locales de los Sasiola y de los Irarrazabal. En ella fue sepultado en 1593 Fernando de Aguirre, pagador de armas y criado del rey Felipe II. Refiriéndose a él, el diplomático y político Luis López de la Torre Ayllón y Kirsmacker escribió:
“Este don Fernando fue uno de aquellos secretarios de Felipe II, a quienes el monarca confiaba el desempeño de cargos o comisiones especiales.
Residía por lo común en Guipúzcoa, y allí atendía a la fabricación y pago de las armas destinadas a las huestes españolas”.
Su casa, situada en la calle del Astillero es, junto a la de los Sasiola, uno de los dos edificios que se conservan, pertenecientes a las familias propietarias de capillas en la iglesia parroquial de Deba.

 
Los Aguirre fueron importantes mercaderes y marinos ocupando relevantes puestos tanto en la mar como en tierra. Uno de ellos, San Juan de Aguirre, fue almirante de una escuadra de la armada del mar océano y posteriormente Almirante General con don Alonso de Bazán.
 Debido a la unión de miembros de la familia Aguirre con los Irarrazabal, en esta capilla están enterrados varios Irarrazabal casados con mujeres de la familia Aguirre.
El sepulcro, como el de las demás capilla está tallado en piedra arenisca y muestra la escena de la anunciación de la Virgen. Entre el ángel y la Virgen puede apreciarse el jarrón con los lirios, elemento que hace referencia a la madre de Jesús.
 

Capilla de Santo Domingo o de Andonaegui
 
 
Perteneció a la familia Andonaegui, de la casa conocida como “Deva-echea” o “Comendadorecua” situada en la calle actualmente denominada Lersundi.
En esta capilla está enterrado Juan de Andonaegui, comendador de la Orden de Caballería de San Lázaro y secretario durante once años, de la embajada de España en Roma, en tiempos de Felipe II.
Hombre políglota, se dice de él que hablaba siete idiomas. Fue responsable de la correspondencia cifrada entre el rey español y el papado, incluida la referente a la batalla de Lepanto.
 
Los papas Pío V y Gregorio XIII le concedieron numerosas gracias y privilegios, tanto a él como a la iglesia parroquial de Deba y a su propia casa, destinada al parecer a convertirse en convento de monjas donde pensaban ingresar sus propias hijas. No se sabe si efectivamente su casa, "Deva-echea", pasó a convertirse en convento. Lo que si sabemos es que sus hijas ingresaron en la orden de las madres Brígidas tomando los nombres de Mencia de Jesús María y de Engracia de Christo y que fueron cofundadoras, junto a Doña Marína Escobar, del convento de Brígidas de Valladolid, así como otro convento de la misma orden en Vitoria.
 
Las gracias para con Don Juan de Andonaegui no solo llegaron de los papas, ya que Felipe II,  le otorgó una pensión vitalicia de mil ducados anuales.
Cuentan de él, que debido al intensisimo esfuerzo al que sometió a sus ojos por
motivo de su profesión, fue perdiendo visión hasta el punto de quedarse practicamente ciego. Y efectivamente parece ser cierto, pues en dos cartas suyas fechadas en Madrid en julio y noviembre de 1584 y dirigidas a su colega Cristobal de Salazar, secretario de la embajada española en Venecia, Andonaegui le agradece el envío de unos anteojos para su gran miopía, encargándole le haga llegar seis pares más.