Mostrando entradas con la etiqueta Santa María Deba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa María Deba. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de febrero de 2016

DOS EXVOTOS

 LOS EXVOTOS MARINEROS DE SANTA MARÍA DE DEBA


                                               Dedicatoria
A Carlos de Iracheta, porque desde que siendo niño, y veraneando en Deba, jamás ha olvidado la nave votiva que pende de la bóveda de Santa María.


Un exvoto es la ofrenda que los fieles dedican a Dios, a la Virgen o a un santo como recuerdo y en agradecimiento a un favor recibido de éstos. Los exvotos suelen o solían ser colocados o colgados en los muros y techos de las iglesias, ermitas y santuarios. Eran muy diversos, pudiendo consistir en una muleta, una figura de cera, cabellos, un cuadro, la reproducción a escala de un barco, o incluso una mortaja. Recuerdo que siendo joven visité el santuario de Nuestra Señora de Montenero, cerca de la ciudad italiana de Livorno. Había cientos, miles de exvotos, pero el que más me impresionó fue el de una camiseta totalmente ensangrentada en la que se podía apreciar el agujero producido a la altura del pecho por la entrada de una bala. La ofrenda, que incluía la bala extraída al herido, había sido realizada por un soldado durante la guerra entre Italia y Austria en 1866.



La histórica fotografía perteneciente el archivo de la familia Aguinagalde de Itziar muestra varios exvotos situados en el pasado en la sacristía del santuario. Además de la canoa traída de Canadá en 1620 por el capitán ballenero, FranciscO de Sorarte, pueden verse varias muletas y en la parte superior, bajo la canoa, varias esposas donadas al parecer por antiguos cautivos en tierras de infieles.

También recuerdo haber visto la sacristía del santuario de Itziar completamente llena de exvotos de todo tipo, incluso el de una pequeña embarcación nativa americana traída al parecer de tierras canadienses en 1620 por el  capitán de balleneros itziartarra Francisco de Sorarte. Según consta, Sorarte no sólo trajo la canoa sino también a la familia india que la tripulaba, un matrimonio con su hija de corta edad. Como no podía ser de otra forma, la niña india fue bautizada en Itziar con el nombre de “María de Iziar”.

Haciendo referencia a los exvotos del santuario de Itziar, en la página 167 del libro titulado “Breve Historia de la Aparición del más Luminoso Astro, y Brillante Estrella de la Mar, la Milagrosa Imagen de Maria Santisima de Iziar”, escrito por Pedro Joseph Aldazabal  Murguia y editado en 1767, el autor hace la siguiente mención a los exvotos donados al santuario por gentes que habían estado cautivas de los “infieles” en tierras de moros:
“a pesar del memorable descuydo, que ha habido en las cosas de este Santuario, han llegado hasta nuestra edad 24 grillos, y esposas de fierro, una argolla, y una cadena, que se conservan pendientes en las paredes de la Santa Iglesia; de manera, que podemos afirmar, que la milagrosa Imagen de Iziar es, y ha sido una Piadosa, y Sagrada Redemptora de los Cautivos Chistianos, como le llamo un Devoto”.

Prácticamente nada se conserva de aquellos exvotos que colgaban de los muros y techos del santuario. Los pocos que han llegado a nuestros días son los exvotos marineros que penden de la techumbre de la iglesia parroquial de Deba, la de Itziar y las ermitas de San Roque y Salbatore, así como otro en forma de cuadro, este último de gran interés debido a sus características y que en fechas actuales (2016) está siendo expuesto en el Untzi Museoa-Museo Naval de Donostia.
Todos estos exvotos marineros debieron ser ofrecidos por navegantes en agradecimiento por haber salvado sus vidas en algún temporal, huracán o acción naval armada. 



       El MODELO VOTIVO DE LA PARROQUIA DE DEBA  

               
Dos vistas del modelo, desde popa y desde proa.

Este exvoto pende de la bóveda de la iglesia parroquial y está situado entre el centro y el coro del templo. Se trata de un modelo votivo que representa una fragata mercante, probablemente de las  primeras  décadas del siglo XVIII, armada en corso con ocho cañones en cada banda. 

El modelo, de tres palos (trinquete, mayor y mesana) mas el bauprés de proa, tiene unas medidas aproximadas de un metro de largo por uno de alto.
El casco está realizado con una pieza de madera maciza pero vaciada en el interior para reducir su peso, algo habitual en los exvotos de la época.
El mismo está pintado en varios colores: verde en la obra viva (parte sumergida del casco) y blanco, gris y dorados en la obra muerta (parte que está fuera del agua). Las zonas correspondientes a la única cubierta, donde van situadas las baterías de cañones, así como las situadas en el castillo (a proa) y la toldilla (a popa)  son las que van pintadas de blanco. Dividiendo la obra viva y la obra muerta se puede apreciar la línea de flotación, pintada de rojo al igual que los marcos de las portas de las baterías.

Detalle de la popa en la que pueden
 apreciarse las cadenas del timón y
la decoración del espejo.
Detalle de la proa donde se ve el
mascarón policromado del que
hablaremos más adelante. 
 
                                                   


                     












La popa, plana, posee una balconada y adornos dorados en relieve que rematan y decoran el espejo. Bajo la balconada se aprecia la salida de cadenas del timón.

De los escobenes de proa sobresalen las cadenas de las anclas que cuelgan una a babor y otra a estribor. La proa está rematada con un mascarón en el que se aprecia la silueta coloreada de una figura claramente femenina con corona dorada. Este tipo de figuras femeninas solían ser Vírgenes, Santas o Diosas mitológicas. A este respecto decir que esa es precisamente una de las características que demuestran el que esta nave sea una nave mercante, pues durante esa época los buques de guerra llevaban como mascarón un león rampante o el escudo nacional mientras que los buques comerciales solían llevar algún motivo relacionado con el nombre o sobrenombre de la nave.


¿LA FRAGATA SANTA BÁRBARA?

 No sería nada extraño que el modelo que pende de la bóveda de la iglesia debarra pudiera ser la reproducción de alguna de las fragatas mercantes pertenecientes a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728-1785), empresa que llegó a contar hasta con 85 buques de diferentes tipos.
La mayor virtud de aquellas fragatas guipuzcoanas fue su velocidad, mucho mayor que la de los pesados navíos, de los que podían escapar en caso de peligro, tanto de los de la armada inglesa como de los de corsarios y piratas, sobre todo ingleses y holandeses.

Era habitual que piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros las acechasen sin tregua tanto a la ida como a su regreso de tierras americanas cargadas con valiosos tesoros y mercaderías. Precisamente en esa velocidad estribó en parte el éxito del negocio de la conocida empresa guipuzcoana de la que es necesario decir que fue la primera compañía que existió en el Reino de España creada mediante accionariado, algo parecido a lo que hoy conocemos como una Sociedad Anónima.





Para hacernos una idea del tipo de cargamento transportado por los buques de la Guipuzcoana y su valor, valga la siguiente noticia aparecida en la publicación mensual “Mercurio”, fechada en julio de 1749. La noticia trata sobre la llegada desde tierras americanas de un comboy compuesto por buques de guerra y mercantes entre los que se hallaban “La Concepcion, San Ignacio, La Soledad, y Santa Barbara (y Nuestra Señora del Rosario que llegaría un día más tarde; todas ellas de la Compañía Guipuzcoana de Caracas) que en los días 12 y 13 de Mayo salieron juntos del puerto de la Habana. El Thesoro de Caudales, Frutos, Efectos, que ha conducido á bordo de estos Bageles para S.M. y Particulares, consiste en 22 Millones 536 y 27 pesos fuertes en plata acuñada; 29y748 marcos de plata labrada; 9y898 pesos en oro acuñado, y 2 y252 Castellanos, 15y478 Planchas de Cobre; 21 y arrobas de Tabaco; 30y288 arrobas de Grana fina; 966 de Silvestre; 15y243 arrobas de Añil; 828y750 Baynillas; 3y241 arrobas de Xalapa; 751 arrobas de Carmín; 773 arrobas de Balsamo; 234 arrobas de Cafearilla; 42y320 arrobas de Azucar; 1y084 fanegas de Cacao; 96 arrobas de Zarza; 28 arrobas de Colmillos de Elefante; 1y592 arrobas de Café; 6y153 Cueros curtidos; y cantidad de otros Frutos, Medicinas, y Maderas.”

Más  adelante el noticiero hace mención a cómo “ El 17 del mismo (mayo) entró en el Puerto de los Passages (Pasajes) la Fragata Santa Barbara, una de las  separadas de la Escuadra, y perteneciente a la Compañía Guipuzcoana de Caracas, cuya carga consiste en 1y073 pesos de plata, y oro, 2y771 fanegas, y 59 libras de Cacao, y 38 Petacas dobles de Tabaco de Bariñas en Rollos”.

Intrigado por conocer algo sobre la historia del exvoto debarra, revisé concienzudamente la nómina general de buques de la Compañía Guipuzcoana de Caracas para ver si el mascarón de proa y el número de cañones del modelo debarra me daban alguna pista acerca de qué nave era la que durante casi tres siglos ha permanecido colgada de la bóveda de nuestra iglesia.


A pesar de no ser buena la calidad de la
imagen, puede apreciarse que se trata de
una figura femenina coronada.


 La mayor parte de los buque de la Compañía Guipuzcoana tenían nombres de Vírgenes, santos o santas. Tras desechar todos los buques de la Compañía que no fuesen fragatas (navíos, paquebotes, goletas, balandras, urcas, bergantines y saetías) me centré en éstas, en las fragatas. Descarté las que tenían nombre de santos y me centré en los buques con nombres de Vírgenes y santas y que además contasen con una artillería compuesta por 16, 20 o 22 cañones.

Mi sorpresa fue que con esas característica solo existían dos fragatas y las dos con el mismo nombre “Santa Bárbara”, pero con diferente sobrenombre. La primera conocida también como La Galera Guipuzcoana, y la segunda con el sobrenombre de Neptuno.
Una de ellas, la primera Santa Bárbara, era una fragata de 121 toneladas y 16 cañones; el mismo número que el de nuestro modelo votivo. Había sido construida en Pasajes en los propios astilleros de la Compañía, siendo dada de alta el 15 de julio de 1730 y de baja el 22 de julio de 1757. Contaba con una tripulación de entre 34 y 56 hombres y realizó once viajes a las colonias americanas. La segunda Santa Bárbara, alias “Neptuno” era una fragata de 250 toneladas y 20 cañones. Había sido comprada probablemente en el extranjero y tan sólo había realizado un viaje al nuevo continente.
¿Cuál de las dos podía ser?

Guiado por el instinto consulté el santoral católico para ver cómo es representada la joven mártir de Nicomedia y mi sorpresa fue mayúscula al leer que ésta era representada con un cáliz y una espada, además de llevar una corona de princesa o una corona completa formada por varias torres. Justo la imagen representada en el mascarón de nuestro modelo: el busto de una joven con corona. Ello me llevó a sospechar seriamente que el exvoto debarra representa a la fragata “Santa Bárbara”, alias La Galera Guipuzcoana, la que realizó once peligrosos viajes a ultramar con la Compañía Guipuzcoana. Algo me dice que se trata de la misma fragata y mientras no aparezcan nuevos datos lo seguiré pensando. 

  



                                           

               Cuatro representaciones diferentes de Santa Bárbara. En todos ellas  la santa aparece coronada.

RESTAURACIONES
A lo largo de los siglos este modelo votivo ha sufrido varias restauraciones, la última fue realizada el año 1995 por el conocido decorador Iñaki Martínez Gorrochategui “Amua”, quien realizó una restauración a fondo que duró diez meses.
En ella, además de tratarse el casco, deteriorado por la carcoma y otros xilófagos, se corrigieron algunos elementos de anteriores poco afortunadas reparaciones. Asimismo  se reparó el velamen, se enriqueció la popa con colores propios de las fragatas de la época y se eliminaron seis portas con sus respectivos cañones, tres en cada banda. Curiosamente el modelo anterior a la última restauración tenía once cañones por banda en vez de los ocho actuales, pero al coincidir la boca de seis de ellos (tres en cada banda) con la base de los obenques, estos  fueron suprimidos, según palabras de “Amua” porque “desde un punto de vista teórico no podían ser disparados ya que de hacerlo habrían sido cortados sin remisión los obenques”.
Para quien desconozca la terminología marítima, los obenques son los cabos gruesos que sujetan lateralmente los palos. Estos obenques forman las escalas por las que los marineros subían a los palos para aparejar las velas.
Personalmente pienso que “Amua” tenía razón; en buena lógica, las proporciones de esta fragata no encajaban once cañones en cada una de las dos baterías. Sus proporciones permitían tan solo ocho cañones por banda, tal y como consta que los tuvo la fragata Santa Bárbara. 

    
La imagen muestra en la zona del casco pintada de blanco, las tres mesas de guarnición donde van ajustados los obenques de los tres palos. Al contrario de lo que sucedía en los grandes navíos de línea, las proporciones de una fragata de pequeño porte como ésta, no dan para colocar tres portas más para los cañones entre los obenques.   


Hay que tener en cuenta que quien realizó el exvoto pudo ser un gran marino pero no un experto en la elaboración de modelos y que movido por su ardor se propuso colocar cañones hasta donde no los había. También cabe la posibilidad de que en alguna de las anteriores restauraciones se hubiese “sobreartillado”  la nave con un número de cañones que no le correspondían. Al igual que “Amua”, creo que la fragata original donde navegó e hizo la promesa en un momento de angustia el autor debarra del modelo debió estar artillada con ocho cañones por batería, en total dieciséis cañones, tal y como aparece actualmente.
El día 1 de febrero de 2016 se arrió el exvoto para comprobar su estado. Tras una inspección ocular se comprobó que era perfecto. Yo mismo realicé una limpieza superficial a base de pincel plano para quitarle la capa de polvo que lo cubría. Tras ello, y la realización de las fotografías aquí mostradas, la nave fue izada de nuevo.
La imagen del autor del reportaje junto al modelo votivo dan una idea
 del tamaño y proporciones de la fragata votiva. 


 EXVOTO A LA VIRGEN DOLOROSA

El Segundo de los exvotos conservados en la iglesia de Santa María de Deba es un cuadro pintado al óleo en el que escrito a mano se adjunta una nota a modo de “collage” donde quien lo ofrece relata las circunstancias que motivaron esta ofrenda.


Exvoto probablemente donado por el propio capitán del paquebote San Miguel, el debarra Joaquín de Larraguibel. El citado capitán perteneció a una distinguida familia de constructores navales y marinos.

Fue ofrecido a la Virgen Dolorosa de la iglesia parroquial de Deba por un tripulante del paquebote San Miguel, alias El único, de la Compañía de La Habana, en 1775. Desde el punto de vista artístico no se puede catalogar como una obra de gran valor, pero sin embargo su valor etnográfico es incalculable.
La escena, un tanto naif, muestra la nave desarbolada batiéndose entre las olas. Sobre las aguas dos hombres que representan a los dos muertos durante el temporal. En lo que queda de la toldilla se aprecia a quien por su peluca y forma de vestir podría ser el capitán del buque: Joaquín de Larraguibel, natural de Deba y de familia probablemente originaria del caserío del mismo nombre, en Itziar. En la parte superior derecha del cuadro, entre nubes, la virgen dolorosa con el corazón atravesado por una espada.

El paquebote San Miguel al mando de Larraguibel, hacía la ruta La Habana-Cádiz y estuvo a punto de naufragar en las Bermudas. Tal y como aparece descrito en el texto,

  “el 7 de agosto hallándose a unas 68 leguas al oeste de la Bermuda le entró el Equinocio con tal furia que no es ponderable, el cual duró 48 horas sin amainar nada de su primer vigor antes por momentos se iba aumentando la tormenta: el día 9 parecía la mar una brasa de fuego, de modo que unidos los tres elementos de agua, viento y mar a cual más fuerte temimos se anegase el barco. En este conflicto no hallamos otro recurso que dar la popa al Viento y pedir a esta Divina Sra. se dignase aplacar la tormenta, pues nunca se veía el barco sobre el agua, sino combatido siempre bajo los golpes de Mar de suerte que a las 4 de la tarde fue preciso cortar el palo mayor: a las 9 de la noche entre muchos golpes de Mar vino uno tan furioso que le arrasó todo un costado, llevándose también toda la popa, alcázar, castillo, cubierta, artillería, lancha, bote, palos y respetos (…) y dos hombres, quedándose hecho una boya: en esta postura estuvo el barco debajo del agua arriba de 9 minutos hasta que desaguó por las portas de los cañones. El día 10 abonanzó el tiempo y hallándonos absolutamente sin tener de qué echar mano para armar una bandola, fue preciso cortar baos y tablas, con lo que determinamos arribar al puerto de Charlestown en la Carolina y entramos el 28 de dcho. y habiéndonos reparado allí del todo salimos para Cadiz el 31 de Enero de 76, a cuyo puerto llegamos el 28 de Marzo (…) día de esta imagen de DOLORES. ES VOTO a esta Virgen Dolorosa”.

Tras consultar algunos archivos, efectivamente pude constatar la existencia del capitán del paquebote Joaquín de Larraguibel e investigar algo sobre él, así como sobre el buque.
El San Miguel, alias El Único debió de ser construido en algún astillero vasco, probablemente guipuzcoano. En 1767 aparece citado cuando Carlos III decreta la expulsión de los jesuitas a Italia. Este buque transportó a 24 jesuitas vascos.
Años más tarde, en 1772, aparece citado como perteneciente a la Compañía Guipuzcoana de Caracas. El 8 de abril de ese año zarpaba de la Habana formando parte de una flota compuesta por dos navíos de guerra, San Rafael y San Nicolás de Bari, las urcas de guerra Peregrina, San Carlos y San Juan, los navíos mercantes Tallapiedra y Tardi, además de cuatro saetías. Dichos buque entre los que se encontraba el San Miguel arribaron al puerto de Cádiz el 20 de mayo con 7.386.770 pesos de oro y plata así como 4.995.555 pesos en frutos y diversos géneros. No es de extrañar que con tan preciado cargamento, los buques que realizaban la Carrera de Indias fuesen armados hasta los dientes.  

Esta es la breve historia de los dos exvotos marineros de Santa María de Deba.
Sirva este artículo para que todos, jóvenes y mayores, aprendamos a apreciar esos pequeños tesoros que forman parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio, tesoros que, como en este caso, penden sobre nuestras cabezas y que a menudo pasan desapercibidos.


sábado, 29 de diciembre de 2012

CINCO CAPILLAS CON HISTORIA

 
 
 
 
La iglesia parroquial de Santa María de Deba, Monumento Nacional del Estado desde el año 1931, es una de las grandes joyas de la arquitectura religiosa vasca.
Levantada en el siglo XV sobre una primitiva iglesia del siglo XIV, fue ampliada en el siglo XVI y concluida en el XVII. La financiación del templo corrió a cuenta del vecindario debarra, de ahí que, desde hace siglos, la fachada principal del templo luzca con orgullo el escudo de la villa.
Uno de los elementos más interesantes de este monumental templo son sus capillas góticas, construidas en el momento de mayor esplendor de la población.

Fue ése un momento en el que los impuestos procedentes del tráfico de lana castellana y de productos manufacturados exportados a Inglaterra, Francia, Flandes y otros países europeos, contribuyeron al enriquecimiento de la villa. Ni qué decir de los beneficios procedentes de las sustanciosas campañas balleneras a Terranova, organizadas éstas por familias locales, o de las también sustanciosas campañas corsarias en las que el rey se beneficiaba de una quinta parte del botín, "quinto real ", pero el armador de la nave, los tripulantes y de paso, la iglesia y el pueblo debarra en general, también fueron partícipes directa o indirectamente de aquellos beneficios.

De las seis capillas que hoy podemos visitar en la iglesia parroquial de Santa María de Deba, cinco de ellas fueron construidas para servir de oratorio y enterramiento a las más poderosas familias debarras de los siglos XV-XVI. La sexta, fue sacristía hasta que en 1714, finalizada una nueva, aquella pasó a desempeñar funciones de capilla.

Las cinco capillas privadas son una especie de libro abierto en el que han quedado escritos importantes pasajes de la historia de Deba, algunos de ellos dignos de la mejor película de acción. Pertenecen a los linajes de Irarrazabal, Sasiola, Zubeltzu, Aguirre y Andonaegui. Todas ellas tienen una gran historia; algunas, incluso leyenda.
He aquí algunas breves reseñas históricas de estas capillas y de sus propietarios. 

Capilla de los Irarrazabal, o de la Misericordia
Fue construida por la más importante de las familias debarras, prebostes de la villa desde su fundación en 1343, de ahí que ocupe un lugar preferencial: la primera en el lado del evangelio. Hasta hace unas décadas, esta capilla era también conocida con el nombre de "Valparaíso" o del "marqués de Valparaíso". Más adelante explicaré los porqués de esta curiosa denominación.

 
La casa solar de los Irarrazabal, desgraciadamente ya desaparecida, estaba situada a la salida del pueblo, en el barrio de Artzabal. Existen algunas vagas referencias sobre la antigua torre medieval pero en realidad lo único que se conserva de esta familia es el topónimo de un caserío situado junto al lugar donde se ubicó la torre, y la capilla-sepulcro de la familia, situada en la iglesia parroquial.
 
Sepulcro de los Irarrazabal o de Valparaiso. El paso del tiempo ha hecho que
las figuras talladas en la piedra se vean con dificultad.
En el centro se puede apreciar un caballero armado con espada y escudo
flanqueado por un hombre con lanza y otra figura sedente.
En ambos laterales, dos escudos irreconocibles, debido al desgaste de la piedra,
sostenidos por dos leones rampantes. Es de suponer que al menos uno de los
escudos sea el de los Irarrazabal.

En septiembre de 1394, siendo alcalde de Deba Fernán Miguelez de Irarrazabal y preboste Juan Ruiz de Irarrazabal, reunido el concejo en el interior del templo, fueron aprobadas las primeras ordenanzas de la villa de Deba, consideradas las más antiguas de Gipuzkoa ya que tres años más tarde, en 1397, verían la luz las primeras ordenanzas de la Hermandad de villas de Gipuzkoa.
 
Los Irarrazabal, además de ser dueños de diversas ferrerías,molinos, lonjas y cargaderos, fueron constructores y propietarios de barcos dedicados al comercio, al corso, o a la caza de la ballena en aguas de Terranova. Uno de ellos fue Martín Ochoa de Irarrazabal, alcalde de Deba en 1570, importante mercader, ballenero y capitán de mar, generalmente a bordo de sus propias naves al servicio de la corona. Murió  de un tiro mientras luchaba contra los ingleses a bordo de la nao "Felipe y Santiago" una de las naves de la conocida como "Armada Invencible".
 
Otro miembro destacado de esta familia fue Francisco de Andia Irarrazabal, nacido en Deba en 1536; caballero de la Orden de Santiago, paje en la corte del príncipe y más tarde rey, Felipe II, a quien acompañaría a Inglaterra para sus desposorios con María Tudor. Poco después embarcaría para América, llegando a Chile junto a su gran amigo, de origen bermeotarra, Alonso de Ercilla y Zúñiga, autor de la inmortal obra literaria " La Araucana".
 
Su hijo, Francisco de Andia Irarrazabal y Zarate, nació en Chile el año 1576 aunque pasó la mayor parte de su vida en Europa. Primogénito de siete hermanos fue sucesor de las casas de Andia en Tolosa y de Irarrazabal en Deba, población esta última donde había nacido su padre.
Su historial es de lo más interesante pues prácticamente no hay guerra ni cargo donde no se le nombre. Fue el chileno con más cargos y títulos, tantos que merece la pena hacer mención de, al menos, algunos de ellos:
Caballero de la Orden de Santiago, Trece de esta Orden, Comendador de Villoria y de Aguilarejo, primer vizconde de Santa Clara, Maestre de Campo General de infantería española, Veedor General del ejercito de Flandes, Gobernador de las armas del reino de Murcia, Gobernador y Capitán General de las Islas Canarias, Gobernador General de Chile, Gobernador General de Gibraltar, Capitán General de Orán y Mazarquivir, Virrey de Galicia, de Navarra y de Sicilia, Consejero de Estado y Guerra de Felipe IV, Gobernador de Artillería y Juntas de Guerra de Cataluña, Consejero de Guerra de Flandes, Capitán de Guardias del Archiduque Alberto y Comisario General del Ejército de Granada.
Se dice de él que sirvió a la corona sesenta años, recibiendo cuarenta y cinco heridas de guerra.
Fue cinco veces virrey, y Felipe IV le concedió el título de marqués de Valparaíso (título con grandeza de España que en la actualidad ostenta Don Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete.
Francisco Andia Irarrazabal murió en Madrid en octubre de 1659 y es muy probable, casi seguro, que como señor de la casa de Irarrazabal, su cuerpo fuese enterrado en el sepulcro de la capilla familiar de Deba. Esa podría ser la explicación a la anteriormente comentada denominación de la capilla-sepulcro como del "marqués de Valparaiso".

Haciendo mención a la personalidad de este personaje, me gustaría comentar una anécdota referente a él.
Hace unos días, interesado en conocer algún dato sobre su vida, me introduje vía cibernética en el Archivo Histórico Nacional. Mi labor fue premiada cuando conseguí hacerme con un documento fechado en 1636, momento en el que Francisco de Andia Irarrazabal era precisamente Virrey de Navarra, y año también en el que visitó Deba para supervisar la construcción de tres galeones de su propiedad que se estaban construyendo en los astilleros de esta villa guipuzcoana.
Es un documento del Consejo de la Inquisición referente a un "Proceso de fe" contra don Francisco de Andia-Irarrazabal y Zarate. Para ser breve, resumiré la anécdota diciendo que el señor Irarrazabal, Virrey de Navarra, no se cortó un pelo a la hora de imponer una severa multa al mismísimo obispo de Pamplona, don Pedro Fernández Zorrilla.   
Si Irarrazabal tenía carácter, el obispo no se quedaba atrás, pues según consta, el virrey vasco-chileno fue excomulgado con todas las de la ley, según los inquisidores, por ser sospechoso del "error de Inglaterra"; una vendetta en toda regla.  

Capilla de San Antón o de los Sasiola


Fue fundada por Martín Ochoa de Sasiola, llamado “el Tesorero” y por su esposa María Martinez de Zarauz, y en ella fueron enterrados. La capilla está dedicada a San Antón, por ser éste el santo protector del linaje de los Sasiola.
Martín Ochoa de Sasiola fue secretario del condestable de Castilla Pedro Fernández de Velasco, el hombre con más poder en el reino, tras el rey. Este miembro de la familia Sasiola fue uno de los personajes que el 25 de Noviembre de 1539, recibieron en el túnel de San Adrián al emperador Carlos V cuando entró en Gipuzkoa.


 
La capilla posee un pequeño pero precioso retablo tapizado con brocados de Flandes y muestra un maravilloso tríptico flamenco del siglo XVI que dice bastante sobre las relaciones comerciales de los Sasiola con los puertos de los Países Bajos.


El sepulcro, tallado en arenisca, luce a su derecha el escudo de Castilla-León. A la izquierda, otro intencionadamente destrozado por el cincel, que según algunos historiadores podría tratarse del escudo de la casa inglesa de Plantagenet. En el centro, en la parte inferior, el escudo de los Sasiola con la tau de San Antón y sobre éste, una talla con un jarrón de lirios alusivo a la Virgen, elemento hagiográfico mariano muy común, también presente en el sepulcro de los Aguirre.
En uno de los muros de la capilla existe una puerta cegada que en el pasado daba acceso al claustro. Tallado en el dintel de arenisca de esa puerta, en la parte del claustro, se puede apreciar el escudo de los Sasiola, propietarios de la capilla.
 
 

Los Sasiola, importante familia de mercaderes, tuvieron estrechas relaciones con la corona inglesa. No en vano, uno de sus miembros, Jofre Ibáñez de Sasiola, “El Bachiller”, tío paterno de Martín Ochoa de Sasiola, además de alcalde de Deba, formó parte del Consejo Real de Fernando el Católico, siendo también el primer embajador que tuvo el reino de Castilla-León en Londres. Curiosamente, una de sus labores en Inglaterra consistió en acordar el matrimonio entre la hija pequeña de los Reyes Católicos, Catalina de Aragón, con Arturo, Príncipe de Gales. Al morir Arturo al poco tiempo de la boda, ella contraería nuevo matrimonio con el hermano de su marido, Enrique VIII, con el que tuvo una hija: María Tudor, a la que con el tiempo, los anglicanos ingleses llamarían "Bloody Mary".

El escudo labrado en el sepulcro está sostenido por dos ciervos rampantes y muestra las flores de lis de la casa de Plantagenet. Curiosamente, en algún momento, quizás debido a algún episodio corsario frente a Inglaterra, este escudo fue dañado intencionadamente con un cincel. La imagen está forzada para que puedan apreciarse con claridad las tres flores de lis y los ciervos.







Otra de sus misiones del embajador debarra fue la de terminar con las guerras de corso entre los marinos vascos e Inglaterra, alguna de cuyas paces se firmó precisamente en Deba. Así sucedió en 1473 cuando en esta villa se reunieron los marinos vascos con los embajadores ingleses.
En reconocimiento a sus méritos, Jofre Ibáñez de Sasiola fue premiado por la corona inglesa con la más importante distinción en aquel país: Caballero de la Orden de la Jarretera. Jofre murió en Zumaia donde había fundado casa tras su boda con María López de Areizti.
El padre de Jofre Ibáñez de Sasiola, “el Bachiller”, llamado y apellidado igual que su hijo, fue además de alcalde de Deba, importante mercader y reconocido corsario. Un dato históricamente interesante que demuestra la actividad de sus negocios marítimos es que en 1488 Bartolomé Colón, hermano del descubridor, viajó a Londres en una nave de Jofre Ibáñez de Sasiola, padre, la cual fue abordada por corsarios alemanes que tuvieron secuestrado al hermano del almirante y descubridor genovés durante seis años.
    
Capilla de San Juan Bautista o de los Zubelzu.

Es popularmente conocida como “capilla de la hilandera” debido a que existe una leyenda romántica local que relaciona esta capilla con sus dos protagonistas: Andra Madalen y su hija Katalintxu, ambas, según la tradición, pertenecientes la casa de Zubeltzu.
Al parecer, al menos, en ella debieron ser enterrados Fernando de Zubelzu y su esposa María de Zuazola en la segunda mitad de mil quinientos, ya que los escudos de ambas casas aparecen tallados en el frontal del sepulcro familiar.

 
Los Zubelzu procedían de la torre del mismo nombre situada en el barrio de Mardari, pero su casa, dentro de la villa, estaba situada donde actualmente se encuentra el cine “Zubelzu”.
Esta familia era propietaria de naos destinadas al comercio, al corso, o a lo que hiciese falta. Así  tenemos que la nao "Concepción Mayor", de 486 toneladas y dieciséis cañones, propiedad de Juan Pascual de Zubelzu, fue una de las seis naves debarras que formaron parte de la Armada Invencible. Al mando de la nao iba su propio hijo, Manuel López de Zubelzu quien, como el resto de las naves de esta población, pudo arribar a puerto tras la desastrosa expedición.
Esta capilla está considerada como una de las más bellas del arte gótico en Euskal Herria.
En el friso labrado sobre el sepulcro se aprecia un Cristo crucificado, flanqueado por los doce apóstoles. El frontal del sarcófago muestra varios escudos heráldicos así como una escena del bautismo de Jesús y varios monjes orantes en procesión.
Arriba, dos bellas vidrieras que hacen referencia a los dos personajes protagonistas de la leyenda de La Hilandera: Anrdra Madalen y su hija Katalintxo.



Capilla de San Pedro
o de los Aguirre  
 
Perteneció a la poderosfamilia de los Aguirre, emparentada con las familias locales de los Sasiola y de los Irarrazabal. En ella fue sepultado en 1593 Fernando de Aguirre, pagador de armas y criado del rey Felipe II. Refiriéndose a él, el diplomático y político Luis López de la Torre Ayllón y Kirsmacker escribió:
“Este don Fernando fue uno de aquellos secretarios de Felipe II, a quienes el monarca confiaba el desempeño de cargos o comisiones especiales.
Residía por lo común en Guipúzcoa, y allí atendía a la fabricación y pago de las armas destinadas a las huestes españolas”.
Su casa, situada en la calle del Astillero es, junto a la de los Sasiola, uno de los dos edificios que se conservan, pertenecientes a las familias propietarias de capillas en la iglesia parroquial de Deba.

 
Los Aguirre fueron importantes mercaderes y marinos ocupando relevantes puestos tanto en la mar como en tierra. Uno de ellos, San Juan de Aguirre, fue almirante de una escuadra de la armada del mar océano y posteriormente Almirante General con don Alonso de Bazán.
 Debido a la unión de miembros de la familia Aguirre con los Irarrazabal, en esta capilla están enterrados varios Irarrazabal casados con mujeres de la familia Aguirre.
El sepulcro, como el de las demás capilla está tallado en piedra arenisca y muestra la escena de la anunciación de la Virgen. Entre el ángel y la Virgen puede apreciarse el jarrón con los lirios, elemento que hace referencia a la madre de Jesús.
 

Capilla de Santo Domingo o de Andonaegui
 
 
Perteneció a la familia Andonaegui, de la casa conocida como “Deva-echea” o “Comendadorecua” situada en la calle actualmente denominada Lersundi.
En esta capilla está enterrado Juan de Andonaegui, comendador de la Orden de Caballería de San Lázaro y secretario durante once años, de la embajada de España en Roma, en tiempos de Felipe II.
Hombre políglota, se dice de él que hablaba siete idiomas. Fue responsable de la correspondencia cifrada entre el rey español y el papado, incluida la referente a la batalla de Lepanto.
 
Los papas Pío V y Gregorio XIII le concedieron numerosas gracias y privilegios, tanto a él como a la iglesia parroquial de Deba y a su propia casa, destinada al parecer a convertirse en convento de monjas donde pensaban ingresar sus propias hijas. No se sabe si efectivamente su casa, "Deva-echea", pasó a convertirse en convento. Lo que si sabemos es que sus hijas ingresaron en la orden de las madres Brígidas tomando los nombres de Mencia de Jesús María y de Engracia de Christo y que fueron cofundadoras, junto a Doña Marína Escobar, del convento de Brígidas de Valladolid, así como otro convento de la misma orden en Vitoria.
 
Las gracias para con Don Juan de Andonaegui no solo llegaron de los papas, ya que Felipe II,  le otorgó una pensión vitalicia de mil ducados anuales.
Cuentan de él, que debido al intensisimo esfuerzo al que sometió a sus ojos por
motivo de su profesión, fue perdiendo visión hasta el punto de quedarse practicamente ciego. Y efectivamente parece ser cierto, pues en dos cartas suyas fechadas en Madrid en julio y noviembre de 1584 y dirigidas a su colega Cristobal de Salazar, secretario de la embajada española en Venecia, Andonaegui le agradece el envío de unos anteojos para su gran miopía, encargándole le haga llegar seis pares más.