viernes, 8 de abril de 2016

NOSOTROS LOS TURRILLAS.



NOSOTROS LOS TURRILLAS

Siempre me he sentido orgulloso de mi apellido, y mucho más a partir de haber profundizado en su historia.
Gracias a la facilidad que hoy nos proporcionan las modernas redes sociales, a menudo me llega información sobre la existencia de gentes que habitan en los lugares más dispares del globo y que como antes mi padre, José Turrillas Bordagaray, y ahora yo, mis hermanos y mis hijos, se apellidan Turrillas. Acordándome de todos ellos, de todos los Turrillas, me he decidido a plasmar algunas referencias históricas sobre nuestro apellido, sobre nuestra historia. 

Escudo de armas de los Turrillas.
 Cuartelado: primero y cuarto, de plata,
 con una cruz flordelisada, de azur,
y segundo y tercero, de gules,
 con un escudete de plata,
 con el jefe de azur.





No falta quien ha querido ver una raíz "eúskara" en este apellido, situando su origen en la palabra "urra" (avellana) , y "urrilla", que junto a la "T" protética pudiera haber formado el apellido Turrillas (Avellaneda). Pero los documentos más antiguos y las teorías más modernas parecen desechar  este argumento.
A pesar de ser un apellido netamente vasco, su origen es absolutamente latino, más concretamente románico; tan latino y a la vez tan vasco como lo son los nombres de las poblaciones navarras de Arakil (del latín "Ara coeli"), o Muniain (del onomástico latino Munius transformado posteriormente en Munio), o latino también como lo fue la lengua hablada, además del euskara, en los primeros siglos del Reyno de Pamplona: "el Romance Navarro".
Creo necesario mencionar que los primeros documentos escritos del reino pirenaico lo son tanto en Latín como en Romance Navarro y en Occitano.


La foto de Simeón Hidalgo Valencia
muestra la clave del arco de la casa de
Hualde  en la que está tallado el escudo
 de armas de los Turrillas. No es descabellado
pensar que esta clave originalmente pudiera
haber estado ubicada en el edificio conocido
como "antiguo palacio".


Etimológicamente el apellido Turrillas procedería del sustantivo latino "turris" cuyo significado es el de "torre". Las "turris" eran torres de vigilancia y defensa  construidas en tiempo del Imperio Romano. Solían estar situadas en lugares elevados o en puntos estratégicos y vías de comunicación.
Fueron al parecer esas "turris" las que dieron lugar a apellidos como Turrillas, Turryellas, Torrelles, Torrellas o Torres, todos ellos con la misma raíz latina, y hoy extendidos por la geografía vasca, catalana, hispana o incluso americana. Fueron también otras torres, las de los “jauntxos” o señores medievales, éstas ya posteriores, las que dieron lugar a apellidos tan “euskaldunes” como Torreaga, Dorreaga, Dorregaray, Torreluze, Torrezabal o Torrontegi, todos ellos con la misma raíz latina que Turrillas.


Placa de cerámica situada en el muro de una de las casas de Turrillas.
                           
Y debió ser también una, o quizás varias de aquellas primitivas “turris” las que dieron nombre hace ya muchos siglos a la población navarra de Turrillas, situada en el valle de Izagaondoa, al pie de la carretera que discurre entre Aoiz y Lumbier. De ella dice la Gran Enciclopedia  Navarra  que es “Antiguo lugar de señorío nobiliario, documentado ya a comienzos del siglo XII”.

Recuerdo que hace años, cuando mis hijos eran muy pequeños, visité por primera vez el pequeño pueblo de Turrillas. Para mí, un gipuzkoano con genes navarros fue algo parecido a cumplir con una obligación; me sentí como el musulmán que por primera vez visita la Meca. Aún recuerdo que charlando con un matrimonio del pequeño pueblo, me comentaron que la escuela, ya en desuso desde hacía muchos años por falta de niños, había sido construida con las piedras del castillo.



En un interesante trabajo sobre las casas del valle de Izagaondoa, publicado por Simeón Hidalgo Valencia en su magnífico blog cultural, este hace referencia al edificio conocido como "antiguo palacio" de Turrillas, y dice que "ha venido a menos de su antigua gloria y linaje". También dice que " la imaginación puede ayudarnos a levantar la torre que algunos de nuestros mayores llegaron a ver".
Personalmente opino que el "castillo" del que se sacaron las piedras para la edificación de la escuela del pueblo debió ser éste, y que en realidad la antigua torre o castillo debió ser destruida tras la invasión y posterior conquista de Navarra por las tropas castellanas en 1512, quedando tan sólo la base de la antigua torre.  



Edificio conocido como "antiguo palacio" en Turrillas. ¿Son éstos los
restos de la antigua torre de Turrillas que dieron origen al apellido?.
                                                                     

  Los Turrillas en la historia

Antes de nada creo importante mencionar que a veces, en los documentos más antiguos, el mismo Turrillas, bien se trate de personas o de la población navarra, aparecen citados de diversas maneras tanto en los textos escritos en romance navarro como en occitano, latín, francés o castellano antiguo: esto es Turrillas, Turrilles, Turrieyllas, Torrelles o incluso Torrellos.
Interesado por  ahondar en la historia de nuestro apellido me di el gusto de buscar y rebuscar referencias históricas de todo tipo; desde documentación antigua a libros, o ensayos de diversos autores.

El primer Turrillas del que tengo conocimiento aparece citado en un documento navarro fechado el año 928. Se trata de la confirmación de la demarcación de Benasa (Navarra) y Catamesas (junto a Sos del Rey Católico, actualmente provincia de Zaragoza),  realizada durante el reinado de Fortún Garcés, y corroborada por Jimeno Garcés y García Sánchez I.  El documento está firmado por Salitu de Turrillas. 

El segundo Turrillas del que tengo noticia aparece en el cartulario de Albelda (actualmente, Comunidad de La Rioja). Tres documentos del citado cartulario  del año 1063, aparecen firmados por “Fortunio Eximinones in Turrilias. Curiosamente como veremos más adelante, la firma de algún Turrillas como notario del Reyno o de la ciudad de Pamplona será una tónica habitual a lo largo de los siglos.

El tercer Turrillas del que tengo referencias  es un interesante personaje llamado Ximen Garzeiz de Turrillas.  
Aparece citado en diversos documentos y libros como protagonista de un hecho real, probablemente acaecido entre los años 1065 y 1075, durante los reinados de Sancho Garcés IV de Pamplona (Navarra) conocido como el de Peñalén, y el  de Sancho II o Alfonso IV de Castilla.  
El caso es que durante esos reinados tuvieron lugar varios conflictos armados por el dominio de varios castillos fronterizos entre los reinos navarro y castellano; uno de ellos el de Pazluengas (Pazuengos, La Rioja).

Al parecer uno de esos conflictos se dirimió según cuentan las crónicas navarras y castellanas mediante lo que se denominaba “Juicio de Dios” u “Ordalía” es decir, la lucha a muerte entre dos caballeros;  en este caso  entre los alféreces de los reyes de Navarra y de Castilla, Ximen Garzeiz de Turrillas y Rodic Diaz de Vivar, más conocido como el “Cid Campeador” o “Mio Cid”.
Este tipo de duelos era muy normales por entonces, ya que con ello se evitaba la lucha entre dos ejércitos y en consecuencia, la pérdida de muchas vidas humanas.
Esta es la narración de los hechos en la Crónicas Navarras (1154-1194), en los que tras más de una hora de lucha, primero a caballo y después pié a tierra, el caballero navarro llevó las de perder.

“Pues combatió Rodic Diaz por su seinor el Rey Don Alfonso con Ximen Garceiz de Turrillas, qui era muy buen Cabero, & matolo”.

También las crónicas castellanas relatan de forma parecida los hechos; así aparece narrado en la Primera Crónica General de España, escrita en 1289:

«Esse anno  otrossi lidio Roy Diaz el Cid con un caullero de los meiores de Nauarra, que auie nombre Xemen García de Torrellos, un por otro, por
su sennor el rey don Alffonso, sobre el castiello de Pazluengos
et otros castiellos, et uenciol; et ouo el rey don Alffonso los castiellos.”

           
La imagen, ligeramente retocada en la veste y el escudo del caballero de la derecha,
corresponde a la película "El Cid" y podría representar la lucha u "ordalía" entre el Cid
 y Xemen Garzeiz de Turrillas. Este último luce en su veste el amarillo con el símbolo
(el águila negra de los Pirineos o "Arrano beltza") del antiguo reino de Pamplona. El escudo
de Xemen, alferez del rey de Navarra, muestra las armas de los Turrillas.

Avanzando cronológicamente, vemos como numerosos documentos del reino navarro y de la ciudad de Pamplona vienen avalados y firmados por un buen número de notarios con el apellido Turrillas; probablemente todos ellos fueron miembros  de la misma saga; entre ellos tenemos a Garzia de Turrillas, Andreu Martiniz de Turrillas, Pedro Martiniz de Turrillas, y Martín Peritz de Turrillas, este último el más importante por el volumen de documentos en el que aparece como “Notari publjc e jurat del conseyll de la cjutat de la Navarriria de Pomplona”.

Y así llegamos hasta el reinado de Carlos II “el Malo”; con él se instauraba la dinastía de la casa francesa de Evreux en Navarra. El sobrenombre no le era gratuito ya que al poco de comenzar su reinado, con tan solo 17 años, hizo demostración de sus dotes ahorcando a ocho miembros de la democrática junta de labradores de Miluce y despeñando y azotando a otros muchos. El hartazgo de la población debido a los impuestos abusivos a los que era sometida hizo que en 1386, estando ya a punto de morir, tuviese lugar un hecho tan relevante como poco conocido en la historia de Navarra. Se trató de una verdadera revuelta social cuya intención fue la de derribar la monarquía navarra y estuvo  encabezada por Andrés de Turrillas, muy probablemente familiar de alguno de los conocidos notarios. Los hechos duraron veintidós días al cabo de los cuales el líder Turrillas fue detenido, ahorcado y descuartizado.
Es curioso el tratamiento que se hace de los hechos en la “Crónica de los Reyes de Navarra” escrita, claro está, por el Príncipe de Viana, o en los “Annales de Navarra”, en los que el rey “malo” es el santo, y Turrillas el diablo rebelde.
Así relatan los Annales de Navarra los hechos acaecidos :

“Assi sucedió en Pamplona: un hombre de poca esfera, llamado Andres de Turrillas, y algunos otros, que se le agregaro, pareciéndoles que ya el Rey no era mas, que una sombra de sy mismo, y que era buena ocasión para gobernar ellos la Republica, y remediar los males, ò verdaderos, ò imaginarios de ella, sembraron entre los demàs vecinos una muy perniciosa zizaña contra los Burgueses de la Ciudad (assi llamaban en aquel tiempo à los Regidores) sobre la tassa de las cosas, y entrada de ellas, y sobre la mala administración de las rentas publicas: esparcieronla también en los lugares de la comarca, y brotò en motin general, que durò veynte y dos días con grandes escándalos, y daños. El Rey, que aun tenia alma en el cuerpo, dio con mucha prudencia, y presencia de espíritu los ordenes convenientes, para que los Alcaldes de Corte, sin que los amedrentasse el furor popular, hiziessen justicia de los amotinados. Hizieronla con efecto, mandando ahorcar, y desquartizar à Turrillas, y à otros tres de los mas culpados…” 

Curiosamente a los pocos días del ajusticiamiento de Andrés de Turrillas murió el rey navarro. Y aunque murió en la cama lo hizo de forma trágica pues al galeno de la corte no se le ocurrió mejor cosa para aliviar los males y atroces dolores del monarca que envolverlo en una sábana impregnada de aguardiente. El asunto terminó mal pues la llama de la lamparilla del galeno hizo que los vapores desprendidos del licor inflamasen los regios lienzos, muriendo el “rey malo” literalmente achicharrado. Siempre he pensado que aquella muerte fue consecuencia de una maldición de  Andrés de Turrillas.

Dando un gran salto en el tiempo hasta llegar a comienzos del siglo XX, no quisiera pasar por alto a otro Turrillas, también éste tan luchador como los anteriores: Francisco Turrillas Bordagaray, hermano de mi padre.
Nacido en Donostia-San Sebastián, trabajó como redactor del periódico La Voz de Guipúzcoa. Al declararse la Guerra Civil se enroló en el batallón Euzko Indarra de ANV (Acción Nacionalista Vasca) del que fue comisario político, ejerciendo al mismo tiempo como corresponsal de guerra y redactor del periódico Tierra Vasca.
Encarcelado tras la rendición de Santoña, fue juzgado y condenado a muerte en la prisión del Dueso de donde se fugó pocas horas antes de ser ejecutado, llegando a pie hasta San Juan de Luz. Expulsado por las autoridades francesas, después de pasar un año oculto en Donostia,  consiguió llegar a pie hasta Lisboa y desde allí pasar a México tras vivir numerosas y arriesgadas peripecias.






Francisco Turrillas Bordagaray pocos años antes de su muerte,
durante la única visita que realizó a su amada Donostia en todo
su largo exilio mejicano.

Ya en Mexico, fue fundador y primer director de “Euzko Deya”, en contacto directo con el navarro  Manuel de Irujo, por entonces miembro del Gobierno Vasco en el exilio y refugiado en Londres.
Fue también editor y director de la revista “Cancha”, y colaborador con numerosos medios periodísticos mejicanos de la época.
Entre sus libros destacan “Sobre el Mismo Lodo”, “La Pelota es Redonda”, “Sirimiri” y “Neuk”; en este último relataba la interesante vida de quien fuera campeón de cesta punta, el pelotari ondarrutarra Guillermo Amuchastegui.
Curiosamente, una conocida empresa cinematográfica norteamericana quiso realizar un largometraje basado en otro de sus libros: “Sobre el mismo lodo”, libro autobiográfico en el que relata su estancia en el penal del Dueso así como su fuga y vicisitudes hasta llegar a Mexico.

Francisco Turrillas Bordagaray, administrador  durante años del Centro Vasco de Mexico D.F , y a quien el escritor Miguel Pelay Orozco definió como “periodista de pluma muy suelta y galana”,  falleció en la capital mexicana el año 1987 siendo enterrado en el panteón del Centro Vasco, el mismo en el que en 1919 había sido enterrado el famoso tenor bizkaino Florencio Constantino Carral.

   
No quisiera acabar este breve recorrido por la historia dejando una sensación
ácida que nos lleve a pensar que los Turrillas hemos sido históricamente defensores de causas perdidas, hecho que por otra parte le otorga un cierto halo romántico.  
Para ello nada mejor que finalizar este apartado con otro notable Turrillas: Manuel Turrillas Ezcurra, músico y compositor inmortal nacido en Barasoain el año 1905. Durante cincuenta años fue miembro de la conocida banda “La Pamplonesa”. Autor de más de 400 composiciones  entre las que se incluyen pasacalles, zortzikos, jotas, auroras y pasodobles, fue considerado como un dinamizador y animador excepcional de las tradiciones, las fiestas y la cultura  pamplonesa y navarra. Y cómo no, fue autor del himno del Club Atlético Osasuna. Un dato curioso para quien lo desconozca: también don Manuel fue el autor del popular “A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón…”, entonado por los mozos pocos minutos antes de los encierros de Pamplona.
El “Maestro Turrillas” falleció en la capital navarra en octubre de 1997.
Un dato interesante es que la semilla sembrada por el músico navarro no solo
dio vida a numerosas partituras musicales: también una de sus nietas, Alicia Griffiths Turrillas es una renombrada arpista que ha actuado con numerosas orquestas europeas.
Decir también que una de las hijas del compositor navarro, María Dolores Turrillas, es la esposa de quien fuera presidente del Gobierno Foral de Navarra, Juan Cruz Alli, cuyos hijos ostentan el Turrillas como segundo apellido.





   
Manuel Turrillas Ezkurra y su nieta Alicia Griffiths Turrillas; dos generaciones unidas por la sangre y la música. 

El apellido Turrillas
en Navarra, en Euskal Herria, y en el mundo.

El apellido Turrillas es muy poco común no solo en Euskal Herria sino también en el resto del mundo. En realidad somos pocos…pero bravos.
La Comunidad Autónoma de Navarra es la que registra un mayor número de personas con este apellido que ocupa el puesto 636 entre los más comunes en dicha comunidad donde están censadas 176 personas con Turrillas como primer apellido y 218 como segundo apellido. En Navarra se concentra prácticamente el 60% de los habitantes apellidados Turrillas en todo el estado.

Aparte de en Navarra, el mayor número de Turrillas se concentra en Donostia-San Sebastián y en Gipuzkoa donde según los datos que he podido conseguir en el Archivo Diocesano de Donostia-San Sebastián (Registros Sacramentales), todos los Turrillas gipuzkoanos descendemos del matrimonio formado por los navarros Eugenio Turrillas Landa y Martina Imirizaldu Belzungui: mis bisabuelos; padres de mi abuelo paterno, Carlos Turrillas Imirizaldu, nacido en Donostia en enero de 1873 y casado con la pasaitarra Gregoria Bordagaray Gamboa.
Según cuenta mi familia, el bisabuelo Eugenio tuvo la última diligencia que hizo el recorrido entre Iruñea-Pamplona y Donostia. Al afincarse en la capital guipuzcoana trabajó como chófer del duque de Mandas. Posteriormente compró un automóvil a motor que, cosas de la historia, fue el primer taxi a motor de Donostia –San Sebastián.
Tuvo seis hijos (cinco chicos y una chica) llamados Juan Julian, Francisca Guillerma, José María Antolín, Carlos (mi abuelo), Ramón y Juan Manuel Turrillas Imirizaldu.
Eugenio falleció en Donostia el 15 de noviembre de 1897, celebrándose los funerales en la basílica de Santa María del Coro.


Anuncio editado en la "Guía de Guipúzcoa" del año 1898.
Corresponde al comercio que en la calle Narrica de Donostia-San Sebastián
 poseía Francisca Turrillas Imirizaldu, hermana de  Carlos Turrillas Imirizaldu, mi abuelo. 


En el Territorio Histórico de Gipuzkoa están censadas 68 personas con Turrillas como primer apellido y 37 como segundo; esto es, el 22,82 de los habitantes apellidados Turrillas en el estado.
De estos sencillos números se deduce que prácticamente el 83% de los Turrillas del estado residimos en Navarra o en Gipuzkoa.

Además de estos territorios, también existen algunos Turrillas en Bizkaia, unos cuantos en Barcelona, Valencia  y otros pocos en Madrid, seguramente todos ellos de origen navarro. He podido constatar también, la existencia de varios Turrillas en París (de mi propia familia), Chile y  Argentina que, por cierto, espero lean este artículo sobre su apellido porque al fin y al cabo todos los “Turris” procedemos del mismo palo.   

Una Curiosidad
Además de la población navarra de Turrillas existe otra con el mismo nombre en la provincia de Almería pero que nada tiene que ver con nuestro apellido. Según he podido constatar, curiosamente en esa provincia andaluza no existe ninguna persona apellidada Turrillas.



Si eres un Turrillas…
Si eres un Turrillas, de primer o segundo apellido, vivas donde vivas, y dispones de información, datos, o anécdotas de interés sobre nuestra historia  y nuestra gente, estás invitado a colaborar a través de esta página. Todos los Turrillas tenemos cabida en ella.
Si lo deseas, tu nombre y contacto  pueden ser incluidos en un listado en el que todos los “Turris” tenemos un lugar.
Esta entrada será actualizada periódicamente con las informaciones recibidas.
Para comenzar inserto el primer paquete de Turrillas, el para mí más cercano: mi propia familia. Según vaya recibiendo información lo iré ampliando.


RAMA DESCENDIENTE  DE:
Eugenio Turrillas Landa (Iruñea-Pamplona).
Carlos Turrillas Imirizaldu (Donostia-San Sebastián).
José Turrillas Bordagaray  (Donostia-San Sebastián, asentado en Deba).

Nombre y apellidos                  Población de residencia       Contacto
Turrillas Aranzeta, Alex              Deba, Gipuzkoa                alex@kaioa.net
Turrillas Aranzeta, Ana               Donostia-SS , Gipuzkoa
Turrillas Aranzeta, José Luis      Anglet, Lapurdi
Turrillas Aranzeta, María José    Vitoria-Gasteiz, Araba
Turrillas Aranzeta, Cayetana      Donostia-SS, Gipuzkoa
Turrillas Aranzeta, Pablo            Deba, Gipuzkoa                pablo@kaioa.net
Turrillas Aranzeta, Inmaculada   Deba, Gipuzkoa
 
Turrillas González, Karlos           Deba, Gipuzkoa
Turrillas González,  Alex             Deba, Gipuzkoa
Turrillas Unhassobiscay, Jon      Anglet, Lapurdi
Turrillas Unhassobiscay, Ana     Anglet, Lapurdi
Turrillas Rodríguez, Malen         Deba, Gipuzkoa
Turrillas Rodríguez, Elene          Deba, Gipuzkoa

Echegaray Turrillas, Getari         Bilbao
Suinaga Turrillas, Patxi               Vitoria-Gasteiz
Suinaga Turrillas, Paul                Vitoria-Gasteiz
Abrahamsohn Turrillas, Irene      Donostia-San Sebastian
Calleja Turrillas, Paula                Deba, Gipuzkoa
Saa Turrillas, Lucia                     Deba, Gipuzkoa

RAMA DESCENDIENTE DE:  
Eugenio Turrillas Landa (Iruñea-Pamplona).
Carlos Turrillas Imirizaldu (Donostia-San Sebastián).
Casildo Turrillas Bordagaray  (Donostia-San Sebastián)
Apellidos y nombre                             Población                     Contacto
Turrillas Echegoyen, María José     Donostia-San Sebastián
Turrillas Echegoyen, Casildo           Donostia-S.S. (fallecido)
Turrillas Echegoyen, Tomás            Donostia-S.S. (fallecido)

Turrillas Ibañez, María José               Donostia-S.S.
Turrillas Ibañez, Carlos                              “
Turrillas Ibañez, Gloria                               “
Turrillas Las Heras, Arturo                         “
Turrillas Las Heras, Alberto                        “
Turrillas Las Heras, Eva                             “
Turrillas Las Heras, Tomás                  (fallecido)
Iturrizaga Turrillas, Agustín               Donostia-San Sebastián



RAMA DESCENDIENTE DE:
Eugenio Turrillas Landa (Iruñea-Pamplona)
Carlos Turrillas Imirizaldu (Donostia-San Sebastián).
Gregorio Turrillas Bordagaray (Donostia-San Sebastián, asentado en París. Tras ser hecho prisionero, murió fusilado en el cementerio de Cuenca junto a su hermano Carlos durante la última Guerra Civil. Se había alistado en París en las Brigadas Internacionales). 

Apellidos y nombre                            Población                        Contacto
Turrillas, Jacques                                      París
Turrillas, Monique                                      París


 


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martes, 23 de febrero de 2016

AQUELLOS VIEJOS CAPITANES

                               INDIOS AMERICANOS EN DEBA 

A menudo, cuando veo la falta de calidad de los actuales guiones cinematográficos, suelo acordarme de un hecho real que merecería ser plasmado en el mejor de los celuloides.
Sucedió hace muchos años, concretamente en 1620 y sus protagonistas fueron el capitán de balleneros debarra Francisco de Sorarte y una familia de nativos americanos que tras ser embarcados contra su voluntad en un navío vasco, fueron traídos junto a la canoa en la que navegaban, al puerto de Deba. Como testimonio del hecho, en mi anterior entrada mostraba una fotografía de dicha canoa, conservada como exvoto hasta fechas relativamente recientes en la sacristía del santuario de Itziar.




Vidriera de absoluto sabor marinero dedicada a la Virgen de Itziar
 y situada en la capilla de esta Virgen en la iglesia parroquial de Deba.
Alrededor de la nave, la leyenda "Agur Itziarko Birgiña Ederra Agur Ama
Maite Itzasoko Izarra".

Francisco de Sorarte
La historia de Francisco de Sorarte, "Soarte" para los debarras, es la de un "Quijote" bascongado que con tal de cumplir sus designios, espiritualmente hablando, no se le ocurrió otra cosa que raptar a un matrimonio indio y a su pequeña hija y traerlos al puerto de Deba.
Al pobre indio no debió hacerle gracia la cosa, pues según el vicario de Deba, Pedro Joseph Aldazaval Murguia, quien en 1767 nos transmitía los hechos, el pobre salvaje "salió tan bravo, y montaràz, que fueron inútiles todas las diligencias, y fue preciso tenerle todo el año en prisiones por su crueldad, y sevicia".
No sucedió lo mismo con la mujer y la niña, las cuales fueron bautizadas en Itziar y allí se quedaron, aprendieron la lengua bascongada, y murieron.

Pero nada mejor que leer el escrito del antiguo vicario de Deba para hacernos idea de la "grandiosa gesta" de Soarte, hecho poco conocido pero como antes decía, digno de la mejor de las películas.


La escena de esta pareja de nativos canadienses con su hija nos transportan
al momento en el que el capitán Francisco de Sorarte los "raptó" con  todas sus
buenas intenciones para traerlos al puerto de Deba. 


… La verdad del hecho es, que habiendo pasado à Terranova el Capitan Don Francisco de Sorarte, vecino de esta Villa de Deva no muy lejos de los años del Nacimiento del Señor de 1620. Cogió la tripulación de su Nave una Galerilla pequeña, ò Canoa, en que navegaban por aquellas costas un hombre, y una mujer con una hija muy tierna de aquellos, à quienes los Navegantes los llaman Salbages, y que sin conocimiento de Dios, y de su verdadera Ley pasan en los Montes infelizmente la vida sin casa, ni habitación con tal carencia de comodidad humana. Tuvo grande compassion, y lastima de su suma infelicidad el Capitan, y mandò regalarles mucho, todo el tiempo, que se detuvieron en la pesca. Despues le vino à ofrecérsele, que seria mejor llevarlos à su casa, è instruirlos en nuestra Santa Fè , para hacerlos participantes de las riquezas del Cielo; y con este animo los trajo en su compañía à su Lugar, y juntamente la Canoa, ò Galerilla. Y aunque en el hombre no se pudo lograr el intento, porque salió tan bravo, y montaràz, que fueron inútiles todas las diligencias, y fue preciso tenerle todo el año en prisiones por su crueldad, y sevicia, hasta que el año siguiente lo volvieron à aquellos Paises incultos, para continuar su infelicidad, consiguió en Madre, è Hija el fin, que pretendía este piadoso bien hechor.
     En breve tiempo aprehendieron la Lengua Bascongada, y se hallaron instruidos en los rudimentos, y Misterios de nuestra Sagrada Religion, y con deseo de detestar sus errores, y vivir entre los Catholicos, sin volver à su antiguo modo de vivèr. Alegre el Capitan, de haver logrado en mucha parte su deseo, determinò bautizarlos en el insigne Santuario de Nuestra Señora de Iziar, reconociendo sin duda, que como Sagrada Estrella del Cielo havia guiado à estos Gentiles al logro de su mayor dicha, como la de los tres Magos, refiere el Sagrado Texto.

Seguramente la india y su criatura traídas por Sorarte al puerto de Deba, fueron
muy parecidas a las de la fotografía. La pequeña fue bautizada con el nombre
de "Maria de Iziar".

Hizose la función con gran pompa, y solemnidad, para lo qual convidò lo mas Noble, è ilustre del Lugar, y Cavildo Eclesiastico, y sirvió de Padrino el mismo Capitan Sorarte à las recién convertidas en las sagradas Aguas del Bautismo, y después diò un muy solemne combite à todos los asistentes. Para el mayor colmo de todas las dichas, que consiguieron este dia pusieron à la Niña el nombre de la Santisima Virgen llamándola Maria de Iziar, por pronostico feliz de que le nació entonces su mejor Estrella, con cuyo superior destino conseguiría la eterna felicidad, como muy piadosamente se puede presumir de las circunstancias de su muerte.
      Muriò de pocos años, habiendo vivido hasta entonces en casa del referido Capitan Sorarte; mas fue cosa notable, que estando yà en los últimos passos de su vida advirtieron los de casa, que de repente se llenò de un extraordinario gozo, y alegría, y preguntándole los circunstantes el motivo?  Respondio la inocente doncella, que porque estaba presente una hermosa Señora, llena de luces, y resplandores: Y admirada, de que no la viesen los demás, que estaban en su compañía, les preguntaba: Si no la veian? Y diciéndola, que no, y que señalasse el parage, en donde estaba: Ella señaló hacia los pies de la cama, asegurando, que desde allí le estaba alegrando, y consolando, con su hermosa y gustosa presencia; con lo qual se persuadieron todos, que sin duda la Sacratissima Virgen de Iziar, que en vida la hizo tan señalados favores, la assistia en su muerte, para guiar aquella dichosa alma al puerto seguro de su felicidad; porque entre jubilos, y alegrías dejó el cuerpo para volar a la Gloria..." .



viernes, 19 de febrero de 2016

DOS EXVOTOS

 LOS EXVOTOS MARINEROS DE SANTA MARÍA DE DEBA


                                               Dedicatoria
A Carlos de Iracheta, porque desde que siendo niño, y veraneando en Deba, jamás ha olvidado la nave votiva que pende de la bóveda de Santa María.


Un exvoto es la ofrenda que los fieles dedican a Dios, a la Virgen o a un santo como recuerdo y en agradecimiento a un favor recibido de éstos. Los exvotos suelen o solían ser colocados o colgados en los muros y techos de las iglesias, ermitas y santuarios. Eran muy diversos, pudiendo consistir en una muleta, una figura de cera, cabellos, un cuadro, la reproducción a escala de un barco, o incluso una mortaja. Recuerdo que siendo joven visité el santuario de Nuestra Señora de Montenero, cerca de la ciudad italiana de Livorno. Había cientos, miles de exvotos, pero el que más me impresionó fue el de una camiseta totalmente ensangrentada en la que se podía apreciar el agujero producido a la altura del pecho por la entrada de una bala. La ofrenda, que incluía la bala extraída al herido, había sido realizada por un soldado durante la guerra entre Italia y Austria en 1866.



La histórica fotografía perteneciente el archivo de la familia Aguinagalde de Itziar muestra varios exvotos situados en el pasado en la sacristía del santuario. Además de la canoa traída de Canadá en 1620 por el capitán ballenero, FranciscO de Sorarte, pueden verse varias muletas y en la parte superior, bajo la canoa, varias esposas donadas al parecer por antiguos cautivos en tierras de infieles.

También recuerdo haber visto la sacristía del santuario de Itziar completamente llena de exvotos de todo tipo, incluso el de una pequeña embarcación nativa americana traída al parecer de tierras canadienses en 1620 por el  capitán de balleneros itziartarra Francisco de Sorarte. Según consta, Sorarte no sólo trajo la canoa sino también a la familia india que la tripulaba, un matrimonio con su hija de corta edad. Como no podía ser de otra forma, la niña india fue bautizada en Itziar con el nombre de “María de Iziar”.

Haciendo referencia a los exvotos del santuario de Itziar, en la página 167 del libro titulado “Breve Historia de la Aparición del más Luminoso Astro, y Brillante Estrella de la Mar, la Milagrosa Imagen de Maria Santisima de Iziar”, escrito por Pedro Joseph Aldazabal  Murguia y editado en 1767, el autor hace la siguiente mención a los exvotos donados al santuario por gentes que habían estado cautivas de los “infieles” en tierras de moros:
“a pesar del memorable descuydo, que ha habido en las cosas de este Santuario, han llegado hasta nuestra edad 24 grillos, y esposas de fierro, una argolla, y una cadena, que se conservan pendientes en las paredes de la Santa Iglesia; de manera, que podemos afirmar, que la milagrosa Imagen de Iziar es, y ha sido una Piadosa, y Sagrada Redemptora de los Cautivos Chistianos, como le llamo un Devoto”.

Prácticamente nada se conserva de aquellos exvotos que colgaban de los muros y techos del santuario. Los pocos que han llegado a nuestros días son los exvotos marineros que penden de la techumbre de la iglesia parroquial de Deba, la de Itziar y las ermitas de San Roque y Salbatore, así como otro en forma de cuadro, este último de gran interés debido a sus características y que en fechas actuales (2016) está siendo expuesto en el Untzi Museoa-Museo Naval de Donostia.
Todos estos exvotos marineros debieron ser ofrecidos por navegantes en agradecimiento por haber salvado sus vidas en algún temporal, huracán o acción naval armada. 



       El MODELO VOTIVO DE LA PARROQUIA DE DEBA  

               
Dos vistas del modelo, desde popa y desde proa.

Este exvoto pende de la bóveda de la iglesia parroquial y está situado entre el centro y el coro del templo. Se trata de un modelo votivo que representa una fragata mercante, probablemente de las  primeras  décadas del siglo XVIII, armada en corso con ocho cañones en cada banda. 

El modelo, de tres palos (trinquete, mayor y mesana) mas el bauprés de proa, tiene unas medidas aproximadas de un metro de largo por uno de alto.
El casco está realizado con una pieza de madera maciza pero vaciada en el interior para reducir su peso, algo habitual en los exvotos de la época.
El mismo está pintado en varios colores: verde en la obra viva (parte sumergida del casco) y blanco, gris y dorados en la obra muerta (parte que está fuera del agua). Las zonas correspondientes a la única cubierta, donde van situadas las baterías de cañones, así como las situadas en el castillo (a proa) y la toldilla (a popa)  son las que van pintadas de blanco. Dividiendo la obra viva y la obra muerta se puede apreciar la línea de flotación, pintada de rojo al igual que los marcos de las portas de las baterías.

Detalle de la popa en la que pueden
 apreciarse las cadenas del timón y
la decoración del espejo.
Detalle de la proa donde se ve el
mascarón policromado del que
hablaremos más adelante. 
 
                                                   


                     












La popa, plana, posee una balconada y adornos dorados en relieve que rematan y decoran el espejo. Bajo la balconada se aprecia la salida de cadenas del timón.

De los escobenes de proa sobresalen las cadenas de las anclas que cuelgan una a babor y otra a estribor. La proa está rematada con un mascarón en el que se aprecia la silueta coloreada de una figura claramente femenina con corona dorada. Este tipo de figuras femeninas solían ser Vírgenes, Santas o Diosas mitológicas. A este respecto decir que esa es precisamente una de las características que demuestran el que esta nave sea una nave mercante, pues durante esa época los buques de guerra llevaban como mascarón un león rampante o el escudo nacional mientras que los buques comerciales solían llevar algún motivo relacionado con el nombre o sobrenombre de la nave.


¿LA FRAGATA SANTA BÁRBARA?

 No sería nada extraño que el modelo que pende de la bóveda de la iglesia debarra pudiera ser la reproducción de alguna de las fragatas mercantes pertenecientes a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728-1785), empresa que llegó a contar hasta con 85 buques de diferentes tipos.
La mayor virtud de aquellas fragatas guipuzcoanas fue su velocidad, mucho mayor que la de los pesados navíos, de los que podían escapar en caso de peligro, tanto de los de la armada inglesa como de los de corsarios y piratas, sobre todo ingleses y holandeses.

Era habitual que piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros las acechasen sin tregua tanto a la ida como a su regreso de tierras americanas cargadas con valiosos tesoros y mercaderías. Precisamente en esa velocidad estribó en parte el éxito del negocio de la conocida empresa guipuzcoana de la que es necesario decir que fue la primera compañía que existió en el Reino de España creada mediante accionariado, algo parecido a lo que hoy conocemos como una Sociedad Anónima.





Para hacernos una idea del tipo de cargamento transportado por los buques de la Guipuzcoana y su valor, valga la siguiente noticia aparecida en la publicación mensual “Mercurio”, fechada en julio de 1749. La noticia trata sobre la llegada desde tierras americanas de un comboy compuesto por buques de guerra y mercantes entre los que se hallaban “La Concepcion, San Ignacio, La Soledad, y Santa Barbara (y Nuestra Señora del Rosario que llegaría un día más tarde; todas ellas de la Compañía Guipuzcoana de Caracas) que en los días 12 y 13 de Mayo salieron juntos del puerto de la Habana. El Thesoro de Caudales, Frutos, Efectos, que ha conducido á bordo de estos Bageles para S.M. y Particulares, consiste en 22 Millones 536 y 27 pesos fuertes en plata acuñada; 29y748 marcos de plata labrada; 9y898 pesos en oro acuñado, y 2 y252 Castellanos, 15y478 Planchas de Cobre; 21 y arrobas de Tabaco; 30y288 arrobas de Grana fina; 966 de Silvestre; 15y243 arrobas de Añil; 828y750 Baynillas; 3y241 arrobas de Xalapa; 751 arrobas de Carmín; 773 arrobas de Balsamo; 234 arrobas de Cafearilla; 42y320 arrobas de Azucar; 1y084 fanegas de Cacao; 96 arrobas de Zarza; 28 arrobas de Colmillos de Elefante; 1y592 arrobas de Café; 6y153 Cueros curtidos; y cantidad de otros Frutos, Medicinas, y Maderas.”

Más  adelante el noticiero hace mención a cómo “ El 17 del mismo (mayo) entró en el Puerto de los Passages (Pasajes) la Fragata Santa Barbara, una de las  separadas de la Escuadra, y perteneciente a la Compañía Guipuzcoana de Caracas, cuya carga consiste en 1y073 pesos de plata, y oro, 2y771 fanegas, y 59 libras de Cacao, y 38 Petacas dobles de Tabaco de Bariñas en Rollos”.

Intrigado por conocer algo sobre la historia del exvoto debarra, revisé concienzudamente la nómina general de buques de la Compañía Guipuzcoana de Caracas para ver si el mascarón de proa y el número de cañones del modelo debarra me daban alguna pista acerca de qué nave era la que durante casi tres siglos ha permanecido colgada de la bóveda de nuestra iglesia.


A pesar de no ser buena la calidad de la
imagen, puede apreciarse que se trata de
una figura femenina coronada.


 La mayor parte de los buque de la Compañía Guipuzcoana tenían nombres de Vírgenes, santos o santas. Tras desechar todos los buques de la Compañía que no fuesen fragatas (navíos, paquebotes, goletas, balandras, urcas, bergantines y saetías) me centré en éstas, en las fragatas. Descarté las que tenían nombre de santos y me centré en los buques con nombres de Vírgenes y santas y que además contasen con una artillería compuesta por 16, 20 o 22 cañones.

Mi sorpresa fue que con esas característica solo existían dos fragatas y las dos con el mismo nombre “Santa Bárbara”, pero con diferente sobrenombre. La primera conocida también como La Galera Guipuzcoana, y la segunda con el sobrenombre de Neptuno.
Una de ellas, la primera Santa Bárbara, era una fragata de 121 toneladas y 16 cañones; el mismo número que el de nuestro modelo votivo. Había sido construida en Pasajes en los propios astilleros de la Compañía, siendo dada de alta el 15 de julio de 1730 y de baja el 22 de julio de 1757. Contaba con una tripulación de entre 34 y 56 hombres y realizó once viajes a las colonias americanas. La segunda Santa Bárbara, alias “Neptuno” era una fragata de 250 toneladas y 20 cañones. Había sido comprada probablemente en el extranjero y tan sólo había realizado un viaje al nuevo continente.
¿Cuál de las dos podía ser?

Guiado por el instinto consulté el santoral católico para ver cómo es representada la joven mártir de Nicomedia y mi sorpresa fue mayúscula al leer que ésta era representada con un cáliz y una espada, además de llevar una corona de princesa o una corona completa formada por varias torres. Justo la imagen representada en el mascarón de nuestro modelo: el busto de una joven con corona. Ello me llevó a sospechar seriamente que el exvoto debarra representa a la fragata “Santa Bárbara”, alias La Galera Guipuzcoana, la que realizó once peligrosos viajes a ultramar con la Compañía Guipuzcoana. Algo me dice que se trata de la misma fragata y mientras no aparezcan nuevos datos lo seguiré pensando. 

  



                                           

               Cuatro representaciones diferentes de Santa Bárbara. En todos ellas  la santa aparece coronada.

RESTAURACIONES
A lo largo de los siglos este modelo votivo ha sufrido varias restauraciones, la última fue realizada el año 1995 por el conocido decorador Iñaki Martínez Gorrochategui “Amua”, quien realizó una restauración a fondo que duró diez meses.
En ella, además de tratarse el casco, deteriorado por la carcoma y otros xilófagos, se corrigieron algunos elementos de anteriores poco afortunadas reparaciones. Asimismo  se reparó el velamen, se enriqueció la popa con colores propios de las fragatas de la época y se eliminaron seis portas con sus respectivos cañones, tres en cada banda. Curiosamente el modelo anterior a la última restauración tenía once cañones por banda en vez de los ocho actuales, pero al coincidir la boca de seis de ellos (tres en cada banda) con la base de los obenques, estos  fueron suprimidos, según palabras de “Amua” porque “desde un punto de vista teórico no podían ser disparados ya que de hacerlo habrían sido cortados sin remisión los obenques”.
Para quien desconozca la terminología marítima, los obenques son los cabos gruesos que sujetan lateralmente los palos. Estos obenques forman las escalas por las que los marineros subían a los palos para aparejar las velas.
Personalmente pienso que “Amua” tenía razón; en buena lógica, las proporciones de esta fragata no encajaban once cañones en cada una de las dos baterías. Sus proporciones permitían tan solo ocho cañones por banda, tal y como consta que los tuvo la fragata Santa Bárbara. 

    
La imagen muestra en la zona del casco pintada de blanco, las tres mesas de guarnición donde van ajustados los obenques de los tres palos. Al contrario de lo que sucedía en los grandes navíos de línea, las proporciones de una fragata de pequeño porte como ésta, no dan para colocar tres portas más para los cañones entre los obenques.   


Hay que tener en cuenta que quien realizó el exvoto pudo ser un gran marino pero no un experto en la elaboración de modelos y que movido por su ardor se propuso colocar cañones hasta donde no los había. También cabe la posibilidad de que en alguna de las anteriores restauraciones se hubiese “sobreartillado”  la nave con un número de cañones que no le correspondían. Al igual que “Amua”, creo que la fragata original donde navegó e hizo la promesa en un momento de angustia el autor debarra del modelo debió estar artillada con ocho cañones por batería, en total dieciséis cañones, tal y como aparece actualmente.
El día 1 de febrero de 2016 se arrió el exvoto para comprobar su estado. Tras una inspección ocular se comprobó que era perfecto. Yo mismo realicé una limpieza superficial a base de pincel plano para quitarle la capa de polvo que lo cubría. Tras ello, y la realización de las fotografías aquí mostradas, la nave fue izada de nuevo.
La imagen del autor del reportaje junto al modelo votivo dan una idea
 del tamaño y proporciones de la fragata votiva. 


 EXVOTO A LA VIRGEN DOLOROSA

El Segundo de los exvotos conservados en la iglesia de Santa María de Deba es un cuadro pintado al óleo en el que escrito a mano se adjunta una nota a modo de “collage” donde quien lo ofrece relata las circunstancias que motivaron esta ofrenda.


Exvoto probablemente donado por el propio capitán del paquebote San Miguel, el debarra Joaquín de Larraguibel. El citado capitán perteneció a una distinguida familia de constructores navales y marinos.

Fue ofrecido a la Virgen Dolorosa de la iglesia parroquial de Deba por un tripulante del paquebote San Miguel, alias El único, de la Compañía de La Habana, en 1775. Desde el punto de vista artístico no se puede catalogar como una obra de gran valor, pero sin embargo su valor etnográfico es incalculable.
La escena, un tanto naif, muestra la nave desarbolada batiéndose entre las olas. Sobre las aguas dos hombres que representan a los dos muertos durante el temporal. En lo que queda de la toldilla se aprecia a quien por su peluca y forma de vestir podría ser el capitán del buque: Joaquín de Larraguibel, natural de Deba y de familia probablemente originaria del caserío del mismo nombre, en Itziar. En la parte superior derecha del cuadro, entre nubes, la virgen dolorosa con el corazón atravesado por una espada.

El paquebote San Miguel al mando de Larraguibel, hacía la ruta La Habana-Cádiz y estuvo a punto de naufragar en las Bermudas. Tal y como aparece descrito en el texto,

  “el 7 de agosto hallándose a unas 68 leguas al oeste de la Bermuda le entró el Equinocio con tal furia que no es ponderable, el cual duró 48 horas sin amainar nada de su primer vigor antes por momentos se iba aumentando la tormenta: el día 9 parecía la mar una brasa de fuego, de modo que unidos los tres elementos de agua, viento y mar a cual más fuerte temimos se anegase el barco. En este conflicto no hallamos otro recurso que dar la popa al Viento y pedir a esta Divina Sra. se dignase aplacar la tormenta, pues nunca se veía el barco sobre el agua, sino combatido siempre bajo los golpes de Mar de suerte que a las 4 de la tarde fue preciso cortar el palo mayor: a las 9 de la noche entre muchos golpes de Mar vino uno tan furioso que le arrasó todo un costado, llevándose también toda la popa, alcázar, castillo, cubierta, artillería, lancha, bote, palos y respetos (…) y dos hombres, quedándose hecho una boya: en esta postura estuvo el barco debajo del agua arriba de 9 minutos hasta que desaguó por las portas de los cañones. El día 10 abonanzó el tiempo y hallándonos absolutamente sin tener de qué echar mano para armar una bandola, fue preciso cortar baos y tablas, con lo que determinamos arribar al puerto de Charlestown en la Carolina y entramos el 28 de dcho. y habiéndonos reparado allí del todo salimos para Cadiz el 31 de Enero de 76, a cuyo puerto llegamos el 28 de Marzo (…) día de esta imagen de DOLORES. ES VOTO a esta Virgen Dolorosa”.

Tras consultar algunos archivos, efectivamente pude constatar la existencia del capitán del paquebote Joaquín de Larraguibel e investigar algo sobre él, así como sobre el buque.
El San Miguel, alias El Único debió de ser construido en algún astillero vasco, probablemente guipuzcoano. En 1767 aparece citado cuando Carlos III decreta la expulsión de los jesuitas a Italia. Este buque transportó a 24 jesuitas vascos.
Años más tarde, en 1772, aparece citado como perteneciente a la Compañía Guipuzcoana de Caracas. El 8 de abril de ese año zarpaba de la Habana formando parte de una flota compuesta por dos navíos de guerra, San Rafael y San Nicolás de Bari, las urcas de guerra Peregrina, San Carlos y San Juan, los navíos mercantes Tallapiedra y Tardi, además de cuatro saetías. Dichos buque entre los que se encontraba el San Miguel arribaron al puerto de Cádiz el 20 de mayo con 7.386.770 pesos de oro y plata así como 4.995.555 pesos en frutos y diversos géneros. No es de extrañar que con tan preciado cargamento, los buques que realizaban la Carrera de Indias fuesen armados hasta los dientes.  

Esta es la breve historia de los dos exvotos marineros de Santa María de Deba.
Sirva este artículo para que todos, jóvenes y mayores, aprendamos a apreciar esos pequeños tesoros que forman parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio, tesoros que, como en este caso, penden sobre nuestras cabezas y que a menudo pasan desapercibidos.


viernes, 11 de diciembre de 2015

CULTURA E INTERCULTURA


INSA NDONG

MANOS DE RESTAURADOR

                                        EL ARTISTA QUE LLEGÓ DE ÁFRICA





Aún recuerdo cuando siendo un mozalbete vi por primera vez una persona de raza negra. Fue algo sorprendente pues hasta entonces tan solo las había visto en las películas de Tarzán o en las huchas del Domund.
¡Cómo han cambiado los tiempos!
Ha transcurrido desde entonces algo más de medio siglo y la comunidad debarra se ha enriquecido con el aporte de gentes de muy diversas culturas.

Hoy día es normal ver en nuestro pueblo a niños de origen senegalés, marroquí, afgano, hindú, ecuatoriano o búlgaro jugando con los niños autóctonos y hablando entre ellos en euskara, un euskara tan académico que para sí lo quisiera el mismísimo Sabino Arana.    






Hace unos meses, mientras esperaba a que mi amigo Patxi Aizpitarte se despojase de los hábitos con los que hacía unos minutos había celebrado la misa, me percaté de que algo había cambiado en la parroquia de Deba.
La barroca balaustrada de hierro forjado de uno de sus púlpitos resplandecía con el mismo brillo que debió tener cuando hace cientos de años fue construida, probablemente a finales del siglo XVII o principios del XVIII, el momento más rico, artísticamente hablando, de la forja vasca.
No sería extraño que los balaustres de ambos púlpitos hubiesen salido de alguna de las forjas más afamadas de la época: la de los Elorza, Betolaza, Marigorta, Ezenarro, o Arrillaga, rejeros elgoibarreses todos ellos, contratados por numerosas iglesias, catedrales y entidades públicas y privadas de todo el reino.

El intenso destello de los dorados y el elegante tono “verde carruaje” llamaron poderosamente mi atención.
Recuerdo cuando de joven estudiaba en filosofía las diferentes definiciones de la belleza según los grandes pensadores. Hoy solo recuerdo la que a mí más me convencía, quizás por ser también la más breve y sencilla: es bello todo lo que debido a su perfecta armonía, produce un placer espiritual al ser contemplado.

Aquella balaustrada que era realmente bella había pasado casi inadvertida a mis ojos durante más de sesenta años y ahora, restaurada, me había producido aquel placer espiritual del que hablaban los libros. Aquella sensación fue mucho más fuerte, cuando Patxi me informó sobre los planes que tenía de ir restaurando poco a poco el otro púlpito, la balaustrada central del coro y diversos elementos, tanto en la iglesia de Deba como en la de Itziar.

A los pocos días tuve la oportunidad de conocer al restaurador, un simpático y siempre sonriente joven senegalés  llamado Insa Ndong. Como otros miles de inmigrantes trataba de buscarse honestamente la vida realizando cualquier trabajo que se le ofreciese aunque realmente sus gustos estaban muy relacionados con el mundo del arte o de la artesanía, concretamente con la pintura.

                            

      






Currículum y Via Crucis de un artista
Insa Ndong es un joven senegalés de algo más de treinta años nacido en la ciudad de Banjul, capital de Gambia, país al que acudía regularmente su familia, tradicionalmente dedicada a labores de la pesca.
Sus primeros estudios los realizó en una escuela coránica; más tarde lo hizo en la escuela inglesa “Glory baptist” donde comenzó estudios de economía; pero sus aspiraciones de joven inquieto pasaban por llegar a Europa.

En 2007, con veinticuatro años, Insa iniciaba su primera aventura al embarcar a bordo de una patera en Guinea Bissau, pero el viaje se frustraba al poco de salir al ser interceptada ésta por las autoridades.
Lo intentaba de nuevo, esta vez saliendo de Gambia y consiguiendo llegar a Tenerife, lugar desde donde fue repatriado a Senegal por las autoridades españolas.
Tiempo después lo intentaba por tercera vez, marchando desde Senegal a Mauritania y desde allí nuevamente a Tenerife a bordo de una patera.
Tras un largo periplo que le lleva desde Tenerife a Madrid, Barcelona, Asturias y Cantabria, en diciembre de 2014 llegaba a Deba, donde actualmente reside.

Desde su desembarco en Tenerife, Insa ha realizado todo tipo de labores, desde la venta de productos en la calle a trabajos eventuales de albañilería o la descarga de pescado en los puertos de Colindres y Ondarroa.
Ahora, en Deba, se siente a gusto haciendo lo que en estos momentos  hace.
Tiene mano para la pintura y la restauración, lo está demostrando, y sueña como otros tantos inmigrantes en conseguir un trabajo estable para poder organizar definitivamente su vida.
Mientras llega ese día, Insa hace amigos y disfruta de sus aficiones: el footing (es un buen korrikalari), y la música; y eso sí, sobre todo… sonríe.