viernes, 16 de junio de 2017

DOS CARAS LITERARIAS DEL VERANEO DEBARRA.


JUAN VALERA Y ALFONSO REYES


Playa de Deba a finales del siglo XIX o principios del XX.
De la amplia nómina de ilustres veraneantes de Deba hay dos por los que  siento algo especial. Ambos tuvieron en común el ser escritores importantes y además diplomáticos de relevancia; de primera línea. Pero intuyo que sus personalidades y sus simpatías hacia Deba fueron totalmente diferentes: las del primero quizás más mundanas y livianas; las del segundo más profundas, sensibles y sobre todo, humanas.  



                        JUAN VALERA Y ALCALÁ GALIANO

                                              

Juan Valera y Alcalá-Galiano (1824-1905) representa la cara culta y a la vez algo cursi del veraneante de la segunda mitad del siglo XIX, cuando solo veraneaba la gente "guapa", o mejor, la "muy guapa". Alguien diría hoy que fue un veraneante ilustre pero "pijo" hasta decir basta; yo pienso que simplemente fue hijo de su clase, de aquella "crème de la crème" de su tiempo.

Valera es un veraneante que llega a Deba obligado por su mujer, la francesa Dolores Delavat "Dolorcitas". Según palabras suyas, en Deba se aburre bastante "pero la moda, la elegancia y el buen tono requieren y exigen salir a veranear, y mi mujer se creería la más desdichada criatura del mundo y la más humillada y vejada si no veranease".

Da la sensación de que el escritor de Cabra, hijo de la marquesa de Paniega, deseaba quedarse en Madrid mientras su mujer veraneaba en Deba; de que necesitase ejercer de "Rodríguez" veraniego para dar rienda suelta a su personalidad de don Juan.

Juan Valera junto a su esposa Dolores Delavat
y sus hijos Luis y Carmen.

Porque Valera fue un hombre que vivió para la literatura, pero sobre todo para las mujeres. La lista de amantes del escritor y diplomático a lo largo y ancho del mundo es digna de un record Guiness, abundando entre sus "trofeos" las duquesas, marquesas, baronesas, artistas e incluso las de pago (en París se quejaba de las elevadas tarifas de las parisinas). Algo debía tener el hispánico macho, pues hasta Katherine Bayard, la joven amante hija del Secretario de Estado norteamericano, mucho más joven que Valera, se descerrajó un tiro en la sien cuando éste le dijo en Washington que se iba con la música a otra parte; que tomaba las de Villadiego.

En lenguaje castizo, Valera fue lo que se dice un "pichabrava", aderezado con una generosa dosis machista, pero eso sí, refinado y culto hasta los tuétanos. Él mismo confesaba: "Esta afición mía a las faldas es terrible".

Deba, donde sin duda no se comió una rosca, se le queda pequeño, algo muy comprensible, pues todavía hoy después de ciento cincuenta años, la Noble y Leal Villa sigue siendo -con perdón- una plaza harto difícil en cuestiones del sano, natural y relajante menester de la jodienda. Los tranquilos paseos a Sasiola, merienda incluida con mantel de hilo sobre la hierba, o a "el Castañar" (¿Gaztañeta?) relatados en sus cartas, no sacian al parecer sus necesidades vitales; tan sólo se pierde en elogios y muestra emoción al hablar del "castillo" (palacio de Aguirre) y de las cenas en él con su propietario y amigo Leopoldo Cueto, marqués de Valmar.

Según se desprende de las cartas escritas a su hermana Sofía en 1.871, el o los veraneos del autor de "Pepita Jiménez" en Deba fueron, digamos, de compromiso.

Sus comentarios sobre esta población son en ocasiones poco halagadores a pesar de reconocer que se trata de un precioso país. En una de ellas se queja de la casa donde se hospeda y de la "excesiva abundancia de pulgas que pululan y negrean las sábanas". No se sabe si lo de las pulgas era cierto, lo que sí está claro es que en Deba, y a cuenta de las pulgas, compuso en septiembre de 1871 un extenso poema con título en euskara, "Arcacosua" (la pulga), Poema euskero, místico y picante" según él para distraer sus melancolías y entretener la ociosidad.



Katherine Bayard, una de las numerosísimas
  amantes de Valera. La joven norteamericana, que
  podría ser hija  incluso nieta del escritor español,
    por entonces ministro plenipotenciario en Washington,
  prefirió suicidarse antes que morir del mal de amores.


                ALFONSO REYES OCHOA




El escritor, pensador y diplomático mexicano Alfonso Reyes Ochoa (1889-1959) representa la otra cara del veraneante debarra. Extremadamente culto y humano, sus escritos referentes a Deba, al contrario que los de Juan Valera, denotan un cariño y una cercanía fuera de lo común para con este pueblo y sus gentes.
Nacido en 1889 en la ciudad mexicana de Monterrey, fue hijo del general Bernardo Reyes quien ocupó importantes cargos ministeriales durante la dictadura de Porfirio Díaz. Esa circunstancia en nada le ayudó cuando en 1910 se declaró la Revolución mexicana. Tres años después su padre moría acribillado en la plaza del Zócalo durante  un fallido golpe de estado para derrocar al gobierno del presidente Francisco I Madero.

 En 1914 Alfonso Reyes se exilia a España donde se vuelca de lleno a la literatura y a la investigación literaria; tan de lleno que su fama en Europa y calmados ya los vientos de la Revolución, influyen para que el gobierno Mexicano le incorpore al servicio diplomático, ocupando importantes puestos en España, Francia, Argentina y Brasil.

Alfonso Reyes Ochoa, el hombre que inmortalizó el nombre de "Deva".

Genéticamente republicano y amigo de Manuel Azaña, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Pío Baroja, Menéndez Pidal, Azorín o Neruda, en 1939 funda y dirige la Casa de España en México, institución expresamente creada para acoger a los refugiados republicanos españoles.   

Para quien lo desconozca, Alfonso Reyes, un incondicional del veraneo en Deba durante diez años - el tiempo que residió en España- está considerado como uno de los grandes padres de las letras mexicanas, siendo sin duda el escritor más prolífico de aquel país y uno de los más prolíficos de toda la geografía hispana, tanto de la europea como de la americana. Y aunque nunca fue galardonado con el Nobel de literatura, en 1949 fue propuesto por Gabriela Mistral para tan importante galardón. De él diría Jorge Luis Borges, su más ferviente admirador, que fue «el mejor prosista de lengua española en cualquier época».

Sus obra “Los siete sobre Deva: sueño de una tarde de agosto” iniciada en Deba y finalizada en Buenos Aires,  y sobre todo “Deva la del fácil recuerdo” un precioso capítulo de “Las vísperas de España”, son un reflejo del espacio que este txoko guipuzcoano ocupó en el corazón de este gran humanista. Y también son, o deben ser, motivo de orgullo y conocimiento para cualquier debarra que se precie. Leer a Alfonso Reyes es un gesto de agradecimiento para con este mexicano que llevó a Deba en sus entrañas.
“ ¡Qué fácilmente nos acordamos de Deva en nuestros inviernos de Madrid!   ¡Con qué poco esfuerzo la evocamos! ¡Con qué anhelo tan concreto, tan preciso, la prevemos y la esperamos, a medida que se acerca el estío! En nuestra mitología de las estaciones, Deva es la Perséfone, alternativamente perdida y recobrada”.
Y cuando llega a Deba, a “nuestra Deva” como él dice, se siente un debarra más. Lo mismo habla de “Veytia el viejo” (Beitia el ferroviario) que de Araquistain o de Maritxu; de los corrocones pescados por don Fidel o de las verbenas organizadas por Pepucho. Conoce la geografía local, sus caseríos, Bustiñaga o los merenderos de Iruroin o Lasao. Se encuentra tan integrado que incluso se atreve a criticar alguna de las entonces nuevas infraestructuras de la villa, como el trazado del ferrocarril : “… y hasta ese ferrocarril que tanto censuramos como un error de trazo, y que viene a ser un juguete más entre los que sacan los niños a la arena”.
Y al comenzar la fiesta, la vive con la misma emoción que los demás debarras: “ Y ved cómo se produce el milagro: un cohete, unos compases de música suenan a nuestro oído – o simplemente los recordamos- y toda Deva renace dentro de nosotros”.
Y al regresar a Madrid vuelve la añoranza:
  … “ Y al tropezar, por Alcalá o San Jerónimo, con otro veraneante de Deva, hay en nuestro saludo un signo de inteligencia tácita, de cofradía secreta. “Éste es de los nuestros, decimos”.


Mausoleo de Alfonso Reyes en la Rotonda de
 las Personas Ilustres – Ciudad de México-  donde se
 encuentran los restos de aquellas personas que
 realizaron importantes contribuciones a lo largo 
de la historia para el engrandecimiento de México.



miércoles, 15 de febrero de 2017


PEDRO DE DEBA Y JUAN PÉREZ DE LOYOLA
 LA SINGULAR HISTORIA DE LA APROPIACIÓN ILEGAL
DE UNA NAO DEBARRA
 
 
Una de las góticas capillas-sepulcro de la iglesia de Deba es la conocida como capilla de Andonaegui.
Es creencia generalizada, aunque errónea, que dicha capilla fue construida por don Juan de Andonaegui, comendador de la Real Orden de Caballería de San Lázaro y señor de la casa conocida en su tiempo como “Devaechea” o “Comendadorecua”.
La segunda de estas denominaciones queda claro que se debe al título de comendador que ostentó quien allí se halla enterrado, el citado Andonaegui. Los porqués de la primera, es decir, “Devaechea” , es cosa que pretendo desentrañar en este artículo. Un dato interesante a resaltar y del que en varias ocasiones hace mención el historiador Patxi Aldebaldetrecu  es que, según la tradición, la casa “Devaechea” fue la primera levantada en esta villa, lo que viene a demostrar su antigüedad.
 
Durante mucho tiempo he pensado que en el espacio cronológico existente  entre la construcción de la capilla donde fue enterrado don Juan de Andonaegui, secretario de Felipe II ante el Estado Pontificio, y el propio personaje, había algo que no cuadraba. No cuadraba porque la capilla es anterior al nacimiento de don Juan de Andonaegui.
Intrigado por descubrir los orígenes de la casa “Devaechea” me di el gusto de “gastar” mi tiempo en averiguar quiénes fueron los señores de dicha casa y más concretamente quién fue el que ordenó construir dicha capilla. Mi búsqueda tuvo una interesante recompensa.
 
 
La familia Deba o Debaide
Uno  de los apellidos más antiguos de la villa de Deba es precisamente el de Deba, Deva, Debayde, Debaide o de Baide, (aparece escrito de diversas formas) , cuyos miembros fueron lógicamente quienes crearon la casa conocida como “Devaechea” que en castellano sería traducido como casa de los Deba.
Los primeros  Deva, Debaide o Debaechea , repito que aparecen citados de muy diversas formas, lo hacen en dos documentos. El primero está  fechado el 19 de noviembre de 1471 y en él aparecen  Ochoa Martines de Deuayde, fiel  regidor de la villa, y Miguell de Debayde, testigo en la firma del documento; curiosamente el primero escrito con “u” (v) y el segundo con “b”.
En el otro documento, fechado el 6 de febrero de 1476, vuelve aparecer  el mismo Ochoa Martines de Deuayde,  pero esta vez lo hace como Ochoa Martines de Debaeche, firmando  en calidad de mayordomo de la cofradía. También aparece en ese documento un tal don Pedro de Deba (vicario) quien al final del documento es nuevamente nombrado como Pedro Debaide. Este don Pedro de Deba o Debaide no es el mismo al que se hace referencia en la cabecera de este artículo aunque muy probablemente sería algún familiar muy directo. 


Hipotética imagen del puerto de Deba en el s.XV, época en la que se desarrollaron los hechos descritos. 
Ilustración de J.I. Treku. © Kaioa asp.  
   
Los miembros de esta antigua casa, al igual que los de otras poderosas  familias de la primitiva villa,  fueron gente de mar  y sus barcos se dedicaron, como veremos ahora, tanto al comercio marítimo como a la guerra.
Es ahí donde comienza una interesante historia sobre dos no menos interesantes personajes llamados  Pedro de Deba y Juan Pérez de Loyola; el primero, señor de la casa del mismo nombre y propietario de uno de los barcos que formaron la primera armada de la corona castellana en tiempos de los Reyes Católicos, la conocida como “Armada de Vizcaya”.
El segundo, el  mayor de los once hijos de Beltrán Ibañez (Yañez) de Loyola, señor de Oñaz y de Loyola. Recordar que el benjamín de los hijos de don Beltrán y hermano pequeño del capitán del barco debarra era Iñigo de Loyola, con el tiempo San Ignacio de Loyola.
Cuando en 1.492  se crea dicha armada, compuesta por seis naves, es nombrado Capitán General  de la misma el lekeitiarra Iñigo de Artieta. El propietario de una de estas naves, una nao de 220 toneles (264 toneladas) era precisamente Pedro de Deba, aunque su capitán era Juan Pérez de Loyola. Decir que la mayor parte de la tripulación de esa nave, tanto marineros como soldados, estaba compuesta por debarras.
A bordo de la nao de Pedro de Deba estaban embarcados también tres Loyola más
- Miguel, Lope y Juan Beltrán, este último conocido como “el Borte” o lo que es lo mismo
“el Borde”, por ser hijo bastardo de don Beltrán Ibañez de Loyola- todos ellos hermanos del capitán Juan Pérez de Loyola.
El embarque del capitán azpeitiarra a  bordo de la nao debarra en julio de 1493 debió ser algo imprevisto además de apresurado  ya que estaba alistado para acompañar a Cristóbal Colón en su segundo viaje hacia las Indias;  pero siguiendo órdenes del Rey Fernando el Católico embarcó en la Armada de Vizcaya, es decir, en la nao de Pedro de Deba.  El capitán azpeitiarra ya antes había intervenido al parecer en la guerra de Granada.
Ese mismo año, 1493, la nao de Pedro de Deba al mando de Juan Pérez de Loyola interviene en el traslado hacia el exilio africano del último rey de Granada, Muley Boabdil , y de los miembros de su corte así como el de varios miles de granadinos, concretamente 6.320 personas. La operación duró hasta febrero de 1494.

La ilustración de J.I. Treku escenifica el traslado de Boabdil a tierras africanas a bordo de las
 naves de la "Armada de Vizcaya", entre ellas la nao de Pedro de Deba. © Kaioa asp. 

También a bordo de la nave de Deba, participó el azpeitiarra en la conquista de Tenerife durante la primavera de ese mismo año, tomando parte, al parecer,  en la conocida como Primera Batalla de Acentejo o la “Matanza de Acentejo” (Tenerife), y poniéndose pocos meses después a las órdenes de Fernández de Córdoba “el Gran Capitán”  para marchar a Italia. Allí participó en las guerras de Nápoles contra Carlos VIII de Francia, falleciendo en 1.498  como consecuencia de las heridas sufridas luchando  contra el duque de Montpensier.
Pero para entonces, ¿ qué había sido de Pedro de Deba ?, ¿qué había sido de su barco?.

Pedro de Deba falleció a mediados de diciembre de 1493 "de grave dolençia", al parecer en la localidad granadina de Almuñécar lugar donde debía encontrarse en ese momento con su nao y lugar también a donde acudió su propia esposa desde Deba para recuperar la nave.
Pero una respuesta más completa de lo que posteriormente sucedió nos la proporciona un interesante documento  fechado el 14 de febrero de 1494 en Valladolid y remitido por la Real Cancillería de los Reyes de Castilla.
Se trata de una carta dirigida a quien era Capitán General de la “Armada de Vizcaya”, Iñigo de Artieta. En ella se le conmina al marino lekeitiarra para que obligue a Juan Pérez de Loyola a entregar a María Juan de Deva y de Linda, viuda de Pedro de Deba, vecino de Deba, el barco que era propiedad del armador debarra. Según el documento, la viuda de éste alegaba que la devolución de la embarcación le permitiría cumplir el testamento de su esposo ya fallecido, testamento en el que Pedro de Deba también había dispuesto enterrar su cuerpo en la capilla que mandó construir en la iglesia de Santa María de Deba.
 Esta capilla, la perteneciente a la casa “Devaechea”, es la que en la actualidad es conocida como capilla de Andonaegui y que en realidad debería ser conocida, bien por el nombre de la antigua casa o por el de quien fundó  aquella capilla antes de 1492, Pedro de Deba.



La capilla de la familia "Debaechea", construida por Pedro de Deba,
es también conocida como de Andonaegui, por haber sido enterrado en ella
el comendador Juan de Andonaegui, secretario de Felipe II ante el Estado Pontificio.
 
 
 

Arriba, las tres páginas de la carta remitida a Iñigo de Artieta por la Real Cancillería de los Reyes de Castilla instando a que Juan Pérez de Loyola devolviese a  María Juana de Linda Debaide la nao que fue de su esposo y de la que se apropió ilegalmente
el mayor de los hijos de Beltrán Ibáñez de Loyola, capitán de la nao debarra.
Foto del documento: Archivo General de Simancas, RGS, LEG, 149402, 348. (PARES, Portal de Archivos Españoles).

  
Otro interesante documento que corrobora la muerte de Pedro de Deba y la consiguiente viudedad de su esposa, está fechado un día antes que el anterior, 13 de febrero de 1494. Es una carta también remitida desde la Real Cancilleria de los Reyes de Castilla ”para que se guarde la pragmática de las viudas a Mari Juana  de Baide, mujer que fue de Pedro de Deva, vecina de Monreal de Deva”.
 Resumiendo:
Cuando comienza a prepararse  la Armada de Vizcaya en 1492 Pedro de Deba está vivo, pues es propietario de una de las naos. Para entonces ya existía la capilla que hoy conocemos pues la construyó en vida.  
Cuando en 1494 la Real Cancillería de los Reyes de Castilla remite la carta obligando a Juan Pérez de Loyola a devolver la nave a la viuda de Pedro de Deba, éste ya había muerto, pues como se ha dicho anteriormente falleció a mediados de diciembre de 1493.
Algunas de las gestas en las que intervino Juan Pérez de Loyola (viaje al exilio de Boabdil y los 6320 granadinos, conquista de Tenerife, incluso el comienzo de las campañas de Italia) se realizaron estando ya muerto el armador debarra y siendo el de Azpeitia capitán de aquella nao.
El mayor de los Loyola, capitán de la nao debarra, obró de muy mala fe, quedándose con la nave, dicho sea “por la patilla”, tras el fallecimiento de Pedro de Deba, quizás pensando que su viuda se iba a quedar callada. Pero la carta enviada por los Reyes de Castilla a Iñigo de Artieta ordenando que Juan Pérez de Loyola devolviese la nave, nos demuestra  que no fue así e imaginamos que ésta  fue devuelta a su propietaria.
  
 

lunes, 6 de febrero de 2017


   Bautizados en Mutriku,

 enterrados en Deba

 El "gorputz-bide" Lasao, Bustiñaga, Urasandi.



Caseríos Lasao Haundi y Lasao Txiki en la ribera mutrikuarra de la ría del Deba.

 
Las casas de Lasao, Bustiñaga y Urasandi, aunque pertenecientes administrativamente al municipio de Mutriku (barrio de Laranga), han estado desde sus orígenes estrechamente ligadas a Deba.
Ese centenario vínculo, motivado por tan estrecha vecindad, tiene mucho que ver con que desde el punto de vista eclesiástico los moradores de las tres mencionadas casas, y más tarde los de otras posteriores situadas en la ribera mutrikuarra del Deba, hayan formado parte de la feligresía debarra, siendo generalmente bautizados en Mutriku pero enterrados en la parroquia de Santa María de Deba. Esa circunstancia, la del enterramiento, ha vinculado aún más los lazos de las gentes de esas casas con la villa debarra si tenemos en cuenta que, en el pasado, en Euskal Herria casa y sepultura han formado parte consustancial de la existencia terrenal y paraterrenal de todo individuo. Hasta tal punto fue así, que cuando se vendía la casa la venta incluía la sepultura familiar en la iglesia.
Es oportuno recordar que desde al menos el siglo XV y hasta el siglo XVIII, que lo prohíbe Carlos III, los enterramientos se realizaban dentro de los templos.

Uno de los primeros casos documentados, si no el primero, sobre la conducción de un cadáver desde una de estas casas a la iglesia de Deba está fechado en 1518 y hace referencia al traslado del cadáver de Sancha Pérez de Bustiñaga, señora de la casa del mismo nombre, a la iglesia de Deba donde tras celebrarse los funerales sería enterrada tal y como era costumbre. El traslado de una ribera a la otra a bordo de la gabarra entonces existente, no estuvo exento de problemas. El hecho de que el alcalde de Mutriku, participante en la comitiva fúnebre, embarcase hacia la orilla opuesta del río con su vara de la justicia fue tomado como una grave afrenta por las autoridades debarras quienes alegaban que la ría formaba parte del término municipal de Deba y no de ambos municipios. El caso es que apenas desembarcado el primer edil mutrikuarra en la orilla de Deba, recibió una soberana paliza siendo hecha añicos su vara.


Fachadas norte y oeste del histórico caserío Bustiñaga, dominando la entrada y salida de la ría de Deba.
Todavía hoy, las saeteras de sus muros y la gran puerta con enormes dovelas evocan el carácter
defensivo que esta antigua torre debió tener en otros tiempos.    

Desde la construcción del puente en 1866, el ritual de la conducción del cadáver, aunque prácticamente igual al de hace siglos, se realizó con una variante: el féretro, en vez de ser conducido hasta el muelle de Urasandi para atravesar la ría a bordo de la gabarra, era llevado hasta el puente para ser recibido allí por la feligresía debarra. El recorrido fúnebre se realizaba a través del gorputz-bide que desde Lasao y a través de Bustiñaga llegaba a Urasandi y desde allí al puente y a la iglesia.

Un dato interesante  sobre este recorrido, detallado además gráficamente, nos lo proporciona Anes Arrinda, párroco de Deba durante más de cincuenta años y protagonista del hecho. Don Anes nos narraba cómo habiendo muerto una señora del caserío Lasao fue en busca del cadáver por la carretera general, pasando la ría en gabarra hasta Lasao, y tras recoger allí el cuerpo, conducirlo a la parroquia de Deba a través del "gorputzbide", vía Bustiñaga-Urasandi:

" Recuerdo que allá por el año 1955, murió la Señora del caserío "Lasao" en esta mi parroquia de Deva (Guipúzcoa). La casa de LASAO dista por la carretera general un kilómetro aproximado. Pero para llegar a ella por ese camino hay que atravesar la ría en barca. Aquellos días fueron de agua y nieve.
 Fui al caserío por la carretera general, que es llana y asfaltada, a recoger el cadáver. Pero al volver con él lo hicimos por otro camino: por el "gorputz-bide", que entre barro, agua y nieve subía por una empinada loma hasta el caserío Bustiñaga. Cerca del caserío éste, se detuvo la comitiva, en un cruce de caminos vecinales, a rezar un "Pater Noster" y seguimos, desde allí para abajo, el camino más largo, que venía a salir a la casa "Urasandi".


La fotografía corresponde probablemente a la primera o segunda década del siglo XX. A la derecha la ribera debarra; a la izquierda el barrio conocido en Deba como Urasandi y en Mutriku como Urasemeti o Urazameti. Entre las casas de esta barriada podemos ver al fondo la medieval casa de Urasandi que en el pasado contó con muelle y astilleros propios. Junto a ella la casa conocida como "cuartel", y ya en primer plano la conocida como "casa del puente" o de "Patirki". Quedan ocultas las casas de Txokorrakua y de Murgi.

Gorputz-bide o kurutz-bide (literalmente camino del cuerpo, o camino de la cruz por la cruz que encabezaba la comitiva fúnebre), "iter ad sepulchrum" (camino a la sepultura) para los romanos,  eran palabras utilizadas para denominar el camino a través del cual se conducía el cadáver en dirección al lugar de enterramiento. El camino (gorput-zbide) a través de Bustiñaga es el que hasta hace pocas décadas utilizábamos quienes nos dirigíamos a Lasao. Desgraciadamente, según he podido comprobar en fechas recientes, ese histórico gorputz-bide ha quedado totalmente cerrado debido a las zarzas y a la falta de mantenimiento. Resaltar que los "gorputz-bides" históricamente han implicado servidumbre de paso, no pudiéndose construir en sus inmediaciones ni ser vallados ni cerrados.


Aunque la imagen no corresponde al gorputz-bide Lasao-Bustiñaga-Urasandi, sino al de un cortejo fúnebre por el goputz-bide, en Orexa (Gipuzkoa), sirve para ilustrarnos sobre el tema.  Reconstrucción para el film Gipuzkoa erremin. Fot. Iñaki Linazasoro, 1977
 
Croquis realizado y firmado por Anes Arrinda, párroco de Deba, para explicar el recorrido en 1950 desde Lasao a la iglesia de Deba a través del Gorputz-bide. El croquis muestra interesantes notas manuscritas como "aquí, en un cruce, rezar un "Padre Nuestro", “Este recorrido lo he hecho en invierno, con muy mal tiempo, siendo párroco de Deba” o “Después empezaron a pasarlos por la ría a la carretera y allí coger el automóvil de la Funeraria”.
 
José Mari Egaña Albizuri, de ochenta y tres años, nacido en la ya desparecida casa de Urasandi y hoy residente en el caserío Urasandi Berri, es el vecino de más edad de todos los nacidos en ese barrio ribereño del Deba. Al igual que su padre, sus hermanos (uno de ellos ex-párroco de Deba) y sus hijos, no así sus nietos, fue bautizado en la iglesia de Mutriku y los ya fallecidos fueron enterrados en Deba; eso sí, todos ellos han sido y son feligreses de la iglesia de Deba, al menos en la práctica.
Echando mano de su privilegiada memoria, afirmaba que el año 1939 un vecino del caserío Lasao Haundi, hermano de José Mari Ulacia, tras su fallecimiento fue enterrado en Astigarribia, un hecho poco habitual. También me informaba que él mismo había participado hace años en el traslado del cadáver de Francisco Urquiri, del caserío Lasao Txiki, a la iglesia de Deba, a través del gorputz-bide. Asimismo afirmaba que lo habitual era que el cortejo fúnebre desde la casa del fallecido hasta el puente  fuese presidido por un cura de Mutriku acompañado de un monaguillo que portaba la cruz, y que llegados al limite entre los dos municipios, en el puente, donde se encontraba la mesa mortuoria y donde se rezaba un responso, tomase el relevo un cura de Deba. Recuerda también que el año 1953, tras el fallecimiento de Saturnina, viuda de Muniozguren, de la casa Goiz-alai, no se colocó la mesa en el puente debido a las torrenciales lluvias e inundaciones, siguiendo de largo la comitiva hacia la iglesia debarra.

José Mari Egaña Albizuri, nacido en la histórica casa de Urasandi, ya desaparecida, es el
vecino de más edad de los nacidos en el barrio de Urasandi.
Mari Conchi Urquiri, setenta y cinco años, propietaria del caserío Bustiñaga, narraba otro hecho acaecido también hacia la década de los cincuenta pero con la particularidad de que en aquella ocasión y por fuerza mayor, no fue utilizado el gorputz-bide. Años antes lo había escuchado también de boca de Anes Arrinda.
Había fallecido un morroi (criado) del caserío Lasao Haundi llamado Ramón Galdós "Txartxa", pero al estar cerrado el gorputz-bide debido a un desprendimiento de tierras y al barro producido por unas torrenciales lluvias, hubo que pasar el féretro con el cadáver a la orilla opuesta a bordo de la gabarra y a través del barrio de Artzabal conducirlo a la iglesia de Deba.

Esta bella fotografía, probablemente de los años cuarenta del siglo XX, nos muestra el paso de gente desde Lasao (Mutriku) a la orilla debarra. Al timón José Mari Ulacia Urquiri. Además del paso de personas y en contadas ocasiones el de los fallecidos, la gabarra también era utilizada, yo mismo fui testigo de ello, para el paso de una pareja de bueyes con su correspondiente carro. Hay que tener en cuenta que el caserío Lasao tenía y sigue teniendo tierras de cultivo en ambas márgenes de la ría.     

Preguntada Mari Conchi  sobre dónde habían sido bautizados y enterrados sus padres, comentaba que habían sido bautizados en Mutriku y enterrados en Deba, lo que corrobora lo que fue una práctica habitual en estos caseríos a lo largo de la historia: bautizos en Mutriku, enterramientos en Deba. Ella misma afirmaba haber sido bautizada en Mutriku, aunque es feligresa de la iglesia de Deba.   

El matrimonio formado por José Mari Ansorregui  y Mari Conchi Urquiri junto a su nieto Haritz,
 curiosamente bautizado en la iglesia de Santa María de Deba.
 
Cuando, tras la construcción del puente en 1866, la comitiva fúnebre llegaba a éste a través del gorputz-bide, el féretro era depositado sobre una mesa, a la altura de donde se encontraban la argolla y cadena que indicaban la divisoria entre los dos municipios. Dicho límite lo marcaba y creo que aún hoy sigue marcándolo el cauce madre del río, es decir, la parte más profunda del cauce. El enganche de aquella argolla podemos verlo todavía.


Jesús Mari Albisu "Murgui" señala el gancho que marca el límite entre los municipios de Mutrikuy Deba. En este punto era donde la tradición mandaba que se colocase la mesa mortuoria para el rezo de un breve responso y el posterior traslado del cadáver a la iglesia y al cementerio de Deba.
 
Jesús Mari Albisu "Murgi" , de ochenta y dos años, aunque nacido circunstancialmente en Zumárraga, se crió desde niño en la casa conocida como de "Murgui", la misma donde nació su padre, Simón Albisu. Siguiendo la vieja costumbre, tras su fallecimiento, Simón fue enterrado en Deba, al igual que todos los fallecidos en esa casa.
Jesús Mari recuerda cómo hasta los años cincuenta del pasado siglo XX en el desván de su casa, situada al otro lado de la ría, a la salida del actual túnel, se guardaban la mesa sobre la que era depositado el féretro, el paño negro que la cubría, una cruz y el acetre con el hisopo utilizado para bendecir al cadáver.
Para remarcar la importancia del lugar exacto en el que debía colocarse la mesa con el féretro, Jesús Mari nos narra un hecho acontecido hacia los años cuarenta del pasado siglo y del que él mismo fue testigo siendo un chaval:

Había fallecido un vecino de alguna de estas casas situadas en la orilla mutrikuarra de la ría  y como de costumbre el féretro fue colocado en el lugar que obligaba la tradición, es decir, junto a la argolla. Había llegado a Deba un sacerdote nuevo llamado don Paulino Goitia que desconocía la vieja costumbre, y al ver que la mesa con el cuerpo del finado se encontraba más cerca de la orilla de Mutriku que de la de Deba, ordenó que los acercasen a la parte debarra. 
Ante la negativa y las protestas de los familiares del fallecido alegando que el lugar donde se encontraban mesa y difunto era el que marcaba la tradición, el sacerdote decidió pedir consejo a uno de los hombres con más crédito en el pueblo y cuya palabra debía ser el mejor aval para el clérigo. La persona seleccionada fue Tomás Lazcano, padre de Paco Lazcano a quien los debarras maduros aún recordamos. Tras la confirmación del señor Lazcano de que, efectivamente, el lugar donde se encontraba el cadáver era el correcto por marcarlo así la tradición, el sacerdote dio su brazo a torcer y se acercó hasta el lugar señalado para  recoger el cuerpo y trasladarlo a la iglesia de Deba.


La ya desaparecida casa de Murgui estaba situada junto a la boca del actual túnel.
Derribada el tres de noviembre de 2003, en su ganbara se guardaban la mesa
 mortuoria con el paño negro, así como la cruz y el hisopo con su acetre. 
 

Otro interesante dato, también aportado por Jesús Mari Albisu "Murgi", hace referencia a un hecho ocurrido hacia el año 1947. Sucedió que en la parte de Mutriku, junto a la ya desaparecida casa Txokorrakua, había acampado una familia gitana que tuvo la desgracia de perder a un niño de muy corta edad. Condolido el barrio por la irreparable pérdida, se realizó una colecta para pagar el féretro en el que sería enterrada la criatura. 
Recuerda Jesús Mari que el pequeño féretro fue colocado sobre la mesa en el puente, siguiendo la vieja costumbre, y cómo  el cadáver de la criatura fue portado hasta la iglesia de Deba por cuatro muchachos del barrio: Joseba Alkorta (Goiz-alai), Mikel Egaña (Urasandi), Xabier Rodríguez Urquiri (Bustiñaga), y él mismo (Murgi).

Durante los últimos tiempos, tras la construcción en el barrio de Urasandi de nuevos edificios, habitados prácticamente todos ellos por gentes de Deba, han ido desapareciendo las seculares costumbres. Prácticamente todos los niños del barrio bautizados lo son en la iglesia de Santa María de Deba y todas las honras fúnebres de sus vecinos también tienen lugar en el mismo templo. Cambian los tiempos y cambian las costumbres.
Es por ello por lo que antes de que el tiempo borre de nuestras memorias los viejos rituales funerarios en estas dos riberas del Deba, la mutrikuarra y la debarra, como borrado ha quedado ya el viejo gorputz-bide, me he decidido a describirlos en estas líneas. 

  

     

        

viernes, 27 de enero de 2017


CUATRO MUJERES Y ...

DEBA EN 100 PALABRAS




En la fotografía, en el centro, tres de las cuatro ganadoras del concurso:
 Maddi Echeverria Crucelegui, Maria Antonia Manzano Presa y Naiara Zubimendi
Zubillaga. La cuarta ganadora, Marta Ortiz Mateo, no pudo asistir al acto.
Flanqueando a las ganadoras, cuatro de los miembros que formaron parte del jurado,
 entre ellos el autor de este blog.

Ayer, día 26 de enero de 2017, tuvo lugar la entrega de los premios literarios "Deba en 100 palabras", concurso literario patrocinado por la Fundación Cárdenas, entidad encarnada en su presidente Javier de Cárdenas, marqués de Prado Ameno, un hombre siempre volcado en apoyar a todo lo que culturalmente concierne a la villa de Deba.
 
La presente edición, cuyo tema obligatorio era la ermita de Santa Catalina de Deba, nos ha deparado una curiosa y agradable sorpresa. Los cuatro premios (dos primeros premios, uno en euskara y otro en castellano, y dos segundos premios en cada uno de estos idiomas) han ido a parar a mujeres. Las cuatro ganadoras fueron María Antonia Manzano Presa (de Madrid) por "Quemando una ramita" y Maddi Echeverria Crucelegui (de Donostia) por "Un día inolvidable", ambas en el apartado en castellano. Las ganadoras en euskara fueron Naiara Zubimendi Zubillaga (de Zumaia) por "Talaia", y Marta Ortiz Mateo (de Madrid).

Cuatro mujeres: dos madrileñas y dos guipuzcoanas. 
Para mí, que formé parte del jurado, el hecho de que las cuatro ganadoras fuesen mujeres no fue intrascendente, pues me hizo meditar sobre el importante papel desempeñado por las mujeres debarras en el campo literario euskaldun a través de la historia; y así lo hice saber en el acto tanto a las premiadas como al público asistente. Y me alegra mucho porque parece ser que, aún hoy, seguimos teniendo cantera literaria femenina para rato.
 
La primera obra escrita por una mujer en euskara, de la que existe constancia, salió de la pluma de una debarra: María Estibaliz de Sasiola, nacida poco antes de 1550 en la torre del mismo nombre, a pocos metros de donde se celebró el acto. Fue una mujer culta, como lo demuestran los poemas que de ella se conservan, lo que desmonta la creencia de que las mujeres de entonces no tenían acceso a la cultura. Y si alguien lo duda, que se lo pregunten a Teresa de Ávila la gran escritora mística castellana, coetánea de la autora debarra.



El tema del concurso de este año ha sido la ermita de Santa Catalina.
El lugar donde se encuentra dicha ermita, está considerado como una de la mas bellas
atalayas del Cantábrico. La fotografía corresponde a una de las romerías celebradas en ella
 todos los 24 de junio, día de San Juan.  
 
 Pero el hecho de que María Estibaliz fuese una poetisa pionera en lengua vasca no quiere decir que antes no hubiese habido otras mujeres, y también nacidas en esta villa guipuzcoana.
Los primeros versos en euskera atribuidos a mujeres vascas lo son de dos mujeres debarras. Son versos correspondientes a dos elegías medievales de los siglos XIV-XV, probablemente las más antiguas del País Vasco: las endechas de Milia de Lastur y las de Usua de Alós.
A pesar de que cuando vieron la luz no fueron escritos, pues eran improvisados, los viejos versos guardados en la memoria del pueblo serían recopilados y transcritos más tarde por Esteban de Garibay en el siglo XVI y por Juan Venancio Araquistaín en el siglo XIX.
Pero no queda ahí la cosa. Ya durante las primeras décadas del siglo XX, otra debarra, Tene Mujica, fue una de las más prolíficas escritoras en lengua vasca de su época. ¿Quién será la siguiente?.

Para terminar, me permito una reflexión:
A pesar de esta sociedad, a pesar de este momento en que vivimos donde las vertiginosas redes sociales mal utilizadas nos van secando el cerebro; a pesar de estos días en los que la telebasura parece formar parte de nuestra vida; a pesar de estos tiempos en los que hay jóvenes y mayores, hombres y mujeres que no han leído un libro y si lo han hecho ha sido por obligación; a pesar de eso, a pesar de todo eso y mucho más, aún queda un resquicio para la esperanza.
Estas cuatro mujeres y todos los demás participantes del "Deba en 100 palabras" nos lo han demostrado.             
    
     

  

domingo, 9 de octubre de 2016

LOS SASIOLA, LOS CONDES DE PEÑAFLORIDA Y EL BLOODY MARY




Miembros de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (Comisión de Bizkaia)
durante su visita a la iglesia de Santa María de Deba. 

A principios de septiembre recibí la llamada de una persona a la que siempre he admirado: el polifacético doctor Ricardo Franco Vicario. Entre los muchos cargos profesionales, culturales o lúdicos que ejerce, Ricardo es vocal de la comisión bizkaina de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.
Según me comentaba , el motivo de su llamada era que dicha comisión bizkaina de “la Bascongada”, encabezada por su presidente Lorenzo Goikoetxea, había organizado una jornada de visita al Geoparque de la Costa Vasca cuyo espacio geográfico comprende los municipios de Mutriku, Deba y Zumaia. Uno de los actos programados para dicho día era la visita a la iglesia de Santa María de Deba, una joya declarada Monumento Nacional en 1931, recién instaurada la República. Ricardo me solicitaba hacer de cicerone en aquella visita guiada, solicitud a la que accedí muy gustosamente.


Llegado el día señalado,  24 de septiembre, la visita tuvo lugar tal y como estaba previsto. En ella, más que dar a conocer los aspectos artísticos del monumental templo, me centré en dar a conocer la historia de Deba y sus gentes a través de las cinco capillas góticas de las, en el pasado, más relevantes familias de la villa: los Andonaegui, Zubelzu, Irarrazabal, Sasiola y Aguirre.
El recorrido por las capillas, transcurría con normalidad - sobra decir que con gran atención de los notables visitantes-  cuando llegados a la capilla del linaje de los Sasiola y tras dar mis explicaciones sobre la histórica familia me propuse entretener a los oyentes con dos acertijos referentes a personajes de esa familia.
El primer acertijo consistía en que estos adivinasen la relación existente entre los Sasiola y la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, institución a la que todos ellos pertenecían. El segundo, algo más estrambótico que el primero, consistía en adivinar la relación entre los Sasiola de Deba y el conocido cóctel “Bloody Mary”, según los expertos, uno de los mejores remedios para aliviar la resaca alcohólica.


DE LOS SASIOLA A LA REAL SOCIEDAD BASCONGADA DE AMIGOS DEL PAÍS

Sepulcro de Martín Ochoa de Sasiola, "el Tesorero" del Condestable de Castilla.
Entre risas, sonrisas y cruces de miradas, y viendo que ninguno de ellos daba con las respuestas me lancé a desvelar ambos enigmas.
Apoyado en el sepulcro del debarra Martín Ochoa de Sasiola, quien fuera tesorero del Condestable de Castilla don Pero Fernández de Velasco, algo así como un Cristóbal Montoro pero a lo grande y con pedigrí nobiliario, comencé a desgranar la historia de quien hace quinientos años había sido enterrado en él.
Martín Ochoa de Sasiola estuvo casado con María Martínez de Zarauz, nacida en Getaria en la casa-torre conocida como de Zarauz, edificio en ruinas situado junto a la parroquia de esa localidad y cuyos muros exteriores aún se conservan.
 De los hijos de ese matrimonio, uno de ellos, llamado Rodrigo Sasiola y Zarauz contrajo matrimonio con una joven llamada Jordana Manuel de Arancibia Zaldivar, nacida en la legendaria torre de Arancibia en Berriatua.
 Uno de los hijos de la pareja, Martín Ochoa de Sasiola y Arancibia, casó con María Eguino Areisti, natural de Azkoitia.

 
Jordana Manuel de Sasiola Arancibia
La única hija de éstos, Jordana Manuel  Sasiola-Arancibia Eguino, llamada como su abuela paterna, se casó con Juan Munibe Ortiz de Otalora, natural de San Andrés de Etxebarria y posteriormente residente en su nueva torre de Markina. Con ese matrimonio se unían los linajes de Sasiola y Munibe, dos linajes fundidos en uno y del que con el paso del tiempo descendería Xabier María Munibe e Idiaquez, VIII conde de Peñaflorida y fundador de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.             
Tras los comentarios y para reafirmar más aún mis explicaciones desvelé a mis atentos oyentes lo que hasta entonces les había ocultado: la capilla-sepulcro de los Sasiola, hasta fechas relativamente recientes también había sido conocida como capilla de los condes de Peñaflorida por ser ésta de su propiedad. No contento con ello y para ayudarles a acrecentar todavía más su interés sobre la historia de aquella capilla les hice un curioso comentario acerca de un conocido personaje de la política actual, descendiente de los linajes  de Sasiola y Munibe. Se trataba del ex alcalde de Vitoria-Gasteiz y ex ministro  Alfonso Alonso Aranegui cuya familia, muy ligada aún al pueblo de sus orígenes,  es la propietaria de una de las casas más históricas y antiguas de Deba: la casa torre de Maspe.


DE LOS SASIOLA AL BLOODY MARY
La segunda de las adivinanzas:  el nexo entre los Sasiola  y el mundialmente conocido cóctel Bloody Mary dejó perplejos a los ilustres visitantes. Al ver que nadie daba con la respuesta, me dispuse a desvelarla.
Otro miembro de esa poderosa familia, Jofre Ibañez de Sasiola “el Bachiller”, pariente del “Tesorero” Sasiola allí enterrado, además de alcalde de Deba e importante mercader, fue miembro del consejo real de Castilla-León durante el reinado de los Reyes Católicos y primer embajador del reino castellano en Londres, cargo que ostentó en la capital inglesa en dos ocasiones; la primera en 1483, la segunda en 1491.
Estando a punto de jubilarse, los Católicos Reyes le encomendaron una última e importante misión: hacer de casamentero. La operación consistía en conseguir que el príncipe de Gales, Arturo Tudor, se casase con Catalina de Aragón, la hija pequeña de los reyes Isabel y Fernando.

Catalina de Aragón
Buenas y efectivas debieron ser las gestiones del ex alcalde de Deba para conseguirlo ya que en noviembre de 1501 se celebraba la boda entre los jóvenes príncipes. Pero lo que son las cosas. A los cinco meses de la boda muere Arturo y la joven castellana queda viuda. Pasarán siete largos años hasta que Catalina vuelva a casarse, esta vez con el hermano menor de Arturo, el rey Enrique VIII. Con él tendrá una hija: la futura reina de Inglaterra, María Tudor.
No andaban bien las cosas en Inglaterra por entonces debido al cisma con Roma y a la implantación del anglicanismo, lo que conllevó la muerte de numerosos clérigos y nobles fieles a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Recordemos a Sir Thomas More, más conocido como Santo Tomás Moro, ajusticiado en la torre de Londres por orden de Enrique VIII tras ser acusado de alta traición al no prestar juramento a la Iglesia anglicana y oponerse al divorcio del rey con Catalina de Aragón.
Aquel baño de sangre debió quedar grabado en la mente de la joven heredera María, tan ferviente católica o más que su “Católica” y castellana abuela Isabel o su madre Catalina. Aquel fervor haría que tras acceder al trono, María se propusiese dar la vuelta a la tortilla no encontrando mejor forma de hacerlo que realizar una sangrienta escabechina entre quienes habían seguido a su padre Enrique y asesinado a toda una legión de opositores. Dicha escabechina le sirvió para que los anglicanos le adjudicasen el nada cariñoso apelativo de “Bloody Mary”  (María la Sanguinaria).

María Tudor
Y así llegamos al coctel  Bloody Mary, inventado según dicen en 1921 por el barman Fernand Petiot,  del establecimiento parisino “Nueva York”; un coctel elaborado a base de zumo de tomate y tan rojo como la sangre de los anglicanos ejecutados por orden de la reina María de Inglaterra y llamado así en honor de ésta.
Resumiendo: si Jofre, el ex alcalde de Deba miembro del Consejo Real de Castilla y embajador en Londres no hubiese realizado la gestión para casar en Inglaterra a la hija pequeña de los Reyes Católicos con Arturo, Príncipe de Gales, y más tarde con su hermano Enrique VIII, no habría nacido María Tudor, con lo que lógicamente tampoco habría corrido la sangre de numerosos anglicanos y la simpática María jamás hubiese sido apodada Bloody Mary y ,en consecuencia, el cóctel así llamado es posible que hubiese existido, pero eso sí … con otro nombre. 

                                              


EPÍLOGO
Lo pasamos muy bien en aquella visita, tanto ellos como yo. La pena es que tuvimos que andar ligeros pues la marea estaba subiendo y todavía les quedaba visitar la rasa mareal en el tramo de Zumaia. Aún así todavía nos quedó tiempo para la fotografía de rigor ante la monumental portada de santa María y para tomar un café.
Quedamos en que volverían otro día.
Y efectivamente, ayer contactaban conmigo vía correo electrónico, Xabier Orue-Etxebarria y Estíbaliz Apellaniz. Me comunican que vuelven el 15 de octubre, esta vez con una cuadrilla de amigos bizkaitarras. Serán bienvenidos.