martes, 20 de mayo de 2014

“LA CIENCIA Nº 78” , un efímero Triángulo Masónico en Deba

La existencia de logias masónicas en Euskal Herria está documentada desde al menos el siglo XVI, aunque fue realmente en el siglo XVIII cuando, con el enciclopedismo y la ilustración, estas tomaron fuerza.

En 1765 el conde de Peñaflorida solicitaba licencia real para la creación de una Sociedad de ilustrados masónicos. Aquella progresista sociedad que buscaba la riqueza del país mediante la modernización tecnológica y el progreso, se denominó Sociedad Bascongada de Amigos del País y tenía su sede en Azkoitia. 

                                                                           

Aunque no se puede afirmar rotundamente que dicha sociedad fuese masónica, su símbolo, tres manos unidas, (uno de los más conocidos símbolos masónicos), con la leyenda “Irurac Bat, nos sugiere que efectivamente pudo tratarse de una sociedad de este tipo o, como es sabido. al menos con numerosos masones entre sus miembros.
A comienzos del siglo XX el movimiento masónico recobraba fuerza de nuevo, proliferando las logias, que curiosamente contaron entre sus miembros con un buen número de personas pertenecientes al ámbito militar. 

                                                                             

La primera noticia de la existencia de una sociedad masónica en Deba corresponde al año 1.915, concretamente al 11 de octubre, día en el que los aspirantes a masones Andrés Abad Revuelta, Ángel Heras Maiz y Julio López Rodríguez solicitan entrar en la masonería fundando o “levantando columnas”, dicho en términos masónicos, del triángulo La Ciencia nº 78, con sede en Deba. Desconocemos si además de sus tres fundadores, la logia pudo contar con más miembros, quiénes fueron y dónde se reunían.
Andrés Abad Revuelta, cuyo nombre simbólico era Newton, tomó el cargo de presidente de la logia con grado tercero. Había nacido el 22 de julio de 1880 en Herrera de Pisuerga aunque residía en Deba donde al parecer ejercía como funcionario de la aduana portuaria entonces todavía existente en la localidad.

                                                                                 
                                           
Ángel Heras Maiz, militar y miembro de Izquierda Republicana, fue el primer tesorero de la logia debarra con el nombre simbólico de Euclides y grado tercero. Aunque nacido en Pamplona residió en Deba donde al parecer fue teniente de miqueletes. En 1917 se traslada a Donostia donde es nombrado capitán de ese cuerpo y en 1931 comandante. En 1932 pasó, con el cargo de segundo vigilante y grado tercero, a la logia donostiarra Altuna nº 15, constituida ese mismo año. En 1940, tras la Guerra Civil y cuando al parecer ya se encontraba exiliado en Francia, país donde murió, fue denunciado como masón por su antiguo compañero Abad Revuelta.
El tercer miembro fundador del triángulo La Ciencia nº 78, el militar Julio López Rodríguez, con nombre simbólico Cayo Graco, era secretario y grado segundo. Aunque nacido en Mondoñedo (Lugo), residía en Deba donde presumiblemente pudo ejercer como oficial de carabineros. Probablemente, motivado por sus destinos, este miembro aparece posteriormente como perteneciente a las logias “Turdetania nº 15” de Córdoba y “Luz y Prosperidad nº 5 “ de Palma del Río.
La vida del Triangulo masónico debarra debió ser breve ya que en el registro oficial de las logias dependientes del Gran Consejo Federal Simbólico del Gran Oriente español correspondiente al 1º de julio de 1924, dicho Triangulo debarra aparece ya con sede en Zumaia y compuesta por seis miembros.   

viernes, 16 de mayo de 2014

DE LONDRES A DEBA

EL VIAJE DE UN FORTE PIANO EN 1789 
         A BORDO DEL BERGANTÍN SAN RAFAEL
Un bergantín seguramente muy parecido a éste, el San Rafael, cubría la línea Londres-Deba en 1789


No hace falta decir que el gusto por la música, tanto la profana como la religiosa, es algo consustancial al pueblo vasco y por supuesto al de Deba, donde existe una gran tradición musical.
El archivo parroquial de esta villa guarda toda los documentación correspondiente a la importación desde Inglaterra de un fortepiano en julio de 1789, con destino a la parroquia de Deba. El acceso a esta documentación y su posterior escaneo me fueron posibles gracias a Patxi Aizpitarte, parroco de Deba con quien mantengo una buena relación.


Fortepiano de la casa Longman y Broderip. El modelo corresponde
a los años en que fue importado el de Deba, con destino al Cabildo Parroquial.

Para quien lo desconozca, decir que el fortepiano es un instrumento intermedio entre el clavicordio y el piano del siglo XIX. no debiéndose confundir, según los expertos, con el piano-forte o piano actual.
Ante la incógnita sobre qué utilidad se podría dar a dicho instrumento en una iglesia que ya contaba con un órgano, me dirigí al organero de la casa Grenzing, Oscar Laguna, asiduo del veraneo debarra.
Según Laguna, el fortepiano era utilizado en aquellos tiempos en época de cuaresma y Semana Santa, ya que su menor potencia sonora estaba más en consonancia con esas fechas de absoluto recato litúrgico.
Decir también que importantes maestros de la época a la que me estoy refiriendo, tales como Juan S. Bach, Mozart, Haydn o Beethoven compusieron numerosas obras para ser interpretadas con este predecesor del piano actual.

Carta de embarque del fortepiano, fechada el 4 de julio de 1789 en el puerto de Londres
El interés de dicha documentación, compuesta por la carta de embarque, factura, letra de cambio y recibo, estriba en que nos da a conocer que aún, casi a finales del siglo XVIII, el puerto de Deba mantenía tráfico comercial regular con puertos europeos, y como se aprecia en este caso, también con el de Londres.

Como puede verse en la documentación, el fortepiano fue comprado en la capital inglesa a los señores Longman y Broderip  por don Manuel de Oleaga, capitán del bergantín San Rafael, quien lo embarcó en su nave el 4 de julio, zarpando el 7 de julio de 1789 con destino al puerto de Deba. El establecimiento de Longman & Broderip se encontraba originalmente situado en el Nº 26 de Cheapside, una de las calles comerciales más importantes en el Londres de entonces. Posteriormente, en 1.782 la firma se trasladó al Nº 13 de Haymarket, cerca del Opera House.

Placa de un fortepiano de la casa Longman & Broderip.
En ella puede apreciarse la dirección de los dos establecimientos
 de la firma en Londres.

Según se lee en los documentos, el bergantín hacía posteriores escalas en San Sebastián y Bayona. El importe de la operación de compra en la que se incluyen varios conceptos, cuatro mil setecientos veinte reales y dos maravedíes de vellón pagado en libras, fue abonado por el mayordomo del Ilustre Cabildo Eclesiástico de Deba, don Juan Ramón de Arteaga.
Y ¡cosas de la vida!, desde hace ya muchos años la que fue casa de Juan Ramón de Arteaga, en aquella época mayordomo del ilustre cabildo parroquial, amén de importante terrateniente local, es actualmente mi casa y en ella conservo varias cartas suyas aparecidas en el camarote y precisamente fechadas en esa época.
En una de ellas, ésta algo anterior, enviada el 12 de agosto de 1778 por un tío del citado Arteaga, se le informa del envío de una caja conteniendo dos paquetes de tabaco, uno de ellos para su primo Altuna. También se le informa de que dicha caja  contiene asimismo las dos pelucas por él solicitadas, lo que nos da a entender que el mayordomo del cabildo parroquial debarra, además de ser fumador, portaba peluca, algo común en aquellos tiempos entre la gente pudiente.            
Decir también que los Arteaga eran descendientes de Ochoa de Arriola, propietario ya en el siglo XV de la casa torre de Urasandi edificio que el año de su desaparición, 1990, pertenecía a la familia Velarde Arteaga, descendientes directos de la medieval familia de los Arriola de Urasandi.  


                   




  




domingo, 4 de agosto de 2013

DOS RITOS PARA UNA FIESTA

                              DOS RITOS PARA UNA FIESTA

 

Hace ya un par de años, Agustín de Cárdenas Chávarri, me hablaba sobre el acto recordatorio que anualmente se celebra en el cementerio debarra poco antes del lanzamiento del txupinazo oficial de fiestas. Le vi muy informado sobre el tema y, efectivamente, me hizo saber que él había asistido en más de una ocasión al citado acto, convertido desde hace años en un verdadero ritual.
Aquella conversación con Agustín me dio pie a escribir sobre dos ritos desconocidos por muchos de los que disfrutan de las tradicionales fiestas de San Roque; uno dedicado a los ausentes, el otro a los presentes.

Recordar a los ausentes.

A las cinco de la tarde, como en el poema de Lorca, un recuerdo para Agurtzane y los ausentes.
El primero de ellos, al que acabo de referirme, se celebra desde las fiestas del año 1986, pocas semanas después de la muerte en accidente de la joven de 24 años Agurtzane Egaña, miembro de la banda de música de Deba.
Desde entonces, el catorce de agosto todos los componentes de la banda se dirigen al cementerio donde, a las cinco de la tarde, al son de la Martxa de Deba rinden tributo no sólo  a la memoria de Agurtzane, sino extensivamente a la memoria de todos los debarras fallecidos. Las alegres notas de la marcha compuesta por don Pablo Sorozabal rompen al menos durante unos minutos
el siempre tenso silencio del camposanto como queriendo transmitir y hacer partícipes de la explosiva alegría festiva a los ya eternos ausentes.
Algo tienen los debarras con la música que hasta la escuchan después de muertos; posiblemente será porque la llevan en el alma, y según dicen, ¡ojalá sea cierto!, el alma pervive tras el terrenal jolgorio.        

Reconfortar a los presentes

Ikaki junto a la hornacina de San Roque construida por sus amigos Bittor Urain,
Bentu Fernández y él mismo.
El origen del segundo de los ritos, tiene también nombre y apellido: Iñaki Odriozola.
Todo comenzó cuando hace ya doce años el hijo del cariñosamente recordado sumo pontífice de las parrillas debarras, Inaxio Odriozola y de su esposa Joxepa Lasa, tuvo la generosa idea de agasajar con un hamaiketako a quienes regresan al pueblo, tras asistir a la misa celebrada en la ermita de San Roque el día de la festividad de nuestro santo patrón.
Este acto, convertido ya en ritual, se celebra en pleno camino a la altura de la hornacina del santo de Montpellier. Es allí donde Iñaki y sus ayudantes dirigidos por el maestro de ceremonias Bentura Fernandez agasajan a romeros, anderos y autoridades con una soberbia ensalada de tomate procedente de la huerta de los Odriozola y una tabla de jamón y embutidos variados; todo ello regado con abundante vino, txakoli y refrescos.
Mientras el personal da buena cuenta de las viandas, Iñaki y otros voluntarios relevan a los sufridos anderos cargando sobre sus hombros los 76 kilos de la efigie de San Roque para que estos puedan reponer fuerzas.

Para mí, que desde hace años asisto al rito sociogastronómico-religioso, éste es uno de los actos más sencillos y simpáticos de las fiestas; todo un ejemplo de confraternización ciudadana sin distinción de credos ni de ideologías, eso sí, confraternización  vía gástrica, como corresponde al país donde vivimos.
La organización del acto tiene a mi modo de ver un doble valor teniendo en cuenta que los gastos de comida y bebida corren a cuenta del bueno de Iñaki, valor que se quintuplica viendo los tiempos que corren.


Iñaki entrevistado por ETB, mientras releva junto a Fernando Pastor, Josu Iriondo
y Jesús Mari León a los anderos oficiales.
El año pasado, como avalando la trascendencia del rito, observé con sorpresa que hasta las mismísimas cámaras de Euskal Telebista se habían acercado al lugar para entrevistar al simpático filántropo. Tuve la sensación de que era algo así como el reconocimiento a la generosidad y buena voluntad de Iñaki Odriozola.
Si los hados nos son propicios, este año, el dieciséis de agosto también acudiremos a la ermita, sabiendo que  al regreso, a un lado del camino y fiel a la cita, encontraremos a Iñaki ofreciéndonos, además del hamaiketako, su generosa y gratuita sonrisa.
 
Se acabó lo que se daba.Tras el hamaiketako, Iñaki con sus colaboradores,
amigos y una representación de las autoridades municipales.
 
                                                            
                         

martes, 2 de julio de 2013

¿ BOLA O BALA ?


                        HISTORIA DE UNA PIEDRA


Recuerdo haber escuchado de niño que la  esfera empotrada en el muro frontal de la iglesia de Itziar, no es en realidad una simple bola pétrea, sino la bala o proyectil de un antiguo tipo de cañón denominado pedrero.
Nunca me había creído que aquello fuese cierto, pues me parecía imposible que hace más de quinientos años hubiese cañón capaz de lanzar proyectiles de tal calibre.

Pasaron los años y tuve la oportunidad de leer parte de una obra publicada en Pamplona en 1767 cuyo título era “ Breve historia de la aparición del más luminoso astro y brillante estrella de la mar, la milagrosa imagen de María Santísima de Iciar”. El autor de aquella breve historia con un título nada breve por cierto, era Pedro José Aldazabal Murguia, vicario de Itziar y Deba, además de miembro de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País.

Fachada de la iglesia de Itziar.
En la parte de abajo, a mano
 derecha, puede apreciarse la
gran bala de pedrero empotrada
en el muro.

Para la confección del citado libro, don Pedro se había basado en textos escritos años antes por un fraile carmelita itziartarra llamado José Jesús María Arakistain, autor entre otras obras del himno de la Virgen de Itziar.
Mi sorpresa fue grande cuando ví que entre aquellos textos se hacía mención a la citada bala o proyectil y a cómo y en qué circunstancias fue a parar o empotrarse en los muros del santuario de Itziar.
Para ser breve, transcribo directamente los textos originales del libro de don Pedro José Aldazabal Murguía en los que se detallan tales circunstancias.

 “ Corroborasse esta Tradiccion, y fama con las muchas balas, que han traido á su Santuario Devotísimo los Navegantes en reconocimiento, de haver experimentado milagrosas asistencias, y socorros de su clarísima Estrella Sagrada, y Celestial Protectora en repetidísimas ocasiones, de las cuales algunas passan de 32. libras de calibre, y otras son menores y de diferentes calibres, y todas se hallan colgadas en la misma Iglesia, y entre otras hay tambien una bomba: Mas entre todas ellas es muy singular una bala de piedra, que se conserva ajustada, y encajada en la pared maestra del frontis de la Iglesia, de tan crecida magnitud y mole, que se hará increíble á quien no la huviere visto, y se pasmará cualquiera, al considerar, que pudiesse haver pedrero tan grande, y capáz, que disparasse tan prodigiosa mole. Sobresale la mitad de esta bala de la pared, para que todos puedan ver su grandeza, hallandose labradas las demás piedras muy ajustadamente colocadas, y no se puede discurrir, que le huviessen puesto en aquel parage para otro fin, que para conservar la memoria de algun milagro prodigioso, que la Sagrada Virgen obró, que por lo demás afea la pared, y no poco costó el colocarla tan ajustadamente. Y aunque no se sabe el tiempo cierto, en que se colocó aquella bala , sospechar se puede que fue por los años de 1476. Porque como escribe Garibai: Este año estando el Rey Don Fernando el Catholico en Bilbao á la Jura del Señorio, le dieron los Guipuzcoanos, y Vizcainos treinta Naves contra las Costas  de Galicia, que estaba por el Rey de Portugal. Entre las demás se armó una del Capitan Lasalde, vecino de la Villa de Deva, que era de quinientas toneladas: Tomáron algunas Villas, y fronteras, reduciendolas al servicio de los Reyes, y haciendo otras proezas volvió la Armada en el mes de Noviembre del mismo año, y entre las demás presas trajo la Nave de Lasalde dos piezas de Artilleria de fierro, la una de estraña magnitud, tomada en Bayona de Miño, que tiraba bala de piedra de 174. libras, y la otra, un passabolante tomado en Vivero, que tambien tiraba bala de piedra de 30. libras. Y aunque esta Nave se armó en San Sebastián, mucha parte de su tripulacion era Gente de Deva, que en agradecimiento a los favores, experimentados en su expedición, es muy creìble, que quisiesen perpetuar su reconocimiento, abriendo en la pared aquella concavidad, para colocar en ella la bala, que oy se vè. 

       

                                 


       

miércoles, 20 de marzo de 2013

LA ENTRÁTICA, UN RITO PERDIDO

LA PURIFICACIÓN DE LAS MADRES

Hace unos días comentaba con mis compañeros de trabajo, acerca de los numerosos ritos que hasta hace relativamente pocos años se celebraban y que ya han desaparecido. Eran ritos milenarios que en cuestión de pocos años han sido borrados incluso de la memoria popular debido a los grandes cambios que cada vez a mayor velocidad van transformando a nuestra sociedad, incluso a la religiosa.
Uno de esos ritos era la "Entrática", algo desconocido por la mayoría de personas menores de cincuenta años ya que, según creo recordar, desapareció con los cambios litúrgicos del Concilio Vaticano II, clausurado en 1965.

La "Entrática", conocida en euskara como "Eliz-Sartzea", era un ritual de purificación que recogió el cristianismo de la religión judía. Según la ley de Moisés, tras el parto del primogénito, las mujeres debían someterse a un rito similar a éste para purificar su cuerpo. Desde el día que el justo Moisés bajó del monte Sinaí y comenzó a organizar el cotarro judaico, hasta la desaparición del rito en los años sesenta del pasado siglo, pasó mucho tiempo, por no hablar del número de mujeres purificadas.

Todavía hoy, el dos de febrero, la iglesia católica celebra la Purificación de la Virgen recordando el día que, cumpliendo con la ley judía, la Virgen acudió al templo de Jerusalén para purificarse y presentar a su hijo Jesús. Cuenta la historia Sagrada que, como era preceptivo, debía ofrecerse un sacrificio y que al ser muy pobres, la Virgen ofreció un par de tórtolas. 


Continuando pués con esa antiquísima tradición, la Iglesia Católica hizo también que tras el parto de sus hijos e hijas, la mujer permaneciese obligatoriamente sin salir de casa durante un tiempo hasta someterse al rito purificatorio. Este encierro era respetado escrupulosamente hasta el punto de que la madre no asistia al bautizo de su criatura (generalmente celebrado a los pocos días del nacimiento) por no poder quebrantar la vieja costumbre.

En Euskal Herria, donde la teja ha sido secularmente símbolo de propiedad, pero también de protección a cubierto, ésta era utilizada por las mujeres de una forma muy peculiar. Cuando por algún motivo realmente importante y vital la mujer se veía en la necesidad de salir a la calle, ésta cubría su cabeza con una teja; de esa forma se quería transmitir que permanecía a cubierto a pesar de haberse ausentado del hogar.



Hace ya años, hablando sobre este asunto con un amigo bermeano, éste se refería al periodo comprendido entre el parto y la entrática como la "cuarentena" de la mujer; así era popularmente conocida al parecer en algunos lugares.

Yo, que durante años fui monaguillo, tengo el privilegio de tener grabado en el disco duro de mi cerebro, la imagen de numerosas entráticas, bautizos, viáticos, extremaunciones, funerales y entierros. Además, como hijo mayor, el primero de siete hijos paridos por la señora Irene Aranzeta Lekuona, recuerdo haber visto a mi madre, no una, sino varias veces, ser protagonista del milenario ritual de la entrática.
Para quienes desconozcan este rito, narraré cómo se celebraba en Deba, mi pueblo.
Imagino que en el resto de pueblos de Euskal Herria sería muy parecido, posiblemente con alguna mínima variante.
Recuerdo que se celebraban hacia media mañana (los judios también lo hacían siempre por la mañana). Más o menos a esa hora, la serora se dirigía a casa de la madre para recoger a ésta y a su criatura.


Recuerdo que durante muchos años en Deba hubo dos seroras, las hermanas María y Rosa Lizarzaburu, ambas de edad muy avanzada. Las funciones puramente litúrgicas corrían a cargo de María, mientras que las de limpieza, planchado y orden general de todos los elementos religiosos corrían a cargo de Rosa. Queda claro pues, que era María la encargada de "concelebrar" el ritual.

Tras recoger en su domicilio a la madre y al neófito o neófita , María se dirigía con ellos al pórtico de la iglesia donde se celebraría la primera parte - la esencial- de la entrática. Allí, les esperaba el sacerdote. La madre se arrodillaba en una silla-reclinatorio con la criatura en brazos a la vez que sujetaba un cirio encendido en una de sus manos (el fuego es la luz que alumbra el camino y purifica el alma).
El sacerdote realizaba las oraciones de purificación de la madre y la bendecía. Esta parte del ritual era breve y sencilla, y generalmente no acudía gente al acto pues era algo muy personal. A partir de ese momento la mujer ya podía ingresar en el templo pues había quedado limpia de impureza.

Vista del interior de la iglesia de Santa María. La foto corresponde
a la primera mitad del siglo XX. A mano izquierda, en la parte inferior,
puede observarse el altar de San José que aunque ya desaparecido,
aún conserva el pequeño retablo anexo a una de las columnas.
Sobre este altar se colocaba a las criaturas para ser ofrecidas a San José
 y pedir su  protección. 


En la segunda parte del ritual no intervenía el sacerdote, sino que era la serora quien llevaba la voz cantante. Ella junto a la madre y la criatura entraban en la iglesia y se dirigían al pequeño altar de San José. Este altar (hoy solo queda el pequeño retablo), se encontraba adosado a una de las columnas de la iglesia.
Allí, la serora colocaba sobre el altar a la criatura como símbolo de ofrecimiento de la criatura al justo José.
Arrodilladas madre y serora en un reclinatorio, esta parte del ritual continuaba con oraciones, letanías y berridos de la criatura, a menudo poco dispuesta a colaborar.
La salida del templo era discreta, sin gente ni testigos del rito realizado. La madre se dirigía de nuevo a casa llevando en brazos a su criatura.  



  

    

miércoles, 13 de marzo de 2013

ANTXOA FRESKUE

¡ CÓMO HAN CAMBIADO LOS TIEMPOS !

Hace unos días, mientras esperaba el turno en la pescadería, observé con discreción las obligadas etiquetas que clavadas en el  hielo, informaban sobre la procedencia de los pescados expuestos al público:
anchoa del Mediterraneo, verdel  y merluza de anzuelo del Cantábrico, merluza del Atlántico Sur, bacalao del Atlántico Norte..., y así, un sinfín de especies y  procedencias.
¡ Cómo han cambiado los tiempos !  pensé.

Todavía recuerdo, cuando siendo niño, oía desde casa el reclamo publicitario de aquellas pescateras de Mutriku que, tras su arribada a Deba a bordo de un autobús de la legendaria compañía "La Esperanza", recorrían las calles con su fresca mercancia al grito de "antxoa freskueeeee", un "freskue" con muchas "es" y con un tono ascendente hasta lo que diesen de sí la garganta y los pulmones.
Las recuerdo con las cajas de anchoa o lo que se terciase, sobre sus cabezas, y con una voz que para sí la quisiera más de una soprano.

En Deba teníamos pescaderías, claro está, pero las que recorrían las calles, al menos en aquella época, eran mutrikuarras. Creo recordar que una de ellas era conocida como María "Beltza".

La ilustración de J.Ignacio Treku, recrea el puerto de Deba a mediados del siglo XIX. 




Hace casi un siglo que en Deba no hay embarcaciónes ni gentes dedicadas profesionalmente a la pesca - la última fue el vaporcito pesquero de Pío Esnaola - y en Mutriku, a pesar de su indudable sabor marinero, quedan muy pocas.
¡Dónde han quedado aquellas seculares peleas a muerte y aquellos efímeros acuerdos entre los dos municipios gipuzkoanos, sobre los derechos de venta del pescado de unos y otros!

La foto de Ricardo Martín corresponde al año 1917.  En la imagen, los arrantzales del vapor lekeitiarra "Clotilde" en el
puerto de Donostia. El vapor de los hermanos Esnaola al que se hace referencia en el artículo debió ser muy parecido a éste. Todavía hoy se conserva en el primer machón del puente de Deba, la escalera de madera por la que accedian a la embarcación sus tripulantes. Foto: Guregipuzkoa. Kutxa-Fototeka. Fondo FOTO CAR. Autor Ricardo Martín .


Hace unos años, en mi época de marino mercante, navegué con un lekeitiarra a punto de la jubilación: Manu Goitia. El gran Manu, hace años fallecido, me contaba una anécdota referente al cambio de gustos y preferencias en cuanto al consumo de pescado. Manu sabía mucho de esto pues había sido arrantzale prácticamente durante toda su vida.
La anécdota se la había contado su madre siendo un niño, y a mí, como debarra, me gustó mucho pues hacía referencia a mi pueblo.

Según la madre de Manu, esposa, madre, hermana, hija, nieta y descendiente de mil y una generaciones de arrantzales, la primera población donde se pescó, vendió y consumió el sapo (rape), fue en Deba. Según el testimonio de la lekeitiarra, por aquellos tiempos todos los arrantzales de los puertos vascos se mofaban de los arrantzales debarras pues además de pescar el hoy tan apreciado y codiciado bicho marino, este llegaba a las casas de los pobres gracias a la venta pedestre y ambulante de una señora de Deba. Del precio mejor no hablar: casi de regalo.
¡Qué deshonra para un marinero vasco pescar aquel horrible e infernal animal!

¡Qué pescados tan frescos aquellos! y además en tiempos en los que solo se veían los frigoríficos - entonces los llamábamos neveras - en las películas americanas o en los anuncios de la revista Selecciones de Reader´s Digest.

Y hablando de pescados frescos, contaré algo que me sucedió hace unos años.
Había invitado a cenar en mi casa a dos amigos de Bilbao, veraneantes en Deba durante toda la vida. Hacía poco que a tres pasos de mi portal se había abierto una tienda de congelados.
Pensando en la cena y en los comensales, compré unos buenos lomos de merluza congelada que llegada la hora los preparé en salsa verde. Eran tiempos en los que la merluza fresca tenía un precio prohibitivo.

Mientras los dos bilbaínos invitados y mi esposa daban cuenta de los entrantes, yo me afanaba en la preparación de una hermosa cazuela de merluza.
Llegado el momento serví a los invitados, que con una voracidad fuera de lo normal comenzaron a engullir lo que hacía unas horas, había sido un bloque de hielo elaborado a bordo de un buque factoría en aguas del Atlántico Sur.

No hay nada más agradecido para un cocinero, que los comensales dejen bien limpio el plato y pregunten si se puede repetir.
Y eso me sucedió a mí. Solo que uno de ellos interrumpió por unos segundos la ingesta de la argentina merluza, para con un tono serio y con cara de experto gourmet decirme:
"La verdad, Alex... ¡cómo se nota que es merluza de anzuelo!, ¡Vaya diferencia! ".
Y se quedó tan tranquilo y tan a gusto, pensando que se estaba comiendo una merluza pescada en Mutriku.



                                                                              Dedicatoria:
Con todo el cariño, a mi gran amigo, experto gourmet y pelotari de pro, Joserra Castillo Arrese; el único que fue capaz de cerrar el Fontón Madrid y el bilbaíno con más "txispa" y gracia de todo el Señorío.

sábado, 29 de diciembre de 2012

CINCO CAPILLAS CON HISTORIA

 
 
 
 
La iglesia parroquial de Santa María de Deba, Monumento Nacional del Estado desde el año 1931, es una de las grandes joyas de la arquitectura religiosa vasca.
Levantada en el siglo XV sobre una primitiva iglesia del siglo XIV, fue ampliada en el siglo XVI y concluida en el XVII. La financiación del templo corrió a cuenta del vecindario debarra, de ahí que, desde hace siglos, la fachada principal del templo luzca con orgullo el escudo de la villa.
Uno de los elementos más interesantes de este monumental templo son sus capillas góticas, construidas en el momento de mayor esplendor de la población.

Fue ése un momento en el que los impuestos procedentes del tráfico de lana castellana y de productos manufacturados exportados a Inglaterra, Francia, Flandes y otros países europeos, contribuyeron al enriquecimiento de la villa. Ni qué decir de los beneficios procedentes de las sustanciosas campañas balleneras a Terranova, organizadas éstas por familias locales, o de las también sustanciosas campañas corsarias en las que el rey se beneficiaba de una quinta parte del botín, "quinto real ", pero el armador de la nave, los tripulantes y de paso, la iglesia y el pueblo debarra en general, también fueron partícipes directa o indirectamente de aquellos beneficios.

De las seis capillas que hoy podemos visitar en la iglesia parroquial de Santa María de Deba, cinco de ellas fueron construidas para servir de oratorio y enterramiento a las más poderosas familias debarras de los siglos XV-XVI. La sexta, fue sacristía hasta que en 1714, finalizada una nueva, aquella pasó a desempeñar funciones de capilla.

Las cinco capillas privadas son una especie de libro abierto en el que han quedado escritos importantes pasajes de la historia de Deba, algunos de ellos dignos de la mejor película de acción. Pertenecen a los linajes de Irarrazabal, Sasiola, Zubeltzu, Aguirre y Andonaegui. Todas ellas tienen una gran historia; algunas, incluso leyenda.
He aquí algunas breves reseñas históricas de estas capillas y de sus propietarios. 

Capilla de los Irarrazabal, o de la Misericordia
Fue construida por la más importante de las familias debarras, prebostes de la villa desde su fundación en 1343, de ahí que ocupe un lugar preferencial: la primera en el lado del evangelio. Hasta hace unas décadas, esta capilla era también conocida con el nombre de "Valparaíso" o del "marqués de Valparaíso". Más adelante explicaré los porqués de esta curiosa denominación.

 
La casa solar de los Irarrazabal, desgraciadamente ya desaparecida, estaba situada a la salida del pueblo, en el barrio de Artzabal. Existen algunas vagas referencias sobre la antigua torre medieval pero en realidad lo único que se conserva de esta familia es el topónimo de un caserío situado junto al lugar donde se ubicó la torre, y la capilla-sepulcro de la familia, situada en la iglesia parroquial.
 
Sepulcro de los Irarrazabal o de Valparaiso. El paso del tiempo ha hecho que
las figuras talladas en la piedra se vean con dificultad.
En el centro se puede apreciar un caballero armado con espada y escudo
flanqueado por un hombre con lanza y otra figura sedente.
En ambos laterales, dos escudos irreconocibles, debido al desgaste de la piedra,
sostenidos por dos leones rampantes. Es de suponer que al menos uno de los
escudos sea el de los Irarrazabal.

En septiembre de 1394, siendo alcalde de Deba Fernán Miguelez de Irarrazabal y preboste Juan Ruiz de Irarrazabal, reunido el concejo en el interior del templo, fueron aprobadas las primeras ordenanzas de la villa de Deba, consideradas las más antiguas de Gipuzkoa ya que tres años más tarde, en 1397, verían la luz las primeras ordenanzas de la Hermandad de villas de Gipuzkoa.
 
Los Irarrazabal, además de ser dueños de diversas ferrerías,molinos, lonjas y cargaderos, fueron constructores y propietarios de barcos dedicados al comercio, al corso, o a la caza de la ballena en aguas de Terranova. Uno de ellos fue Martín Ochoa de Irarrazabal, alcalde de Deba en 1570, importante mercader, ballenero y capitán de mar, generalmente a bordo de sus propias naves al servicio de la corona. Murió  de un tiro mientras luchaba contra los ingleses a bordo de la nao "Felipe y Santiago" una de las naves de la conocida como "Armada Invencible".
 
Otro miembro destacado de esta familia fue Francisco de Andia Irarrazabal, nacido en Deba en 1536; caballero de la Orden de Santiago, paje en la corte del príncipe y más tarde rey, Felipe II, a quien acompañaría a Inglaterra para sus desposorios con María Tudor. Poco después embarcaría para América, llegando a Chile junto a su gran amigo, de origen bermeotarra, Alonso de Ercilla y Zúñiga, autor de la inmortal obra literaria " La Araucana".
 
Su hijo, Francisco de Andia Irarrazabal y Zarate, nació en Chile el año 1576 aunque pasó la mayor parte de su vida en Europa. Primogénito de siete hermanos fue sucesor de las casas de Andia en Tolosa y de Irarrazabal en Deba, población esta última donde había nacido su padre.
Su historial es de lo más interesante pues prácticamente no hay guerra ni cargo donde no se le nombre. Fue el chileno con más cargos y títulos, tantos que merece la pena hacer mención de, al menos, algunos de ellos:
Caballero de la Orden de Santiago, Trece de esta Orden, Comendador de Villoria y de Aguilarejo, primer vizconde de Santa Clara, Maestre de Campo General de infantería española, Veedor General del ejercito de Flandes, Gobernador de las armas del reino de Murcia, Gobernador y Capitán General de las Islas Canarias, Gobernador General de Chile, Gobernador General de Gibraltar, Capitán General de Orán y Mazarquivir, Virrey de Galicia, de Navarra y de Sicilia, Consejero de Estado y Guerra de Felipe IV, Gobernador de Artillería y Juntas de Guerra de Cataluña, Consejero de Guerra de Flandes, Capitán de Guardias del Archiduque Alberto y Comisario General del Ejército de Granada.
Se dice de él que sirvió a la corona sesenta años, recibiendo cuarenta y cinco heridas de guerra.
Fue cinco veces virrey, y Felipe IV le concedió el título de marqués de Valparaíso (título con grandeza de España que en la actualidad ostenta Don Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete.
Francisco Andia Irarrazabal murió en Madrid en octubre de 1659 y es muy probable, casi seguro, que como señor de la casa de Irarrazabal, su cuerpo fuese enterrado en el sepulcro de la capilla familiar de Deba. Esa podría ser la explicación a la anteriormente comentada denominación de la capilla-sepulcro como del "marqués de Valparaiso".

Haciendo mención a la personalidad de este personaje, me gustaría comentar una anécdota referente a él.
Hace unos días, interesado en conocer algún dato sobre su vida, me introduje vía cibernética en el Archivo Histórico Nacional. Mi labor fue premiada cuando conseguí hacerme con un documento fechado en 1636, momento en el que Francisco de Andia Irarrazabal era precisamente Virrey de Navarra, y año también en el que visitó Deba para supervisar la construcción de tres galeones de su propiedad que se estaban construyendo en los astilleros de esta villa guipuzcoana.
Es un documento del Consejo de la Inquisición referente a un "Proceso de fe" contra don Francisco de Andia-Irarrazabal y Zarate. Para ser breve, resumiré la anécdota diciendo que el señor Irarrazabal, Virrey de Navarra, no se cortó un pelo a la hora de imponer una severa multa al mismísimo obispo de Pamplona, don Pedro Fernández Zorrilla.   
Si Irarrazabal tenía carácter, el obispo no se quedaba atrás, pues según consta, el virrey vasco-chileno fue excomulgado con todas las de la ley, según los inquisidores, por ser sospechoso del "error de Inglaterra"; una vendetta en toda regla.  

Capilla de San Antón o de los Sasiola


Fue fundada por Martín Ochoa de Sasiola, llamado “el Tesorero” y por su esposa María Martinez de Zarauz, y en ella fueron enterrados. La capilla está dedicada a San Antón, por ser éste el santo protector del linaje de los Sasiola.
Martín Ochoa de Sasiola fue secretario del condestable de Castilla Pedro Fernández de Velasco, el hombre con más poder en el reino, tras el rey. Este miembro de la familia Sasiola fue uno de los personajes que el 25 de Noviembre de 1539, recibieron en el túnel de San Adrián al emperador Carlos V cuando entró en Gipuzkoa.


 
La capilla posee un pequeño pero precioso retablo tapizado con brocados de Flandes y muestra un maravilloso tríptico flamenco del siglo XVI que dice bastante sobre las relaciones comerciales de los Sasiola con los puertos de los Países Bajos.


El sepulcro, tallado en arenisca, luce a su derecha el escudo de Castilla-León. A la izquierda, otro intencionadamente destrozado por el cincel, que según algunos historiadores podría tratarse del escudo de la casa inglesa de Plantagenet. En el centro, en la parte inferior, el escudo de los Sasiola con la tau de San Antón y sobre éste, una talla con un jarrón de lirios alusivo a la Virgen, elemento hagiográfico mariano muy común, también presente en el sepulcro de los Aguirre.
En uno de los muros de la capilla existe una puerta cegada que en el pasado daba acceso al claustro. Tallado en el dintel de arenisca de esa puerta, en la parte del claustro, se puede apreciar el escudo de los Sasiola, propietarios de la capilla.
 
 

Los Sasiola, importante familia de mercaderes, tuvieron estrechas relaciones con la corona inglesa. No en vano, uno de sus miembros, Jofre Ibáñez de Sasiola, “El Bachiller”, tío paterno de Martín Ochoa de Sasiola, además de alcalde de Deba, formó parte del Consejo Real de Fernando el Católico, siendo también el primer embajador que tuvo el reino de Castilla-León en Londres. Curiosamente, una de sus labores en Inglaterra consistió en acordar el matrimonio entre la hija pequeña de los Reyes Católicos, Catalina de Aragón, con Arturo, Príncipe de Gales. Al morir Arturo al poco tiempo de la boda, ella contraería nuevo matrimonio con el hermano de su marido, Enrique VIII, con el que tuvo una hija: María Tudor, a la que con el tiempo, los anglicanos ingleses llamarían "Bloody Mary".

El escudo labrado en el sepulcro está sostenido por dos ciervos rampantes y muestra las flores de lis de la casa de Plantagenet. Curiosamente, en algún momento, quizás debido a algún episodio corsario frente a Inglaterra, este escudo fue dañado intencionadamente con un cincel. La imagen está forzada para que puedan apreciarse con claridad las tres flores de lis y los ciervos.







Otra de sus misiones del embajador debarra fue la de terminar con las guerras de corso entre los marinos vascos e Inglaterra, alguna de cuyas paces se firmó precisamente en Deba. Así sucedió en 1473 cuando en esta villa se reunieron los marinos vascos con los embajadores ingleses.
En reconocimiento a sus méritos, Jofre Ibáñez de Sasiola fue premiado por la corona inglesa con la más importante distinción en aquel país: Caballero de la Orden de la Jarretera. Jofre murió en Zumaia donde había fundado casa tras su boda con María López de Areizti.
El padre de Jofre Ibáñez de Sasiola, “el Bachiller”, llamado y apellidado igual que su hijo, fue además de alcalde de Deba, importante mercader y reconocido corsario. Un dato históricamente interesante que demuestra la actividad de sus negocios marítimos es que en 1488 Bartolomé Colón, hermano del descubridor, viajó a Londres en una nave de Jofre Ibáñez de Sasiola, padre, la cual fue abordada por corsarios alemanes que tuvieron secuestrado al hermano del almirante y descubridor genovés durante seis años.
    
Capilla de San Juan Bautista o de los Zubelzu.

Es popularmente conocida como “capilla de la hilandera” debido a que existe una leyenda romántica local que relaciona esta capilla con sus dos protagonistas: Andra Madalen y su hija Katalintxu, ambas, según la tradición, pertenecientes la casa de Zubeltzu.
Al parecer, al menos, en ella debieron ser enterrados Fernando de Zubelzu y su esposa María de Zuazola en la segunda mitad de mil quinientos, ya que los escudos de ambas casas aparecen tallados en el frontal del sepulcro familiar.

 
Los Zubelzu procedían de la torre del mismo nombre situada en el barrio de Mardari, pero su casa, dentro de la villa, estaba situada donde actualmente se encuentra el cine “Zubelzu”.
Esta familia era propietaria de naos destinadas al comercio, al corso, o a lo que hiciese falta. Así  tenemos que la nao "Concepción Mayor", de 486 toneladas y dieciséis cañones, propiedad de Juan Pascual de Zubelzu, fue una de las seis naves debarras que formaron parte de la Armada Invencible. Al mando de la nao iba su propio hijo, Manuel López de Zubelzu quien, como el resto de las naves de esta población, pudo arribar a puerto tras la desastrosa expedición.
Esta capilla está considerada como una de las más bellas del arte gótico en Euskal Herria.
En el friso labrado sobre el sepulcro se aprecia un Cristo crucificado, flanqueado por los doce apóstoles. El frontal del sarcófago muestra varios escudos heráldicos así como una escena del bautismo de Jesús y varios monjes orantes en procesión.
Arriba, dos bellas vidrieras que hacen referencia a los dos personajes protagonistas de la leyenda de La Hilandera: Anrdra Madalen y su hija Katalintxo.



Capilla de San Pedro
o de los Aguirre  
 
Perteneció a la poderosfamilia de los Aguirre, emparentada con las familias locales de los Sasiola y de los Irarrazabal. En ella fue sepultado en 1593 Fernando de Aguirre, pagador de armas y criado del rey Felipe II. Refiriéndose a él, el diplomático y político Luis López de la Torre Ayllón y Kirsmacker escribió:
“Este don Fernando fue uno de aquellos secretarios de Felipe II, a quienes el monarca confiaba el desempeño de cargos o comisiones especiales.
Residía por lo común en Guipúzcoa, y allí atendía a la fabricación y pago de las armas destinadas a las huestes españolas”.
Su casa, situada en la calle del Astillero es, junto a la de los Sasiola, uno de los dos edificios que se conservan, pertenecientes a las familias propietarias de capillas en la iglesia parroquial de Deba.

 
Los Aguirre fueron importantes mercaderes y marinos ocupando relevantes puestos tanto en la mar como en tierra. Uno de ellos, San Juan de Aguirre, fue almirante de una escuadra de la armada del mar océano y posteriormente Almirante General con don Alonso de Bazán.
 Debido a la unión de miembros de la familia Aguirre con los Irarrazabal, en esta capilla están enterrados varios Irarrazabal casados con mujeres de la familia Aguirre.
El sepulcro, como el de las demás capilla está tallado en piedra arenisca y muestra la escena de la anunciación de la Virgen. Entre el ángel y la Virgen puede apreciarse el jarrón con los lirios, elemento que hace referencia a la madre de Jesús.
 

Capilla de Santo Domingo o de Andonaegui
 
 
Perteneció a la familia Andonaegui, de la casa conocida como “Deva-echea” o “Comendadorecua” situada en la calle actualmente denominada Lersundi.
En esta capilla está enterrado Juan de Andonaegui, comendador de la Orden de Caballería de San Lázaro y secretario durante once años, de la embajada de España en Roma, en tiempos de Felipe II.
Hombre políglota, se dice de él que hablaba siete idiomas. Fue responsable de la correspondencia cifrada entre el rey español y el papado, incluida la referente a la batalla de Lepanto.
 
Los papas Pío V y Gregorio XIII le concedieron numerosas gracias y privilegios, tanto a él como a la iglesia parroquial de Deba y a su propia casa, destinada al parecer a convertirse en convento de monjas donde pensaban ingresar sus propias hijas. No se sabe si efectivamente su casa, "Deva-echea", pasó a convertirse en convento. Lo que si sabemos es que sus hijas ingresaron en la orden de las madres Brígidas tomando los nombres de Mencia de Jesús María y de Engracia de Christo y que fueron cofundadoras, junto a Doña Marína Escobar, del convento de Brígidas de Valladolid, así como otro convento de la misma orden en Vitoria.
 
Las gracias para con Don Juan de Andonaegui no solo llegaron de los papas, ya que Felipe II,  le otorgó una pensión vitalicia de mil ducados anuales.
Cuentan de él, que debido al intensisimo esfuerzo al que sometió a sus ojos por
motivo de su profesión, fue perdiendo visión hasta el punto de quedarse practicamente ciego. Y efectivamente parece ser cierto, pues en dos cartas suyas fechadas en Madrid en julio y noviembre de 1584 y dirigidas a su colega Cristobal de Salazar, secretario de la embajada española en Venecia, Andonaegui le agradece el envío de unos anteojos para su gran miopía, encargándole le haga llegar seis pares más.