lunes, 10 de agosto de 2015

EUSTAQUIO ARRINDA Y LOS HERMANOS TOMÁS Y ANTONIO AZNAL




 

 DE MENDAVIA A TERRANOVA


 
Frecuentemente, cuando se utiliza el término “lobo de mar”, quienes lo hacen desconocen lo que ello realmente significa. Digo esto porque yo que fui marino durante más de una década y en toda mi vida tan solo he conocido a uno, estoy rotundamente convencido de que el “lobo de mar” es una especie ya extinta. La modernidad y las comodidades que proporciona el progreso han hecho que la navegación y la pesca de gran altura  dejen de ser una interesante y arriesgada aventura para convertirse a menudo en una simple y rutinaria actividad marítima.

 

El capitán Eustaquio Arrinda Aranburu

Hace más de cincuenta años tuve la suerte de conocer personalmente a uno de los más legendarios lobos de Euskal Herria, quizás el último ejemplar de la especie. Se llamaba Eustaquio Arrinda Aranburu y había sido el primer capitán de la también legendaria compañía bacaladera “PYSBE”, fundada en 1927 y donde también navegó el capitán debarra Antonio Andonegui. 
 
En ella realizó Eustaquio 54 campañas en aguas de Terranova a bordo de los bous Alfonso XIII (posteriormente rebautizado como Hispania), Euskalerria, Galerna, Tramontana y Abrego, buque éste último donde batió el record del mundo en pesca de bacalao.

Su hijo Anes, párroco de Deba durante más de cincuenta años, me comentó que su padre, Eustaquio, se había iniciado  en barcos de vela y que una vez, navegando en un motovelero reventaron las calderas y a punto estuvo de morir tras irse el barco a pique.

 Aunque nacido en Lekeitio, Eustaquio vivía en Deba con Anes. Su otro hijo, Donato, también sacerdote, había sido condiscípulo de mi padre en el seminario de Vitoria y entre ambos existía una gran amistad. Ello, entre otras cosas, motivó el que la relación entre los Arrinda-Albisu y los Turrillas fuese, digamos algo especial, lo que me permitió conocer de cerca y de primera mano interesantes historias sobre Eustaquio Arrinda y sobre quienes con él navegaron. Por cierto, haciendo referencia a la condición sacerdotal de sus dos hijos y a la sotana que aquellos vestían, el viejo capitán solía decir: “he tenido dos hijos y los dos con faldas”.

Puerto de Pasaia. Año 1947. Ignacia Albisu, esposa de Eustaquio Arrinda,
en el puente de mando del "Abrego".

Todavía, después de tantos años, recuerdo la imagen de Eustaquio, ya mayor, grande y torpe en el andar, merendando en el antiguo bar Mazzantini de Deba junto a otros jubilados.
Solía llevar la merienda de casa y para acompañarla pedía un vaso de vino blanco. El vaso siempre era de tubo y la medida del contenido siempre lo marcaba el mismísimo borde. A veces, si la conversación se animaba, había repetición.

Vivía con su esposa, la lazkaotarra Ignacia Albisu Sarasola, en el tercer piso de la casa del Monreal. Siempre me llamó la atención la veleta que con la silueta del bacaladero “Abrego” el viejo lobo había colocado en el balcón de casa.  

 El hecho de que Ignacia fuese de Lazkao, y la residencia del matrimonio en esa localidad antes de hacerlo en Deba, debieron influir para que, curiosamente, muchos de los tripulantes contratados por la PYSBE, a menudo baserritarras, fuesen de esa población del Goierri y de otras cercanas.
 
 
El bacaladero "Abrego" en el puerto de Pasaia.
 
También influyó la posterior residencia de la familia Arrinda-Albisu en Deba para que dos jóvenes procedentes de la localidad navarra de Mendavia, los hermanos Tomás y Antonio Aznal Sainz, fuesen contratados por la potente empresa bacaladera para embarcar en buques con destino a aguas de Terranova.

Quien primero llegó a Deba fue Tomás. Su periplo desde Mendavia a Deba es digno de relato. Eran tiempos de posguerra, tiempos muy difíciles y Tomás había ido a Salvatierra donde encontró trabajo sacando patatas. Las aspiraciones del joven estaban por encima de lo que la patata podía ofrecerle, así fue que junto a otro amigo decidieron marchar a Francia con la intención de labrarse un futuro. Sus planes quedaron abortados en el momento que decidieron pasar furtivamente el Bidasoa, ya que fueron detenidos por la guardia civil y encarcelados durante un mes en Donostia.

Grupo de marineros del bacaladero "Abrego" posan en cubierta.
Arriba, en el centro, Tomás Aznal.

Quiso el destino que sus pasos se cruzasen en la capital guipuzcoana con los de otro navarro afincado en Deba: Abdón Echavarri, quien además de regentar el bar Mazzantini, tenía un negocio de venta ambulante de patatas y carbón.
Abdón ofreció al joven de Mendavia la oportunidad de trabajar para él en la venta de esos productos. La oferta fue aceptada de inmediato por el mayor de los Aznal quien directamente pasó a residir y trabajar en Deba.

No pasó mucho tiempo, cuando cierto día, seguramente mientras merendaba en el bar Mazzantini, el capitán Arrinda preguntó a Tomás a ver si quería ganar “dinero del bueno”. Tomás respondió afirmativamente, lo que hizo no sin antes avisar a su hermano Antonio para que este le reemplazase en el negocio de Abdón. Al poco tiempo ya estaba navegando rumbo a Terranova y su hermano trabajando y residiendo en Deba.



Tomás Aznal junto a otro compañero, probablemente en el puerto de Saint Pierre (Terranova).

Según palabras de Tomás, lo más difícil de soportar era el frío. Mencionar que en aquellos tiempos las condiciones de trabajo en los barcos que faenaban en Terranova eran extremamente duras, tan duras que quienes embarcaban en los bacaladeros estaban exentos de realizar el servicio militar. Las temperaturas a menudo llegaban a 40 grados bajo cero y a veces los barcos solían quedar totalmente bloqueados por el hielo. El trabajo en cubierta hacía que las manos y los pies estuviesen a menudo a punto de congelación por lo que siempre había un gran puchero con varios litros de café con coñac  bien caliente dispuesto a actuar como “anticongelante” de los ateridos cuerpos.

Tomás comenzó a navegar con Eustaquio a bordo del “Abrego”. Según nos cuenta uno de los hijos del entonces joven navarro, el viejo lobo de mar lekeitiarra solía llamar a su protegido para que subiese al puente de mando a tomar un café, charlar y calentarse durante un rato. Tomás navegó en otro buque, probablemente el “Galerna” o el “Tramontana”, y lo hizo durante los años 53,54,55,56 y 57.

Tentado Antonio por las entonces sustanciosas ganancias en  las campañas bacaladeras de su hermano, este recurrió a Eustaquio Arrinda para que le embarcase en uno de los bous de la "PYSBE". Al poco el segundo de los Aznal seguía los pasos de Tomás rumbo a Terranova.

 Aunque navegó durante menos tiempo que su hermano mayor, lo hizo también en dos buques de la compañía, uno de ellos el “Abrego”, pero nunca coincidieron en el mismo barco.
Recuerdo haber oído a Anes cómo su padre solía decir que aquellos dos jóvenes llegados de la ribera navarra producían más a bordo de sus barcos que el resto de la tripulación.

Antonio Aznal (izquierda) y Tomás Aznal (derecha) con sus respectivas esposas Isabel Eizaguirre y Loli Iruretagoyena.

El 27 de diciembre de 1954, aprovechando una estancia en tierra, Tomás se casaba con la joven debarra Lolita Iruretagoyena.
Otro tanto haría Antonio, casándose en 1958 con la joven Isabel Izaguirre, en cuya casa de la calle Astillero se encontraba hospedado como pupilo. Con sus matrimonios, los dos hermanos de Mendavia echarían definitivamente raíces en Deba, lugar donde hoy siguen viviendo sus hijos y nietos.

Pero no fueron ellos los únicos Aznal en arribar a Deba. Posteriormente lo harían dos hermanos más: Félix y Javier. Tras un tiempo en Deba, Félix regresaba  a Mendavia;  Javier se casaría con la debarra, Pili Azpeitia, echando también raíces en esta población, donde actualmente reside. 
 

LOS PROTAGONISTAS:
. Eustaquio Arrinda nació en Lekeitio el 20 de septiembre de 1883.Comenzó a navegar con quince años y dejó de navegar a los 70. Lo hizo tras coger una grave pulmonía y ser ingresado en un hospital canadiense. Tras 55 años de mar, falleció en Deba el 4 de mayo de 1967, donde fue enterrado; tenía 84 años.     

 
Retrato de Eustaquio Arrinda Aranburu.

 
. Tomás Aznal Sainz nació en Mendavia el 21 de diciembre de 1923. Durante los años que navegó en la PYSBE (53, 54, 55, 56 y 57) lo hizo en dos buques de esa compañía. Tras dejar de navegar entró a trabajar en la cantera de la familia Aperribay y más tarde en las empresas TEM y Danobat. Murió en Deba el año 1989 con 65 años.

. Antonio Aznal Sainz nació el 5 de noviembre de 1929. Tras dejar de navegar en la PYSBE, trabajó en varias empresas de la localidad. Falleció en Deba el 28 de julio de 2012 a los 83 años de edad.

viernes, 7 de agosto de 2015

FRAY LUCAS IRURETAGOYENA



            PROTOTEÓLOGO DE LA LIBERACIÓN
            Y GUERRILLERO REVOLUCIONARIO

   EN SIERRA CRISTAL


                     
-          Introibo ad altare Dei.
Y yo, arrodillado, respondí:
-          Ad Deum qui laetificat juventutem meam.

Mientras lo hacía, me fijaba en los dedos de los pies que sobresalían de las sandalias de aquel fraile franciscano.
Yo era el monaguillo y Lucas Iruretagoyena, “el padre Lucas”, era el oficiante de aquella misa veraniega.
Muchos años después, me enteré de que aquel franciscano a quien tantas veces ayudé a misa, había desempeñado un importante papel en la revolución que se inició el 26 de julio de 1953 con el fracasado asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba y que culminó en enero 1959 con el triunfo de los barbudos revolucionarios comandados por un joven abogado llamado Fidel Castro.

Lucas Iruretagoyena nació en Deba en abril de 1921. Fue el cuarto de los nueve hijos (seis chicas y tres chicos) fruto del matrimonio usurbildarra asentado en Deba, formado por el cantero Tomás Iruretagoyena Aguirre y su esposa, Jesusa Zubeldia Lerchundi.
De joven, Lucas estudió en los seminarios franciscanos de Arantzazu, Forua y Olite y, tras ser ordenado sacerdote, fue enviado a Cuba como misionero. Allí ejerció el apostolado y se convirtió en un cubano más, hasta el punto de participar como capellán guerrillero en la revolución que derrocó la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista Zaldivar.

Aunque ya antes del golpe de Batista en marzo 1952 la situación en Cuba era insostenible, el régimen del dictador superó con creces los límites de corrupción, explotación, miseria y terror, cosa que indudablemente sirvió para que la mayor parte del pueblo, incluidos los miembros de las Iglesias  católica y protestante volcasen sus simpatías hacia el movimiento revolucionario.

Tras el desembarco en la isla del yate Granma en diciembre de 1956 con 82 expedicionarios armados y el comienzo de la guerra en Sierra Maestra, hubo sacerdotes y religiosos que sin dudarlo se prestaron voluntariamente para engrosar las filas de la guerrilla; entre ellos se encontraban los sacerdotes Guillermo Sardiñas y Angel Rivas, el franciscano Lucas Iruretagoyena y los jesuitas Cipriano Cavero y Francisco Guzmán. El debarra lo hizo con el beneplácito de Monseñor Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba.

Otros religiosos optaron por no echarse al monte pero realizaron labores muy comprometidas y de sumo riesgo, como la ejercida por el también fraile franciscano debarra Antonio Albizu, compañero de Lucas y párroco de Manzanillo quien realizó funciones de enlace entre Fidel Castro y las guerrillas.

Todos ellos, sin saberlo, se habían convertido en precursores de una corriente social-humanista que años más tarde sería conocida como Teología de la Liberación, uno de cuyos principales postulados se basa en que la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad de la persona.


Fotografía de Lucas Iruretagoyena con el hábito
franciscano durante su estancia en Cuba.


La vida de Lucas como guerrillero en la sierra no fue nada fácil. Encuadrado en
el frente de Sierra Cristal, comandado por Raul Castro, tuvo que sortear numerosos peligros y enfrentamientos con el enemigo, siempre en continuo movimiento a través de las frondosas montañas de la sierra. Así hasta el 1 de enero de 1959, fecha en la que oficialmente terminó la guerra y Lucas pudo volver de nuevo a San Cristóbal para reunirse con quienes habían sido sus feligreses. La revista religiosa “Unión Once”  de la que el debarra fue fundador
describía así su vuelta:

“Con el alborozo y júbilos naturales que brotan de los mejores sentimientos de un pueblo: los espontáneos, así fue recibido el Padre Lucas transformado en un “barbudo”, vistiendo el uniforme de campaña, portando espejuelos negros, gorra fidelista, llevando prendidas en la guerrera una medalla de la Virgen y una insignia del Movimiento 26 de Julio”.
En el mismo artículo se elogiaba la figura del fraile debarra “justipreciando su gesto patriótico y heroico de unirse a las fuerzas rebeldes para servir a la Revolución dándole el aporte cristiano y sacerdotal de su fe, como uno de los misioneros más connotados de Cuba, por cuya libertad supo aportar todos sus esfuerzos y exponerse a todos los peligros, lo mismo en la Sierra Cristal que en la clandestinidad desde que se inició la Revolución, salvándose milagrosamente en múltiples ocasiones de las garras de la Tiranía” .


Todavía hace unos años, los ancianos del lugar
recordaban que Lucas Iruretagoyena "lucía barba
y melena de guerrillero y ostentaba grado militar".




De la victoria al desencanto
Tras la victoria de los revolucionarios el día 1 de Enero de 1959, al inicio de la nueva etapa las relaciones entre el nuevo gobierno y la Iglesia fueron todo un alarde de concordia y buenas palabras. El primer discurso de Fidel Castro tras la victoria tuvo lugar en Santiago de Cuba la noche del 1 al 2 de enero de 1959. Por expreso deseo del hasta entonces jefe guerrillero, el arzobispo Enrique Pérez Serantes estuvo situado junto a él en el balcón del ayuntamiento de Santiago; era una forma de agradecer la labor de la iglesia en pro de la revolución.

A los pocos días Castro hacía una declaraciones a la prensa afirmando: "los católicos de Cuba han prestado su más decidida colaboración a la causa de la libertad". Y refiriéndose a la jerarquía de la Iglesia cubana lo hacía en estos términos: "Yo les digo que esta es una revolución socialista sui generis y no tienen más que fijarse en el siguiente detalle: Es la primera revolución de este tipo en todo el mundo que se inicia con el apoyo total de la Iglesia". 

Pero lo que Castro definió como una “revolución socialista sui generis” y que tan ilusionados habían apoyado religiosos como Lucas Iruretagoyena fue rápidamente derivando hacia un férreo régimen comunista en el que quedaban cercenados muchos de los derechos y libertades por los que tanto se había luchado. Sin duda alguna, en opinión de Lucas, mucha responsabilidad tuvo en ello el gobierno de Estados Unidos al imponer el bloqueo a Cuba en octubre de 1960 a raíz de las expropiaciones realizadas por el gobierno revolucionario de las propiedades de  multinacionales norteamericanas establecidas en la isla y tan vinculadas al antiguo régimen de Batista. El bloqueo sirvió para radicalizar aún más a los dirigentes cubanos quienes en 1962 autorizaron la instalación de bases de misiles nucleares soviéticos en Cuba.

Aquella nueva e inesperada situación hizo que el desencanto se apoderase de todos aquellos religiosos que había arriesgado sus vidas en pro de la dignidad de las personas y de la libertad.
El 17 de septiembre de 1961, tras ser embarcados a bordo del buque Covadonga, eran expulsados de la isla 131 sacerdotes, muchos de ellos vascos, algunos de la orden franciscana; Lucas no estaba entre ellos. Así comenzó un goteo de expulsiones que deterioró las relaciones entre iglesia y estado.



El padre Lucas, ya mayor, en el convento de Arrasate.


Lucas Iruretagoyena permaneció en Cuba hasta el año 1966. Tras su regreso a Euskal Herria residió en las comunidades franciscanas de Donostia, Arrasate y Bermeo donde llevó una vida más apacible que la que había dejado atrás. A principios de los años noventa, con motivo de sus bodas de oro sacerdotales, vio cumplido uno de sus grandes sueños: retornar como visitante a su añorada y amada Cuba donde tanto había trabajado, sufrido y luchado. Lo hizo portando numerosos regalos y dinero para ayudar a sus amigos. Cuenta su familia que no tuvo ningún problema al entrar en Cuba; ¡faltaba más!, se trataba del "compañero Iruretagoyena", un héroe de la Revolución.

El padre Lucas falleció en el convento de los Franciscanos de Bermeo en agosto de 2002.

Sirva este breve artículo para que el  nombre y la obra de Lucas Iruretagoyena Zubeldia, debarra singular y hombre bueno, sean conocidos y permanezcan vivos en la memoria de las jóvenes generaciones de debarras.


 

jueves, 18 de septiembre de 2014

JOSÉ JOAQUÍN AZTIRIA



                                  José Joaquín Aztiria                            

UN ALCALDE OLVIDADO
Desde la última guerra civil y hasta hace pocas décadas, la calle Ifarkale, en Deba, tuvo el nombre de “José Joaquín Aztiria”. Quienes hacia 1960 éramos niños o jóvenes desconocíamos los porqués de aquella denominación. Solo con el paso del tiempo comprendimos su significado. Hoy ya casi nadie recuerda aquel nombre.
José Joaquín Aztiria fue alcalde de Deba desde el 23 de marzo de 1924 hasta el 26 de febrero de 1930. Había nacido en Urrestilla, barrio de Azpeitia, el 6 de junio de 1876 y estaba casado con la debarra María Luisa Muguerza Arostegui. De profesión abogado e ideología profundamente carlista, había sido durante varios años diputado provincial, y anteriormente, alcalde de Azpeitia entre los años 1912-1914.

Fue precisamente su ideología, tan sólo eso, el motivo que le llevó a ser arrestado e internado en una de las improvisadas cárceles bilbaínas: la de los Ángeles Custodios, donde moría el cinco de noviembre de 1936. Tenía sesenta años.
Paradójicamente, a pesar de su desgraciada muerte en prisión, el ex-alcalde debarra no imaginó en vida la suerte que tuvo al morir en aquella fecha. Poco después de su muerte la improvisada cárcel bilbaína fue asaltada por los milicianos quienes, tras colocar en fila india a los presos, los fueron fusilando uno a uno, a la vista de sus compañeros que esperaban el turno. Salvajadas parecidas tendrían lugar tras la caída de Bilbao pero esta vez con cambio de papeles: los republicanos serían las víctimas.

                                       
Los Ángeles Custodios de Bilbao, edificio habilitado como prisión
durante la última guerra civil y donde murió José Joaquín Aztiria.

No había transcurrido todavía un año, cuando el 15 de octubre de 1937 era fusilado en la prisión del Dueso otro alcalde debarra, pero de diferente ideología: el político nacionalista Florencio Marquiegui.
Hace unos días, mientras paseaba, me junté con Juanito Fernández, persona que a pesar de sus ochenta y seis años tiene una memoria prodigiosa y una lucidez poco común en personas de su edad. Tras charlar durante un rato me pidió que nos acercásemos al cementerio, situado junto a la alameda de Deba.

- Te voy a enseñar algo curioso, me dijo.

Directamente me llevó hasta el panteón de Florencio Marquiegui . Señalando  la lápida del panteón con el nombre del antiguo alcalde tallado en ella me dijo:

- De este, todo el mundo se acuerda.

Y mirando a nuestra derecha señaló otro panteón situado aproximadamente a unos cuatro o cinco metros, a la vez que decía:

- De aquel nadie se acuerda; nunca tiene flores.

Se trataba del panteón donde estaba enterrado José Joaquín Aztiria. Nos acercamos y situados junto al enterramiento, señalando la lápida me dijo:

- Fíjate, parece que han borrado la inscripción a propósito.

Efectivamente, no se apreciaban casi los nombres, pues a pesar de estar grabados en el mármol, daba la sensación de haber perdido la pintura que originalmente rellenaba el huecorelieve. 
     
- Estos son los horrores de la guerra  que deben enseñarnos a valorar el don de la vida de todos los seres y a no caer en los mismos errores me dijo
 
Todavía, algunos debarras  recordarán que la casa donde residió la viuda de Aztiria hasta sus últimos días fue donada por ésta a la parroquia, y que convertida en casa cural residió en ella don Anes Arrinda, párroco de Deba durante varias décadas.
    



EL GENERAL FRANCISCO LERSUNDI Y EL BARDO JOSÉ MARÍA IPARRAGUIRRE


 HISTORIA DE UNA AMISTAD

La ilustración de José Ignacio Treku muestra a Iparraguirre en la
 calle Ifarkale, la misma donde se encontraba la residencia del que
fuera Presidente del Consejo de Ministros con Isabel II.

© Kaioa asp.
 

Creo oportuno hacer mención de la fraternal relación que sostuvieron el general Lersundi y el inmortal poeta y cantautor José María Iparraguirre, quien durante alguna época residió precisamente en Deba; según Juan San Martín, en la calle Ifarkale.
Quienes con el tiempo fueron entrañables amigos habían luchado en la primera guerra carlista, pero en bandos contrarios: el de Deba, en el ejército cristino, en el temido batallón ligero de cazadores, conocidos como “txapelgorris”, cuerpo de la Diputación de Gipuzkoa al mando del liberal Gaspar Jáuregui "Artzai". Este cuerpo era el más temido por las tropas carlistas de la zona, ya que estaba formado por guipuzcoanos, buenos conocedores del terreno que pisaban.
Por su parte, el de Urretxu lo había hecho en el ejercito carlista; al principio en el primer batallón de Gipuzkoa y posteriormente en la guardia de alabarderos de don Carlos.

Pese a ello, a ambos les unía un sentimiento común: su amor por los fueros, abolidos tras la finalización de la guerra, con el “abrazo de Bergara”. 
La amistad entre los dos guipuzcoanos se gestó en un momento de gran efervescencia cultural y política en el que la intelectualidad y el pueblo vasco en general hicieron que espontáneamente se desarrollase un gran movimiento fuerista que supuso un verdadero “renacimiento” de la cultura “bascongada”.



El debarra Francisco Lersundi Hormaechea. Fue Presidente del Consejo de Ministros con Isabel II. También fue Ministro de Marina y Capitán General de Cuba.

Al parecer, el primer contacto entre ambos personajes fue tras el exilio voluntario o periplo europeo durante doce años del poeta de Urretxu y su posterior regreso a Madrid, ciudad donde residía su madre y donde él mismo lo había hecho.
Fue allí, en la capital madrileña, concretamente en el Café de San Luis, situado en la calla de la Montera, donde en 1853 estrenó con gran éxito el Gernikako Arbola, lo que le hizo ganar mucha popularidad e incluso dinero. Tras el gran éxito en la capital del reino, Iparraguirre llegó a Bizkaia donde sus éxitos se sucedieron, enfervorizando a las masas allí donde actuase. Según el alavés Fermín Herrán, amigo suyo también, "su simpática figura, su hermosa voz, la vehemencia y el sentimiento con que se expresaba, exaltaban los ánimos, produciendo un verdadero entusiasmo en cuantos le oían"  haciendo que la gente incluso llorase de emoción.

Así recorrió todo el país hasta que el Gobierno, temiendo que la voz y la guitarra del bardo guipuzcoano pudiese hacer rebrotar la semilla de la lucha por los fueros vascos, hizo que la guardia civil lo prendiese para ser enviado a un nuevo destierro que duró dos años.
Años más tarde, en junio de 1864, Pedro Egaña, originario de Zestoa, amigo y compañero de Lersundi en el gobierno de la nación, pronunciaría en el Senado estas encendidas palabras en defensa de Iparraguirre:

" ¿ Saben los Sres. Senadores la impresión que causaron esas canciones a los dos o tres meses de haber comenzado a recorrer las provincias el autor y cantador de ellas ?
 Pues causaron tal impresión en los ánimos, que el que a la sazón era capitán general de las provincias, el que dignamente estaba al frente de ellas, que era el señor general Mazarredo, dio orden de que ese trovador saliera pronto del territorio vascongado. No había cometido ningún crimen, no había predicado el socialismo, no había dicho nada que pudiera lastimar ni poco ni mucho el principio de autoridad; pero sin embargo era tal el entusiasmo que despertaba en las masas con el canto de la vida de los fueros, que hubo de ser expulsado del país”.
A su vuelta del destierro, en 1857, Iparraguirre fue recibido con los brazos abiertos por el general Lersundi. Debió ser precisamente ese año cuando durante algunos meses residió en Deba donde, según narraba Fermín Herrán, se reunió con Lersundi  " con cuya familia y con la del vizconde de Artazcos y el señor Aróstegui, Alcalde de Deva, pasó días felices en el seno de sus amadas familias".
También por esa época debió conocer al escritor debarra Juan Venancio Araquistaín, otro de los intelectuales del movimiento fuerista y amigo de todos ellos.

Casa en Ifarkale, ya desaparecida, donde, según Juan San Martín,
vivió Iparraguirre.


En 1858 Iparraguirre partía para América; allí se casaría y residiría durante casi veinte años. A pesar del tiempo y de las distancias, el contacto entre los dos guipuzcoanos no dejó de existir.En enero de 1865, Iparraguirre escribe desde Mercedes, Uruguay, al general Lersundi, que se encuentra en Deba. La carta del bardo denota gran angustia debido a la situación de inseguridad por la que en ese momento está atravesando y la añoranza que siente por su tierra a donde no puede volver por carecer de recursos económicos.
Pese al tiempo transcurrido, al poeta aún le quedan ganas para recordar en su carta el oportuno consejo que Lersundi le dio en Aretxabaleta  para sacarse " de las astas del bicho que corrieron en la plaza ".
Con la carta, Iparraguirre le adjunta dos poesías a él dedicadas, una en euskara y otra en castellano. Tras recibir Lersundi la carta y los versos de su estimado amigo, impresionado por el infortunio de éste en tierras americanas, el mes de febrero del mismo año el general contesta al poeta:
" Si en nuestro país hubiera habido buenos hijos, no debieron consentir que usted se alejara de la tierra vascongada; debieron señalarle una pensión anual, con que viviera usted desahogadamente, en cambio de un número de composiciones que usted entregaría á la Diputación todos los años. De ese modo hubiera usted legado á las generaciones venideras un Cancionero vascongado que hubiera honrado á usted y al país ".

En 1874, cuatro años después del regreso de Iparraguirre a Euskal Herria, Lersundi moría en Baiona donde sería enterrado. Cuatro años más tarde, en 1878, su cuerpo sería exhumado para ser trasladado a Deba. Por aquellas fechas, refiriéndose a la carta que ha recibido de Iparraguirre, Ricardo Becerro de Bengoa escribía:
" Desde Lequeitio, en 9 de Octubre de 1878, me da cuenta de haber acompañado á conducir los restos de su amigo el valiente general Lersundi ... ".
Seguramente fue la última visita de Iparraguirre a Deba. Tres años después, en 1881, moría el más inmortal de los poetas vascos, el romántico que acuñó un nuevo concepto unitario del País Vasco con la introducción de un nuevo nombre: "Euskalerria".












 

 






lunes, 15 de septiembre de 2014

EL GRAN CANAL DEBA-TORTOSA


UN PROYECTO NO REALIZADO

      LA UNIÓN DEL CANTÁBRICO Y EL MEDITERRÁNEO
 
Durante el siglo XVIII, entre las aspiraciones del movimiento ilustrado vasco, encarnado en la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, se encontraban al igual que en otros lugares de la geografía ibérica, la modernización del territorio y el desarrollo industrial, agrícola, comercial y social en general. En opinión de los ilustrados, solo mediante la modernización y el desarrollo, podría alcanzarse la riqueza de las naciones y la felicidad del individuo. Un factor clave para conseguir esos objetivos era la construcción de una buena red de caminos y vías de comunicación que facilitase el transporte de mercancías.

Dentro de esas vías, a imitación de las entonces ya existentes en Francia e Inglaterra, el gobierno de Carlos  III proyectó la realización de un canal navegable que habría de unir la costa cantábrica con la mediterránea, concretamente la poblaciones de Deba y Tortosa. El proyecto contemplaba la construcción de una serie exclusas para salvar los desniveles entre las cotas costeras y las del interior.

Último tramo de la ría de Deba, cerca de la desembocadura. Estas aguas podrían haber quedado unidas a las del Mediterráneo si se hubiese concluido el gran proyecto del ilustrado aragonés Ramón Pignatelli.

El ilustrado Ramón Pignatelli. Tras ordenarse sacerdote,
su afán por el conocimiento le llevó a doctorarse en
Cánones, Derecho, Filosofía y Letras, Matemáticas, Física
y Ciencias Naturales.

Las diputaciones de Aragón, Navarra, La Rioja, Alava y Guipúzcoa, también veían necesaria la obra. Así las cosas, el sacerdote y científico aragonés Ramón Pignatelli, miembro de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País “recorrió observando todos los rios y puertos del Océano cantábrico para trazar el grandioso plan de la union de los dos mares, por medio del canal del Ebro, y no halló ni rio ni puerto tan ventajosamente situados como el de Deva y su puerto”.
La primera fase del gran proyecto tuvo su inicio en 1772  con la construcción del Canal Imperial de Aragón, finalizado en 1790.

En 1778 la Diputación de Navarra había realizado una petición formal para que se habilitara un puerto guipuzcoano desde el que poder canalizar el comercio de aquel territorio con América.  Diez años más tarde, el ilustrado y político navarro Santos A. Ochandategui presentaba un proyecto del canal en su trazado navarro desde El Bocal, en Tudela, hasta aguas cantábricas. Pero posteriores acontecimientos como la Guerra de Convención y la Guerra de Independencia hicieron que las obras quedasen paralizadas.
Pignatelli moriría en 1793 sin ver realizado su gran sueño: la unión de los dos mares.

Tortosa, cerca de la desembocadura del Ebro en el Mediterráneo.

      
Aún así, años más tarde, en 1826, el proyecto original de Pignatelli y de los ilustrados seguía aún vivo y con esperanzas de ser acabado, tal y como puede leerse en el Diccionario Geográfico-Estadístico, de Sebastián de Miñano editado ese año en Madrid:
“ Pero la gran ventaja de Deva sobre los demas de la costa de Cantabria, para dar una nueva planta al comercio de España con las naciones del Norte, tomando por base aquel puerto, es la tan ansiada construccion del canal ideado por el célebre Pignatelli, subiendo por las margenes del Deva hasta encontrarse con el Zadorra, y continuándolo por este mismo y el Ebro hasta el puerto de Tortosa. Este canal unirá el Océano cantábrico al Mediterraneo; ahorrará la pesada vuelta costeando la Península; hará que sean puertos de comunicación próxima los de Deva y Tortosa…”.
















miércoles, 10 de septiembre de 2014

EL SEXO, LOS ARRANTZALES VASCOS Y LOS CEFALÓPODOS

Hace unos días mientras limpiaba con santa paciencia una partida de chipirones me detuve a palpar la suave textura de los codiciados cefalópodos. De inmediato el disco duro de mi  memoria escupió un viejo recuerdo que me hizo sonreír.
Sucedió hace muchos años.
Había acudido a una imprenta de Estella-Lizarra donde iban a realizar un trabajo para nuestra empresa. Quería quedarme tranquilo y preferí esperar hasta ver salir de máquina las primeras pruebas. Mientras lo hacía, observé que de una de las máquinas salían miles de pliegos a una velocidad vertiginosa; eran para otro cliente. No me atreví a tocar ninguno de ellos pero sí a ver de qué iba el tema.

Se trataba de la recordada revista “Ardi Beltza” , una publicación desgraciadamente desaparecida (injustamente clausurada por orden judicial) que estaba dirigida por el recordado Pepe Rei, un maestro del periodismo de investigación. Por fin pude conseguir leer uno de los titulares:

                                                    JOSÉ MARÍA MERINO:

 “LOS ARRANTZALES VASCOS SIEMPRE HAN UTILIZADO EL CHIPIRÓN COMO CONDÓN”.


         
El donostiarra José María Merino



El chipirón y los arrantzales:
 protagonistas de la entrevista al
doctor  Merino.




Era una entrevista realizada por Rafael Castellano a uno de los grandes prohombres de la prehistoria y de la etnografía vasca, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País y de la Société Prehistorique Française:
el médico donostiarra José María Merino.
Quedé subyugado por aquel titular y pedí permiso para hacerme con un pliego y leer con toda tranquilidad aquella entrevista que tanto prometía.
Lo hice y quedé sorprendido por lo que el erudito miembro de Aranzadi contaba sobre la utilización del cefalópodo como preservativo por los arrantzales vascos a través de la historia.
Tras la lectura, pensé, que en cuestión de textura, lubricación y forma, había muchas similitudes entre una gran parte de los cefalópodos y el condón; no digamos ya en cuanto a la gama de tamaños: desde el txokito hasta la pota de gran calibre pasando por el chipirón pequeño y el mediano, sin dejar fuera, claro está, a la sepia. Había tallas y formas para todo tipo de penes.



El periodosta Rafael Castellano, "Falete", autor de la
entrevista José María Merino


Hace unos días, mientras tomaba un café en un bar de Deba, nuestro pueblo, me junté con Rafael Castellano y tras recordarle su antigua entrevista al doctor Merino le pregunté si aquella había ido en serio o si por el contrario había sido una tomadura de pelo.
Casi ofendido, me respondíó que había sido una entrevista muy en serio y que lo narrado por el doctor Merino estaba histórica y científicamente demostrado. Efectivamente, el doctor Merino no era un hombre que perdía el tiempo diciendo tonterías.



Los chipirones: condones de primera generación.


El sexo de los hombres de mar vascos es consustancial a la historia marítima de Euskal Herria, habiendo tenido incluso influencia, primero en algunas palabras que formaron parte del “pidgin” o argot sexual de nuestros marinos en tierras anglófonas, el “euskenglish”; más tarde en la lengua vasca oficial.

Hasta hace pocos años la palabra “txorta” era muy utilizada por los marinos vascos para referirse (con perdón) a “follar” o “ echar un polvo”. Hoy día la palabra “txorta” (txorta jo) está admitida por la Real Academia de la Lengua Vasca. En realidad dicho anglicismo lo crearon nuestros arrantzales cuando tocando puertos ingleses, irlandeses o canadienses eran asaltados por las profesionales del sexo que conocedoras de la debilidad de la carne ofrecían a nuestros hombres un polvo rápido a un módico precio: es lo que en inglés se llama un “Short time” (pronunciado shortaim). Del “short time” se pasó al “txorta” algo normal en aquellos hombres que no habían pasado por ninguna academia de inglés.
Es curioso el asunto del sexo en el lenguaje de los marinos. Yo que navegué en la mercante durante muchos años siempre oí decir que “más tira un pelo de coño que una estacha”. Para quien lo desconozca la estacha es la cuerda gruesa que amarra un buque al muelle.

Y continuando con el tema de los cefalópodos no quiero pasar por alto una anécdota de la que fui testigo. Estaba embarcado a bordo de un buque con bandera liberiana pero con tripulación vasca y gallega. Nos encontrábamos amarrados en puerto y estaba a punto de llegar el relevo de algunos tripulantes. Era la hora de la comida y, mientras el camarero se afanaba en servir la mesa, el primer oficial preguntó si entre los nuevos había algún conocido.
Alguien respondió que él conocía al tercer oficial de puente, un chicarrón joven, con fama de voceras y bastante fantasma. El primer oficial tomó nota del comentario y siguió comiendo.

Se abrieron las puertas de la cámara y entraron dos personas; eran los nuevos relevos, el tercer oficial y el primer maquinista.
Tras los saludos de rigor, el primer oficial guiñó un ojo al jefe de máquinas e iniciaron una farsa haciendo que continuaban con una supuesta discusión interrumpida poco antes de la llegada de los nuevos. El supuesto tema de la acalorada disputa verbal parecía ser algo relacionado con la pesca, concretamente sobre alguna especie marina.
A los gritos del primer oficial dirigidos al maquinista, este último respondía subiendo el tono y el volumen hasta casi hacernos creer a todos que se trataba de una discusión real.
Por fin, como queriendo dar muestra de buena voluntad para llegar a un entendimiento, el primer oficial se dirigió al recién llegado tercer oficial y como queriendo convertirle en juez de la disputa le preguntó:

- ¿Tu entiendes de pescado ?

Entrando al trapo, el joven respondió que estaba seguro de entender bastante más que cualquiera de los que nos encontrábamos allí. Y para dar más crédito a lo que decía, afirmó que en su familia siempre habían tenido barco pesquero y que de niño le daban potitos de sapo y besugo.

- ¡ Vaya!  Por fin hemos encontrado a alguien que entiende del tema. Y continuó preguntándole:

- ¿ Pero de cefalópodos también entiendes?

- De todo lo que viva en el agua. Respondió el joven aspirante a convertirse en juez de la disputa.

Mirando fijamente a los ojos del joven, el primer oficial fue levantándose lentamente de la silla mientras, de forma grosera pero con mucha gracia se echaba mano al paquete de su entrepierna, y puesto ya en pie, mientras lo agarraba con fuerza preguntó al nuevo tercer oficial:

- ¿ Esto qué es: pulpo o calamar ?.






domingo, 10 de agosto de 2014

DEBA... LAS FIESTAS, EL VINO, LA ALEGRIA Y EL DESENFRENO

   DEBA... LAS FIESTAS, EL VINO,

  LA ALEGRÍA Y EL DESENFRENO


Sabido es que el vino tiene unas propiedades tan maravillosas que lo han hecho digno de aparecer en el áureo listado de los alimentos que componen la tan recomendada dieta mediterránea. Se dice que ya en el siglo V a.C. el médico griego Hipócrates utilizaba el vino para sanar los males del cuerpo y del alma recetando dosis diferentes según las características de cada persona, de qué mal se tratase o de la intensidad de cada mal.
Históricamente, desde la Edad Media, los frailes de los conventos han sido buenos productores y consumidores de vino, sidra, cerveza y licores. Siempre he pensado que la máxima que guiaba a aquellos santos varones era la de que si el mismísimo Hijo de Dios tomó al vino como símbolo de su sangre, aquello no podía ser malo. Y tenían razón, … solo que hasta cierto punto, o lo que es lo mismo, hasta cierta dosis. La historia nos demuestra que las consecuencias de su consumo pueden ser tan benéficas como nefastas.

      



Hace pocos años, una mañana, tras el encierro de los toros en las fiestas de San Roke, me di una vuelta por la playa, la ría y la alameda escapando del bullicio y de ese olor característico del post-encierro, esencia de arena y orines de novillo: buscaba el silencio.

Al pasar por la alameda vi con indignación que alguna mala bestia, sin duda movida por los efectos de la embriaguez, había talado dos preciosos árboles que yacían muertos sobre el césped. Los cortes eran limpios y quedaba claro que habían sido realizados con un hacha. Me sentí impotente y recordé que las viejas ordenanzas debarras, probablemente las más antiguas de Gipuzkoa, castigaban severamente la tala pirata de árboles con la siguiente pena: “ que pague por cada un pie de arbol tres escudos de oro” . Una pasta gansa por hacer el imbécil con nocturnidad.




No hablemos ya de las peleas producidas por los efectos del alcohol. En ese asunto, nuestros antecesores debieron ser maestros hasta el punto de que la medieval ordenanza 102 de nuestro concejo, refiriéndose a los peligrosos follones, grescas y trifulcas organizados entre el personal, ordenaba:
“ que cualquier que tirare con ballesta en la calle o por casa o en cualquier ruydo que acaeciere en villa o en arrabal, que por la primera vez le corten la mano e por la segunda vez que lo maten por ello”. Un poco “heavy”; tampoco es cuestión que pasarse.

A lo largo de la historia de Deba, podemos apreciar que las palabras “fiesta” y “escándalo” aparecen a menudo unidas, y que el nexo entre ambas palabras parece relacionarse con el consumo excesivo de vino u otra pócima alcohólica. También se intuye que el sexo y los “pecados de la carne” andan por medio, siempre ayudados por el efecto del divino zumo.

Antiguamente, tanto en las fiestas patronales de la villa como en las celebradas anualmente por las diferentes cofradías (Kopraixak), el líquido elemento alcohólico debía correr de lo lindo. Cuentan las crónicas que algunos años, en la comida de la fiesta de la Cofradía de Itziar se sacrificaron hasta diez reses entre bueyes y vacas. Está claro que para empujar todo eso hace falta mucho vino.

En 1586, un representante del Corregidor de Gipúzkoa visitaba Deba con el fin de comprobar si los hospitales y cofradías de la villa tenían la aprobación de la autoridad civil o eclesiástica. El informe pasado al señor Corregidor decía que además de la de mareantes, «hay otras dos cofradías, una en la parroquia de Iciar y otra en la de Arrona, y a estas dos acuden cada año una vez mucha gente de los pueblos circunvecinos en días que para ello tienen destinados, y a comer, danzar y a hacer, como se hacen, muchas cosas dignas de ser prohibidas y vedadas, y después de las comidas y danzas y durante ellas (a que acuden muchos tamboriles y otros instrumentos) suceden ruidos y heridas y otros escándalos».




Y hablando de escándalos, es sumamente interesante la documentación referente a un proceso celebrado en 1.632 contra un sacerdote de la parroquia de Deba llamado Don Gracián de Arriola. Según se deduce de las acusaciones, la buena conducta, al menos en cuanto a los pecados capitales de la gula (incluido el gusto por el vino) y la lujuria, no debía ser su fuerte.

Aseguraba el fiscal que estando el acusado “revestido en unas honras, pareciéndole que se alargaban demasiado, envió a su casa a por un plato grande de sopas y un cuartillo de vino, que se los tomó junto al altar”. La cosa no quedaba ahí pues, según la acusación, el beneficiado de la parroquia tenía tratos carnales con María de Mocorena, y habiendo procreado un hijo, convidó al capitán Urquiaga con toda su compañía, dándoles un gran banquete. Como no podía ser de otra forma, el fiscal se querellaba asimismo contra María de Mocorena, por sus “liviandades”.





 Todo esto no es nada comparado con lo que ocurrió la noche de un catorce de agosto de 1443, durante las fiestas de la Virgen; como quien dice, a las pocas horas de lanzarse el txupinazo.
El archivo municipal de Deba guarda un interesante documento fechado el 21 de febrero de 1444. Se trata de una sentencia a muerte dictada por Ochoa Sebastián de Olazábal, alcalde de la Hermandad de Guipúzcoa, contra Pedro de Leizaola, por el asesinato de una joven llamada Ochanda, hija de Ochanda de la Rementeria, de la casa de Zubelzu.

La sentencia da por probado que
“ vna noche vispera de Santa Maria de agosto que paso que fue a quatorse dias del mes de agosto del año que paso del señor de mill e quatrosientos e cuarenta e tres años que algunas personas pospuesto todo temor de Dios con entençion mallyuola (malévola) Ochanda su fija iasiendo en su cama salua e segura en vna cassa que es en Çubelçu que allegaran e  acudieran a ella e la ataran con cuerdas de cañamo en las manos e en la garganta de tal manera e fasta tanto que la afogaran e la mataran de muerte natural por la dicha afogacion e que non contentos de ello que quebraran vn arrca que estaba dentro de la dicha casa e furtaran e lleuaran de ella fasta cient maravedis de moneda blanca e vna cadena de plata que estimo valer doscientos maravedis de la dicha moneda ".
El caso es que requerido por tres veces, al no presentarse ante la justicia debarra el citado Pedro de Leizaola por hallarse prófugo, probados los hechos, el alcalde dicta la sentencia:


" fallo que le deuo condenar e condeno al dicho Pedro de Leyçaola a pena de muerte natural e la muerte que sea esta donde quier que lo fallaren o pudiere ser auido que los jueses e justiçias de los logares donde fuere tomado e cada vno de ellos que tomandolo a su poder le corrten la garganta con cuchillo de fierro (hierro) e asero (acero) agudo en tal manera que muera naturalmente…”. Menuda fiesta la organizada por el prófugo Leizaola.

                                        

Resumiendo. Como otras muchas cosas en la vida, y como el cuchillo destinado a rebanar la garganta del pérfido Leizaola, el vino es un arma de doble filo: puede dar la vida o puede empujar a destruirla. Puede ayudar a sanar y a la confraternización de las personas o a que estas cometan los males más perversos. Como reza el viejo dicho, a nadie hace daño el vino si se bebe con buen tino. En la moderación está el secreto de su disfrute.