miércoles, 17 de marzo de 2021

DOS CANOAS INDIAS EN DEBA

 

  DE FRANCISCO DE SORARTE A GAIZKA TXURRUKA


    



El pasado mes de febrero, concretamente los días 23 y 24, un equipo de Televisión Española  estuvo realizando en Deba la grabación de parte de uno de los capítulos del programa Agrosfera, emitido los sábados en el segundo canal de la televisión nacional. Dicho programa gira en torno a temas de agricultura, pesca, medio ambiente, gastronomía, historia  y cultura.

Fuimos varias las personas que intervinimos, cada cual con un tema aunque con los consabidos límites del crono pues, a pesar de que había mucho que contar, la limitada duración del espacio obligaba a ser breves y concisos. Yo me centré en la iglesia de Santa María de Deba y su relación con la actividad comercial del puerto de esta población durante los siglos XV, XVI y XVII : la exportación de los productos elaborados en las ferrerías de la cuenca del Deba (armas blancas y de fuego, herrajes, herramientas, clavazón etc.),  la exportación de lana castellana, la actividad corsaria, y por último las campañas balleneras de los barcos debarras en Terranova.

Y respecto a esta última actividad, la ballenera, hice varios comentarios que debido a la curiosidad de los hechos sorprendieron a Angel Sánchez, guionista del programa. Hablando de los balleneros debarras y vascos le comenté algo que ya había escrito en otro de mis artículos y que ahora de forma resumida lo vuelvo a repetir por si alguno lo desconoce. Y a ello ligo por su anecdótico interés la historia de dos canoas indias; la primera la traída por el capitán ballenero debarra Francisco de Sorarte desde Terranova a Deba; la segunda, la construida por Gaizka Txurruka en su taller de Osio, también en Deba.


       Fotografía del escudo  labrado en piedra arenisca situado sobre el dintel de la puerta del caserío Urasandi en la ribera mutrikuarra de la ría de Deba , edificio incendiado en 1987. Dicho escudo se encuentra actualmente en el Euskal Itsas Museoa de Donostia. Los  Arriola de Urasandi fueron importantes mercaderes y constructores de naos que realizaban sus campañas en Terranova.


Durante el verano de 1620 Francisco de Sorarte, capitán de un galeón  de Deba, se encuentra en Terranova cazando ballenas. Cierto día ve pasar ante su barco una canoa en la que van embarcados un hombre y su mujer con una pequeña criatura, probablemente pertenecientes a la tribu de los beothuk o de los micmac, nativos de aquella isla. El buen capitán se compadeció de la pobreza de aquellas gentes y mientras su nave permaneció en aquel lugar se encargó del bienestar de aquella familia. Pero no contento con ello pensó que lo mejor para aquellos pobres sería llevarlos a su casa e instruirlos en nuestra Santa Fé para hacerles participantes de las riquezas del Cielo.

Y efectivamente así lo hizo. Finalizada la campaña, no solo embarcó en su nave a la pareja con su tierna criatura sino también a la canoa de éstos, retornando al puerto de Deba.

Narraba don Pedro Joseph Aldazabal Murguia, párroco de Deba e Itziar que el pobre indio salió tan bravo y montaraz que fueron inútiles todas las diligencias, y fue preciso tenerle todo el año en prisiones por su crueldad y sevicia, siendo devuelto a su tierra en la posterior campaña ballenera. No sucedió lo mismo con la mujer y la niña las cuales fueron bautizadas en Itziar y allí se quedaron, aprendieron la lengua bascongada y murieron. Por cierto, a la niña se le puso el nombre de Maria de Iciar.

La ilustración nos muestra el aprovisionamiento de una nao debarra antes de partir a la campaña de Terranova.


BALLENEROS VASCOS EN AMERICA

Líneas arriba comentaba las referencias de Aldazabal Murguia sobre la belicosa actitud del aborigen expatriado y repatriado a su tierra. No es de extrañar que fuese así pues es fácil imaginar que al pobre hombre poca gracia le debió hacer que le trajesen a una tierra desconocida, seguramente contra su voluntad. La crueldad y sevicia de éste que menciona el señor párroco, puede tener una explicación ya que, al parecer, tanto los beothuk como los micmac debían ser tremendamente belicosos entre ellos hasta el punto de cortar la cabellera  a sus enemigos como trofeo de guerra.

Pero a  pesar de algunos enfrentamientos entre marinos vascos e indígenas americanos como está documentado: en trece de octubre de mil seiscientos y trece vino la nueva de cómo en Terranoba en una nao de San Sebastián mataron los salvages a Lucas de Andonaegui y Joan Martinez de Chripsto con otros tres marineros de la dicha nao…

a pesar de ello, las relaciones entre vascos e indígenas fueron buenas por conveniencia para ambas partes. Los marineros vascos sacaban un buen sobresueldo cambiando hachas, cuchillos, o la sidra de sus raciones por pieles que serían posteriormente vendidas en Europa a muy buen precio. Además, los indígenas colaboraban con los vascos como exploradores, algo necesario en unas tierras y costas desconocidas para estos últimos.

Esa relación comercial y social conllevó el que se crease un pidgin o argot mezcla de euskara y algonquino, lengua matriz de los idiomas hablados por las tribus de la zona, tanto en Terranova como en la continental canadiense de Labrador y el golfo de San Lorenzo, (beothuk, micmac, montagnais e innui sobre todo).

En 1625 el cronista de Lezo Lope Martínez de Isasti, coetáneo del capitán ballenero debarra Francisco de Sorarte escribía:

En región tan remota como Terranova han aprendido los salvages montañeses con la comunicación que tienen con los marineros bascongados, que van cada año por el pescado bacalao, que entre otras cosas preguntándoles en vascuence: nola zaude, cómo estás: responden graciosamente: Apaizac obeto, los clérigos mejor: sin saber ellos, qué cosa es clérigo, sino por haberlo oído. Hablan y tratan con los nuestros, y ayudan á beneficiar el pescado en la ribera á trueque de algún pan bizcocho y sidra que allá no tienen ellos.

Está claro que los indios aprendieron por lo menos a chapurrear en  euskara y otro tanto los vascos a defenderse en las lenguas y dialectos indígenas. Así lo demuestra el historiador  Esteban de Garibay (1533-1599) al referirse a los indios canadienses quienes según él no tenían problema en el aprendizaje de la lengua bascongada:

…puesto  que los marineros de la Provincia de Guipuzcoa y del Señorío de Bizcaya y el País de los Vascos van cada año a la tierra recientemente descubierta (Terranova) para pescar y cazar, los salvajes de aquella región aprendieron su lenguage cántabro a pesar de la breve comunicación, de tan poca duración, que mantienen con la gente de aquí una sola vez al año, durante un periodo de menos de tres meses. Y esa gente privada de razón y organización es capaz de aprenderlo, cuanto más fácilmente podría la gente de vida respetable de nuestro viejo mundo.

Fotografía tomada en la sacristía de Itziar donde puede observarse la canoa traída por Francisco de Sorarte en 1620.

¿Y QUÉ FUE DE LA CANOA?

Efectivamente, la canoa llegó al puerto de Deba y a modo de ofrenda o exvoto  permaneció durante siglos en la sacristía del conocido santuario mariano de Itziar. Por desgracia la canoa ya no existe pues a finales de los años sesenta del siglo XX, quizás siguiendo los aires reformadores  del Concilio Vaticano II, que afectaron incluso a la decoración de los templos, aquella etnográfica e histórica reliquia fue inexplicable y equivocadamente retirada de su sitio acabando al parecer en la basura. Por suerte se conserva una fotografía de la misma que da fe de su pasada existencia.

 Yo, más cerca de los setenta que de los sesenta, recuerdo perfectamente aquella canoa traída desde Terranova. Sí, la  recuerdo con su casco forrado con pieles de foca y rodeada de otros exvotos  como grilletes de cautivos liberados en Argel, muletas, maquetas de barcos… Una verdadera pena haber perdido aquel  histórico legado.

 

LA CANOA DE GAIZKA TXURRUKA

Posando junto a su canoa.



El debarra Gaizka Txurruka es lo que se dice un verdadero artista. A sus treinta y nueve años tiene la experiencia de un profesional de sesenta. En 2005, con tan solo veintitrés años obtuvo el Primer Premio del III Concurso Nacional de Ciclos Formativos de la Madera y el Mueble. En sus horas libres lo mismo fabrica una prensa para la uva que una zanfoña medieval que una canoa india. Y esto último es lo que precisamente está haciendo en estos momentos. Gaizka es conocedor de la historia de aquellos aborígenes americanos que llegaron a Deba a bordo del galeón ballenero de Francisco de Sorarte y ha tenido la delicadeza de recibirme en el taller de carpintería de su familia, los Txurruka, una conocida saga de ebanistas debarras.  

La canoa que está construyendo “Txurru” poco tiene que ver con la que hace años vi colgada en una de las paredes de la sacristía de la parroquia de Itziar. La que yo recuerdo era mucho más burda y rústica. Además estaba forrada con pieles de foca.

La construida por Gaizka tiene unas medidas de 3,5 m de eslora, 69 cm de manga y 30 cm de puntal; es en lo único que podría asimilarse a la que llegó de Terranova al puerto de Deba en 1620, aunque estoy seguro de que aquella era algo más pequeña.

Construida con madera reciclada de pino, salvo los motivos decorativos taraceados en sus amuras (abeto, sapeli y sucupira)  y la roda en madera de fresno, el acabado de la canoa de Gaizka es de lujo si lo comparamos con la desaparecida canoa traída de Terranova por Francisco de Sorarte.

Detalle de los motivos decorativos taraceados con diversas maderas como abeto, sapelliy y sucupira. 


Gaizka observando los planos de construcción.

La estructura ha sido realizada en base a planos y libros comprados en la Columbia Británica (Canadá)  y en Estados Unidos. Lo más fácil ha sido  hacerse con el “astillero” y las herramientas ya que disponía del gran taller de su familia. No obstante él mismo se ha fabricado un horno de vapor para cocer y dar forma a la madera.

A pesar de no poder meter todas las horas que a él le gustaría pues vive de su trabajo y no de su afición, Gaizka ha comenzado a construir una nueva embarcación, un kayak de 4,26 m. de eslora. Y cuando termine su primera canoa comenzará a construir un nuevo kayak de 5,5 m. de eslora. Me comenta que esa será para navegar en mar abierto.

Antes de despedirme le pregunto cuándo será la botadura, y sonriendo me dice que aún no lo sabe. Le animo que sea para San Juan, antaño en plena campaña ballenera en Terranova.

Gaizka junto a su compañero de trabajo "Argi".


viernes, 3 de julio de 2020


EL INAPRECIADO VALOR DEL PATRIMONIO

                  EL DIOS EOLO Y LOS TXORITOKIS



Talla del dios Eolo tras su restauración.








Al redactar este artículo lo hago pensando en que a menudo no damos valor a cosas que la tienen y que desgraciadamente por desconocimiento o desidia van a parar a un vertedero. Nos deshacemos de ellas inconscientes de lo que hay detrás de éstas, quién fue su autor o su dueño y en qué momento se realizó. Y cuando con el tiempo lo sabemos y apreciamos, ya es tarde, ya han desaparecido para siempre.

Hace ya unos años, cuando se vació el palacio de Aguirre para su restauración exterior y su transformación interior, el Ayuntamiento de Deba guardó en una nave del polígono industrial de Itziar todos aquellos elementos que pudiesen tener un valor histórico o artístico por lo que mereciese la pena su conservación.

Llegó el día en el que había que decidir qué era lo que merecía la pena conservar y restaurar y qué no. Los responsables de decidir lo que se podía salvar fueron dos técnicos de una empresa de restauración de Zaragoza contratados por el Ayuntamiento para las obras del palacio. Tres vecinos de Deba fuimos invitados, digamos a modo de testigos; claro está con voz pero sin voto decisorio.


Muebles del palacio de Aguirre  en la nave del  polígono de Itziar.


Era mucho lo que había, aunque la mayor parte en muy mal estado. Lo que más llamó mi atención fueron unas enormes vigas de roble maravillosa y prolijamente talladas aunque churrasqueadas en alguno de los últimos incendios que sufrió el palacio.

Pregunté a los técnicos a ver si no había posibilidad de salvar aquellas joyas y su respuesta fue que debido al elevado coste de la restauración y a la falta de  presupuesto para ello, serían enviadas al vertedero de madera de Ormaiztegi. Una verdadera pena; aquellas vigas tenían siglos de historia.

Al cabo de unos meses un amigo me comentaba que había visto una curiosa noticia en ETB sobre la inauguración o ampliación de una casa de cultura, creo recordar, aunque no estoy seguro, que en Muskiz, Bizkaia. El reportero debió preguntar al responsable del centro cultural, a ver dónde habían conseguido aquellas vigas tan artísticas a lo que aquel respondió que habían sido traídas del vertedero de Ormaiztegi y que habían pertenecido al palacio de Aguirre de Deba.

También llamó poderosamente mi atención una maravillosa talla del dios Eolo que aunque en muy mal estado pensé que sería un pecado enviarla al vertedero; tenía que hacer algo por salvarla. Aquella talla, pequeño fragmento de un gran panel, era testigo de la época más interesante y gloriosa del palacio de Aguirre.

Recuerdo que por entonces, el jefe de la brigada municipal era Jon Aldalur, también allí presente. Viendo que en pocos días una gran parte de aquellas obras iba a desaparecer me dirigí a él diciéndole:
Jon: es una pena y un pecado que desaparezca esta joya. Y como no quiero que nadie diga que me he llevado nada de aquí, quiero pedirte un favor: el día que carguéis todo en el camión para llevarlo al vertedero te ruego me separes esta talla pues quisiera restaurarla y salvarla.
Y así lo hizo y así lo hice.

Talla del dios Eolo antes de su restauración.
 Poco tiempo después me propuse investigar sobra la historia de aquella obra y aquellas maravillosas vigas desechadas.
Roque Aldabaldetrecu en su libro “Agirre Jauregia-Palacio de Aguirre” nos dice que el trabajo de carpintería del palacio se realizó entre 1625 y 1627, es decir, se realizó en dos años, siendo por entonces sus dueños Francisco Ochoa de Irarrazabal y su esposa Joana de Otalora. Las obras de carpintería fueron dirigidas por el maestro Francisco de Aguirre, vecino de Elgoibar, bajo diseño firmado al parecer por el maestro carpintero azkoitiarra Santiago de Urquiola.
     
Otro dato de gran interés que da valor a la obra me llegó a través de la correspondencia de Juan Valera, en concreto de una carta escrita en Deba el diez de septiembre de 1871 por el escritor y diplomático español y dirigida a su hermana Sofía en la que se refiere precisamente a este tema.
 “…ha tenido (se refiere al marqués de Valmar, dueño entonces del palacio de Aguirre) la dicha de encontrar la casa, que es una alhaja, un verdadero primor artístico, y de comprarla por casi nada; pero en la obra ulterior y en los muebles debe haber gastado mucho. Toda la casa es de piedra; pero los artesonados y muchos postes, y la escalera y no pocas cornisas y otros adornos son de roble, admirable y prolijamente esculpidos en la mejor época del Renacimiento”.

Hoy día, la talla del dios Eolo, salvado de varios incendios y de desaparecer definitivamente en un vertedero del Goierri preside el salón de mi casa. Algunos muebles de estilo imperio fueron restaurados con ayuda de la Diputación Foral de Gipuzkoa por el Ayuntamiento de Deba. La restauradora fue la debarra Goizane Aizpurua. Hoy los muebles lucen en su lugar original, el palacio de Aguirre.

EL TXORITOKI





















 
De las dos fotografías, la superior corresponde al edificio del viejo "casino", donde se pueden apreciar los txoritokis, ocho en el centro y tres el el lateral izquierdo. Por el contrario en el nuevo edificios desaparecen éstos. 

Aunque a algunos les parezca insignificante, este es otro ejemplo de cómo a veces no damos importancia a cosas que lo tienen.
Cuando el casino de Deba fue derribado para la construcción de un nuevo edificio de viviendas fui de los primeros en criticarlo pues aquel edificio obra del ilustre Manuel de Cárdenas era de gran importancia en el campo de la arquitectura civil regionalista vasca; el Neovasco. Fue una pena.

Tengo que reconocer sin embargo que el nuevo edificio se ha levantado, salvo algunos detalles, siguiendo el estilo del anterior, cosa que es de agradecer pues desgraciadamente estamos demasiado acostumbrados a sustituir el arte por los bodrios.


Detalle de los txoritokis del viejo edificio del "casino" que no han sido
 realizados en la nueva construcción.


Uno de esos pequeños detalles a los que me refería son los “txoritokis” de la fachada norte del edificio que en la nueva obra han desaparecido. El txoritoki es uno de los elementos característicos de la arquitectura regionalista vasca de principios del siglo XX. La versión original proviene de las “ganbaras” (desvanes) de nuestros caseríos, y eran pequeños huecos o ventanas triangulares. Tenían su función y era la de poder airear y así conservar en aquella estancia los productos del campo y de la matanza que más tarde serían consumidos a lo largo del año. El nuevo estilo vasco del siglo XX los reutilizó más como elementos decorativos, rindiendo así un homenaje al viejo baserri.


Las tres fotografías de arriba nos muestran los txoritokis
de los chalés Itxasmendarte, Ave María y Ondarregi, todos
ellos construidos por D. Manuel de Cárdenas. 


En marzo de 2018  fui invitado a dar una conferencia en las XV Jornadas de Arquitectura Vernácula de La Habana, organizadas por la Cátedra Gonzalo de Cárdenas y la Oficina del Historiador de la capital cubana. El tema de mi intervención  fue “Arquitectura Vernácula Vasca. De la casa-torre medieval y el caserío a la arquitectura regionalista vasca del siglo XX en Deba y su entorno”.

Al hablar sobre algunos elementos característicos reutilizados por los arquitectos regionalistas en el País Vasco hice referencia a los “txoritokis”. Al terminar mi intervención se acercaron a mí dos arquitectos, uno cubano y el otro norteamericano. Muy interesados en el tema de la conferencia, ambos me preguntaron cuál era la palabra vasca que había utilizado para denominar a los pequeños huecos triangulares de las “ganbaras” o desvanes de los caseríos y edificios regionalistas vascos; les respondí que “txoritokis”. Tomaron nota de ello en sus agendas y tras explicarles el significado literal de la palabra (sitio de los pájaros) quedaron encantados tanto de aquel casi insignificante elemento arquitectónico como del poético significado de aquella palabra.

Resumiendo y concluyendo este artículo quisiera hacer esta reflexión. En nuestro patrimonio no hay nada insignificante por pequeño que parezca, ni siquiera un txoritoki.
Tenemos que cultivar y enseñar a cultivar la sensibilidad a nuestros niños y jóvenes para que aprendan a valorar la importancia de lo bello, de la armonía de las formas, de nuestro patrimonio y de nuestra historia.
De lo contrario corremos el riesgo de que nuestra cultura acabe en un vertedero.


 


martes, 3 de marzo de 2020

ANES ARRINDA EN LA MEMORIA HISTÓRICA


                    CHARLA COLOQUIO

               

El próximo 13 de marzo,viernes, a las 19:00 horas, charla de Alex Turrillas en el salón de actos de Kultur Elkartea bajo el título "Anes Arrinda en la memoria histórica de Elvillar-Bilar y Deba".

Se dará a conocer una imagen hasta ahora desconocida de quien fuera párroco de estas dos poblaciones. Un Anes joven, valiente y sin miedo a encararse a las hordas falangistas, según testimonios pistola en mano, con tal de salvar la vida de sus feligreses en el pequeño pueblo de Rioja Alavesa.

La biografía de un cura de pueblo entre 1936 y 1940, digna de la mejor de las películas de acción.
Las investigaciones para sacar a la luz esta maravillosa historia han sido realizadas por el periodista y escritor bizkaino Julio Flor y por quien impartirá la charla, Alex Turrillas.

El próximo 20 de junio el pueblo de Elvillar-Bilar tiene previsto un acto de homenaje a su figura y se espera que acudan numerosos debarras a lo que pensamos será, además, una gran fiesta de confraternización entre las dos poblaciones.

Contamos contigo el próximo día 13 de marzo en Kultur Elkartea; a las 19:00 horas.










lunes, 9 de diciembre de 2019


AQUELLAS JÓVENES MAESTRAS DE LASTUR



                            Vista general de Lastur. Año 1958. Fotografía de Indalecio Ojanguren.

La escena debió ser muy parecida a la que en numerosas ocasiones hemos visto en las películas del oeste americano: una joven y guapa maestra toca la campana mientras los niños y niñas corren para entrar en clase.
Algo parecido se repitió en la pequeña escuela anexa a la ermita de san Nicolás de Lastur a donde acudían los niños y niñas de los caseríos cercanos.
En este artículo me centraré en la actividad de esa “eskola txikia” durante las primeras décadas posteriores a la última Guerra Civil y en dos de las entonces jóvenes debarras que ejercieron el magisterio en ella, la primera, Irene Aranceta Lecuona como maestra habilitada, y años después Begoña Aperribay Lotina, ya titulada profesionalmente como maestra.
Cuando comencé a redactar este artículo aún vivía Begoña; estaba a punto de entrevistarle para que me contase sus vivencias como maestra rural de Lastur. Desgraciadamente falleció el 15 de octubre pasado; una caída y una posterior complicación tuvieron la culpa de que la entrevista no pudiera realizarse. Sirva este artículo, ahora más que antes, como recuerdo y homenaje a nuestra querida Begoña a quien siempre tendremos en nuestra memoria.

               

A la derecha, la iglesia y a la vez escuela de San Nicolás de Lastur donde ejercieron como maestras nuestras dos protagonistas, Irene y Begoña. A la izquierda de la fotografía “Casa Palo”, donde se hospedaban ambas.

Pero antes que nada quisiera hacer mención a cómo durante la guerra civil y en los años inmediatos a su finalización, de todo el colectivo de funcionarios, el de maestros y maestras fue el más represaliado por el franquismo.
Esa circunstancia, es decir, la falta de maestros y maestras, obligó a que en ocasiones se hiciesen cargo de la educación en las escuelas públicas los curas, o incluso los militares (2500 alféreces fueron destinados a tareas docentes).

Fue precisamente la carencia de maestros y maestras lo que también hizo que en los barrios rurales de muchas poblaciones como Deba se habilitase generalmente como maestras a chicas de la misma población a pesar de carecer del título de magisterio. Solían ser jóvenes que habían sobresalido por su buena y brillante trayectoria escolar, ese es el caso de Irene Aranceta y de Kontxita Azpeitia la “andereño Kontxita” .  A Irene – madre del autor de este artículo- tuve el placer de entrevistar para que nos contase su experiencia en la escuela de Lastur en aquellos ya lejanos años de la postguerra. Kontxita, que ejerció en la barriada de Arriola y también en Lastur falleció hace ya unos años privándonos así del relato de sus de  vivencias.

La información sobre Begoña tuve que recabarla de su familia, sobre todo de su hijo Ángel Mari y de su esposo, Ángel Iriondo. No quisiera pasar por alto un dato de interés respecto a las escuelas rurales, y es que en ocasiones se habilitaban como tal algunos caseríos donde una de las habitaciones hacía de aula escolar para los parvulitos del barrio. Tal es el caso del barrio de Arriola o el de Mardari donde según algunos testimonios una de las habitaciones del caserío Irure cumplió en ciertos momentos funciones de “Haur Eskola”.

Irene Aranceta Lecuona



                  Plaza de toros de Deba, década de los años cuarenta. De izquierda a derecha,
                                Pepita Beristain, Maritxu Peña e Irene Aranceta.
           
Irene nació el 26 de julio de 1928 en Oviedo. Su nacimiento en la capital asturiana fue circunstancial ya que estuvo motivado por la permanencia en aquella ciudad de sus padres por motivos laborales. Su padre, el cantero Pablo Aranceta Lasagabaster era socio por entonces de la cantera de Arronamendi, en Deba, donde se elaboraban un gran número de adoquines con destino a las calles de numerosas ciudades del estado.
Porque de Arronamendi no solo salía la piedra y se elaboraba el adoquín, sino que además se instalaba éste allí donde saliese una contrata: calles, plazas, puertos, carrejos etc.
Según Irene desde muy joven, con apenas quince años, ella acudía en los trenes de mercancías al cargadero de Arronamendi donde se encargaba de llevar el control de las cargas de adoquines embarcados a bordo de los vagones. Esa experiencia contable debió de servirle poco después para ser seleccionada como maestra de Lastur. Ella misma nos lo cuenta:

Tenía miedo de no estar a la altura, de no estar preparada para ejercer como maestra; aquello me quedaba grande.
Recuerdo que Gregorio Susaeta, maestro de Deba, me hizo un examen para comprobar mi aptitud. Me quedé más tranquila cuando al ver el resultado me dijo riendo: Irene, estas preparada de sobra; puedes ser una buena maestra.

Fue hacia 1946; tenía dieciocho años cuando se hizo cargo de la pequeña escuela de Lastur a donde acudía los domingos y donde pasaba toda la semana hospedada en “Casa Palo”, hasta el sábado siguiente que volvía a casa para pasar el fin de semana.
Preguntada por sus recuerdos de entonces, nos cuenta que fue la época de su vida que más miedo había pasado.

Cada viaje a Lastur, era un verdadero tormento. Solía ir a pie y en el camino me encontraba siempre con toros que andaban sueltos. Solían levantar la cabeza y me miraban fijamente como si fuesen a embestirme. Pasaba verdadero pánico.

Pero también había momentos alegres. Nos habla de Dolores que tuvo a su hijo Jose Mari (se refiere a Jose Mari Larrañaga “Palo”) mientras ella era maestra en Lastur.

Cuando nació Jose Mari, yo le cogí en brazos.

También nos habla de Agustina, la tía de Julián Larrañaga, el marido de Dolores.

La tía Agustina vivía con ellos en casa “Palo”. Por entonces estaba de moda una canción titulada “Veneciana”  que yo solía cantar a menudo. A Agustina le gustaba aquella canción y cómo la cantaba yo. Siempre me decía:
Irene: abestu berriz “Miliziana, miliziana”. Quería decir “veneciana, veneciana”.

                   
        
 Euskal Jaia 2019. Irene Aranceta y junto a ella Jose Mari Larrañaga “Palo”, el niño a quien Irene cogió en brazos nada más nacer.

Preguntada sobre cómo era la clase y  si recuerda a alguno de sus alumnos o alumnas le traiciona la memoria.

Bueno… sí recuerdo a la madre de Arrate Albizu (se refiere a Josefa Urteaga que en la actualidad -2019- cuenta 85 años; del caserío Zintxiki).
A la escuela asistían niños y niñas de todas las edades, hasta los catorce años. El aula era la misma para todos; en la clase estaban todos juntos.

                        

                        
Begoña Aperribay Lotina

Hija de Francisco Aperribay Zubiaurre y de la bizkaina natural de Frúniz Justa Lotina Aurtenetxe, Begoña nació en Bilbao el 28 de enero de 1937, en plena guerra civil y bajo el estruendo de los bombardeos. Allí residió durante los primeros tres años de su vida, hasta que sus padres llegaron a Deba.



                                                Tres  generaciones: Begoña, su madre Justa y su hija Miren.

Al contrario que Irene, Begoña estudió la carrera de magisterio. Para ello primero tuvo que realizar el bachillerato; lo hizo por libre y su preparador fue el recordado párroco de Deba Anes Arrinda. Los estudios primarios los había realizado en el centro que las madres Carmelitas Descalzas tenían en Deba.
Tras aprobar el bachiller inició los estudios en la Escuela Normal de Magisterio de San Sebastián, en Ategorrieta. Al poco de terminar sus estudios fue destinada a la escuela rural de Lastur donde ejerció de maestra durante el curso 1961-1962 y donde como era habitual entre las maestras, residía en la legendaria “Casa Palo”, conviviendo con la familia Larrañaga.

Como era habitual por entonces, el viaje a pié a Lastur lo realizaba por el canal de aguas, la vía más rápida, aunque en ocasiones era su novio Ángel quien le llevaba a bordo de su moto Vespa y otras el panadero en su vehículo de reparto.




En la imagen, Begoña en su época de maestra de Lastur. Con ella las mujeres de “Casa Palo”. De pie, de
izquierda a derecha, Begoña, la tía Agustina, Dolores y su hija Kontxi. Sentada, la amama, José Ignacia Azpiazu.

Interesados por saber quiénes pudieron ser sus alumnos en aquella época, a pesar de tener una fotografía suya con éstos no hemos podido averiguar quiénes son los y las jóvenes que posan en la foto. Tan solo hemos recogido el dato de que Agustín Urain, del caserío Abeletxe fue uno de ellos.



Begoña, de rodillas, rodeada de sus alumnos y alumnas. Como puede verse la diferencia de edad entre el alumnado es ostensible ya que en el mismo aula se impartían las clases a todos.



Octubre de 1962. Begoña y Ángel el día de su boda.Con ellos, los padres de Begoña, Francisco Aperribay y Justa Lotina.

Al finalizar el curso 61-62, en octubre se casa con Ángel Iriondo dedicándose de lleno a su familia y a la crianza de sus hijos Ángel Mari, Asís y Miren.
Más tarde retomaría de nuevo su profesión; lo haría en Bergara en el patronato de San Miguel, un centro pionero en Gipuzkoa en la enseñanza y educación de personas con síndrome de Down.



                                   Begoña en su época en ARANSGI en una de las clases con niños sordomudos.

Poco después, en 1977, Begoña realiza un curso de especialización en Pedagogía Terapéutica en Valladolid, recibiendo este título en noviembre de ese año y dedicándose a la educación especial para niños y niñas con deficiencias auditivas y en el lenguaje oral (niños sordomudos). Lo haría en ARANSGI de Bergara. Allí trabajaría con pasión hasta poco antes de su forzada jubilación por motivos de salud. El agradecimiento de aquellos niños de entonces quedaría reflejado el día de su funeral, al que acudieron varios de ellos.
Pero la vocación pedagógica de Begoña también abarcó otro tipo de enseñanza, la religiosa, ya que durante años colaboró activamente como catequista en la parroquia de Deba. Quienes ya peinamos canas todavía le recordamos en aquellas labores.
Como ya se ha comentado al comienzo de este artículo, es una pena no haber podido escuchar directamente de Begoña algunas anécdotas de su estancia en Lastur, pero sirvan las imágenes presentadas en él como testimonio de la ya desaparecida “eskola txikia” de Lastur y de sus jóvenes maestras, como Begoña.

                         

Una de las últimas fotografías de Begoña, quizás la última. Euskal Jaia de 2019, Deba. Mientras Ángel, su esposo, levanta una falsa piedra de 220 Kg, ella sonríe. (foto Pablo Turrillas).

lunes, 9 de septiembre de 2019

VISITA GUIADA A SASIOLA

 
"LA OTRA HISTORIA DE SASIOLA"

El próximo sábado, día 14 de septiembre, realizaremos una visita guiada a Sasiola. El recorrido, por el antiguo camino, será a pié y saldremos a la 10 en punto desde la Plaza Zaharra. Estaremos de vuelta hacia las 14,30.La visita será gratuita pero como al final de la misma habrá un hamaiketako, el coste del mismo lo haremos "a escote" entre todos los asistentes. Hemos calculado que entre chorizo, pan, vino, sidra, agua, vasos, servilletas etc. pondremos 3 euros por persona, a excepción de los niños que no pagarán aunque sean de buen apetito.A la visita queda invitada toda persona dispuesta a pasar una bonita mañana y a conocer la historia de nuestro querido pueblo.Se recomienda llevar calzado y ropa deportiva.Quienes a la vuelta se encuentren cansados o no les apetezca volver a pié pueden coger el autobús de línea, ya que este tiene parada en Sasiola.

 

viernes, 12 de julio de 2019


                                   El Juan Sebastián  Elcano

                              retoma una antigua tradición



El buque Juan Sebastián Elcano navegando a pocos
metros de la playa de Deba.


El pasado día 7 de julio tuvo lugar en Deba un hecho singular. Con motivo de los actos del 500 aniversario de la vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano el buque escuela de la armada española visitó Getaria, villa natal del ilustre navegante guipuzcoano.

Lo singular de esta historia es que tras la partida del buque desde el puerto getariarra hacia Bilbao, el comandante del mismo desvió el rumbo previsto para dirigirse hacia la costa debarra y cumplir con un rito habitual en la antigüedad pero  perdido desde hace aproximadamente dos siglos: el lanzamiento de salvas de artillería en honor a la Virgen de Itziar, antiguamente  considerada la más marinera de las Vírgenes vascas.

Quienes hacia las 10 de la noche se encontraban en el paseo marítimo debarra pudieron ver sorprendidos cómo al pasar frente a Sorginetxe, la tripulación del velero lanzaba dos descargas de artillería tal y como se hacía en el pasado. Tras las descargas, el buque navegó a corta distancia del arenal debarra hasta llegar a la altura de la escollera donde viró para retomar el  rumbo hacia su destino.


Virgen de Itziar. S.XIII
                            


El porqué

El pasado tres de junio, día de la peregrinación de las gentes de Deba al santuario de Itziar, quien hasta fechas recientes ha sido presidente de la Real Asamblea Española de Capitanes de Yate, el debarra-bilbo-madrileño Javier de Cárdenas Chávarri, se interesó por esta antigua tradición. Además, el hecho de que Juan Sebastián Elcano dejase en su testamento la voluntad de donar 40 ducados de oro a la Virgen de Itziar de la que era devoto, animaron a Javier a proponer a la máxima autoridad  marítima retomar la vieja tradición.

Fue así que Javier de Cárdenas hizo llegar por escrito al Almirante jefe del Estado Mayor de la Armada (AJEMA) esta tradición tan  marinera, para que si lo tenía a bien, se lo comunicara  al comandante del buque Juan Sebastián Elcano, tal y como vemos que sucedió.


Itziar. "Amatasuna de Jorge Oteiza. Al fondo el mar.


Exvoto en el santuario de Itziar, probablemente
represente a algún buque de la Real Compañía
Guipuzcoana de Caracas.