viernes, 3 de agosto de 2018


JAVIER BERASALUCE 

MEMORIAS DE LA MODESTIA Y DE LA AMISTAD

¡Ay Señor! ¡Cómo han cambiado los tiempos!


Javier Berasaluce en su época de portero del Real Madrid.


Hace unos días leía el titular de la noticia de un diario deportivo:
Así es la millonaria colección de coches de Cristiano Ronaldo”. El subtítulo aclaraba que el futbolista portugués, "ex" del Real Madrid, tiene un garaje de lujo: Rolls-Royce, Maserati, Porsche, Ferrari, Lamborghini, Bugatti y más, mucho más.
Inmediatamente recordé las memorias, creo yo que aún inéditas, de Javier Berasaluce que hace ya unos meses tuve el privilegio de leer. Entre otras aventuras y desventuras, el debarra recordaba la época de cuando, como portero, formaba parte de la plantilla del Real Madrid.

Por si alguien lo desconoce, creo necesario comentar que con aquel equipo en el que Javier tenía como compañeros a Juanito Alonso, Alfredo Di Stéfano, Paco Gento, Luis Molowny, Rial, Pérez-Payá, Zárraga, Muñoz, Marquitos, Kopa o Puskas, el Real Madrid ganó cinco veces consecutivas la Copa de Europa. Todo un equipazo que batió un récord aún no superado.

Copa de Europa, año 1956. Partido contra el Rapid de Viena.





















Tras leer las interesantes memorias, le comenté a su hijo Willy que me habían encantado; más que nada porque eran un reflejo de la sencillez de tiempos pasados, de una época en la que las personas, aunque fuesen figuras del futbol, eran ante todo personas y no, como a menudo hoy día sucede, ídolos con pies de barro, con mucho maquillaje por fuera y poca sesera por dentro.
Me encantaron porque representaban todo un canto a la sencillez, a la modestia y a la amistad. Toda una lección para muchos de los actuales futbolistas. De ellas entresaco algunos párrafos:

“Coincidió que cerca de nuestra casa, vivía Molowny, jugador canario que hacía años que pertenecía al Real Madrid. Jugador que se hacía querer por todos los compañeros por su carácter y al que la afición le llamaba “el mangas” porque cuando jugaba, nunca se remangaba y tenía siempre las mangas de su camiseta al aire. Entre nosotros era más bien conocido como el “Marqués de Chamartín” porque considerábamos que vivía muy bien.

Como digo, vivía muy cerca de (la calle) Ibiza y encerraba su coche en un garaje contiguo a nuestra vivienda. Hice mucha amistad con él y terminó siendo un buen amigo. Con ese hablar característico de los canarios era de lo más agradable escucharle. Tenía un coche Renault 4/4 y siempre me daba buenos consejos que aún los recuerdo, me decía:

-En esta vida hay que ser muy modesto, no presumir de nada y sobre todo ser buena persona.

Él desde luego lo era. Así íbamos todos los días a entrenar. Como digo, tenía un coche modesto pudiendo tener uno de más cilindrada como tenían otros jugadores. (Aunque en aquella época tener un Renault 4/4 se consideraba todo un lujo)”.

Conviene aclarar que al mencionar al Renault “4/4” no se refiere a un 4 x 4 sino a un pequeño coche de bajo precio así popularmente conocido por tener cuatro plazas, cuatro puertas y cuatro caballos fiscales.
Leyendo las memorias se ve que el gran portero debarra fue un buen compañero. Se ve cuando se refiere a su gran amigo y rival deportivo, el también portero Juanito Alonso con el que tenía que luchar a diario para disputar el primer puesto en la portería.

“ Era una situación diríamos, que muy bonita, pues si bien luchábamos por el puesto de portero, teníamos una amistad noble y sincera”. “Casi siempre, una vez terminado el entrenamiento oficial y cuando todos los demás jugadores se marchaban a la caseta, quedábamos los dos en el campo jugándonos los “blancos” del aperitivo en las distintas pruebas que nos inventábamos”.

Recuerdo que hace unos años hablando por teléfono con Javier, él mencionaba a Juanito Alonso durante nuestra conversación; y recuerdo también que al mencionarle le nombraba como “el pobre Juanito”, pues éste ya había muerto. Sus palabras denotaban la pena por la ausencia definitiva de su gran amigo.

Javier en uno de sus entrenamientos con el Real Madrid.

Llegados a este punto no quisiera pasar por alto la graciosa historia que nos narra Javier de cuando acompañado por su inseparable amigo, el hondarribitarra Juanito Alonso, se hizo con su primer automóvil; naturalmente un cuatro-cuatro:

 Un día y cuando, por fin, marchábamos a la caseta a ducharnos, me dice:

-Javier, ¿quieres un coche?

Sin pensarlo dos veces le contesté afirmativamente. (En aquella época tener un coche era dificilísimo, pues a pesar de que se fabricaban los Renault 4/4 en Valladolid, no había manera de hacerse con uno si no era con una fuerte recomendación). Mañana vamos a ir donde el director de Moneda extranjera del Banco de España en la calle Alcalá y te lo proporciona.

Fuimos al día siguiente al despacho de este señor y al vernos entrar nos pregunta:

-Vamos a ver, ¿qué es lo que quieren los dos porteritos del Real Madrid?

Va Juanito y dice:

- Aquí mi amigo Javier que quiere un coche-  y nos contesta:

- El domingo jugáis en Bilbao, ¿verdad?, pues a ver si ganáis, y tú Javier, haz un ingreso de 74.100 Ptas en el Banco de Santander y la semana que viene tendrás el coche.

El primer coche de Javier, el famoso cuatro-cuatro.


UN MODESTO REGALO

Al referirse a sus viajes por Europa cuando acudían a jugar algún partido con un equipo extranjero, Javier refiere que los clubes solían hacerles una recepción en la que se hacían un intercambio de regalos y los presidentes de ambos clubes daban un discurso.

Los regalos de entonces eran muy modestos y consistían en cosas tan sencillas como una manta, un cenicero, un juego de vasos o un despertador. Precisamente fue un despertador lo que recibió cada uno de los jugadores merengues en su visita a la ciudad inglesa de Manchester. Refiriéndose a  aquel despertador nos dice:

Resulta que nos entregaron al final de la cena homenaje y un momento antes de que empezaran los consabidos discursos habituales. El que más y el que menos ya empezamos a enredar con el reloj que habíamos recibido como obsequio, en el preciso momento que tomó la palabra nuestro presidente D. Santiago Bernabéu.

Pérez Paya, que mientras disertaba el presidente seguía enredando con él, se llevó la gran sorpresa cuando le empezó a sonar el timbre de la alarma y debido al estado de nervios que le entró, no acertaba a pararlo hasta que el reloj desarrolló todo el muelle de la sonería. El “cachondeo” fue general de todos los demás compañeros de equipo y la mirada que le dirigió D. Santiago fue todo un “poema”, pero por fin éste pudo terminar su discurso y el asunto no pasó a mayores.


UN ORIGINAL GRITO DE GUERRA

"El museo de bebidas de Perico Chicote era cita obligada
cada vez que obteníamos un nuevo trofeo europeo".
En la imagen Javier Berasaluce, Alfredo Di Stéfano
 y José Santamaría en el conocido establecimiento madrileño. 


Una de las anécdotas más divertidas recogidas en las memorias de Javier es la sucedida al final de un partido jugado y ganado en Alemania contra el potente Hamburgo. Había finalizado el primer tiempo y el Real Madrid perdía 1-0. Pero durante la segunda parte el equipo madrileño dio la vuelta al partido, que terminó con el resultado de 1-5.
Así nos refiere el ex-portero del Real Madrid lo sucedido tras la victoria en el campo alemán:

“En el Real Madrid de mi época nunca dispusimos de uniforme ni tan siquiera de un grito de “guerra” de los que tanto prodigaban los equipos a los que nos enfrentábamos, por eso nos extrañó sobremanera, cuando al terminar el partido, Di Stéfano nos llamó para que acudiéramos al círculo central del campo. Una vez allí nos pidió que nos pusiéramos abrazados en círculo y con las cabezas bajas, porque íbamos a dedicarles a la afición (se entiende que a la alemana) nuestro grito de “guerra”. Ya he dicho que nunca habíamos tenido una cosa semejante y no entendíamos muy bien qué es lo que quería hacer, hasta que de pronto soltó:
¡ Por todos los h… de  p… que han colaborado para que hoy cobremos la prima… Ra- Ra- Ra !
¡ Y encima el público nos aplaudió..! 


Javier en su domicilio de Vitoria-Gasteiz.
   
Estas son tan solo algunas anécdotas de la vida deportiva de nuestro amigo Javier, hechos sencillos y humanos; memorias escritas que traen a nuestra mente la letra de aquella canción de Joan Manuel Serrat:

                                 Son aquellas pequeñas cosas,
                               que nos dejó un tiempo de rosas
                                             en un rincón,
                                              en un papel
                                            o en un cajón.

Desde estas páginas, nuestro recuerdo y  más cálido homenaje a este debarra singular.
Un fuerte abrazo, Javier.



viernes, 22 de junio de 2018


  

LA OTRA HISTORIA DE SASIOLA

    

“Los bellos monumentos, legados del pasado, se van uno tras otro. Se mueren. Sin agonía, sin que nos demos cuenta de la proximidad del fin brutal. Como ya los hemos conocido viejos, agrietados y decaídos, nos parece que han de durar siempre”.





                   
                                                                    
Con estas palabras comenzaba un artículo del genial arquitecto suizo Alfred Baeschlin, publicado el catorce de octubre de 1927 en el diario La Tarde, de Bilbao. En él se refería a la imponente torre medieval de Sestao, ya por desgracia desaparecida. Leyendo aquel artículo me vino a la memoria la imagen de nuestro monasterio de Sasiola, tan grande en el pasado como agónico y olvidado en el presente; y de nuevo vuelven y revuelven mi memoria las palabras del gran Alfred Baeschlin.   
                                                                                  
El pasado dos de junio, con motivo de la celebración de la 8ª Semana Europea de los Geoparques tuve el placer de realizar una visita guiada a las ruinas del antiguo convento franciscano de Sasiola. Dicha visita,al igual que el resto de actos organizados por el Geoparque de la Costa Vasca tenía un objetivo: dar a conocer y generar una mayor conciencia entre la ciudadanía en lo que respecta a la conservación y promoción de nuestro patrimonio.





El grupo formado por veintidós personas entre las que me incluía yo como guía, partió a las diez en punto de la Plaza Zaharra de Deba. Tras atravesar la calle del Astillero, donde nos detuvimos ante la transformada torre de Sasiola del siglo XV, situada en el pasado en el arrabal de la villa, continuamos nuestro camino hacia el barrio de Artzabal, donde tomamos el viejo camino que en cuarenta y cinco minutos nos llevaría a Sasiola.

En realidad la visita guiada comenzó durante la ruta, donde hicimos otro alto en el camino en las proximidades de Praileaitz para hablar de los numerosos vestigios paleolíticos en las cuevas de nuestro entorno más próximo. Conviene recordar que a pocos kilómetros de ésta, también en Deba, se encuentra la cueva de Ekain, Patrimonio de la Humanidad. 

El último tramo lo realizamos a través de la antigua calzada que discurría entre el cementerio y las huertas del convento, y que hasta hace unos pocos meses ha estado cerrada por la maleza y las zarzas.


Descendiendo por la antigua calzada,
entre las tapias del cementerio y las huertas.


SASIOLA, UN PARQUE TEMÁTICO.

Sasiola con sus alrededores representa un verdadero parque temático de nuestra historia; desde el paleolítico inferior hasta el siglo XIX. Eso es lo que intenté transmitir a cuantos participaron en la visita y lo que intentaré también mostrar de forma resumida en esta página.
El nombre Sasiola, procede de los vocablos "sasi" (zarzal) y ola (ferrería) lo que vendría a significar "la ferrería que está en o junto al zarzal". Situada en la margen derecha del río Deba, frente al barrio mutrikuarra de Astigarribia, su "historia" comienza en realidad hace muchos miles de años ya que a menos de 500 metros a la redonda en línea recta, existen numerosas cuevas con vestigios paleolíticos de gran importancia: Praileaitz I y II, Ermitia, Langatxo, Zerratu, Kiputz, etc. unas en terrenos de Deba, otras al otro lado del río, en Mutriku.
El convento está situado próximo al vado de Astigarribia (vado de los arces), en el pasado el primer vado desde la desembocadura del Deba, y según las crónicas romanas el mismo río cuyas aguas "tocaban" la ilocalizada ciudad de Tritium Tuboricum.

Recreación de cómo pudo ser la antigua torre de Sasiola antes de la fundación del convento.















Pero centrándonos ya en el viejo monasterio, decir que su fundación se remonta al año 1503. Poco antes en aquel lugar se ubicaba una torre medieval perteneciente a un importante linaje banderizo: los Sasiola. En 1470, refiriéndose a esta familia y a la de Irarrazabal, Lópe Garcia de Salazar escribía en sus Bienandanzas e Fortunas: "En la villa de Deva ay dos linaxes de buenos escuderos e de grandes faziendas" y concretando  algo más continuaba "Otro linaxe ay que se llaman los de Sasiola que otrosi fueron buenos escuderos e mucho fazendados e son contrarios los unos de los otros".

Fueron María Ibañez de Sasiola y su esposo Juan Pérez de Licona (tío paterno de la madre de San Ignacio de Loyola) quienes precisamente donaron a la orden franciscana aquella torre y sus posesiones cercanas que incluían también la ermita de La Piedad, un astillero, un molino, huertas, bosques, y posiblemente una ferrería y un horno calero. En pocos años aquel monasterio adquirió una gran fama e importancia como viene a demostrarlo el hecho de que en testamento realizado a bordo de la nao Victoria el 26 de julio de 1526, nueve días antes de su muerte en aguas del Pacífico, Juan Sebastián Elcano donase al convento de San Francisco de Sasiola diez ducados de oro.


Imagen de la transformación de la antigua torre en monasterio franciscano.














Para su mantenimiento, además de trabajar en las huertas, los monjes también se dedicaban a la explotación forestal, una parte dirigida a la venta de madera para la construcción de naves, y otra destinada a la elaboración de carbón. Según Patxi Aldabaldetrecu, la explotación de los bosques del monasterio era sumamente racional y sostenible; algunos años se talaban hasta 800 robles y se plantaban como mínimo otros tantos.

Asimismo los frailes se encargaban del cuidado de los enfermos que llegaban al hospital del convento, tanto de los peregrinos como los de los contornos. Esos gastos eran financiados con la venta de la producción anual de manzana y castaña.


BASTIÓN COMUNERO


El franciscano de Sasiola Pedro de Elorriaga
y el bachiller Olano, ambos debarras,
  importantes jefes comuneros guipuzcoanos.


Entre 1520 y 1521, el monasterio de Sasiola fue el principal centro de reunión de los jefes comuneros guipuzcoanos conjurados contra el gobierno imperial de Carlos I.
Entre esos jefes se encontraban dos debarras: el bachiller Olano y un monje del monasterio de Sasiola llamado fray Pedro de Elorriaga. Este último fue uno de los adelantados o representantes guipuzcoanos en la “Santa Junta Comunera” de Tordesillas.

Durante ese periodo Gipuzkoa estuvo dividida entre villas que apoyaban al gobierno del emperador y las que defendían la lucha en defensa de los intereses y prerrogativas de la Provincia.
Entre las poblaciones guipuzcoanas que apoyaron a la “Santa Causa”, además de Deba se encontraban Azpeitia, Azkoitia, Arrasate, Eibar, Getaria, Hernani, Mutriku, Tierra de Oiartzun, Tolosa, Villareal (Urretxu), Zestoa y Zumaia. Por el contrario, las que apoyaron al emperador fueron Asteasu, Bergara, Donostia-San Sebastián, Elgeta, Elgoibar, Gatzaga, Hondarribia, Orio, Renteria, Sayaz, Soraluze y Zarautz.

Poco tiempo faltó al corregidor enviado a Gipuzkoa, el licenciado Vázquez de Acuña, para juzgar en rebeldía a los conjurados y dictar sentencia:
“… se les condena a que sean atados en serones y les lleven por la calle pública en voz de pregón hasta el rollo o picota y sean degollados y les corten la cabeza, y les pongan en sendos palos en lugar público”.
Tras la derrota de Villalar, los principales jefes comuneros castellanos fueron condenados a morir, tal y como dictaba la sentencia. Distinta suerte tuvieron los conjurados de Gipuzkoa, entre ellos los dos jefes debarras, ya que además de resultar indemnes, vieron cumplidas sus aspiraciones a pesar de haber sido condenados a idénticas penas y por idénticos “delitos” que sus compañeros, los capitanes castellanos Padilla, Bravo y Maldonado, decapitados en Villalar.
El 12 de abril de 1521, el duque de Nájera dictaba una sentencia con el fin de limar las diferencias entre los bandos de la Hermandad de Villas de Gipuzkoa. En ella se suspendían las penas de muerte impuestas por el corregidor Acuña y las leyes dictadas por éste. 



LA IGLESIA Y EL RETABLO.
El exterior de la iglesia de San Francisco de Sasiola (S.XVI) es sencillo y austero, como corresponde a la orden franciscana. Tan sólo llama la atención su espadaña, los contrafuertes y un arbotante situado en la zona del claustro. 


El actual estado del retablo es bastante peor
que el que nos muestra esta fotografía realizada
hace ya varios años.


Del interior de la iglesia- en un estado lamentable- cabe destacar su retablo barroco, realizado en madera de nogal negro en 1764.
Fue diseñado por Tomás Jauregui y completado por Francisco de Ibero.
La ejecución corrió a cargo de los mutrikuarras Domingo de Laca y Domingo Pellón, y los gastos corrieron a cuenta del debarra Andrés de Goicolea.

Consta de zócalo, dos pisos y hornacina. En el primer piso se encuentra San Antonio de Padua flanqueado por San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.
En el segundo piso podemos observar una preciosa talla de madera que representa el éxtasis de San Francisco, flanqueado por San José y San Agustín.
En la hornacina, una talla de La Piedad, quizás en recuerdo de la ermita del mismo nombre que existió en este lugar. 
Es indignante ver el estado en el que se encuentra actualmente el retablo, con imágenes caídas y destrozadas.
  

 EL JUEGO DE LA PELOTA,  "bote luzea".





A pesar del actual estado de ruina de las antiguas instalaciones del complejo monacal, aún se conservan los restos del considerado como uno de los más antiguos “juegos de pelota” del país, predecesor de los actuales frontones y donde probablemente se jugaba a una antigua especialidad denominada "bote luzea".
Aunque se desconoce la fecha de su construcción, no sería descabellado pensar que pudiera datarse de los siglos XVI-XVII.
La cancha, situada en la plazoleta frente a la antigua casa del síndico del monasterio, actual caserío Sindika, tenía unas medidas de cincuenta y ocho metros de largo por doce de ancho. El suelo, hoy presumiblemente cubierto por más  de medio metro de tierra, estaba al parecer formado por grandes losas de piedra, aunque la especialidad del "bote luzea" también se jugaba sobre suelo de tierra o hierba.
La banda que da al río contaba con un muro cuya parte central formaba un pequeño espacio donde se ubicaba la mesa de los jueces y marcaba la división de los terrenos de juego; aunque en mal estado, esta pieza todavía se conserva.
El frontis o pared, en estado muy aceptable, tiene la misma anchura que la plaza o cancha; es decir, doce metros, y su altura es de unos tres metros.


En la fotografía de arriba, una panorámica de
la cancha. Sobre estas líneas detalle de la mesa
de los jueces.


SASIOLA, CAMPO DE BATALLA.



Tras la revolución francesa que acabó con el rey Luis XVI en la guillotina, la Francia republicana fue entrando sucesivamente en guerra con varios países europeos, entre ellos España. Este conflicto bélico entre las dos naciones vecinas conocido con el nombre de “Guerra de la Convención”, se desarrolló entre los años 1.793 y 1.795 afectando directamente a Gipuzkoa y a Deba.
Fue precisamente en esta localidad, sobre todo en Sasiola, donde se dieron algunos de los más importantes combates, ya que el frente se estabilizó en el río Deba desde noviembre de 1794 hasta finales de junio de 1795.

En diciembre de 1794, mil quinientos voluntarios del señorío de Bizkaia se hicieron fuertes en Sasiola, Astigarribia, Lasao y ribera del Deba hasta su desembocadura, donde el 19 de diciembre, el 27 de febrero de ese año, y prácticamente todos los días de mayo de 1795 se entablaron encarnizados enfrentamientos, rechazando los vizcaínos a las tropas del general francés Moncey. Tras varios meses sufriendo los efectos de la artillería francesa, el 28 de junio de 1795 las milicias vizcaínas retrocedían, atravesando las tropas republicanas el río Deba por el vado de Astigarribia y tomando las poblaciones de Mutriku, Ondarroa y Markina.
Durante alguno de aquellos duros combates, en 1794, fueron los vizcaínos quienes, al parecer, volaron el  viejo puente de Sasiola que había sido construido en 1.629 por Juan Ortiz de Olaeta, quien ese mismo año había terminado de reedificar la iglesia de Deba. Aún hoy, pueden verse los arranques del  puente cubiertos por la maleza, un sólido puente cuya construcción había costado 1500 ducados.

DECADENCIA DEL MONASTERIO.
El pasado esplendor del monasterio franciscano tocó a su fin con los inicios del siglo XIX.
En 1809 José Bonaparte suprimía varias comunidades religiosas de Gipuzkoa, entre ellas la de Sasiola de donde saldrían los frailes para regresar cinco años más tarde, en 1914.

En 1836 tiene lugar una nueva desamortización, la de Mendizabal, quien como expliqué a los visitantes tenía poco de Mendizabal y mucho menos de vasco pues su nombre real era Juan Álvarez Méndez y era de Chiclana de la Frontera. Lo del Cambio de Méndez por Mendizabal daría para mucho; pero eso es ya otra historia.


En 1841, tras la finalización de la primera Guerra Carlista los monjes tienen que abandonar de nuevo el monasterio; esta vez será definitiva pues con la desamortización llevada a cabo ese año por Espartero se venden los terrenos de las huertas y comienza el derribo de parte de las instalaciones.


Años después, en 1857 los terrenos del monasterio serán atravesados por una carretera, la actual N-634.
Entre finales del S.XIX y principios del XX continúan los derribos, entre ellos el de las paredes del claustro cuya piedra será utilizada en la construcción de la línea del ferrocarril, así como en la construcción de diversas edificaciones, entre ellas la conocida en Deba como "Casa del frontón".


Esta es la triste historia de uno de los conventos más antiguos de Gipuzkoa. Triste no por su pasado, sino por su desgraciado presente. Para terminar quisiera hacerlo con las mismas palabras del inicio de este artículo; las del gran arquitecto y humanista suizo Alfred Baeschlin:


“Los bellos monumentos, legados del pasado, se van uno tras otro. Se mueren. Sin agonía, sin que nos demos cuenta de la proximidad del fin brutal. Como ya los hemos conocido viejos, agrietados y decaídos, nos parece que han de durar siempre”.

             CONCLUSIÓN, EJEMPLO Y REFLEXIÓN

En la visita guiada a Sasiola había cuatro debarras cuyas familias procedían de la localidad palentina de Cevico Navero. He de decir que en Deba residen numerosas personas procedentes de esa localidad palentina.
Durante el camino de regreso, una de ellas me comentó lo que el Grupo Siro, uno de los mayores grupos empresariales de España del sector de la alimentación, había realizado en aquella localidad palentina.

Quedé subyugado por lo que se me contó y al llegar a casa me interesé por informarme detalladamente acerca de lo que había escuchado.

Hasta el año 2007, a dos kilometros de Cevico Navero existían una ruinas de un antiguo monasterio con 1000 años de antigüedad: el monasterio de San Pelayo de Cerrato.


Fotografía de las ruinas del monasterio de San Pelayo de Cerrato
antes de su reconstrucción en 2007.
  
Ese año de 2007, la Fundación Grupo Siro comenzó un riguroso proyecto re recuperación de lo que fue el Monasterio Premostratense de San Pelayo de Cerrato con el objetivo de recuperar aquellas ruinas y crear un espacio acorde con la dignidad histórica del monumento, convirtiéndolo en un maravilloso espacio para uso cultural y social.

Hoy día, San Pelayo de Cerrato es un monumento único, y sede de la Fundación Grupo Siro. Según leo en la página web del Grupo, "el Monasterio de San Pelayo ha sido rehabilitado por empresas locales de cantería, ebanistería, talleres de forja... todos ellos oficios tradicionales, entendiendo la protección del patrimonio desde el origen".


La fotografía muestra el monasterio de San Pelayo de Cerrato,
ya restaurado. Actualmente es sede de la Fundación Grupo Siro.

Verdaderamente me parece algo realmente maravilloso lo realizado por este grupo empresarial castellano-leonés; todo un ejemplo para otras muchas empresas, máxime en un país con un rico legado histórico-arquitectónico que va por desgracia desmoronándose día a día.
En realidad siento cierta envidia por no tener cerca un Grupo Siro. Siento envidia porque veo un gran paralelismo histórico entre los dos monasterios, el de San Pelayo de Cerrato y el de San Francisco de Sasiola. En este caso los de Cevico Navero tuvieron más suerte que los de Deba.De hoy en adelante, cuando haga la compra de la semana procuraré apostar por marcas como Galletas Siro, Pastas Ardilla o Pastas Reglero; será mi sencillo reconocimiento a quien sabe apostar por la cultura.   




 














jueves, 5 de abril de 2018

CRÓNICA VERNÁCULA DE LA HABANA


CRÓNICA VERNÁCULA
    DE LA HABANA


Plaza de la Catedral, La Habana.

El pasado mes de marzo tuve el placer de asistir a las XV Jornadas Técnicas de Arquitectura Vernácula celebradas en la capital cubana de La Habana, importante evento organizado por la Cátedra Gonzalo de Cárdenas de Arquitectura Vernácula y por la Oficina del Historiador de La Habana.
Hacía ya unos meses que Javier de Cárdenas Chávarri, presidente del Patronato de la Fundación Diego de Sagredo y de la Fundación Cárdenas me había invitado a participar como conferenciante en dichas jornadas. Y aunque en un principio no me sentí digno de intervenir en tan importante evento, el hecho de haber comenzado a elaborar hacía ya tiempo un memorándum sobre los edificios de estilo regionalista existentes en Deba, me animó a lanzarme a la aventura. Por lo menos tenía algo para comenzar a trabajar, algo que se amoldaba al tema de las jornadas.
Y allí, al otro lado del charco, me fui con mi exposición a la que titulé “ Arquitectura Vernácula Vasca: De la casa-torre medieval y el caserío a la arquitectura regionalista vasca del siglo XX en Deba y su entorno”.

Pero antes de entrar en cuestión creo necesario explicar qué es y cómo nació la Cátedra Gonzalo de Cárdenas de Arquitectura Vernácula.
Corría el año 2002 cuando fruto de la colaboración entre la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana y la Fundación Diego de Sagredo de España, veía la luz la Cátedra Gonzalo de Cárdenas. En la actualidad, dicha cátedra está también patrocinada por la “Fundación Cárdenas” de Madrid y por las empresas cubanas Restaura Arquitectura y Urbanismo y la Agencia Receptora San Cristobal, ambas pertenecientes a la Oficina del Historiador de la Habana.

Javier de Cárdenas Chávarri  junto al Historiador
 de la ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler. 

La cátedra recibe el nombre del ilustre arquitecto Gonzalo de Cárdenas Rodriguez, hijo del también arquitecto Manuel de Cárdenas Pastor y padre del presidente de la Fundación Diego de Sagredo y de la Fundación Cárdenas, el también arquitecto Javier de Cárdenas Chávarri.
 La familia De Cárdenas lleva vinculada a la villa de Deba desde alrededor de ciento cincuenta años, cuando el cubano Ramón de Cárdenas Padilla comenzó a pasar los veranos en Deba. Desde entonces esta familia no ha faltado a la anual cita veraniega en Deba; precisamente correspondiendo a esa fidelidad, Manuel de Cárdenas Pastor y por añadidura su familia, fueron nombrados en 1949 Hijos Adoptivos de Deba.

Y precisamente también, ese sentimiento del  origen cubano de sus ancestros fue la razón por la que Javier de Cárdenas Chávarri, marqués de Prado Ameno, se volcase hace años en la recuperación, salvaguarda y difusión del patrimonio vernáculo en general y cubano en particular, algo que como pude comprobar, le ha hecho ganarse un buen número de amigos en la antigua provincia española de ultramar. 


Placa de bronce situada en la fachada
del Museo de Naipes, en la Plaza Vieja
 de La Habana.Como puede leerse en ella,
 dicho museo fue patrocinado por la Fundación
 Diego de Sagredo cuyo presidente es Javier
de Cárdenas Chávarri. 
  

APERTURA DE LAS XV JORNADAS DE ARQUITECTURA VERNÁCULA

Las jornadas que se celebraron entre los días 5 y 8 de marzo fueron presentadas en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, de La Habana. El lugar representaba mucho para mí: en él habían residido, hasta poco después del triunfo de la Revolución, numerosos frailes guipuzcoanos y vascos, todos ellos salidos del semillero de Arantzazu.

El acto inaugural fue abierto por Eusebio Leal Spengler, director de la Oficina del Historiador de esa ciudad, importante personalidad político-cultural y responsable de la restauración del Casco Histórico de La Habana, declarado por la Unesco en 1982 Patrimonio de la Humanidad.
La intervención de Eusebio Leal, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, católico practicante y según se dice, ferviente devoto de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, fue algo inolvidable para quienes asistimos al acto. Pocas veces se tiene la oportunidad y el privilegio de escuchar a un orador de su talla, tan culto,  y que a la vez diga tantas verdades en tan poco tiempo; un verdadero humanista, un hombre sabio. A quienes escuchamos sus palabras, éstas nos supieron a poco.

  En la imagen, la intervención de Eusebio Leal. A la derecha, sentados,
    Javier de Cárdenas Chávarri y el director de la Cátedra Gonzalo de
                              Cárdenas, Daniel Taboada Espiniella.

Tras la intervención de Eusebio Leal pudimos escuchar a Javier de Cárdenas, alma mater de estas jornadas que este año cumplen ya su decimoquinta edición y a las que el propio Javier califica como una reunión de amigos por el buen ambiente que suele reinar en las mismas. Y efectivamente esa sensación nos dio al escuchar ese día y los posteriores a Daniel Taboada Espiniella, director de la Cátedra Gonzalo de Cárdenas de La Habana; un personaje que irradia simpatía, humanidad y sabiduría.
Tras la intervención de éstos, se procedió a la entrega de medallas y diplomas a los nuevos miembros distinguidos de la cubana Cátedra de Arquitectura Vernácula Gonzalo de Cárdenas.


Daniel Taboada Espiniella,
titular de la Cátedra Gonzalo
de Cárdenas de Arquitectura
Vernácula es uno de los arquitectos
más prestigiosos y galardonados
 de Cuba. Pero sobre todo, hay que
decir que Daniel es una

PERSONA MARAVILLOSA


DEBA EN LAS CONFERENCIAS


Las conferencias tuvieron lugar los días 6, 7 y 8 de marzo en la biblioteca Rubén Martinez Villena, este año con una dedicación especial al 325 aniversario de la fundación de la ciudad cubana de Matanzas. Intervinimos quince ponentes, tanto cubanos como de Estados Unidos y España.
El día 7 me correspondió abrir el turno de ponencias; la mía bajo el título “Arquitectura Vernácula Vasca: De la casa-torre medieval y el caserío a la arquitectura regionalista vasca del siglo XX en Deba y su entorno”.

Para comenzar, hice mención al lugar geográfico de donde yo procedía, a su ubicación en Gipuzkoa y dentro del Geoparque de la Costa Vasca, a su cultura, su historia, a algunos hijos de Deba relacionados con Cuba, como Francisco de Lersundi, Capitán General y Gobernador de la Isla, o Fray Lucas Iruretagoyena, franciscano debarra que se unió a los revolucionarios de Fidel Castro y luchó en Sierra Cristal junto a Raúl Castro.

Metidos ya en el tema, hablé sobre los orígenes y los porqués de la arquitectura regionalista en el País Vasco así como de los elementos arquitectónicos que ésta recoge y en cierto modo reutiliza en el siglo XX de dos tipos de edificaciones vernáculas como son las casas-torre medievales y el caserío vasco.
Mediante fotografías fui mostrando ejemplos concretos, no sólo de Deba sino de lugares del entorno,donde haciendo un paralelismo entre edificios de los siglos XV , XVI, XVII y XVIII, y otros del primer tercio del siglo XX se veía claramente la adaptación de lo vernáculo a la arquitectura regionalista.


                                         

Arriba, la torre de Enparan en Azpeitia, cuyos orígenes se 
remontan a 1320. Debajo, sobre estas líneas, la casa de arbitrios
en Leintz-Gatzaga, construida en la segunda década del s.XX
por la entonces denominada Diputación Provincial de Guipúzcoa.
A pesar de los siglos que distan entre ambas, puede apreciarse su
similitud, debido a la utilización de ciertos elementos y estilo
 arquitectónico  tradicionales.  
              

 
Dos edificios en Deba: el primero el caserío Arriolabeña
del siglo XVI; en segundo lugar el chalé de los
 Chávarri, construido en 1932 por Manuel de Cárdenas.

Hablé del primer y segundo Ensanche del Arenal de Deba y de su historia a través de los siglos, desde que tras la fundación de la villa en 1343 durante los primeros años se reuniese en aquel inmenso arenal  el Concejo Municipal para tratar los asuntos del gobierno del municipio; y de cómo a partir de finales del siglo XIX los moradores de la antigua villa fueron arrebatando al mar aquel espacio.

Hablé también de personajes relacionados con el regionalismo vasco, tanto arquitectos como promotores de algunos edificios regionalistas históricos, como Alfred Baeschlin o Gonzalo de Cárdenas quien precisamente da nombre a la cátedra hispano-cubana.
Y cómo no, hablé del regionalismo en Deba, mi pueblo; ese pueblo que tanto ha tenido y tanto ha perdido a lo largo de la historia. Me centré en los edificios de arquitectura regionalista en la villa; tanto la realizada por Manuel y Gonzalo de Cárdenas como la realizada por otros arquitectos.

Hablé también del antiguo Hotel Miramar, el construido por Gonzalo de Cárdenas, una obra racionalista de primer orden, ejemplo emblemático de aquel estilo que convivió con el regionalismo del momento.
Resumiendo: como dijo Javier de Cárdenas en su discurso de clausura donde hizo expresa, cariñosa y emocionada mención a Deba, “Creo que durante estas Jornadas ha quedado bien claro y os habéis enterado todos los asistentes dónde está Deba”.Y efectivamente así fue, como quedó certificado con las risas y aplausos de los asistentes.

Hace unos días enredando en Google abrí la página de "Habana Radio, la Voz del Patrimonio Cubano"; en primera plana un artículo de las redactoras María Victoria Pardo y Yamira Rodriguez. El artículo, fechado el 8 de marzo y titulado “Tradición y modernidad o el legado de la arquitectura vernácula”, hacía referencia  a la segunda de las jornadas, la que yo intervine; en cabecera, presidiendo la noticia, mostraba una gran fotografía de Deba. Efectivamente los de Habana Radio también se habían enterado de dónde está Deba. 

Panorámica de Deba realizada por Jesús Mari Salegui desde un dron. En primer plano el segundo ensanche del Arenal; tras él, la alameda o primer Ensanche. Entre ambos, la vía del ferrocarril cuyo trazado siempre fue muy criticado por debarras y veraneantes, entre ellos José Manuel Ostolaza, Manuel de Cárdenas o el diplomático y escritor mejicano Alfonso Reyes Ochoa.