viernes, 19 de febrero de 2016

DOS EXVOTOS

 LOS EXVOTOS MARINEROS DE SANTA MARÍA DE DEBA


                                               Dedicatoria
A Carlos de Iracheta, porque desde que siendo niño, y veraneando en Deba, jamás ha olvidado la nave votiva que pende de la bóveda de Santa María.


Un exvoto es la ofrenda que los fieles dedican a Dios, a la Virgen o a un santo como recuerdo y en agradecimiento a un favor recibido de éstos. Los exvotos suelen o solían ser colocados o colgados en los muros y techos de las iglesias, ermitas y santuarios. Eran muy diversos, pudiendo consistir en una muleta, una figura de cera, cabellos, un cuadro, la reproducción a escala de un barco, o incluso una mortaja. Recuerdo que siendo joven visité el santuario de Nuestra Señora de Montenero, cerca de la ciudad italiana de Livorno. Había cientos, miles de exvotos, pero el que más me impresionó fue el de una camiseta totalmente ensangrentada en la que se podía apreciar el agujero producido a la altura del pecho por la entrada de una bala. La ofrenda, que incluía la bala extraída al herido, había sido realizada por un soldado durante la guerra entre Italia y Austria en 1866.



La histórica fotografía perteneciente el archivo de la familia Aguinagalde de Itziar muestra varios exvotos situados en el pasado en la sacristía del santuario. Además de la canoa traída de Canadá en 1620 por el capitán ballenero, FranciscO de Sorarte, pueden verse varias muletas y en la parte superior, bajo la canoa, varias esposas donadas al parecer por antiguos cautivos en tierras de infieles.

También recuerdo haber visto la sacristía del santuario de Itziar completamente llena de exvotos de todo tipo, incluso el de una pequeña embarcación nativa americana traída al parecer de tierras canadienses en 1620 por el  capitán de balleneros itziartarra Francisco de Sorarte. Según consta, Sorarte no sólo trajo la canoa sino también a la familia india que la tripulaba, un matrimonio con su hija de corta edad. Como no podía ser de otra forma, la niña india fue bautizada en Itziar con el nombre de “María de Iziar”.

Haciendo referencia a los exvotos del santuario de Itziar, en la página 167 del libro titulado “Breve Historia de la Aparición del más Luminoso Astro, y Brillante Estrella de la Mar, la Milagrosa Imagen de Maria Santisima de Iziar”, escrito por Pedro Joseph Aldazabal  Murguia y editado en 1767, el autor hace la siguiente mención a los exvotos donados al santuario por gentes que habían estado cautivas de los “infieles” en tierras de moros:
“a pesar del memorable descuydo, que ha habido en las cosas de este Santuario, han llegado hasta nuestra edad 24 grillos, y esposas de fierro, una argolla, y una cadena, que se conservan pendientes en las paredes de la Santa Iglesia; de manera, que podemos afirmar, que la milagrosa Imagen de Iziar es, y ha sido una Piadosa, y Sagrada Redemptora de los Cautivos Chistianos, como le llamo un Devoto”.

Prácticamente nada se conserva de aquellos exvotos que colgaban de los muros y techos del santuario. Los pocos que han llegado a nuestros días son los exvotos marineros que penden de la techumbre de la iglesia parroquial de Deba, la de Itziar y las ermitas de San Roque y Salbatore, así como otro en forma de cuadro, este último de gran interés debido a sus características y que en fechas actuales (2016) está siendo expuesto en el Untzi Museoa-Museo Naval de Donostia.
Todos estos exvotos marineros debieron ser ofrecidos por navegantes en agradecimiento por haber salvado sus vidas en algún temporal, huracán o acción naval armada. 



       El MODELO VOTIVO DE LA PARROQUIA DE DEBA  

               
Dos vistas del modelo, desde popa y desde proa.

Este exvoto pende de la bóveda de la iglesia parroquial y está situado entre el centro y el coro del templo. Se trata de un modelo votivo que representa una fragata mercante, probablemente de las  primeras  décadas del siglo XVIII, armada en corso con ocho cañones en cada banda. 

El modelo, de tres palos (trinquete, mayor y mesana) mas el bauprés de proa, tiene unas medidas aproximadas de un metro de largo por uno de alto.
El casco está realizado con una pieza de madera maciza pero vaciada en el interior para reducir su peso, algo habitual en los exvotos de la época.
El mismo está pintado en varios colores: verde en la obra viva (parte sumergida del casco) y blanco, gris y dorados en la obra muerta (parte que está fuera del agua). Las zonas correspondientes a la única cubierta, donde van situadas las baterías de cañones, así como las situadas en el castillo (a proa) y la toldilla (a popa)  son las que van pintadas de blanco. Dividiendo la obra viva y la obra muerta se puede apreciar la línea de flotación, pintada de rojo al igual que los marcos de las portas de las baterías.

Detalle de la popa en la que pueden
 apreciarse las cadenas del timón y
la decoración del espejo.
Detalle de la proa donde se ve el
mascarón policromado del que
hablaremos más adelante. 
 
                                                   


                     












La popa, plana, posee una balconada y adornos dorados en relieve que rematan y decoran el espejo. Bajo la balconada se aprecia la salida de cadenas del timón.

De los escobenes de proa sobresalen las cadenas de las anclas que cuelgan una a babor y otra a estribor. La proa está rematada con un mascarón en el que se aprecia la silueta coloreada de una figura claramente femenina con corona dorada. Este tipo de figuras femeninas solían ser Vírgenes, Santas o Diosas mitológicas. A este respecto decir que esa es precisamente una de las características que demuestran el que esta nave sea una nave mercante, pues durante esa época los buques de guerra llevaban como mascarón un león rampante o el escudo nacional mientras que los buques comerciales solían llevar algún motivo relacionado con el nombre o sobrenombre de la nave.


¿LA FRAGATA SANTA BÁRBARA?

 No sería nada extraño que el modelo que pende de la bóveda de la iglesia debarra pudiera ser la reproducción de alguna de las fragatas mercantes pertenecientes a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728-1785), empresa que llegó a contar hasta con 85 buques de diferentes tipos.
La mayor virtud de aquellas fragatas guipuzcoanas fue su velocidad, mucho mayor que la de los pesados navíos, de los que podían escapar en caso de peligro, tanto de los de la armada inglesa como de los de corsarios y piratas, sobre todo ingleses y holandeses.

Era habitual que piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros las acechasen sin tregua tanto a la ida como a su regreso de tierras americanas cargadas con valiosos tesoros y mercaderías. Precisamente en esa velocidad estribó en parte el éxito del negocio de la conocida empresa guipuzcoana de la que es necesario decir que fue la primera compañía que existió en el Reino de España creada mediante accionariado, algo parecido a lo que hoy conocemos como una Sociedad Anónima.





Para hacernos una idea del tipo de cargamento transportado por los buques de la Guipuzcoana y su valor, valga la siguiente noticia aparecida en la publicación mensual “Mercurio”, fechada en julio de 1749. La noticia trata sobre la llegada desde tierras americanas de un comboy compuesto por buques de guerra y mercantes entre los que se hallaban “La Concepcion, San Ignacio, La Soledad, y Santa Barbara (y Nuestra Señora del Rosario que llegaría un día más tarde; todas ellas de la Compañía Guipuzcoana de Caracas) que en los días 12 y 13 de Mayo salieron juntos del puerto de la Habana. El Thesoro de Caudales, Frutos, Efectos, que ha conducido á bordo de estos Bageles para S.M. y Particulares, consiste en 22 Millones 536 y 27 pesos fuertes en plata acuñada; 29y748 marcos de plata labrada; 9y898 pesos en oro acuñado, y 2 y252 Castellanos, 15y478 Planchas de Cobre; 21 y arrobas de Tabaco; 30y288 arrobas de Grana fina; 966 de Silvestre; 15y243 arrobas de Añil; 828y750 Baynillas; 3y241 arrobas de Xalapa; 751 arrobas de Carmín; 773 arrobas de Balsamo; 234 arrobas de Cafearilla; 42y320 arrobas de Azucar; 1y084 fanegas de Cacao; 96 arrobas de Zarza; 28 arrobas de Colmillos de Elefante; 1y592 arrobas de Café; 6y153 Cueros curtidos; y cantidad de otros Frutos, Medicinas, y Maderas.”

Más  adelante el noticiero hace mención a cómo “ El 17 del mismo (mayo) entró en el Puerto de los Passages (Pasajes) la Fragata Santa Barbara, una de las  separadas de la Escuadra, y perteneciente a la Compañía Guipuzcoana de Caracas, cuya carga consiste en 1y073 pesos de plata, y oro, 2y771 fanegas, y 59 libras de Cacao, y 38 Petacas dobles de Tabaco de Bariñas en Rollos”.

Intrigado por conocer algo sobre la historia del exvoto debarra, revisé concienzudamente la nómina general de buques de la Compañía Guipuzcoana de Caracas para ver si el mascarón de proa y el número de cañones del modelo debarra me daban alguna pista acerca de qué nave era la que durante casi tres siglos ha permanecido colgada de la bóveda de nuestra iglesia.


A pesar de no ser buena la calidad de la
imagen, puede apreciarse que se trata de
una figura femenina coronada.


 La mayor parte de los buque de la Compañía Guipuzcoana tenían nombres de Vírgenes, santos o santas. Tras desechar todos los buques de la Compañía que no fuesen fragatas (navíos, paquebotes, goletas, balandras, urcas, bergantines y saetías) me centré en éstas, en las fragatas. Descarté las que tenían nombre de santos y me centré en los buques con nombres de Vírgenes y santas y que además contasen con una artillería compuesta por 16, 20 o 22 cañones.

Mi sorpresa fue que con esas característica solo existían dos fragatas y las dos con el mismo nombre “Santa Bárbara”, pero con diferente sobrenombre. La primera conocida también como La Galera Guipuzcoana, y la segunda con el sobrenombre de Neptuno.
Una de ellas, la primera Santa Bárbara, era una fragata de 121 toneladas y 16 cañones; el mismo número que el de nuestro modelo votivo. Había sido construida en Pasajes en los propios astilleros de la Compañía, siendo dada de alta el 15 de julio de 1730 y de baja el 22 de julio de 1757. Contaba con una tripulación de entre 34 y 56 hombres y realizó once viajes a las colonias americanas. La segunda Santa Bárbara, alias “Neptuno” era una fragata de 250 toneladas y 20 cañones. Había sido comprada probablemente en el extranjero y tan sólo había realizado un viaje al nuevo continente.
¿Cuál de las dos podía ser?

Guiado por el instinto consulté el santoral católico para ver cómo es representada la joven mártir de Nicomedia y mi sorpresa fue mayúscula al leer que ésta era representada con un cáliz y una espada, además de llevar una corona de princesa o una corona completa formada por varias torres. Justo la imagen representada en el mascarón de nuestro modelo: el busto de una joven con corona. Ello me llevó a sospechar seriamente que el exvoto debarra representa a la fragata “Santa Bárbara”, alias La Galera Guipuzcoana, la que realizó once peligrosos viajes a ultramar con la Compañía Guipuzcoana. Algo me dice que se trata de la misma fragata y mientras no aparezcan nuevos datos lo seguiré pensando. 

  



                                           

               Cuatro representaciones diferentes de Santa Bárbara. En todos ellas  la santa aparece coronada.

RESTAURACIONES
A lo largo de los siglos este modelo votivo ha sufrido varias restauraciones, la última fue realizada el año 1995 por el conocido decorador Iñaki Martínez Gorrochategui “Amua”, quien realizó una restauración a fondo que duró diez meses.
En ella, además de tratarse el casco, deteriorado por la carcoma y otros xilófagos, se corrigieron algunos elementos de anteriores poco afortunadas reparaciones. Asimismo  se reparó el velamen, se enriqueció la popa con colores propios de las fragatas de la época y se eliminaron seis portas con sus respectivos cañones, tres en cada banda. Curiosamente el modelo anterior a la última restauración tenía once cañones por banda en vez de los ocho actuales, pero al coincidir la boca de seis de ellos (tres en cada banda) con la base de los obenques, estos  fueron suprimidos, según palabras de “Amua” porque “desde un punto de vista teórico no podían ser disparados ya que de hacerlo habrían sido cortados sin remisión los obenques”.
Para quien desconozca la terminología marítima, los obenques son los cabos gruesos que sujetan lateralmente los palos. Estos obenques forman las escalas por las que los marineros subían a los palos para aparejar las velas.
Personalmente pienso que “Amua” tenía razón; en buena lógica, las proporciones de esta fragata no encajaban once cañones en cada una de las dos baterías. Sus proporciones permitían tan solo ocho cañones por banda, tal y como consta que los tuvo la fragata Santa Bárbara. 

    
La imagen muestra en la zona del casco pintada de blanco, las tres mesas de guarnición donde van ajustados los obenques de los tres palos. Al contrario de lo que sucedía en los grandes navíos de línea, las proporciones de una fragata de pequeño porte como ésta, no dan para colocar tres portas más para los cañones entre los obenques.   


Hay que tener en cuenta que quien realizó el exvoto pudo ser un gran marino pero no un experto en la elaboración de modelos y que movido por su ardor se propuso colocar cañones hasta donde no los había. También cabe la posibilidad de que en alguna de las anteriores restauraciones se hubiese “sobreartillado”  la nave con un número de cañones que no le correspondían. Al igual que “Amua”, creo que la fragata original donde navegó e hizo la promesa en un momento de angustia el autor debarra del modelo debió estar artillada con ocho cañones por batería, en total dieciséis cañones, tal y como aparece actualmente.
El día 1 de febrero de 2016 se arrió el exvoto para comprobar su estado. Tras una inspección ocular se comprobó que era perfecto. Yo mismo realicé una limpieza superficial a base de pincel plano para quitarle la capa de polvo que lo cubría. Tras ello, y la realización de las fotografías aquí mostradas, la nave fue izada de nuevo.
La imagen del autor del reportaje junto al modelo votivo dan una idea
 del tamaño y proporciones de la fragata votiva. 


 EXVOTO A LA VIRGEN DOLOROSA

El Segundo de los exvotos conservados en la iglesia de Santa María de Deba es un cuadro pintado al óleo en el que escrito a mano se adjunta una nota a modo de “collage” donde quien lo ofrece relata las circunstancias que motivaron esta ofrenda.


Exvoto probablemente donado por el propio capitán del paquebote San Miguel, el debarra Joaquín de Larraguibel. El citado capitán perteneció a una distinguida familia de constructores navales y marinos.

Fue ofrecido a la Virgen Dolorosa de la iglesia parroquial de Deba por un tripulante del paquebote San Miguel, alias El único, de la Compañía de La Habana, en 1775. Desde el punto de vista artístico no se puede catalogar como una obra de gran valor, pero sin embargo su valor etnográfico es incalculable.
La escena, un tanto naif, muestra la nave desarbolada batiéndose entre las olas. Sobre las aguas dos hombres que representan a los dos muertos durante el temporal. En lo que queda de la toldilla se aprecia a quien por su peluca y forma de vestir podría ser el capitán del buque: Joaquín de Larraguibel, natural de Deba y de familia probablemente originaria del caserío del mismo nombre, en Itziar. En la parte superior derecha del cuadro, entre nubes, la virgen dolorosa con el corazón atravesado por una espada.

El paquebote San Miguel al mando de Larraguibel, hacía la ruta La Habana-Cádiz y estuvo a punto de naufragar en las Bermudas. Tal y como aparece descrito en el texto,

  “el 7 de agosto hallándose a unas 68 leguas al oeste de la Bermuda le entró el Equinocio con tal furia que no es ponderable, el cual duró 48 horas sin amainar nada de su primer vigor antes por momentos se iba aumentando la tormenta: el día 9 parecía la mar una brasa de fuego, de modo que unidos los tres elementos de agua, viento y mar a cual más fuerte temimos se anegase el barco. En este conflicto no hallamos otro recurso que dar la popa al Viento y pedir a esta Divina Sra. se dignase aplacar la tormenta, pues nunca se veía el barco sobre el agua, sino combatido siempre bajo los golpes de Mar de suerte que a las 4 de la tarde fue preciso cortar el palo mayor: a las 9 de la noche entre muchos golpes de Mar vino uno tan furioso que le arrasó todo un costado, llevándose también toda la popa, alcázar, castillo, cubierta, artillería, lancha, bote, palos y respetos (…) y dos hombres, quedándose hecho una boya: en esta postura estuvo el barco debajo del agua arriba de 9 minutos hasta que desaguó por las portas de los cañones. El día 10 abonanzó el tiempo y hallándonos absolutamente sin tener de qué echar mano para armar una bandola, fue preciso cortar baos y tablas, con lo que determinamos arribar al puerto de Charlestown en la Carolina y entramos el 28 de dcho. y habiéndonos reparado allí del todo salimos para Cadiz el 31 de Enero de 76, a cuyo puerto llegamos el 28 de Marzo (…) día de esta imagen de DOLORES. ES VOTO a esta Virgen Dolorosa”.

Tras consultar algunos archivos, efectivamente pude constatar la existencia del capitán del paquebote Joaquín de Larraguibel e investigar algo sobre él, así como sobre el buque.
El San Miguel, alias El Único debió de ser construido en algún astillero vasco, probablemente guipuzcoano. En 1767 aparece citado cuando Carlos III decreta la expulsión de los jesuitas a Italia. Este buque transportó a 24 jesuitas vascos.
Años más tarde, en 1772, aparece citado como perteneciente a la Compañía Guipuzcoana de Caracas. El 8 de abril de ese año zarpaba de la Habana formando parte de una flota compuesta por dos navíos de guerra, San Rafael y San Nicolás de Bari, las urcas de guerra Peregrina, San Carlos y San Juan, los navíos mercantes Tallapiedra y Tardi, además de cuatro saetías. Dichos buque entre los que se encontraba el San Miguel arribaron al puerto de Cádiz el 20 de mayo con 7.386.770 pesos de oro y plata así como 4.995.555 pesos en frutos y diversos géneros. No es de extrañar que con tan preciado cargamento, los buques que realizaban la Carrera de Indias fuesen armados hasta los dientes.  

Esta es la breve historia de los dos exvotos marineros de Santa María de Deba.
Sirva este artículo para que todos, jóvenes y mayores, aprendamos a apreciar esos pequeños tesoros que forman parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio, tesoros que, como en este caso, penden sobre nuestras cabezas y que a menudo pasan desapercibidos.


viernes, 11 de diciembre de 2015

CULTURA E INTERCULTURA


INSA NDONG

MANOS DE RESTAURADOR

                                        EL ARTISTA QUE LLEGÓ DE ÁFRICA





Aún recuerdo cuando siendo un mozalbete vi por primera vez una persona de raza negra. Fue algo sorprendente pues hasta entonces tan solo las había visto en las películas de Tarzán o en las huchas del Domund.
¡Cómo han cambiado los tiempos!
Ha transcurrido desde entonces algo más de medio siglo y la comunidad debarra se ha enriquecido con el aporte de gentes de muy diversas culturas.

Hoy día es normal ver en nuestro pueblo a niños de origen senegalés, marroquí, afgano, hindú, ecuatoriano o búlgaro jugando con los niños autóctonos y hablando entre ellos en euskara, un euskara tan académico que para sí lo quisiera el mismísimo Sabino Arana.    






Hace unos meses, mientras esperaba a que mi amigo Patxi Aizpitarte se despojase de los hábitos con los que hacía unos minutos había celebrado la misa, me percaté de que algo había cambiado en la parroquia de Deba.
La barroca balaustrada de hierro forjado de uno de sus púlpitos resplandecía con el mismo brillo que debió tener cuando hace cientos de años fue construida, probablemente a finales del siglo XVII o principios del XVIII, el momento más rico, artísticamente hablando, de la forja vasca.
No sería extraño que los balaustres de ambos púlpitos hubiesen salido de alguna de las forjas más afamadas de la época: la de los Elorza, Betolaza, Marigorta, Ezenarro, o Arrillaga, rejeros elgoibarreses todos ellos, contratados por numerosas iglesias, catedrales y entidades públicas y privadas de todo el reino.

El intenso destello de los dorados y el elegante tono “verde carruaje” llamaron poderosamente mi atención.
Recuerdo cuando de joven estudiaba en filosofía las diferentes definiciones de la belleza según los grandes pensadores. Hoy solo recuerdo la que a mí más me convencía, quizás por ser también la más breve y sencilla: es bello todo lo que debido a su perfecta armonía, produce un placer espiritual al ser contemplado.

Aquella balaustrada que era realmente bella había pasado casi inadvertida a mis ojos durante más de sesenta años y ahora, restaurada, me había producido aquel placer espiritual del que hablaban los libros. Aquella sensación fue mucho más fuerte, cuando Patxi me informó sobre los planes que tenía de ir restaurando poco a poco el otro púlpito, la balaustrada central del coro y diversos elementos, tanto en la iglesia de Deba como en la de Itziar.

A los pocos días tuve la oportunidad de conocer al restaurador, un simpático y siempre sonriente joven senegalés  llamado Insa Ndong. Como otros miles de inmigrantes trataba de buscarse honestamente la vida realizando cualquier trabajo que se le ofreciese aunque realmente sus gustos estaban muy relacionados con el mundo del arte o de la artesanía, concretamente con la pintura.

                            

      






Currículum y Via Crucis de un artista
Insa Ndong es un joven senegalés de algo más de treinta años nacido en la ciudad de Banjul, capital de Gambia, país al que acudía regularmente su familia, tradicionalmente dedicada a labores de la pesca.
Sus primeros estudios los realizó en una escuela coránica; más tarde lo hizo en la escuela inglesa “Glory baptist” donde comenzó estudios de economía; pero sus aspiraciones de joven inquieto pasaban por llegar a Europa.

En 2007, con veinticuatro años, Insa iniciaba su primera aventura al embarcar a bordo de una patera en Guinea Bissau, pero el viaje se frustraba al poco de salir al ser interceptada ésta por las autoridades.
Lo intentaba de nuevo, esta vez saliendo de Gambia y consiguiendo llegar a Tenerife, lugar desde donde fue repatriado a Senegal por las autoridades españolas.
Tiempo después lo intentaba por tercera vez, marchando desde Senegal a Mauritania y desde allí nuevamente a Tenerife a bordo de una patera.
Tras un largo periplo que le lleva desde Tenerife a Madrid, Barcelona, Asturias y Cantabria, en diciembre de 2014 llegaba a Deba, donde actualmente reside.

Desde su desembarco en Tenerife, Insa ha realizado todo tipo de labores, desde la venta de productos en la calle a trabajos eventuales de albañilería o la descarga de pescado en los puertos de Colindres y Ondarroa.
Ahora, en Deba, se siente a gusto haciendo lo que en estos momentos  hace.
Tiene mano para la pintura y la restauración, lo está demostrando, y sueña como otros tantos inmigrantes en conseguir un trabajo estable para poder organizar definitivamente su vida.
Mientras llega ese día, Insa hace amigos y disfruta de sus aficiones: el footing (es un buen korrikalari), y la música; y eso sí, sobre todo… sonríe.



 


martes, 15 de septiembre de 2015

LA FUERZA DE LA PALABRA



    LA FUERZA DE LA PALABRA


El "manejo" de la palabra ha sido primordial en los estudios eclesiásticos.
En la imagen, refectorio (comedor) de un convento.
A la derecha puede apreciarse el púlpito.

La palabra en el púlpito

Recuerdo que estando en el seminario era habitual que durante las comidas en el refectorio, por supuesto en absoluto silencio, subiésemos al púlpito allí instalado para leer o declamar algún poema y mostrar así el valor de cada cual en cuestiones de dicción, retórica y oratoria.

A menudo los nervios del momento solían hacer que las palabras pronunciadas por quienes eramos jóvenes aspirantes a predicadores, nos jugasen malas pasadas, como cuando dos compañeros míos, serios como en un entierro repitieron insistentemente las palabras "caliandra" y "enanuco" en lugar de "calandria" y "eunuco". Si las hubiesen pronunciado bien el hecho habría sido intrascendente, pero las ganas y el empeño por impresionarnos que pusieron quienes las pronunciaron, hicieron que quedasen grabadas en mi memoria de por vida.

Algo parecido ocurrió cuando, esto ya en otro seminario, un joven leía desde el púlpito la vida de San Francisco y estando a punto de terminar una página el aspirante leyó: "era tal su espíritu de sacrificio que dormía sobre una vieja ".
El hecho quedó aclarado cuando al pasar página el joven seminarista tragó saliva y pronunció
la palabra "tabla".

La palabra en la mar

La fotografía, realizada en Bilbao, corresponde al año 1909. En ella aparece el capitán Eritza junto a varios alumnos en prácticas antes de zarpar en un buque de la naviera Sota & Aznar. 

Hasta principios del pasado siglo XX fueron numerosas las escuelas de náutica ubicadas en diferentes pueblos costeros de Bizkaia: Plentzia, Lekeitio, Ibarrangelu, Algorta, Bermeo, Santurtzi...  Eran otros tiempos y quienes ingresaban en ellas eran muchachos de apenas catorce años que a menudo provenían de caseríos o de familias de arrantzales.
Sobra decir que prácticamente el cien por cien de ellos eran euskoparlantes; aclaro: únicamente se expresaban en euskera.
Curiosamente tras finalizar sus estudios y comenzar a surcar como pilotos o capitanes los mares de todo el mundo, muchos de ellos se expresaban infinitamente mejor en inglés que en castellano. 

  Siendo joven tuve la suerte de tener en mis propias manos el telegrama enviado desde un buque por un capitán vasco salido de alguna de aquellas escuelas; dicho telegrama se guardaba como oro en paño en el archivo de la ya desaparecida naviera Aznar, empresa en la que realicé mis prácticas como alumno de radio.
El telegrama, enviado años antes de la última guerra civil  iba dirigido a la empresa bilbaína Sota y Aznar, fundada el año 1906. El texto del telegrama enviado por el  capitán de la nave, escueto hasta decir basta, informaba sobre la colisión de su buque contra otro. Según se desprendía del texto el hecho había tenido lugar en una zona de intenso tráfico marítimo, lo que motivó la al parecer inevitable colisión.

El texto transmitido en lenguaje morse por el oficial radiotelegrafista de abordo decía:

barco babor, barco estribor, plausta. 

A pesar del escueto texto el personal de la naviera se enteró perfectamente del siniestro sucedido. ¿Para qué andarse con monsergas?  había sucedido y ¡basta!. Los datos sobre dónde o quién fue el culpable de la colisión eran cuestiones secundarias, quedaban para ser explicados en otro momento.


La palabra entre presidentes


Presidencia de la corrida. De izquierda a derecha Sagrario Mina
(esposa de Karlos Garaikoetxea), Román Galarraga (alcalde) Karlos Garaikoetxea,
Iñaxio Odriozola (presidente de la corrida) y medio oculto Víctor  Ruiz de la Torre
(asesor taurino). Detrás los médicos Isidro G. Muriel y Faustino del Corte.

Otra demostración del poder de la palabra tuvo lugar en mi propio pueblo, Deba, el año 1982 durante las fiestas patronales de San Roke.
Sucedió durante la tercera corrida de toros, organizada ésta por el gremio de hostelería de la villa. Era habitual que la corrida del gremio de hosteleros fuese presidida por uno de sus miembros. Ese año le tocó el turno a Iñaxio Odriozola, del archiconocido y siempre recordado "Bodegón Iñaxio". 



Pero aquel año hubo algo especial: a la corrida había sido invitado el entonces lehendakari Karlos Garaikoetxea.
La noticia de que Garaikoetxea, el político más admirado por Iñaxio iba a venir a Deba y además copresidir el taurino festejo con él, fue el mejor regalo que el buen hombre pudo recibir.



El día señalado, el hostelero  esperaba con los nervios a flor de piel la llegada del coche oficial. La sorpresa fue de ordago a la grande cuando al abrirse la puerta del conductor y salir éste para abrir la puerta al lehendakari y su esposa, Iñaxio vio que el chófer era un primo suyo.
Si la alegría por la asistencia del premier vasco a la corrida era grande, el hecho de que el chófer de éste fuese su propio primo ya no se podía describir.



Más tarde, durante la corrida, ya más relajado y charlando con el lehendakari de presidente a presidente, como quien habla con un viejo amigo, Iñaxio se dirigió a éste y mostró una vez más la fuerza que tienen las palabras, no por lo que en sí representan o significan sino por la fuerza y el espíritu de quien las pronuncia:



-  ¡Ya es pues mundo como pañuelo!  ¡chófer tuyo primo mio !.




    





lunes, 10 de agosto de 2015

EUSTAQUIO ARRINDA Y LOS HERMANOS TOMÁS Y ANTONIO AZNAL




 

 DE MENDAVIA A TERRANOVA


 
Frecuentemente, cuando se utiliza el término “lobo de mar”, quienes lo hacen desconocen lo que ello realmente significa. Digo esto porque yo que fui marino durante más de una década y en toda mi vida tan solo he conocido a uno, estoy rotundamente convencido de que el “lobo de mar” es una especie ya extinta. La modernidad y las comodidades que proporciona el progreso han hecho que la navegación y la pesca de gran altura  dejen de ser una interesante y arriesgada aventura para convertirse a menudo en una simple y rutinaria actividad marítima.

 

El capitán Eustaquio Arrinda Aranburu

Hace más de cincuenta años tuve la suerte de conocer personalmente a uno de los más legendarios lobos de Euskal Herria, quizás el último ejemplar de la especie. Se llamaba Eustaquio Arrinda Aranburu y había sido el primer capitán de la también legendaria compañía bacaladera “PYSBE”, fundada en 1927 y donde también navegó el capitán debarra Antonio Andonegui. 
 
En ella realizó Eustaquio 54 campañas en aguas de Terranova a bordo de los bous Alfonso XIII (posteriormente rebautizado como Hispania), Euskalerria, Galerna, Tramontana y Abrego, buque éste último donde batió el record del mundo en pesca de bacalao.

Su hijo Anes, párroco de Deba durante más de cincuenta años, me comentó que su padre, Eustaquio, se había iniciado  en barcos de vela y que una vez, navegando en un motovelero reventaron las calderas y a punto estuvo de morir tras irse el barco a pique.

 Aunque nacido en Lekeitio, Eustaquio vivía en Deba con Anes. Su otro hijo, Donato, también sacerdote, había sido condiscípulo de mi padre en el seminario de Vitoria y entre ambos existía una gran amistad. Ello, entre otras cosas, motivó el que la relación entre los Arrinda-Albisu y los Turrillas fuese, digamos algo especial, lo que me permitió conocer de cerca y de primera mano interesantes historias sobre Eustaquio Arrinda y sobre quienes con él navegaron. Por cierto, haciendo referencia a la condición sacerdotal de sus dos hijos y a la sotana que aquellos vestían, el viejo capitán solía decir: “he tenido dos hijos y los dos con faldas”.

Puerto de Pasaia. Año 1947. Ignacia Albisu, esposa de Eustaquio Arrinda,
en el puente de mando del "Abrego".

Todavía, después de tantos años, recuerdo la imagen de Eustaquio, ya mayor, grande y torpe en el andar, merendando en el antiguo bar Mazzantini de Deba junto a otros jubilados.
Solía llevar la merienda de casa y para acompañarla pedía un vaso de vino blanco. El vaso siempre era de tubo y la medida del contenido siempre lo marcaba el mismísimo borde. A veces, si la conversación se animaba, había repetición.

Vivía con su esposa, la lazkaotarra Ignacia Albisu Sarasola, en el tercer piso de la casa del Monreal. Siempre me llamó la atención la veleta que con la silueta del bacaladero “Abrego” el viejo lobo había colocado en el balcón de casa.  

 El hecho de que Ignacia fuese de Lazkao, y la residencia del matrimonio en esa localidad antes de hacerlo en Deba, debieron influir para que, curiosamente, muchos de los tripulantes contratados por la PYSBE, a menudo baserritarras, fuesen de esa población del Goierri y de otras cercanas.
 
 
El bacaladero "Abrego" en el puerto de Pasaia.
 
También influyó la posterior residencia de la familia Arrinda-Albisu en Deba para que dos jóvenes procedentes de la localidad navarra de Mendavia, los hermanos Tomás y Antonio Aznal Sainz, fuesen contratados por la potente empresa bacaladera para embarcar en buques con destino a aguas de Terranova.

Quien primero llegó a Deba fue Tomás. Su periplo desde Mendavia a Deba es digno de relato. Eran tiempos de posguerra, tiempos muy difíciles y Tomás había ido a Salvatierra donde encontró trabajo sacando patatas. Las aspiraciones del joven estaban por encima de lo que la patata podía ofrecerle, así fue que junto a otro amigo decidieron marchar a Francia con la intención de labrarse un futuro. Sus planes quedaron abortados en el momento que decidieron pasar furtivamente el Bidasoa, ya que fueron detenidos por la guardia civil y encarcelados durante un mes en Donostia.

Grupo de marineros del bacaladero "Abrego" posan en cubierta.
Arriba, en el centro, Tomás Aznal.

Quiso el destino que sus pasos se cruzasen en la capital guipuzcoana con los de otro navarro afincado en Deba: Abdón Echavarri, quien además de regentar el bar Mazzantini, tenía un negocio de venta ambulante de patatas y carbón.
Abdón ofreció al joven de Mendavia la oportunidad de trabajar para él en la venta de esos productos. La oferta fue aceptada de inmediato por el mayor de los Aznal quien directamente pasó a residir y trabajar en Deba.

No pasó mucho tiempo, cuando cierto día, seguramente mientras merendaba en el bar Mazzantini, el capitán Arrinda preguntó a Tomás a ver si quería ganar “dinero del bueno”. Tomás respondió afirmativamente, lo que hizo no sin antes avisar a su hermano Antonio para que este le reemplazase en el negocio de Abdón. Al poco tiempo ya estaba navegando rumbo a Terranova y su hermano trabajando y residiendo en Deba.



Tomás Aznal junto a otro compañero, probablemente en el puerto de Saint Pierre (Terranova).

Según palabras de Tomás, lo más difícil de soportar era el frío. Mencionar que en aquellos tiempos las condiciones de trabajo en los barcos que faenaban en Terranova eran extremamente duras, tan duras que quienes embarcaban en los bacaladeros estaban exentos de realizar el servicio militar. Las temperaturas a menudo llegaban a 40 grados bajo cero y a veces los barcos solían quedar totalmente bloqueados por el hielo. El trabajo en cubierta hacía que las manos y los pies estuviesen a menudo a punto de congelación por lo que siempre había un gran puchero con varios litros de café con coñac  bien caliente dispuesto a actuar como “anticongelante” de los ateridos cuerpos.

Tomás comenzó a navegar con Eustaquio a bordo del “Abrego”. Según nos cuenta uno de los hijos del entonces joven navarro, el viejo lobo de mar lekeitiarra solía llamar a su protegido para que subiese al puente de mando a tomar un café, charlar y calentarse durante un rato. Tomás navegó en otro buque, probablemente el “Galerna” o el “Tramontana”, y lo hizo durante los años 53,54,55,56 y 57.

Tentado Antonio por las entonces sustanciosas ganancias en  las campañas bacaladeras de su hermano, este recurrió a Eustaquio Arrinda para que le embarcase en uno de los bous de la "PYSBE". Al poco el segundo de los Aznal seguía los pasos de Tomás rumbo a Terranova.

 Aunque navegó durante menos tiempo que su hermano mayor, lo hizo también en dos buques de la compañía, uno de ellos el “Abrego”, pero nunca coincidieron en el mismo barco.
Recuerdo haber oído a Anes cómo su padre solía decir que aquellos dos jóvenes llegados de la ribera navarra producían más a bordo de sus barcos que el resto de la tripulación.

Antonio Aznal (izquierda) y Tomás Aznal (derecha) con sus respectivas esposas Isabel Eizaguirre y Loli Iruretagoyena.

El 27 de diciembre de 1954, aprovechando una estancia en tierra, Tomás se casaba con la joven debarra Lolita Iruretagoyena.
Otro tanto haría Antonio, casándose en 1958 con la joven Isabel Izaguirre, en cuya casa de la calle Astillero se encontraba hospedado como pupilo. Con sus matrimonios, los dos hermanos de Mendavia echarían definitivamente raíces en Deba, lugar donde hoy siguen viviendo sus hijos y nietos.

Pero no fueron ellos los únicos Aznal en arribar a Deba. Posteriormente lo harían dos hermanos más: Félix y Javier. Tras un tiempo en Deba, Félix regresaba  a Mendavia;  Javier se casaría con la debarra, Pili Azpeitia, echando también raíces en esta población, donde actualmente reside. 
 

LOS PROTAGONISTAS:
. Eustaquio Arrinda nació en Lekeitio el 20 de septiembre de 1883.Comenzó a navegar con quince años y dejó de navegar a los 70. Lo hizo tras coger una grave pulmonía y ser ingresado en un hospital canadiense. Tras 55 años de mar, falleció en Deba el 4 de mayo de 1967, donde fue enterrado; tenía 84 años.     

 
Retrato de Eustaquio Arrinda Aranburu.

 
. Tomás Aznal Sainz nació en Mendavia el 21 de diciembre de 1923. Durante los años que navegó en la PYSBE (53, 54, 55, 56 y 57) lo hizo en dos buques de esa compañía. Tras dejar de navegar entró a trabajar en la cantera de la familia Aperribay y más tarde en las empresas TEM y Danobat. Murió en Deba el año 1989 con 65 años.

. Antonio Aznal Sainz nació el 5 de noviembre de 1929. Tras dejar de navegar en la PYSBE, trabajó en varias empresas de la localidad. Falleció en Deba el 28 de julio de 2012 a los 83 años de edad.

viernes, 7 de agosto de 2015

FRAY LUCAS IRURETAGOYENA



            PROTOTEÓLOGO DE LA LIBERACIÓN
            Y GUERRILLERO REVOLUCIONARIO

   EN SIERRA CRISTAL


                     
-          Introibo ad altare Dei.
Y yo, arrodillado, respondí:
-          Ad Deum qui laetificat juventutem meam.

Mientras lo hacía, me fijaba en los dedos de los pies que sobresalían de las sandalias de aquel fraile franciscano.
Yo era el monaguillo y Lucas Iruretagoyena, “el padre Lucas”, era el oficiante de aquella misa veraniega.
Muchos años después, me enteré de que aquel franciscano a quien tantas veces ayudé a misa, había desempeñado un importante papel en la revolución que se inició el 26 de julio de 1953 con el fracasado asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba y que culminó en enero 1959 con el triunfo de los barbudos revolucionarios comandados por un joven abogado llamado Fidel Castro.

Lucas Iruretagoyena nació en Deba en abril de 1921. Fue el cuarto de los nueve hijos (seis chicas y tres chicos) fruto del matrimonio usurbildarra asentado en Deba, formado por el cantero Tomás Iruretagoyena Aguirre y su esposa, Jesusa Zubeldia Lerchundi.
De joven, Lucas estudió en los seminarios franciscanos de Arantzazu, Forua y Olite y, tras ser ordenado sacerdote, fue enviado a Cuba como misionero. Allí ejerció el apostolado y se convirtió en un cubano más, hasta el punto de participar como capellán guerrillero en la revolución que derrocó la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista Zaldivar.

Aunque ya antes del golpe de Batista en marzo 1952 la situación en Cuba era insostenible, el régimen del dictador superó con creces los límites de corrupción, explotación, miseria y terror, cosa que indudablemente sirvió para que la mayor parte del pueblo, incluidos los miembros de las Iglesias  católica y protestante volcasen sus simpatías hacia el movimiento revolucionario.

Tras el desembarco en la isla del yate Granma en diciembre de 1956 con 82 expedicionarios armados y el comienzo de la guerra en Sierra Maestra, hubo sacerdotes y religiosos que sin dudarlo se prestaron voluntariamente para engrosar las filas de la guerrilla; entre ellos se encontraban los sacerdotes Guillermo Sardiñas y Angel Rivas, el franciscano Lucas Iruretagoyena y los jesuitas Cipriano Cavero y Francisco Guzmán. El debarra lo hizo con el beneplácito de Monseñor Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba.

Otros religiosos optaron por no echarse al monte pero realizaron labores muy comprometidas y de sumo riesgo, como la ejercida por el también fraile franciscano debarra Antonio Albizu, compañero de Lucas y párroco de Manzanillo quien realizó funciones de enlace entre Fidel Castro y las guerrillas.

Todos ellos, sin saberlo, se habían convertido en precursores de una corriente social-humanista que años más tarde sería conocida como Teología de la Liberación, uno de cuyos principales postulados se basa en que la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad de la persona.


Fotografía de Lucas Iruretagoyena con el hábito
franciscano durante su estancia en Cuba.


La vida de Lucas como guerrillero en la sierra no fue nada fácil. Encuadrado en
el frente de Sierra Cristal, comandado por Raul Castro, tuvo que sortear numerosos peligros y enfrentamientos con el enemigo, siempre en continuo movimiento a través de las frondosas montañas de la sierra. Así hasta el 1 de enero de 1959, fecha en la que oficialmente terminó la guerra y Lucas pudo volver de nuevo a San Cristóbal para reunirse con quienes habían sido sus feligreses. La revista religiosa “Unión Once”  de la que el debarra fue fundador
describía así su vuelta:

“Con el alborozo y júbilos naturales que brotan de los mejores sentimientos de un pueblo: los espontáneos, así fue recibido el Padre Lucas transformado en un “barbudo”, vistiendo el uniforme de campaña, portando espejuelos negros, gorra fidelista, llevando prendidas en la guerrera una medalla de la Virgen y una insignia del Movimiento 26 de Julio”.
En el mismo artículo se elogiaba la figura del fraile debarra “justipreciando su gesto patriótico y heroico de unirse a las fuerzas rebeldes para servir a la Revolución dándole el aporte cristiano y sacerdotal de su fe, como uno de los misioneros más connotados de Cuba, por cuya libertad supo aportar todos sus esfuerzos y exponerse a todos los peligros, lo mismo en la Sierra Cristal que en la clandestinidad desde que se inició la Revolución, salvándose milagrosamente en múltiples ocasiones de las garras de la Tiranía” .


Todavía hace unos años, los ancianos del lugar
recordaban que Lucas Iruretagoyena "lucía barba
y melena de guerrillero y ostentaba grado militar".




De la victoria al desencanto
Tras la victoria de los revolucionarios el día 1 de Enero de 1959, al inicio de la nueva etapa las relaciones entre el nuevo gobierno y la Iglesia fueron todo un alarde de concordia y buenas palabras. El primer discurso de Fidel Castro tras la victoria tuvo lugar en Santiago de Cuba la noche del 1 al 2 de enero de 1959. Por expreso deseo del hasta entonces jefe guerrillero, el arzobispo Enrique Pérez Serantes estuvo situado junto a él en el balcón del ayuntamiento de Santiago; era una forma de agradecer la labor de la iglesia en pro de la revolución.

A los pocos días Castro hacía una declaraciones a la prensa afirmando: "los católicos de Cuba han prestado su más decidida colaboración a la causa de la libertad". Y refiriéndose a la jerarquía de la Iglesia cubana lo hacía en estos términos: "Yo les digo que esta es una revolución socialista sui generis y no tienen más que fijarse en el siguiente detalle: Es la primera revolución de este tipo en todo el mundo que se inicia con el apoyo total de la Iglesia". 

Pero lo que Castro definió como una “revolución socialista sui generis” y que tan ilusionados habían apoyado religiosos como Lucas Iruretagoyena fue rápidamente derivando hacia un férreo régimen comunista en el que quedaban cercenados muchos de los derechos y libertades por los que tanto se había luchado. Sin duda alguna, en opinión de Lucas, mucha responsabilidad tuvo en ello el gobierno de Estados Unidos al imponer el bloqueo a Cuba en octubre de 1960 a raíz de las expropiaciones realizadas por el gobierno revolucionario de las propiedades de  multinacionales norteamericanas establecidas en la isla y tan vinculadas al antiguo régimen de Batista. El bloqueo sirvió para radicalizar aún más a los dirigentes cubanos quienes en 1962 autorizaron la instalación de bases de misiles nucleares soviéticos en Cuba.

Aquella nueva e inesperada situación hizo que el desencanto se apoderase de todos aquellos religiosos que había arriesgado sus vidas en pro de la dignidad de las personas y de la libertad.
El 17 de septiembre de 1961, tras ser embarcados a bordo del buque Covadonga, eran expulsados de la isla 131 sacerdotes, muchos de ellos vascos, algunos de la orden franciscana; Lucas no estaba entre ellos. Así comenzó un goteo de expulsiones que deterioró las relaciones entre iglesia y estado.



El padre Lucas, ya mayor, en el convento de Arrasate.


Lucas Iruretagoyena permaneció en Cuba hasta el año 1966. Tras su regreso a Euskal Herria residió en las comunidades franciscanas de Donostia, Arrasate y Bermeo donde llevó una vida más apacible que la que había dejado atrás. A principios de los años noventa, con motivo de sus bodas de oro sacerdotales, vio cumplido uno de sus grandes sueños: retornar como visitante a su añorada y amada Cuba donde tanto había trabajado, sufrido y luchado. Lo hizo portando numerosos regalos y dinero para ayudar a sus amigos. Cuenta su familia que no tuvo ningún problema al entrar en Cuba; ¡faltaba más!, se trataba del "compañero Iruretagoyena", un héroe de la Revolución.

El padre Lucas falleció en el convento de los Franciscanos de Bermeo en agosto de 2002.

Sirva este breve artículo para que el  nombre y la obra de Lucas Iruretagoyena Zubeldia, debarra singular y hombre bueno, sean conocidos y permanezcan vivos en la memoria de las jóvenes generaciones de debarras.