jueves, 18 de septiembre de 2014

EL GENERAL FRANCISCO LERSUNDI Y EL BARDO JOSÉ MARÍA IPARRAGUIRRE


 HISTORIA DE UNA AMISTAD

La ilustración de José Ignacio Treku muestra a Iparraguirre en la
 calle Ifarkale, la misma donde se encontraba la residencia del que
fuera Presidente del Consejo de Ministros con Isabel II.

© Kaioa asp.
 

Creo oportuno hacer mención de la fraternal relación que sostuvieron el general Lersundi y el inmortal poeta y cantautor José María Iparraguirre, quien durante alguna época residió precisamente en Deba; según Juan San Martín, en la calle Ifarkale.
Quienes con el tiempo fueron entrañables amigos habían luchado en la primera guerra carlista, pero en bandos contrarios: el de Deba, en el ejército cristino, en el temido batallón ligero de cazadores, conocidos como “txapelgorris”, cuerpo de la Diputación de Gipuzkoa al mando del liberal Gaspar Jáuregui "Artzai". Este cuerpo era el más temido por las tropas carlistas de la zona, ya que estaba formado por guipuzcoanos, buenos conocedores del terreno que pisaban.
Por su parte, el de Urretxu lo había hecho en el ejercito carlista; al principio en el primer batallón de Gipuzkoa y posteriormente en la guardia de alabarderos de don Carlos.

Pese a ello, a ambos les unía un sentimiento común: su amor por los fueros, abolidos tras la finalización de la guerra, con el “abrazo de Bergara”. 
La amistad entre los dos guipuzcoanos se gestó en un momento de gran efervescencia cultural y política en el que la intelectualidad y el pueblo vasco en general hicieron que espontáneamente se desarrollase un gran movimiento fuerista que supuso un verdadero “renacimiento” de la cultura “bascongada”.



El debarra Francisco Lersundi Hormaechea. Fue Presidente del Consejo de Ministros con Isabel II. También fue Ministro de Marina y Capitán General de Cuba.

Al parecer, el primer contacto entre ambos personajes fue tras el exilio voluntario o periplo europeo durante doce años del poeta de Urretxu y su posterior regreso a Madrid, ciudad donde residía su madre y donde él mismo lo había hecho.
Fue allí, en la capital madrileña, concretamente en el Café de San Luis, situado en la calla de la Montera, donde en 1853 estrenó con gran éxito el Gernikako Arbola, lo que le hizo ganar mucha popularidad e incluso dinero. Tras el gran éxito en la capital del reino, Iparraguirre llegó a Bizkaia donde sus éxitos se sucedieron, enfervorizando a las masas allí donde actuase. Según el alavés Fermín Herrán, amigo suyo también, "su simpática figura, su hermosa voz, la vehemencia y el sentimiento con que se expresaba, exaltaban los ánimos, produciendo un verdadero entusiasmo en cuantos le oían"  haciendo que la gente incluso llorase de emoción.

Así recorrió todo el país hasta que el Gobierno, temiendo que la voz y la guitarra del bardo guipuzcoano pudiese hacer rebrotar la semilla de la lucha por los fueros vascos, hizo que la guardia civil lo prendiese para ser enviado a un nuevo destierro que duró dos años.
Años más tarde, en junio de 1864, Pedro Egaña, originario de Zestoa, amigo y compañero de Lersundi en el gobierno de la nación, pronunciaría en el Senado estas encendidas palabras en defensa de Iparraguirre:

" ¿ Saben los Sres. Senadores la impresión que causaron esas canciones a los dos o tres meses de haber comenzado a recorrer las provincias el autor y cantador de ellas ?
 Pues causaron tal impresión en los ánimos, que el que a la sazón era capitán general de las provincias, el que dignamente estaba al frente de ellas, que era el señor general Mazarredo, dio orden de que ese trovador saliera pronto del territorio vascongado. No había cometido ningún crimen, no había predicado el socialismo, no había dicho nada que pudiera lastimar ni poco ni mucho el principio de autoridad; pero sin embargo era tal el entusiasmo que despertaba en las masas con el canto de la vida de los fueros, que hubo de ser expulsado del país”.
A su vuelta del destierro, en 1857, Iparraguirre fue recibido con los brazos abiertos por el general Lersundi. Debió ser precisamente ese año cuando durante algunos meses residió en Deba donde, según narraba Fermín Herrán, se reunió con Lersundi  " con cuya familia y con la del vizconde de Artazcos y el señor Aróstegui, Alcalde de Deva, pasó días felices en el seno de sus amadas familias".
También por esa época debió conocer al escritor debarra Juan Venancio Araquistaín, otro de los intelectuales del movimiento fuerista y amigo de todos ellos.

Casa en Ifarkale, ya desaparecida, donde, según Juan San Martín,
vivió Iparraguirre.


En 1858 Iparraguirre partía para América; allí se casaría y residiría durante casi veinte años. A pesar del tiempo y de las distancias, el contacto entre los dos guipuzcoanos no dejó de existir.En enero de 1865, Iparraguirre escribe desde Mercedes, Uruguay, al general Lersundi, que se encuentra en Deba. La carta del bardo denota gran angustia debido a la situación de inseguridad por la que en ese momento está atravesando y la añoranza que siente por su tierra a donde no puede volver por carecer de recursos económicos.
Pese al tiempo transcurrido, al poeta aún le quedan ganas para recordar en su carta el oportuno consejo que Lersundi le dio en Aretxabaleta  para sacarse " de las astas del bicho que corrieron en la plaza ".
Con la carta, Iparraguirre le adjunta dos poesías a él dedicadas, una en euskara y otra en castellano. Tras recibir Lersundi la carta y los versos de su estimado amigo, impresionado por el infortunio de éste en tierras americanas, el mes de febrero del mismo año el general contesta al poeta:
" Si en nuestro país hubiera habido buenos hijos, no debieron consentir que usted se alejara de la tierra vascongada; debieron señalarle una pensión anual, con que viviera usted desahogadamente, en cambio de un número de composiciones que usted entregaría á la Diputación todos los años. De ese modo hubiera usted legado á las generaciones venideras un Cancionero vascongado que hubiera honrado á usted y al país ".

En 1874, cuatro años después del regreso de Iparraguirre a Euskal Herria, Lersundi moría en Baiona donde sería enterrado. Cuatro años más tarde, en 1878, su cuerpo sería exhumado para ser trasladado a Deba. Por aquellas fechas, refiriéndose a la carta que ha recibido de Iparraguirre, Ricardo Becerro de Bengoa escribía:
" Desde Lequeitio, en 9 de Octubre de 1878, me da cuenta de haber acompañado á conducir los restos de su amigo el valiente general Lersundi ... ".
Seguramente fue la última visita de Iparraguirre a Deba. Tres años después, en 1881, moría el más inmortal de los poetas vascos, el romántico que acuñó un nuevo concepto unitario del País Vasco con la introducción de un nuevo nombre: "Euskalerria".












 

 






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