viernes, 22 de junio de 2018


  

LA OTRA HISTORIA DE SASIOLA

    

“Los bellos monumentos, legados del pasado, se van uno tras otro. Se mueren. Sin agonía, sin que nos demos cuenta de la proximidad del fin brutal. Como ya los hemos conocido viejos, agrietados y decaídos, nos parece que han de durar siempre”.





                   
                                                                    
Con estas palabras comenzaba un artículo del genial arquitecto suizo Alfred Baeschlin, publicado el catorce de octubre de 1927 en el diario La Tarde, de Bilbao. En él se refería a la imponente torre medieval de Sestao, ya por desgracia desaparecida. Leyendo aquel artículo me vino a la memoria la imagen de nuestro monasterio de Sasiola, tan grande en el pasado como agónico y olvidado en el presente; y de nuevo vuelven y revuelven mi memoria las palabras del gran Alfred Baeschlin.   
                                                                                  
El pasado dos de junio, con motivo de la celebración de la 8ª Semana Europea de los Geoparques tuve el placer de realizar una visita guiada a las ruinas del antiguo convento franciscano de Sasiola. Dicha visita,al igual que el resto de actos organizados por el Geoparque de la Costa Vasca tenía un objetivo: dar a conocer y generar una mayor conciencia entre la ciudadanía en lo que respecta a la conservación y promoción de nuestro patrimonio.





El grupo formado por veintidós personas entre las que me incluía yo como guía, partió a las diez en punto de la Plaza Zaharra de Deba. Tras atravesar la calle del Astillero, donde nos detuvimos ante la transformada torre de Sasiola del siglo XV, situada en el pasado en el arrabal de la villa, continuamos nuestro camino hacia el barrio de Artzabal, donde tomamos el viejo camino que en cuarenta y cinco minutos nos llevaría a Sasiola.

En realidad la visita guiada comenzó durante la ruta, donde hicimos otro alto en el camino en las proximidades de Praileaitz para hablar de los numerosos vestigios paleolíticos en las cuevas de nuestro entorno más próximo. Conviene recordar que a pocos kilómetros de ésta, también en Deba, se encuentra la cueva de Ekain, Patrimonio de la Humanidad. 

El último tramo lo realizamos a través de la antigua calzada que discurría entre el cementerio y las huertas del convento, y que hasta hace unos pocos meses ha estado cerrada por la maleza y las zarzas.


Descendiendo por la antigua calzada,
entre las tapias del cementerio y las huertas.


SASIOLA, UN PARQUE TEMÁTICO.

Sasiola con sus alrededores representa un verdadero parque temático de nuestra historia; desde el paleolítico inferior hasta el siglo XIX. Eso es lo que intenté transmitir a cuantos participaron en la visita y lo que intentaré también mostrar de forma resumida en esta página.
El nombre Sasiola, procede de los vocablos "sasi" (zarzal) y ola (ferrería) lo que vendría a significar "la ferrería que está en o junto al zarzal". Situada en la margen derecha del río Deba, frente al barrio mutrikuarra de Astigarribia, su "historia" comienza en realidad hace muchos miles de años ya que a menos de 500 metros a la redonda en línea recta, existen numerosas cuevas con vestigios paleolíticos de gran importancia: Praileaitz I y II, Ermitia, Langatxo, Zerratu, Kiputz, etc. unas en terrenos de Deba, otras al otro lado del río, en Mutriku.
El convento está situado próximo al vado de Astigarribia (vado de los arces), en el pasado el primer vado desde la desembocadura del Deba, y según las crónicas romanas el mismo río cuyas aguas "tocaban" la ilocalizada ciudad de Tritium Tuboricum.

Recreación de cómo pudo ser la antigua torre de Sasiola antes de la fundación del convento.















Pero centrándonos ya en el viejo monasterio, decir que su fundación se remonta al año 1503. Poco antes en aquel lugar se ubicaba una torre medieval perteneciente a un importante linaje banderizo: los Sasiola. En 1470, refiriéndose a esta familia y a la de Irarrazabal, Lópe Garcia de Salazar escribía en sus Bienandanzas e Fortunas: "En la villa de Deva ay dos linaxes de buenos escuderos e de grandes faziendas" y concretando  algo más continuaba "Otro linaxe ay que se llaman los de Sasiola que otrosi fueron buenos escuderos e mucho fazendados e son contrarios los unos de los otros".

Fueron María Ibañez de Sasiola y su esposo Juan Pérez de Licona (tío paterno de la madre de San Ignacio de Loyola) quienes precisamente donaron a la orden franciscana aquella torre y sus posesiones cercanas que incluían también la ermita de La Piedad, un astillero, un molino, huertas, bosques, y posiblemente una ferrería y un horno calero. En pocos años aquel monasterio adquirió una gran fama e importancia como viene a demostrarlo el hecho de que en testamento realizado a bordo de la nao Victoria el 26 de julio de 1526, nueve días antes de su muerte en aguas del Pacífico, Juan Sebastián Elcano donase al convento de San Francisco de Sasiola diez ducados de oro.


Imagen de la transformación de la antigua torre en monasterio franciscano.














Para su mantenimiento, además de trabajar en las huertas, los monjes también se dedicaban a la explotación forestal, una parte dirigida a la venta de madera para la construcción de naves, y otra destinada a la elaboración de carbón. Según Patxi Aldabaldetrecu, la explotación de los bosques del monasterio era sumamente racional y sostenible; algunos años se talaban hasta 800 robles y se plantaban como mínimo otros tantos.

Asimismo los frailes se encargaban del cuidado de los enfermos que llegaban al hospital del convento, tanto de los peregrinos como los de los contornos. Esos gastos eran financiados con la venta de la producción anual de manzana y castaña.


BASTIÓN COMUNERO


El franciscano de Sasiola Pedro de Elorriaga
y el bachiller Olano, ambos debarras,
  importantes jefes comuneros guipuzcoanos.


Entre 1520 y 1521, el monasterio de Sasiola fue el principal centro de reunión de los jefes comuneros guipuzcoanos conjurados contra el gobierno imperial de Carlos I.
Entre esos jefes se encontraban dos debarras: el bachiller Olano y un monje del monasterio de Sasiola llamado fray Pedro de Elorriaga. Este último fue uno de los adelantados o representantes guipuzcoanos en la “Santa Junta Comunera” de Tordesillas.

Durante ese periodo Gipuzkoa estuvo dividida entre villas que apoyaban al gobierno del emperador y las que defendían la lucha en defensa de los intereses y prerrogativas de la Provincia.
Entre las poblaciones guipuzcoanas que apoyaron a la “Santa Causa”, además de Deba se encontraban Azpeitia, Azkoitia, Arrasate, Eibar, Getaria, Hernani, Mutriku, Tierra de Oiartzun, Tolosa, Villareal (Urretxu), Zestoa y Zumaia. Por el contrario, las que apoyaron al emperador fueron Asteasu, Bergara, Donostia-San Sebastián, Elgeta, Elgoibar, Gatzaga, Hondarribia, Orio, Renteria, Sayaz, Soraluze y Zarautz.

Poco tiempo faltó al corregidor enviado a Gipuzkoa, el licenciado Vázquez de Acuña, para juzgar en rebeldía a los conjurados y dictar sentencia:
“… se les condena a que sean atados en serones y les lleven por la calle pública en voz de pregón hasta el rollo o picota y sean degollados y les corten la cabeza, y les pongan en sendos palos en lugar público”.
Tras la derrota de Villalar, los principales jefes comuneros castellanos fueron condenados a morir, tal y como dictaba la sentencia. Distinta suerte tuvieron los conjurados de Gipuzkoa, entre ellos los dos jefes debarras, ya que además de resultar indemnes, vieron cumplidas sus aspiraciones a pesar de haber sido condenados a idénticas penas y por idénticos “delitos” que sus compañeros, los capitanes castellanos Padilla, Bravo y Maldonado, decapitados en Villalar.
El 12 de abril de 1521, el duque de Nájera dictaba una sentencia con el fin de limar las diferencias entre los bandos de la Hermandad de Villas de Gipuzkoa. En ella se suspendían las penas de muerte impuestas por el corregidor Acuña y las leyes dictadas por éste. 



LA IGLESIA Y EL RETABLO.
El exterior de la iglesia de San Francisco de Sasiola (S.XVI) es sencillo y austero, como corresponde a la orden franciscana. Tan sólo llama la atención su espadaña, los contrafuertes y un arbotante situado en la zona del claustro. 


El actual estado del retablo es bastante peor
que el que nos muestra esta fotografía realizada
hace ya varios años.


Del interior de la iglesia- en un estado lamentable- cabe destacar su retablo barroco, realizado en madera de nogal negro en 1764.
Fue diseñado por Tomás Jauregui y completado por Francisco de Ibero.
La ejecución corrió a cargo de los mutrikuarras Domingo de Laca y Domingo Pellón, y los gastos corrieron a cuenta del debarra Andrés de Goicolea.

Consta de zócalo, dos pisos y hornacina. En el primer piso se encuentra San Antonio de Padua flanqueado por San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.
En el segundo piso podemos observar una preciosa talla de madera que representa el éxtasis de San Francisco, flanqueado por San José y San Agustín.
En la hornacina, una talla de La Piedad, quizás en recuerdo de la ermita del mismo nombre que existió en este lugar. 
Es indignante ver el estado en el que se encuentra actualmente el retablo, con imágenes caídas y destrozadas.
  

 EL JUEGO DE LA PELOTA,  "bote luzea".





A pesar del actual estado de ruina de las antiguas instalaciones del complejo monacal, aún se conservan los restos del considerado como uno de los más antiguos “juegos de pelota” del país, predecesor de los actuales frontones y donde probablemente se jugaba a una antigua especialidad denominada "bote luzea".
Aunque se desconoce la fecha de su construcción, no sería descabellado pensar que pudiera datarse de los siglos XVI-XVII.
La cancha, situada en la plazoleta frente a la antigua casa del síndico del monasterio, actual caserío Sindika, tenía unas medidas de cincuenta y ocho metros de largo por doce de ancho. El suelo, hoy presumiblemente cubierto por más  de medio metro de tierra, estaba al parecer formado por grandes losas de piedra, aunque la especialidad del "bote luzea" también se jugaba sobre suelo de tierra o hierba.
La banda que da al río contaba con un muro cuya parte central formaba un pequeño espacio donde se ubicaba la mesa de los jueces y marcaba la división de los terrenos de juego; aunque en mal estado, esta pieza todavía se conserva.
El frontis o pared, en estado muy aceptable, tiene la misma anchura que la plaza o cancha; es decir, doce metros, y su altura es de unos tres metros.


En la fotografía de arriba, una panorámica de
la cancha. Sobre estas líneas detalle de la mesa
de los jueces.


SASIOLA, CAMPO DE BATALLA.



Tras la revolución francesa que acabó con el rey Luis XVI en la guillotina, la Francia republicana fue entrando sucesivamente en guerra con varios países europeos, entre ellos España. Este conflicto bélico entre las dos naciones vecinas conocido con el nombre de “Guerra de la Convención”, se desarrolló entre los años 1.793 y 1.795 afectando directamente a Gipuzkoa y a Deba.
Fue precisamente en esta localidad, sobre todo en Sasiola, donde se dieron algunos de los más importantes combates, ya que el frente se estabilizó en el río Deba desde noviembre de 1794 hasta finales de junio de 1795.

En diciembre de 1794, mil quinientos voluntarios del señorío de Bizkaia se hicieron fuertes en Sasiola, Astigarribia, Lasao y ribera del Deba hasta su desembocadura, donde el 19 de diciembre, el 27 de febrero de ese año, y prácticamente todos los días de mayo de 1795 se entablaron encarnizados enfrentamientos, rechazando los vizcaínos a las tropas del general francés Moncey. Tras varios meses sufriendo los efectos de la artillería francesa, el 28 de junio de 1795 las milicias vizcaínas retrocedían, atravesando las tropas republicanas el río Deba por el vado de Astigarribia y tomando las poblaciones de Mutriku, Ondarroa y Markina.
Durante alguno de aquellos duros combates, en 1794, fueron los vizcaínos quienes, al parecer, volaron el  viejo puente de Sasiola que había sido construido en 1.629 por Juan Ortiz de Olaeta, quien ese mismo año había terminado de reedificar la iglesia de Deba. Aún hoy, pueden verse los arranques del  puente cubiertos por la maleza, un sólido puente cuya construcción había costado 1500 ducados.

DECADENCIA DEL MONASTERIO.
El pasado esplendor del monasterio franciscano tocó a su fin con los inicios del siglo XIX.
En 1809 José Bonaparte suprimía varias comunidades religiosas de Gipuzkoa, entre ellas la de Sasiola de donde saldrían los frailes para regresar cinco años más tarde, en 1914.

En 1836 tiene lugar una nueva desamortización, la de Mendizabal, quien como expliqué a los visitantes tenía poco de Mendizabal y mucho menos de vasco pues su nombre real era Juan Álvarez Méndez y era de Chiclana de la Frontera. Lo del Cambio de Méndez por Mendizabal daría para mucho; pero eso es ya otra historia.


En 1841, tras la finalización de la primera Guerra Carlista los monjes tienen que abandonar de nuevo el monasterio; esta vez será definitiva pues con la desamortización llevada a cabo ese año por Espartero se venden los terrenos de las huertas y comienza el derribo de parte de las instalaciones.


Años después, en 1857 los terrenos del monasterio serán atravesados por una carretera, la actual N-634.
Entre finales del S.XIX y principios del XX continúan los derribos, entre ellos el de las paredes del claustro cuya piedra será utilizada en la construcción de la línea del ferrocarril, así como en la construcción de diversas edificaciones, entre ellas la conocida en Deba como "Casa del frontón".


Esta es la triste historia de uno de los conventos más antiguos de Gipuzkoa. Triste no por su pasado, sino por su desgraciado presente. Para terminar quisiera hacerlo con las mismas palabras del inicio de este artículo; las del gran arquitecto y humanista suizo Alfred Baeschlin:


“Los bellos monumentos, legados del pasado, se van uno tras otro. Se mueren. Sin agonía, sin que nos demos cuenta de la proximidad del fin brutal. Como ya los hemos conocido viejos, agrietados y decaídos, nos parece que han de durar siempre”.

             CONCLUSIÓN, EJEMPLO Y REFLEXIÓN

En la visita guiada a Sasiola había cuatro debarras cuyas familias procedían de la localidad palentina de Cevico Navero. He de decir que en Deba residen numerosas personas procedentes de esa localidad palentina.
Durante el camino de regreso, una de ellas me comentó lo que el Grupo Siro, uno de los mayores grupos empresariales de España del sector de la alimentación, había realizado en aquella localidad palentina.

Quedé subyugado por lo que se me contó y al llegar a casa me interesé por informarme detalladamente acerca de lo que había escuchado.

Hasta el año 2007, a dos kilometros de Cevico Navero existían una ruinas de un antiguo monasterio con 1000 años de antigüedad: el monasterio de San Pelayo de Cerrato.


Fotografía de las ruinas del monasterio de San Pelayo de Cerrato
antes de su reconstrucción en 2007.
  
Ese año de 2007, la Fundación Grupo Siro comenzó un riguroso proyecto re recuperación de lo que fue el Monasterio Premostratense de San Pelayo de Cerrato con el objetivo de recuperar aquellas ruinas y crear un espacio acorde con la dignidad histórica del monumento, convirtiéndolo en un maravilloso espacio para uso cultural y social.

Hoy día, San Pelayo de Cerrato es un monumento único, y sede de la Fundación Grupo Siro. Según leo en la página web del Grupo, "el Monasterio de San Pelayo ha sido rehabilitado por empresas locales de cantería, ebanistería, talleres de forja... todos ellos oficios tradicionales, entendiendo la protección del patrimonio desde el origen".


La fotografía muestra el monasterio de San Pelayo de Cerrato,
ya restaurado. Actualmente es sede de la Fundación Grupo Siro.

Verdaderamente me parece algo realmente maravilloso lo realizado por este grupo empresarial castellano-leonés; todo un ejemplo para otras muchas empresas, máxime en un país con un rico legado histórico-arquitectónico que va por desgracia desmoronándose día a día.
En realidad siento cierta envidia por no tener cerca un Grupo Siro. Siento envidia porque veo un gran paralelismo histórico entre los dos monasterios, el de San Pelayo de Cerrato y el de San Francisco de Sasiola. En este caso los de Cevico Navero tuvieron más suerte que los de Deba.De hoy en adelante, cuando haga la compra de la semana procuraré apostar por marcas como Galletas Siro, Pastas Ardilla o Pastas Reglero; será mi sencillo reconocimiento a quien sabe apostar por la cultura.   




 














1 comentario:

  1. Gran divulgador Alex Turrillas, paciente y tenaz. Siempre es un placer leerte.

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