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martes, 9 de diciembre de 2025

            

                             EL MENSAJE UNIVERSAL

                  DE JOSÉ MANUEL OSTOLAZA  

              

No sé si el mundo se ha vuelto loco o el que se ha vuelto loco soy yo. Quiero con esto decir que la “mala hostia” -con perdón- me corroe las tripas y descompensa mi tensión arterial. Cada vez que enciendo el televisor todo lo que veo flagela mi cerebro.

Veo una sociedad enferma, absolutamente individualista; una sociedad de adultos infantilizados e idiotizados donde no existen “VALORES”; donde el más inculto, inculta e imbécil es un reputado o una reputada “influencer” con millones de seguidores; una sociedad donde lo importante es ganar mucho y gastar más, aunque sea a lo tonto; donde los dirigentes de las grandes potencias son y hacen lo contrario de lo que deben hacer, sin ningún tipo de escrúpulos; donde los genocidas tienen carta de impunidad; donde los grandes empresarios a menudo solo piensan en la cuenta de resultados, cueste lo que cueste y saltándose las normas de la moral y de la ética. Todos quieren ser los más ricos del cementerio.

¡Imbéciles!

 ¡Maldito materialismo! ¡Maldito egoísmo! Esta sociedad está ciega, y lo peor es que no quiere ver; nadie reacciona.

¿Y por qué digo esto? 

        

Agosto de 2025. A la izquierda, Arantza Iñurrategui en Kultur Elkartea posando ante el retrato de José Manuel Ostolaza pintado por Amuategui “Amua”. A la derecha, Arantza bajo el reloj de la desaparecida joyería Ostolaza, junto a su marido Gerardo Gochicoa y su hija Arantza.


A primeros de agosto visitó Deba Arantza Iñurrategui. Arantza es hija de Pepita Arriola, la bibliotecaria de la EBEFO (Fundación Ostolaza) que acompañó al exilio mejicano a don José Manuel Ostolaza. Arantza, al igual que sus hermanas Itziar e Izaskun nació en Méjico donde Pepita, su madre, se casó con Germán Iñurrategui, abogado y juez tolosarra delegado del Gobierno Vasco en Méjico.

¡Qué curiosidad! : Germán, el padre de Arantza, escapó a Méjico a bordo del buque portugués NYASSA, el mismo que mi tío Paco (Francisco Turrillas Bordagaray); ambos colaborarían en la capital mejicana en la edición de Euzko Deya de la que mi tío sería su primer director.
Durante la visita a Deba con su esposo e hija, Arantza me comentó con un gesto de pena que tenía la impresión de que aquí muy pocos conocían ya la figura de José Manuel Ostolaza Zabala, un hombre y empresario singular, todo un ejemplo de honestidad.
Le comenté que en Kultur Elkartea, heredera de la antigua Fundación Ostolaza, sigue viva la llama que prendió don José Manuel y que además de los más de trescientos cincuenta socios que colaboran con nuestra institución en numerosas actividades culturales y sociales, el pueblo de Deba sabe muy bien quién fue nuestro admirado personaje.

Todos los años, el mes de junio celebramos el día del socio y como miembro más viejo de la directiva, tras la intervención del presidente me toca dirigir unas breves palabras a los asistentes con las que ensalzo la figura de José Manuel Ostolaza. Y siempre termino de igual manera, con unas palabras que no son mías sino de aquel ilustre debarra muerto en el exilio.

Le hice escuchar a Arantza esas palabras en un programa grabado por mí en la emisora Podcast de Okerkale Irratia (de Kultur Elkartea) y se emocionó al escucharlas, pues detrás de aquellas palabras había mucha historia, muchos recuerdos y sobre todo mucha honestidad y solidaridad. Las dejó escritas don José Manuel Ostolaza, el progresista empresario republicano, y representan todo un testamento vital.      



“Todo español que tenga 10 de renta y pase admirablemente con 6, está obligado en vida a poner los otros 4 restantes a disposición de sus semejantes y como para éstos es más necesaria la Escuela que el comer, yo, que estoy en este caso, les dejo los 4 que me sobran para esta Escuela”.

“Es posible que haya pecado algo en esto, al querer convertirme en filántropo y hacer en Deba una escuela de Fundación para educar a niños gratuitamente, pero bueno es aclarar que traté de hacer el bien al cien por ciento químicamente puro, sin esperar más recompensa que el premio que me otorgaba mi propia conciencia. Hacer el bien por el bien mismo”.


Sin comentarios.

Quien no se emocione con estas palabras no tiene corazón; tiene una piedra.

29 de junio de 1932. Fin del curso 1931-1932. José Manuel Ostolaza con sus muchachos de la EBEFO (Escuela Biblioteca del Emigrante Fundación Ostolaza).


Al acto del “día del socio” del año pasado además de un gran número de socios acudieron algunos jóvenes navarros de Iruña, componentes de un conocido grupo musical : “Skabidean”.

Hace unos meses un hijo mío, Alex, me envió un Whats App en el que me informaba haber hablado con Antonio, uno de los miembros del grupo musical navarro:

“Antonio me ha dicho que lo que hablaste el día del socio sobre Ostolaza le ha servido de inspiración para una canción. Y en el nuevo disco van a dedicar una canción a la vida de Ostolaza” .
Le enseñé el mensaje a Arantza para que viese que el mensaje del filántropo debarra sigue vivo, y que hay jóvenes vascos que toman nota de ello. Se sintió complacida al ver que aún hay gente que sigue captando el mensaje de don José Manuel.
Espero que si vuelve el año que viene podamos vernos de nuevo.


29 DE JUNIO DE 1936. José Manuel Ostolaza con los alumnos de la EBEFO al finalizar el curso 1935-1936. Un mes más tarde, tras la sublevación militar del 18 de julio, el debarra partiría hacia el exilio. El centro sería clausurado por el gobierno de Franco y José Manuel no volvería más a Deba. Murió en Méjico el 23 de octubre de 1954.



Ciudad de Méjico,15 de diciembre de 1951. La fotografía nos muestra a José Manuel Ostolaza celebrando en casa su 76 cumpleaños en compañía de sus más allegados amigos. En el grupo de la derecha podemos ver al trío de debarras: Ramón Egaña, José Manuel Ostolaza y Pepita Arriola, madre de Arantza Iñurrategui. El cuadro que aparece al fondo es "Romería vasca", encargado por Ostolaza a su amigo el pintor bilbaíno Aurelio Arteta exiliado como él en Méjico. Tras la muerte de José Manuel en 1954, su hermano Francisco donó la genial obra a la Diputación Foral de Gipuzkoa. Actualmente se encuentra en el museo de San Telmo en Donostia-San Sebastián.


PARA QUIEN LO DESCONOZCA:
José Manuel Ostolaza emigró primero a Méjico y posteriormente a Estados Unidos donde creó en Saint Louis , Missouri, la que llegaría a ser mayor empresa sombrerera del mundo, la " Mexican American Hat Co." haciendo una gran fortuna que le permitió jubilarse en 1920 con 42 años y residir en Deba.
En 1927 levanta un edificio diseñado por el arquitecto Manuel de Cárdenas Pastor, amigo suyo. En 1928 crea en él la EBEFO (Escuela Biblioteca del Emigrante Fundación Ostolaza), un centro de enseñanza laico y absolutamente progresista para la época donde, como dato curioso, diremos que la enseñanza de la lengua inglesa era asignatura obligatoria, algo poco común por entonces. En realidad podría decirse que el centro era una Escuela de Comercio en la que se formaba a los jóvenes por si se viesen obligados a emigrar y labrarse un porvenir digno. 
A pesar de su éxito como empresario, José Manuel Ostolaza  nunca renegó de sus principios y convicciones políticas, apoyando, como no podía ser de otra forma en un hombre progresista, al gobierno republicano y al Frente Popular.
En 1936 tuvo que exiliarse en Méjico donde murió en 1954.

Imagen publicitaria de la empresa Mexican American Hat Co. La fotografía nos muestra a la dirección y empleados de dicha empresa en Saint Louis, Missouri. En la parte superior, en los recuadros, podemos ver las imágenes de José Manuel Ostolaza a la derecha y la de su hermano Francisco a la izquierda. Como puede leerse en la parte inferior, la empresa también tenía factoría en Breese, Illinois.

Esquela de José Manuel Ostolaza del 24 de octubre de 1954. Como puede leerse, el humanista empresario y filántropo debarra era Caballero de la Orden de la República Española. La encomienda de Caballero le fue entregada en Donostia-San Sebastián el 22 de febrero de 1936 en un solemne acto organizado por Izquierda Republicana.

ÚLTIMA HORA:
El grupo musical navarro "SKABIDEAN" al que he mencionado en este artículo, acaba de presentar en la Durangoko Azoka (Feria del libro y disco vasco) su sexto disco titulado "Herri Kuttuna".
Una de las siete canciones del disco tiene como título "Ostolaza" y se basa en el mensaje que nos dejó el filántropo debarra exiliado en Méjico, mensaje al que me he referido en este artículo.
Otra de las canciones de dicho disco, titulada "Etxetik urrun" también menciona a José Manuel Ostolaza y está dedicada a todos los vascos que de forma obligada tuvieron que salir de su tierra.
El próximo mes de marzo, el grupo de Iruña realizará una gira por Japón actuando en seis ciudades, la primera de ellas en Tokio, con lo que el nombre y el mensaje de José Manuel Ostolaza se escuchará en el Imperio del Sol Naciente. 








 














viernes, 8 de abril de 2016

NOSOTROS LOS TURRILLAS.



NOSOTROS LOS TURRILLAS

Siempre me he sentido orgulloso de mi apellido, y mucho más a partir de haber profundizado en su historia.
Gracias a la facilidad que hoy nos proporcionan las modernas redes sociales, a menudo me llega información sobre la existencia de gentes que habitan en los lugares más dispares del globo y que como antes mi padre, José Turrillas Bordagaray, y ahora yo, mis hermanos y mis hijos, se apellidan Turrillas. Acordándome de todos ellos, de todos los Turrillas, me he decidido a plasmar algunas referencias históricas sobre nuestro apellido, sobre nuestra historia. 

Escudo de armas de los Turrillas.
 Cuartelado: primero y cuarto, de plata,
 con una cruz flordelisada, de azur,
y segundo y tercero, de gules,
 con un escudete de plata,
 con el jefe de azur.





No falta quien ha querido ver una raíz "eúskara" en este apellido, situando su origen en la palabra "urra" (avellana) , y "urrilla", que junto a la "T" protética pudiera haber formado el apellido Turrillas (Avellaneda). Pero los documentos más antiguos y las teorías más modernas parecen desechar  este argumento.
A pesar de ser un apellido netamente vasco, su origen es absolutamente latino, más concretamente románico; tan latino y a la vez tan vasco como lo son los nombres de las poblaciones navarras de Arakil (del latín "Ara coeli"), o Muniain (del onomástico latino Munius transformado posteriormente en Munio), o latino también como lo fue la lengua hablada, además del euskara, en los primeros siglos del Reyno de Pamplona: "el Romance Navarro".
Creo necesario mencionar que los primeros documentos escritos del reino pirenaico lo son tanto en Latín como en Romance Navarro y en Occitano.


La foto de Simeón Hidalgo Valencia
muestra la clave del arco de la casa de
Hualde  en la que está tallado el escudo
 de armas de los Turrillas. No es descabellado
pensar que esta clave originalmente pudiera
haber estado ubicada en el edificio conocido
como "antiguo palacio".


Etimológicamente el apellido Turrillas procedería del sustantivo latino "turris" cuyo significado es el de "torre". Las "turris" eran torres de vigilancia y defensa  construidas en tiempo del Imperio Romano. Solían estar situadas en lugares elevados o en puntos estratégicos y vías de comunicación.
Fueron al parecer esas "turris" las que dieron lugar a apellidos como Turrillas, Turryellas, Torrelles, Torrellas o Torres, todos ellos con la misma raíz latina, y hoy extendidos por la geografía vasca, catalana, hispana o incluso americana. Fueron también otras torres, las de los “jauntxos” o señores medievales, éstas ya posteriores, las que dieron lugar a apellidos tan “euskaldunes” como Torreaga, Dorreaga, Dorregaray, Torreluze, Torrezabal o Torrontegi, todos ellos con la misma raíz latina que Turrillas.


Placa de cerámica situada en el muro de una de las casas de Turrillas.
                           
Y debió ser también una, o quizás varias de aquellas primitivas “turris” las que dieron nombre hace ya muchos siglos a la población navarra de Turrillas, situada en el valle de Izagaondoa, al pie de la carretera que discurre entre Aoiz y Lumbier. De ella dice la Gran Enciclopedia  Navarra  que es “Antiguo lugar de señorío nobiliario, documentado ya a comienzos del siglo XII”.

Recuerdo que hace años, cuando mis hijos eran muy pequeños, visité por primera vez el pequeño pueblo de Turrillas. Para mí, un gipuzkoano con genes navarros fue algo parecido a cumplir con una obligación; me sentí como el musulmán que por primera vez visita la Meca. Aún recuerdo que charlando con un matrimonio del pequeño pueblo, me comentaron que la escuela, ya en desuso desde hacía muchos años por falta de niños, había sido construida con las piedras del castillo.



En un interesante trabajo sobre las casas del valle de Izagaondoa, publicado por Simeón Hidalgo Valencia en su magnífico blog cultural, este hace referencia al edificio conocido como "antiguo palacio" de Turrillas, y dice que "ha venido a menos de su antigua gloria y linaje". También dice que " la imaginación puede ayudarnos a levantar la torre que algunos de nuestros mayores llegaron a ver".
Personalmente opino que el "castillo" del que se sacaron las piedras para la edificación de la escuela del pueblo debió ser éste, y que en realidad la antigua torre o castillo debió ser destruida tras la invasión y posterior conquista de Navarra por las tropas castellanas en 1512, quedando tan sólo la base de la antigua torre.  



Edificio conocido como "antiguo palacio" en Turrillas. ¿Son éstos los
restos de la antigua torre de Turrillas que dieron origen al apellido?.
                                                                     

  Los Turrillas en la historia

Antes de nada creo importante mencionar que a veces, en los documentos más antiguos, el mismo Turrillas, bien se trate de personas o de la población navarra, aparecen citados de diversas maneras tanto en los textos escritos en romance navarro como en occitano, latín, francés o castellano antiguo: esto es Turrillas, Turrilles, Turrieyllas, Torrelles o incluso Torrellos.
Interesado por  ahondar en la historia de nuestro apellido me di el gusto de buscar y rebuscar referencias históricas de todo tipo; desde documentación antigua a libros, o ensayos de diversos autores.

El primer Turrillas del que tengo conocimiento aparece citado en un documento navarro fechado el año 928. Se trata de la confirmación de la demarcación de Benasa (Navarra) y Catamesas (junto a Sos del Rey Católico, actualmente provincia de Zaragoza),  realizada durante el reinado de Fortún Garcés, y corroborada por Jimeno Garcés y García Sánchez I.  El documento está firmado por Salitu de Turrillas. 

El segundo Turrillas del que tengo noticia aparece en el cartulario de Albelda (actualmente, Comunidad de La Rioja). Tres documentos del citado cartulario  del año 1063, aparecen firmados por “Fortunio Eximinones in Turrilias. Curiosamente como veremos más adelante, la firma de algún Turrillas como notario del Reyno o de la ciudad de Pamplona será una tónica habitual a lo largo de los siglos.

El tercer Turrillas del que tengo referencias  es un interesante personaje llamado Ximen Garzeiz de Turrillas.  
Aparece citado en diversos documentos y libros como protagonista de un hecho real, probablemente acaecido entre los años 1065 y 1075, durante los reinados de Sancho Garcés IV de Pamplona (Navarra) conocido como el de Peñalén, y el  de Sancho II o Alfonso IV de Castilla.  
El caso es que durante esos reinados tuvieron lugar varios conflictos armados por el dominio de varios castillos fronterizos entre los reinos navarro y castellano; uno de ellos el de Pazluengas (Pazuengos, La Rioja).

Al parecer uno de esos conflictos se dirimió según cuentan las crónicas navarras y castellanas mediante lo que se denominaba “Juicio de Dios” u “Ordalía” es decir, la lucha a muerte entre dos caballeros;  en este caso  entre los alféreces de los reyes de Navarra y de Castilla, Ximen Garzeiz de Turrillas y Rodic Diaz de Vivar, más conocido como el “Cid Campeador” o “Mio Cid”.
Este tipo de duelos era muy normales por entonces, ya que con ello se evitaba la lucha entre dos ejércitos y en consecuencia, la pérdida de muchas vidas humanas.
Esta es la narración de los hechos en la Crónicas Navarras (1154-1194), en los que tras más de una hora de lucha, primero a caballo y después pié a tierra, el caballero navarro llevó las de perder.

“Pues combatió Rodic Diaz por su seinor el Rey Don Alfonso con Ximen Garceiz de Turrillas, qui era muy buen Cabero, & matolo”.

También las crónicas castellanas relatan de forma parecida los hechos; así aparece narrado en la Primera Crónica General de España, escrita en 1289:

«Esse anno  otrossi lidio Roy Diaz el Cid con un caullero de los meiores de Nauarra, que auie nombre Xemen García de Torrellos, un por otro, por
su sennor el rey don Alffonso, sobre el castiello de Pazluengos
et otros castiellos, et uenciol; et ouo el rey don Alffonso los castiellos.”

           
La imagen, ligeramente retocada en la veste y el escudo del caballero de la derecha,
corresponde a la película "El Cid" y podría representar la lucha u "ordalía" entre el Cid
 y Xemen Garzeiz de Turrillas. Este último luce en su veste el amarillo con el símbolo
(el águila negra de los Pirineos o "Arrano beltza") del antiguo reino de Pamplona. El escudo
de Xemen, alferez del rey de Navarra, muestra las armas de los Turrillas.

Avanzando cronológicamente, vemos como numerosos documentos del reino navarro y de la ciudad de Pamplona vienen avalados y firmados por un buen número de notarios con el apellido Turrillas; probablemente todos ellos fueron miembros  de la misma saga; entre ellos tenemos a Garzia de Turrillas, Andreu Martiniz de Turrillas, Pedro Martiniz de Turrillas, y Martín Peritz de Turrillas, este último el más importante por el volumen de documentos en el que aparece como “Notari publjc e jurat del conseyll de la cjutat de la Navarriria de Pomplona”.

Y así llegamos hasta el reinado de Carlos II “el Malo”; con él se instauraba la dinastía de la casa francesa de Evreux en Navarra. El sobrenombre no le era gratuito ya que al poco de comenzar su reinado, con tan solo 17 años, hizo demostración de sus dotes ahorcando a ocho miembros de la democrática junta de labradores de Miluce y despeñando y azotando a otros muchos. El hartazgo de la población debido a los impuestos abusivos a los que era sometida hizo que en 1386, estando ya a punto de morir, tuviese lugar un hecho tan relevante como poco conocido en la historia de Navarra. Se trató de una verdadera revuelta social cuya intención fue la de derribar la monarquía navarra y estuvo  encabezada por Andrés de Turrillas, muy probablemente familiar de alguno de los conocidos notarios. Los hechos duraron veintidós días al cabo de los cuales el líder Turrillas fue detenido, ahorcado y descuartizado.
Es curioso el tratamiento que se hace de los hechos en la “Crónica de los Reyes de Navarra” escrita, claro está, por el Príncipe de Viana, o en los “Annales de Navarra”, en los que el rey “malo” es el santo, y Turrillas el diablo rebelde.
Así relatan los Annales de Navarra los hechos acaecidos :

“Assi sucedió en Pamplona: un hombre de poca esfera, llamado Andres de Turrillas, y algunos otros, que se le agregaro, pareciéndoles que ya el Rey no era mas, que una sombra de sy mismo, y que era buena ocasión para gobernar ellos la Republica, y remediar los males, ò verdaderos, ò imaginarios de ella, sembraron entre los demàs vecinos una muy perniciosa zizaña contra los Burgueses de la Ciudad (assi llamaban en aquel tiempo à los Regidores) sobre la tassa de las cosas, y entrada de ellas, y sobre la mala administración de las rentas publicas: esparcieronla también en los lugares de la comarca, y brotò en motin general, que durò veynte y dos días con grandes escándalos, y daños. El Rey, que aun tenia alma en el cuerpo, dio con mucha prudencia, y presencia de espíritu los ordenes convenientes, para que los Alcaldes de Corte, sin que los amedrentasse el furor popular, hiziessen justicia de los amotinados. Hizieronla con efecto, mandando ahorcar, y desquartizar à Turrillas, y à otros tres de los mas culpados…” 

Curiosamente a los pocos días del ajusticiamiento de Andrés de Turrillas murió el rey navarro. Y aunque murió en la cama lo hizo de forma trágica pues al galeno de la corte no se le ocurrió mejor cosa para aliviar los males y atroces dolores del monarca que envolverlo en una sábana impregnada de aguardiente. El asunto terminó mal pues la llama de la lamparilla del galeno hizo que los vapores desprendidos del licor inflamasen los regios lienzos, muriendo el “rey malo” literalmente achicharrado. Siempre he pensado que aquella muerte fue consecuencia de una maldición de  Andrés de Turrillas.

Dando un gran salto en el tiempo hasta llegar a comienzos del siglo XX, no quisiera pasar por alto a otro Turrillas, también éste tan luchador como los anteriores: Francisco Turrillas Bordagaray, hermano de mi padre.
Nacido en Donostia-San Sebastián, trabajó como redactor del periódico La Voz de Guipúzcoa. Al declararse la Guerra Civil se enroló en el batallón Euzko Indarra de ANV (Acción Nacionalista Vasca) del que fue comisario político, ejerciendo al mismo tiempo como corresponsal de guerra y redactor del periódico Tierra Vasca.
Encarcelado tras la rendición de Santoña, fue juzgado y condenado a muerte en la prisión del Dueso de donde se fugó pocas horas antes de ser ejecutado, llegando a pie hasta San Juan de Luz. Expulsado por las autoridades francesas, después de pasar un año oculto en Donostia,  consiguió llegar a pie hasta Lisboa y desde allí pasar a México tras vivir numerosas y arriesgadas peripecias.






Francisco Turrillas Bordagaray pocos años antes de su muerte,
durante la única visita que realizó a su amada Donostia en todo
su largo exilio mejicano.

Ya en Mexico, fue fundador y primer director de “Euzko Deya”, en contacto directo con el navarro  Manuel de Irujo, por entonces miembro del Gobierno Vasco en el exilio y refugiado en Londres.
Fue también editor y director de la revista “Cancha”, y colaborador con numerosos medios periodísticos mejicanos de la época.
Entre sus libros destacan “Sobre el Mismo Lodo”, “La Pelota es Redonda”, “Sirimiri” y “Neuk”; en este último relataba la interesante vida de quien fuera campeón de cesta punta, el pelotari ondarrutarra Guillermo Amuchastegui.
Curiosamente, una conocida empresa cinematográfica norteamericana quiso realizar un largometraje basado en otro de sus libros: “Sobre el mismo lodo”, libro autobiográfico en el que relata su estancia en el penal del Dueso así como su fuga y vicisitudes hasta llegar a Mexico.

Francisco Turrillas Bordagaray, administrador  durante años del Centro Vasco de Mexico D.F , y a quien el escritor Miguel Pelay Orozco definió como “periodista de pluma muy suelta y galana”,  falleció en la capital mexicana el año 1987 siendo enterrado en el panteón del Centro Vasco, el mismo en el que en 1919 había sido enterrado el famoso tenor bizkaino Florencio Constantino Carral.

   
No quisiera acabar este breve recorrido por la historia dejando una sensación
ácida que nos lleve a pensar que los Turrillas hemos sido históricamente defensores de causas perdidas, hecho que por otra parte le otorga un cierto halo romántico.  
Para ello nada mejor que finalizar este apartado con otro notable Turrillas: Manuel Turrillas Ezcurra, músico y compositor inmortal nacido en Barasoain el año 1905. Durante cincuenta años fue miembro de la conocida banda “La Pamplonesa”. Autor de más de 400 composiciones  entre las que se incluyen pasacalles, zortzikos, jotas, auroras y pasodobles, fue considerado como un dinamizador y animador excepcional de las tradiciones, las fiestas y la cultura  pamplonesa y navarra. Y cómo no, fue autor del himno del Club Atlético Osasuna. Un dato curioso para quien lo desconozca: también don Manuel fue el autor del popular “A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón…”, entonado por los mozos pocos minutos antes de los encierros de Pamplona.
El “Maestro Turrillas” falleció en la capital navarra en octubre de 1997.
Un dato interesante es que la semilla sembrada por el músico navarro no solo
dio vida a numerosas partituras musicales: también una de sus nietas, Alicia Griffiths Turrillas es una renombrada arpista que ha actuado con numerosas orquestas europeas.
Decir también que una de las hijas del compositor navarro, María Dolores Turrillas, es la esposa de quien fuera presidente del Gobierno Foral de Navarra, Juan Cruz Alli, cuyos hijos ostentan el Turrillas como segundo apellido.





   
Manuel Turrillas Ezkurra y su nieta Alicia Griffiths Turrillas; dos generaciones unidas por la sangre y la música. 

El apellido Turrillas
en Navarra, en Euskal Herria, y en el mundo.

El apellido Turrillas es muy poco común no solo en Euskal Herria sino también en el resto del mundo. En realidad somos pocos…pero bravos.
La Comunidad Autónoma de Navarra es la que registra un mayor número de personas con este apellido que ocupa el puesto 636 entre los más comunes en dicha comunidad donde están censadas 176 personas con Turrillas como primer apellido y 218 como segundo apellido. En Navarra se concentra prácticamente el 60% de los habitantes apellidados Turrillas en todo el estado.

Aparte de en Navarra, el mayor número de Turrillas se concentra en Donostia-San Sebastián y en Gipuzkoa donde según los datos que he podido conseguir en el Archivo Diocesano de Donostia-San Sebastián (Registros Sacramentales), todos los Turrillas gipuzkoanos descendemos del matrimonio formado por los navarros Eugenio Turrillas Landa y Martina Imirizaldu Belzungui: mis bisabuelos; padres de mi abuelo paterno, Carlos Turrillas Imirizaldu, nacido en Donostia en enero de 1873 y casado con la pasaitarra Gregoria Bordagaray Gamboa.
Según cuenta mi familia, el bisabuelo Eugenio tuvo la última diligencia que hizo el recorrido entre Iruñea-Pamplona y Donostia. Al afincarse en la capital guipuzcoana trabajó como chófer del duque de Mandas. Posteriormente compró un automóvil a motor que, cosas de la historia, fue el primer taxi a motor de Donostia –San Sebastián.
Tuvo seis hijos (cinco chicos y una chica) llamados Juan Julian, Francisca Guillerma, José María Antolín, Carlos (mi abuelo), Ramón y Juan Manuel Turrillas Imirizaldu.
Eugenio falleció en Donostia el 15 de noviembre de 1897, celebrándose los funerales en la basílica de Santa María del Coro.


Anuncio editado en la "Guía de Guipúzcoa" del año 1898.
Corresponde al comercio que en la calle Narrica de Donostia-San Sebastián
 poseía Francisca Turrillas Imirizaldu, hermana de  Carlos Turrillas Imirizaldu, mi abuelo. 


En el Territorio Histórico de Gipuzkoa están censadas 68 personas con Turrillas como primer apellido y 37 como segundo; esto es, el 22,82 de los habitantes apellidados Turrillas en el estado.
De estos sencillos números se deduce que prácticamente el 83% de los Turrillas del estado residimos en Navarra o en Gipuzkoa.

Además de estos territorios, también existen algunos Turrillas en Bizkaia, unos cuantos en Barcelona, Valencia  y otros pocos en Madrid, seguramente todos ellos de origen navarro. He podido constatar también, la existencia de varios Turrillas en París (de mi propia familia), Chile y  Argentina que, por cierto, espero lean este artículo sobre su apellido porque al fin y al cabo todos los “Turris” procedemos del mismo palo.   

Una Curiosidad
Además de la población navarra de Turrillas existe otra con el mismo nombre en la provincia de Almería pero que nada tiene que ver con nuestro apellido. Según he podido constatar, curiosamente en esa provincia andaluza no existe ninguna persona apellidada Turrillas.



Si eres un Turrillas…
Si eres un Turrillas, de primer o segundo apellido, vivas donde vivas, y dispones de información, datos, o anécdotas de interés sobre nuestra historia  y nuestra gente, estás invitado a colaborar a través de esta página. Todos los Turrillas tenemos cabida en ella.
Si lo deseas, tu nombre y contacto  pueden ser incluidos en un listado en el que todos los “Turris” tenemos un lugar.
Esta entrada será actualizada periódicamente con las informaciones recibidas.
Para comenzar inserto el primer paquete de Turrillas, el para mí más cercano: mi propia familia. Según vaya recibiendo información lo iré ampliando.


RAMA DESCENDIENTE  DE:
Eugenio Turrillas Landa (Iruñea-Pamplona).
Carlos Turrillas Imirizaldu (Donostia-San Sebastián).
José Turrillas Bordagaray  (Donostia-San Sebastián, asentado en Deba).

Nombre y apellidos                  Población de residencia       Contacto
Turrillas Aranzeta, Alex              Deba, Gipuzkoa                alex@kaioa.net
Turrillas Aranzeta, Ana               Donostia-SS , Gipuzkoa
Turrillas Aranzeta, José Luis      Anglet, Lapurdi
Turrillas Aranzeta, María José    Vitoria-Gasteiz, Araba
Turrillas Aranzeta, Cayetana      Donostia-SS, Gipuzkoa
Turrillas Aranzeta, Pablo            Deba, Gipuzkoa                pablo@kaioa.net
Turrillas Aranzeta, Inmaculada   Deba, Gipuzkoa
 
Turrillas González, Karlos           Deba, Gipuzkoa
Turrillas González,  Alex             Deba, Gipuzkoa
Turrillas Unhassobiscay, Jon      Anglet, Lapurdi
Turrillas Unhassobiscay, Ana     Anglet, Lapurdi
Turrillas Rodríguez, Malen         Deba, Gipuzkoa
Turrillas Rodríguez, Elene          Deba, Gipuzkoa

Echegaray Turrillas, Getari         Bilbao
Suinaga Turrillas, Patxi               Vitoria-Gasteiz
Suinaga Turrillas, Paul                Vitoria-Gasteiz
Abrahamsohn Turrillas, Irene      Donostia-San Sebastian
Calleja Turrillas, Paula                Deba, Gipuzkoa
Saa Turrillas, Lucia                     Deba, Gipuzkoa

RAMA DESCENDIENTE DE:  
Eugenio Turrillas Landa (Iruñea-Pamplona).
Carlos Turrillas Imirizaldu (Donostia-San Sebastián).
Casildo Turrillas Bordagaray  (Donostia-San Sebastián)
Apellidos y nombre                             Población                     Contacto
Turrillas Echegoyen, María José     Donostia-San Sebastián
Turrillas Echegoyen, Casildo           Donostia-S.S. (fallecido)
Turrillas Echegoyen, Tomás            Donostia-S.S. (fallecido)

Turrillas Ibañez, María José               Donostia-S.S.
Turrillas Ibañez, Carlos                              “
Turrillas Ibañez, Gloria                               “
Turrillas Las Heras, Arturo                         “
Turrillas Las Heras, Alberto                        “
Turrillas Las Heras, Eva                             “
Turrillas Las Heras, Tomás                  (fallecido)
Iturrizaga Turrillas, Agustín               Donostia-San Sebastián



RAMA DESCENDIENTE DE:
Eugenio Turrillas Landa (Iruñea-Pamplona)
Carlos Turrillas Imirizaldu (Donostia-San Sebastián).
Gregorio Turrillas Bordagaray (Donostia-San Sebastián, asentado en París. Tras ser hecho prisionero, murió fusilado en el cementerio de Cuenca junto a su hermano Carlos durante la última Guerra Civil. Se había alistado en París en las Brigadas Internacionales). 

Apellidos y nombre                            Población                        Contacto
Turrillas, Jacques                                      París
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viernes, 13 de julio de 2012

FRANCISCO TURRILLAS BORDAGARAY

De la redaccion a la trinchera , y al exilio

La idea de redactar este artículo tuvo su origen en Lekeitio. Por motivos profesionales me había reunido con alguien al que hasta entonces no conocía y con el que desde ese día, por afinidades de tipo cultural y humano, me considero amigo: José Luis de la Torre.

Me había presentado con mi nombre y apellido. Al no ser el “Turrillas” un apellido muy común en los Territorios Históricos Vascos, salvo en el navarro, de donde procede, motivó un breve comentario tanto sobre su origen como el de mi familia paterna.

Mis apellidos paternos, es decir, los heredados por vía Turrillas, son además de éste, Bordagaray, Imirizaldu y Ganboa. Todos ellos con más autentica denominación de origen navarra que el espárrago o el pimiento de piquillo. Buena prueba de ello es que la pequeña población de Turrillas, situada al pie de la carretera que conduce de Lumbier a Aoiz, se encuentra a muy pocos kilómetros de otra cuyo nombre cuelga de las ramas más altas del árbol genealógico de mi familia: Imirizaldu.



No habían transcurrido quince días desde mi entrevista en Lekeitio con José Luis de la Torre, cuando tuve la agradable sorpresa de su visita, esta vez en mi oficina, en Deba. Mientras estrechábamos nuestras manos saludándonos, su mano izquierda sujetaba un pequeño fajo de documentos fotocopiados hacia el cual se desviaron mis ojos. Mientras me miraba sonriendo, lo alargó diciéndome: ¡A ver si conoces esto!

Sin detenerme a leerlo, dí un rápido repaso visual a la primera hoja de aquel fajo, deteniéndome tan sólo en el encabezamiento y firma de ésta. Estaba fechada en Lisboa el 12 de Marzo de 1942, tres años después de finalizada la guerra civil española. Terminaba con la firma: Francisco Turrillas Bordagaray. Legación de México. Lisboa.
Junto a ésta, el sello registral de donde procedía el documento original: Fundación Sabino Arana. Kultur Elkargoa. Archivo del Nacionalismo.
Fue el mejor regalo que he tenido en mi vida, o al menos, uno de los más apreciados (en parte, porque soy un apasionado de la historia de Euskal Herria). Aquellas hojas eran un verdadero documento histórico sobre el exilio vasco. Por otra parte, se trataba de mi tío Paquito, nombre con el que era conocido entre sus más allegados. Desde muy niño siempre había sido el tío más admirado, porque además de ser escritor, algo que para mí representaba el sumun de las profesiones, era conocedor de sus gestas, antes, durante y después de la guerra civil.

Todavía recuerdo el día en que recibí una de sus cartas. Tenía yo dieciocho años y estaba a punto de ingresa en el Seminario de San Pablo, en Cuenca. No conservo aquella carta, pero recordaré hasta mi muerte el texto prácticamente íntegro de aquélla.

“Mi querido sobrino Alejandro: he recibido con alegría tu carta, pero al leerla me ha dado un vuelco el corazón y me ha producido una enorme tristeza.

Me dices que vas a Cuenca, a cursar estudios en el seminario. No sé si sabrás que allí, junto a las tapias del cementerio, fueron fusilados abrazados dos tíos tuyos, hermanos míos y de tu padre. Uno de ellos dejó a su familia en París, donde vivía, alistándose en las Brigadas Internacionales. Ambos lo hicieron para defender a su patria y a los ideales que creyeron justos. Sólo te pido que te acerques hasta aquel lugar para rezar una oración por ellos.”...

Hijo de Carlos Turrillas Imirizaldu, un donostiarra de origen navarro, y de María Bordagaray Ganboa, la historia de Paquito Turrillas comienza en Donostia, en su barrio más auténtico y en la más auténtica de sus calles: la calle 31 de Agosto.

Huérfano de madre desde muy niño, su carácter inquieto, abierto, y con mucho nervio, hizo que, tras sus primeros estudios, ingresase muy joven en la plantilla del entonces conocido periódico donostiarra: “La Voz de Guipúzcoa”. Tras la entrada de las tropas fascistas en la capital guipuzcoana, incautado este periódico, cambiaría su nombre por el de “La Voz de España”.

Rueda de prensa del famoso boxeador de la categoría de los “pesos-pesados” Isidoro Gaztañaga. La fotografía, deteriorada por el paso del tiempo, corresponde al diario “La Voz de Guipúzcoa”, antes de la guerra civil. Sentado junto a éste, a la derecha de la imagen, el redactor deportivo Francisco Turrillas. Llama la atención el que prácticamente todos los asistentes, incluido Turrillas, por aquel entonces también boxeador, están fumando unos hermosos cigarros puros y consumiendo sendas cervezas.

Fue allí, años antes de la guerra, donde comenzó a forjarse como periodista, profesión que ejercería hasta su muerte. Su gran afición por el boxeo y la cesta punta hizo que, como redactor deportivo, además de sus habituales crónicas, se encargase también de cubrir las concernientes al mundo del ring y de la pelota. Muy grande debió ser su afición al boxeo, ya que además de ejercer como periodista, practicó este deporte, llegando en cierta ocasión a la final del campeonato de Gipuzkoa de aficionados en la categoría de pesos gallos.

Declarada la guerra civil, desde el primer momento se encuadró en las filas del “Euzko Indarra”, un batallón compuesto por jóvenes gudaris de “Acción Nacionalista Vasca”, partido de carácter nacionalista y laico que, en cierto modo, representaba el ala izquierda del abertzalismo de la época.

Con este batallón, al mando del comandante Ramón Laniella, además de luchar en Euskadi, marcharía al frente de Asturias. Años más tarde, con el sentimiento aún sangrante, recordaría aquellas amargas fechas en uno de sus artículos:

“Escarbando en la memoria, sí tengo grabada una, muy señalada, que no fue en tierra de vascos precisamente: cuando grité con el alma y el corazón, espontáneamente, con todas las fibras de mi ser, un ¡¡Gora Euzkadi!! que fue la más grande expansión de mi vida.

Ocurrió el suceso a orillas del Nalón, en Asturias. Exactamente, en un pueblo llamado Areces y en una atroz degollina, una orgía de sangre.

¿Te acuerdas Laniella? -cuando se trajeron los moros con nosotros y donde, pudriéndose como vil materia, quedaron al sol y a la luna cientos de gudaris, compañeros míos todos, vascos todos...”.

Francisco Turrillas, al poco tiempo de su llegada a Méjico. Posiblemente, la fotografía
corresponda al año en que éste, siguiendo instrucciones del Gobierno
Vasco en el exilio, puso en marcha la edición del diario “Euzko Deya”, del cual
sería el primer director.

Tras su regreso del frente asturiano continuó con su labor periodística, pero ya como redactor del diario de A.N.V. “Tierra Vasca”, del cual era director José Olivares, “Tellagorri”. Su labor en la redacción de este diario la compaginaba con el de corresponsal de guerra, a veces en primera línea de fuego, otras desde el aire, como cuando con el famoso aviador José Rivera, piloto del legendario “El Abuelo”, sobrevolaba las líneas del frente escudriñando los movimientos de las tropas enemigas.

En uno de sus artículos, dedicado a José Olivares “Tellagorri”, a quien siempre llamó “mi gran maestro”, Turrillas narraba un curioso hecho acaecido durante la época en la que desarrollaba su labor como corresponsal de guerra.

Acababa de llegar del frente y todavía sucio y embarrado, se dirigió a la redacción del diario Tierra Vasca, periódico editado en Bilbao y dirigido por “Tellagorri”, un hombre culto, de ademanes pausados y con un especial sentido del humor, siempre cargado de sorna.

Debido a su diferencia de edad con Turrillas, el director, que veía en éste al joven reportero inquieto y lanzado, le preguntó con toda la socarronería del mundo: ¿Y vosotros, además de comer buenas garbanzadas y de beber el sabroso “saltaparapetos”, qué es lo que hacéis en el frente?. A lo que el donostiarra, rápido, con desparpajo y con la misma ironía respondió: matar requetés, para que otros no pasen apuros en la retaguardia.

Tras la caída de Bilbao regresaría al “Euzko Indarra“, donde lucharía con el rango de teniente, hasta el famoso pacto o rendición de las tropas vascas al ejército italiano.

Debido a su interés, no quiero pasar por alto una interesante anécdota sucedida durante aquellas nefastas fechas. Una anécdota que, ahora fallecidos ya todos quienes la vivieron, me atrevo a comentar. La fuente proviene de mi propio padre, uno de los protagonistas de ésta, y hermano menor de Paquito.

Había caído Bilbao y el avance fascista era ya imparable. A mi padre, José Turrillas, el “Alzamiento” del 18 de Julio de 1936 le había cogido a bordo del crucero “Libertad” con base en el Ferrol, donde prestaba el servicio militar.

Ante el posicionamiento favorable de los jefes de la base hacia los sublevados, la tripulación amotinada del citado crucero se hizo a la mar, tomando el gobierno de éste y pasando por las armas a toda la oficialidad. Este hecho supuso para mi padre un verdadero trauma, debido a sus profundas creencias religiosas.

Aquella religiosidad motivó que cierto día, el suboficial que había tomado el mando del crucero, le pusiese una pistola en la cabeza diciéndole: "¡Txo!, tú también hueles a cirio". Buen olfato debía tener el anticlerical marino, pues mi padre acababa de salir del seminario de Vitoria.

Sin detenerme en demasiados detalles, sí quiero comentar que este buque fue uno de los que participó en la sonada e inútil expedición de la armada republicana hacia aguas de Gipuzkoa. Curiosamente, lo más sobresaliente de aquella expedición al Norte fue situarse a 3 millas frente a Deba, el 28 de Septiembre de 1936, y lanzar una serie de andanadas de grueso calibre, al parecer, con la intención de derribar el puente sobre el río Deba y hostigar así el avance de las tropas franquistas. Ninguno de los proyectiles hizo blanco, y la operación fracasó.

Al poco de aquella inútil expedición, mi padre fue destinado como amanuense al submarino C-4 . Al mando de la nave se encontraba otro guipuzcoano: Jesús Lasheras.

Es aquí donde retomo el hilo de la anécdota a la que me refería.

En plena retirada, coincidió que el submarino C-4 atracó en el puerto de Santander para reparar una serie de averías producidas por las cargas de profundidad lanzadas desde una nave franquista, y que a punto estuvieron de hacer naufragar al submarino.

Su comandante, Jesús Lasheras, un hombre al que nada entusiasmaba la causa republicana, viendo la caótica situación, había tomado la decisión personal de abandonarlo todo y largarse a Francia con la nave. El pretexto: realizar una profunda reparación de los daños. La realidad: una deserción en toda regla.

Conociendo que su hermano Paquito se hallaba en primera línea del frente, por la zona de Colindres, José Turrillas pidió permiso al comandante para visitar a éste y, al mismo tiempo, intentar convencerle de que aceptase su evacuación a Francia, a bordo del submarino.

Concedido el permiso, metió en su petate un queso de bola, varias latas de leche condensada y algo de tabaco, dirigiéndose al frente en busca de su hermano.

Tras los pertinentes fraternales abrazos, José intentó convencerle de la inutilidad de la resistencia, informándole de las masivas evacuaciones a Francia e Inglaterra. La respuesta fue tajante: él no abandonaba. Su responsabilidad como teniente del “Euzko Indarra” le obligaba a quedarse para correr la misma suerte que sus compañeros.

Y así sucedió, ya que al poco tiempo, tras el desgraciado “Pacto de Santoña” firmado con los mandos militares italianos, en el que se garantizaba la vida de todos los gudaris vascos sin distinción de rango, Paquito fue hecho prisionero y recluido en la prisión de El Dueso (Santoña).

En fechas anteriores recientes, según referencias orales, éste fue uno de los oficiales que participaron en las negociaciones con el Alto Mando Italiano para establecer el calendario y las modalidades de rendición. Por parte vasca, la operación estaba dirigida por el conocido dirigente del Partido Nacionalista Vasco, Juan Ajuriaguerra, con el que siempre le unió una gran amistad.

Al poco tiempo de su ingreso en El Dueso, Francisco Turrillas fue juzgado, y como tantos miles de vascos, condenado a muerte.

En espera de ser ejecutado transcurrieron 26 largos meses, un tiempo en el que tuvo la suerte de ser requerido para dar clases de inglés y taquigrafía a varios oficiales franquistas del centro penitenciario. Fue precisamente este hecho el que salvó su vida, pues cierto día, un alférez le transmitió en secreto una información de vital trascendencia: “Paco, mañana te toca a tí”.

Pero la desesperación de quien está en capilla, viendo cómo día a día se suceden las sumarias ejecuciones, había hecho que Paquito, junto a dos compañeros, tuviese preparado un plan de fuga, una locura suicida casi imposible de ser llevada a cabo.

O ahora o nunca, se dijeron. Y así, pocas horas antes de su ejecución, durante una noche de intensa lluvia, lograron materializar su plan tras saltar muros y alambradas.

Aquella fuga era tan sólo el primer capítulo de una larga aventura que acababa de comenzar. Perseguidos, cansados, hambrientos y enfermos, Paquito y sus dos compañeros sacaron fuerzas de donde no había para llegar, siempre a pie y por el monte, desde Santoña a Iparralde(País Vasco en territorio francés).

Pero cuando pensaban que su tortura había acabado, fueron detenidos por la gendarmería francesa, que automáticamente los llevó hasta el puente de Behobia para entregarlos a las autoridades españolas, lo que significaba su inmediato fusilamiento.

Tras suplicar una y mil veces no ser entregados, la gendarmería, como queriendo darles una oportunidad entre un millón, desistió en la entrega, permitiéndoles lanzarse al agua y cruzar a nado el Bidasoa.

Desgraciadamente, los dos compañeros de Paquito no pudieron conseguirlo. Tiroteados por la guardia fronteriza, sus vidas acabaron de forma tan ingrata como injusta. Él, de momento, se había salvado, pero su persecución continuaba.

De nuevo huyendo, siempre con la muerte en los talones, consiguió llegar hasta Donostia, donde fue escondido por unos amigos durante 22 largos meses. Ni qué decir que durante ese tiempo, uno de los reclamos publicitarios, tanto en prensa como en radio, fue el de:

SE BUSCA, Francisco Turrillas, vivo o muerto.

No queriendo comprometer a quienes le escondían, abandonó su escondite, consiguiendo llegar a Madrid, y desde allí a Lisboa, donde sus penalidades continuaron, al mismo tiempo que se acrecentaba su desesperación.
Después de su larga y penosa estancia en Lisboa, tras realizar mil peticiones y gestiones a través de la Delegación mejicana en Portugal y de la Delegación del Gobierno Vasco en Londres, consigue llegar a Méjico.
Fiel reflejo de ello es la carta que desde allí envía a la Delegación del Gobierno de Euzkadi en Londres, cuyo texto íntegro, debido a su interés, se reproduce a continuación.
Carta enviada por Francisco Turrillas desde Lisboa a la “Delegación del Gobierno de Euzkadi” en Londres. El original se conserva en el Archivo del Nacionalismo (Fundación Sabino Arana).
A continuación, transcripción mecanografiada de la misma.









































































Después de su larga y penosa estancia en Lisboa, tras realizar mil peticiones y gestiones a través de la Delegación mejicana en Portugal y de la Delegación del Gobierno Vasco en Londres, consigue llegar a Méjico. 

Lo primero que hace al llegar es cumplir la promesa hecha en Lisboa: acudir, caminando de rodillas, a dar las gracias a la Virgen de Guadalupe.

Como buen vasco cumplió su palabra, y al salir del templo, sucedió algo digno de ser narrado.

Tras cumplir su voto, vio que en el exterior del templo había un fotógrafo cuyo argumento de venta era fotografiar al personal sobre un caballo. Por supuesto, al auténtico estilo mejicano: con gorro, bigotes, cartucheras cruzadas y dos pistolas. No se lo pensó dos veces y subido encima del caballo, se fotografió como si de Pancho Villa se tratara, solicitando tres copias de la instantánea. La primera se la envió “dedicada” al jefe de la prisión de El Dueso, de donde había escapado. Las dos restantes las envió a su familia y a un amigo de toda la vida.

Asentado ya en tierras mejicanas, en 1943 el Gobierno Vasco en el exilio le encomienda la publicación del periódico “Euzko Deya”, que ese año saldría de máquina con una periodicidad quincenal y del que en su edición mejicana sería el primer director. Uno de los colaboradores más habituales de este periódico fue el navarro Manuel de Irujo, el cual, regularmente, le enviaba sus crónicas desde Londres, y con el que Turrillas a veces tuvo sus desavenencias periodístico-políticas, pues según éste, a los dos les salía la vena navarra. No obstante, como puede leerse en la correspondencia mantenida entre ellos, sus cartas comenzaban con el “Estimado compatriota y amigo”.

En 1945, Turrillas crea la revista quincenal “Cancha”, una publicación sobre el mundo de la pelota, su gran afición, colaborando también con numerosos periódicos y revistas de la época.

Su círculo de amistades estaba formado por vascos también exiliados, entre los que por citar algunos nombres, se encontraban Isidro Langara, el gran futbolista de la Selección Nacional de Euzkadi, o el famoso puntista ondarrutarra Guillermo Amuchastegui. A pesar de ello, siempre hubo sitio en la “cuadrilla” para mejicanos como el famoso compositor Agustín Lara, autor de obras tan conocidas como “Granada”, “Piensa en mí” o el mismísimo chotis “Madrid, Madrid, Madrid”.

Con mucha gracia, Turrillas contaba, cómo cierto día, Lara le llamó a casa diciéndole:
- Paco: estoy componiendo algo diferente, y quiero que vengáis para ver qué os parece y darle carpetazo.
- ¿Y qué es?, preguntó Turrillas.
- Es un chotis al que voy a titular “Madrid, Madrid, Madrid”.
- Agustín, déjate de milongas, que nosotros somos vascos y no nos atrae mucho el tema, replicó Turrillas.

La imagen corresponde probablemente al año 1948. A la izquierda de la fotografía, el compositor mejicano Agustín Lara; en el centro, sentado al piano,
el pelotari Guillermo Amuchastegui; a la derecha, FranciscoTurrillas.
Ante la insistencia de Lara, allí se presentó la cuadrilla, según Turrillas porque en casa de Agustín siempre había buenos wiskys. El caso es que el singular preestreno acabó como el rosario de la aurora; es decir, con una buena rociada de los más selectos brebajes escoceses y con cánticos hasta altas horas de la madrugada.

Muchos años después, muerto ya Lara, Turrillas realizaría su único y último viaje desde Méjico a su querida Donostia. Pasó por Madrid, donde permaneció uno o dos días. Y como queriendo visitar a un viejo amigo, se dirigió al monumento que el pueblo de Madrid había levantado al compositor. Situado frente a éste, alzó la voz, y sin ningún complejo gritó: ¡Agustín! ¡Ya estoy aquí. Por fin he vuelto!

Lógicamente, los transeúntes le miraron pensando que se trataba de un demente.

Durante su vida mejicana, además de desarrollar una intensa actividad periodística, en la que también colaboró con el periódico “Tierra Vasca - Euzko Lurra”, editado en Buenos Aires, Francisco Turrillas publicó varios libros: “Neuk”, “Sirimiri”, “La pelota es redonda” o “Sobre el mismo lodo”, son recordados todavía.

En este último plasmó su propia autobiografía, narrando sus vivencias durante la guerra civil y su fuga de la prisión de El Dueso, hasta llegar a Méjico.

Fue tal el éxito de esta publicación en aquellos momentos, que hasta una importante productora cinematográfica norteamericana quiso hacerse con los derechos, para realizar un largometraje sobre su vida.

Y es que la vida de Francisco Turrillas superó con creces a la mejor película de acción, con capítulos tan interesantes como el que en una reunión entre amigos se comentaba:

- Cuéntales Paco, cuéntales la novia que tuviste durante varios años.

Paquito siempre se hacia el remolón como queriendo ocultar lo que pertenecía a su vida privada. Y es que al parecer, Turrillas, solterón empedernido, tuvo durante varios años un amor secreto o casi secreto. Se trataba de la mismísima secretaria personal del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Como puede desprenderse de sus cartas, con el transcurso de los años, su edad, sus negras experiencias y su genético inconformismo hicieron que el carácter de éste se rebelase contra todo sistema establecido, aislándose y rompiendo muchos vínculos, dejando incluso de frecuentar el Centro Vasco; según él, porque por allí rondaban demasiados tiburones.

Pocos años antes de su muerte, sucedió que Manuel de Irujo realizó un viaje a Méjico, acudiendo al Centro Vasco. Algo muy grave debió ocurrir años antes entre el dirigente nacionalista, exministro de la República, y Fco. Turrillas, pues ambos habían dejado de hablarse.

Fco. Turrillas en Donostia. Fue el único viaje que realizó a lo largo de su prolongado exilio.

Informado Irujo de que Turrillas se encontraba allí, se dirigió a él para saludarle, no siendo correspondido. Ante el desprecio del donostiarra, Irujo insistió, rogándole que olvidase viejos asuntos, pues por la edad de ambos, probablemente, aquélla sería la última vez que se viesen.


Al final, pudo el sentimiento. Y los dos, ante el aplauso general de los asistentes, se fundieron en un fuerte abrazo llorando como niños.

Durante su prolongado exilio, Turrillas realizó tan sólo, un viaje a su amada Euskal Herria. Fue poco antes de morir. El tiempo que estuvo aquí se quedó corto debido a los numerosos homenajes realizados por sus amigos de siempre. Entre ellos se encontraba el ya mermado grupo de boxeadores donostiarras de su juventud. Uno de ellos, el recordado Paco Bueno.

La vida de Turrillas, a quien Miguel Pelay Orozco definiría como “periodista de pluma muy suelta y galana”, acabó en Méjico. Rodeado tan sólo por un puñado de incondicionales y verdaderos amigos.

En su entierro no se escucharon los sones de “México Lindo” ni del “Eusko Gudariak”. Tan sólo el silencio acompañó al viejo exiliado.

Durante su vida, hubo dos momentos que utilizó periodísticamente la frase de un salmo bíblico que, como epitafio, quedó grabada en la tumba del obispo San Antonio María de Claret y que también podría haberse utilizado en la suya. Una, le sirvió como titular de un artículo publicado en los años 60 en el “Tierra Vasca”. La otra, la utilizó como introito en su libro “Sobre el mismo lodo“:

Amé la justicia y aborrecí la iniquidad,
“por eso muero en el destierro”.
 

Artículo publicado en la revista DEBA, ejemplar del Invierno 2005.