viernes, 20 de julio de 2012

DON MANUEL CALDERÓN LÓPEZ-BAGO

DON MANUEL CALERÓN LÓPEZ-BAGO

EL HONOR DE  UN GRAN MARINO DEBARRA

Hay ocasiones, cada vez más raras, en las que cuando uno descubre a personajes de la talla de Don Manuel Calderón López-Bago, tiene la impresión de que, por desgracia, se va extinguiendo una raza muy especial: la de los “Hombres de Honor”, la de los “Hombres Buenos”.

La imagen, llena de significado, corresponde al año 1975, cuatro años antes de su muerte. A la izquierda, el ya jubilado capitán de navío Manuel Calderón junto al getariarra Pedro De la Hoz, uno de los marineros del bou Nabarra al que Calderón salvó del pelotón de fusilamiento.
Hacía tiempo  que seguía la pista de nuestro personaje. Lo hacia desde que interesado en los acontecimientos de la batalla naval de Matxitxako, quedé sorprendido por la existencia y hechos del que fuera comandante de tiro y tercer comandante del crucero "Canarias". En la variada documentación y testimonios sobre la citada batalla, cuando se mencionaba a Manuel Calderón siempre se apostillaba que era de Deba.

Había además otro dato que para mí, como debarra, añadía a la gesta de Matxitxako una dosis de especial interés: la muerte heroica, a bordo del bou "Nabarra", de dos jóvenes debarras: Modesto Aspiazu Esnaola y Juan Odriozola Basurto, ambos pertenecientes a la Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi. El hecho de que aquellos jóvenes se hubiesen ido al fondo del mar como consecuencia del mortífero fuego del crucero franquista cuyo comandante de tiro era precisamente otro debarra, tenia para mi un especial significado. Ello motivó el que me lanzase a buscar y rebuscar datos que avalasen el nacimiento en Deba de aquel gran hombre.

Intrigado por no haber escuchado jamás en nuestro pueblo, mención alguna sobre la existencia de Don Manuel Calderón, decidí comprobar si  realmente había nacido en Deba. Para ello recurrí, vía Google, al Archivo Histórico Diocesano de Donostia donde pude comprobar el Extracto de su Partida de Bautismo. Los datos corroboraban la información: Calderón era debarra.

 ¿Quien fue Manuel Calderon Lopez-Bago?

Manuel, Amado, María, Arcadio, de la Santísima Trinidad, nombres con los que fue bautizado, era hijo de Arcadio Calderón Abril, por entonces, al parecer, coronel del Real Cuerpo de Alabarderos, y de María del Pilar López-Bago  Bacena.

La fecha de su partida bautismal en la iglesia de Santa María de la Asunción de Deba -21 de septiembre de 1899- induce a pensar que los Calderón eran una de las numerosas familias que pasaban el entonces largo periodo vacacional en nuestra localidad.

Aunque su nacimiento en Deba fuera quizás fortuito, a lo largo de su vida Manuel Calderón demostró con sus hechos el gran amor que sentía por la tierra que le vio nacer.

Siguiendo la tradición militar familiar, Manuel Calderón ingresó en la Academia de la Armada. Al parecer, uno de sus hermano, Antonio, fue capitán de infantería, falleciendo en campaña mientras realizaba una misión como observador aéreo el año 1926, durante la guerra de Marruecos. Un segundo hermano, Santiago, fue también oficial del cuerpo de caballería.  Por los datos que he podido conseguir sobre sus tres hermanas, al menos una de ellas, María del Rosario, también estuvo casada con un militar de carrera.

La vida profesional de Calderón, un verdadero humanista dentro del estamento militar, estuvo marcada y ha pasado a la historia como ejemplo de honor y caballerosidad, siendo muestra de cómo el buen trato para con el adversario vencido debe estar por encima de las opiniones políticas o del bando en el que se combate. Y es que Calderón, cumpliendo siempre con sus obligaciones militares, supo ver que sus adversarios eran ante todo personas, valorando sus virtudes, y como tal las trató y se desvivió por ellos.


Al inicio de la Guerra Civil  (1936-1939), Calderón sirvió como comandante del destructor “Velasco” siendo posteriormente destinado al crucero “Canarias” como comandante de tiro. Más tarde, en el Cuartel General de Burgos, desempeñaría el cargo de Ayudante Naval de Franco. Fue precisamente la confianza y el respeto que el dictador tenía por él, lo que posibilitó que Calderón pudiese ayudar a cientos de vascos, salvando a muchos de ellos de los pelotones de fusilamiento. La heroica y humanitaria labor de Calderón no terminó con la guerra civil, ya que durante la posguerra, como veremos luego, se dedicó a recorrer los puertos de la costa vascofrancesa buscando a aquellos arrantzales que habían escapado durante la guerra y a los que, con el aval de su cargo y el visto bueno del “Generalísimo”, convenció para volver a sus pueblos, evitando la ruptura y la desgracia de muchas familias.

Su comportamiento recuerda en cierto modo al del conocido industrial alemán, miembro del partido nazi, Oskar Schindler, quien salvó la vida de numerosos judíos polacos, y que fue inmortalizado en la conocida película de Steven Spielberg “La lista de Schindler”.

 Tras toda una vida dedicado a su profesión, Manuel Calderón falleció el 5 de octubre de 1979 en el Sanatorio de la Marina de la localidad madrileña de Los Molinos. Por el texto de su esquela (“sobrinos y demás familia”) podemos intuir que no tuvo hijos y que probablemente murió soltero.  

Nada mejor que conocer algunos de sus hechos para darnos cuenta de la personalidad de un hombre al que, tras la guerra, gustaba reunirse y disfrutar junto a sus antiguos adversarios.

CALDERÓN EN Y TRAS LA BATALLA DE MATXITXAKO


Destructor “Velasco” . Su comandante, al comienzo de la Guerra Civil, era el entonces Capitán de Corbeta Manuel Calderón López-Bago. 


Ya antes de la batalla de Matxitxako, Manuel Calderón, por entonces comandante del destructor “Velasco”, había demostrado su grandeza humana. Sucedió el 26 de agosto de 1936. El buque mercante “Constan”, perteneciente a la Naviera Amaya, navegaba desde Bilbao a Gijón. Curiosamente, el presidente de dicha naviera era Constantino Zabala Arrigorriaga, suegro del lehendakari José Antonio Aguirre. A la altura de la localidad cántabra de Liendo el “Constan” fue detenido por el acorazado “España” y el destructor “Velasco”, siendo obligado a proseguir hasta la base naval de El Ferrol. Se encontraban a la altura de Luarca, cuando el “Velasco” fue atacado por la aviación republicana. La crítica situación y  la poca velocidad del mercante vasco motivaron que el comandante del destructor optase por cañonearlo y hundirlo. La tripulación del “Constan” fue recogida por el “Velasco” y llevada hasta El Ferrol donde lo normal en aquellos momentos era que fuese pasada por las armas. Nadie supo cómo lo hizo, pero el caso es que Calderón consiguió algo insólito: todos sus tripulantes fueron devueltos a Bilbao a través del frente de Vitoria.

Pero los hechos mas relevantes  de nuestro personaje tuvieron lugar tras la batalla de Matxitxako, acaecida el cinco de marzo de 1937.
Todo comenzó cuando el 4 de marzo de 1937 cuatro bous de la Marina de GuerraAuxiliar de Euzkadi: el “Gipuzkoa” el “Nabarra”, el “Donostia” y el “Bizkaya”, recibieron la orden de hacerse a la mar para escoltar durante la noche al buque mercante “Galdames” . El mercante se encontraba en ese momento en el puerto de Baiona, listo para partir hacia Bilbao con cerca de 200 pasajeros, cinco toneladas de moneda fraccionaria del Gobierno de Euzkadi y carga general. La salida de Baiona tuvo lugar a primeras horas de la noche del día 4 de marzo. Poco después, el Galdames se reunía con los cuatro bous de escolta. 


La fotografía fechada en febrero de 1937, pocos días antes de la batalla de Matxitxako, muestra la cubierta del bou Gipúzkoa en el momento de la izada de la ikurriña, mientras la guardia rinde honores. A los pocos día estos hombres se enfrentarían al crucero Canarias y cinco de ellos perecerían en el combate.
 
A la par que el convoy vasco iniciaba su singladura, el crucero “Canarias” daba  también inicio a una misión muy especial: capturar al buque “Mar Cantábrico”, un mercante cuyas bodegas, además de varios aviones desmontados, encerraban gran cantidad de armamento para la Republica. El mercante,  procedente de los puertos de Nueva York y Veracruz, tenia como destino el puerto de Santander. Nadie imaginaba entonces, que en pocas horas, tras el encuentro fortuito del convoy vasco con la nave franquista, iba a tener lugar una de las batallas navales más encarnizadas de la historia y Calderón, como comandante de Tiro del crucero “Canarias”, seria uno de sus protagonistas. 

Al poco tiempo de la partida del convoy, la mala mar y la poca velocidad del Galdames (apenas 4 nudos), hicieron que este derivase hacia el norte junto a los bous situados a su estribor: el Nabarra y el Donostia. Por el contrario los dos restantes, el Gipuzkoa y el Bizkaya, siguieron el rumbo marcado inicialmente, perdiendo contacto con las otras naves. Hay que tener en cuenta que cualquier tipo de comunicación entre ellos fue imposible debido a la ausencia de luces y silencio de radio impuesto por motivos de seguridad.

A la mañana del día 5, el bou "Gipuzkoa" se encontraba a la altura de Santoña rastreando la zona en busca del resto del convoy sin conseguir su objetivo. El "Bizkaya" hacia lo mismo pero en dirección contraria, es decir desandando el camino.

Cuando el "Gipuzkoa" se dirigía a Bilbao fue avistado por el "Canarias" que abrió fuego contra él destrozando su cañón de popa y el puente, y ocasionándole cinco muertos y numerosos heridos. A pesar del incendio producido a bordo, el bou  respondió valientemente al fuego con su cañón de proa consiguiendo alcanzar al "Canarias" y produciéndole un muerto y un herido. Por fin, el "Gipuzkoa" pudo arribar a Portugalete gracias a las salvas lanzadas contra el crucero por las baterías de Punta Galea y Punta Lucero.

El crucero “Canarias” era en aquella época, la unidad naval española más moderna y potente. Tenía una eslora de 193,84 m. y podía alcanzar la vertiginosa velocidad de 33 nudos.
Contaba con ocho cañones de 203 mm., ocho cañones de 120/45, ocho ametralladoras de 40/70 y doce tubos lanzatorpedos.

Mientras el "Canarias" estaba enzarzado con el "Gipuzkoa", el bou "Bizkaya" había finalizado su  búsqueda y cuando se dirigía a Bilbao se topó inesperadamente con el mercante estonio "Yorkbrook" que poco antes del combate había sido apresado por el "Canarias", pues transportaba un cargamento de armas para la República. Después de arrebatar la valiosa presa al crucero franquista, el "Bizkaya" se dirigió con ella al puerto de Bermeo donde la carga fue desembarcada.

Tras el frustrado hundimiento del "Gipuzkoa" y la perdida del "Yorkbrook", el "Canarias" se alejó de la costa y al poco divisó al resto del convoy al que ahora se habían unido dos pesqueros, el "Pantzeska" y el "Joseba Mikel". El "Canarias" abrió fuego y los bous se aprestaron a la lucha para defender al "Galdames" que al intentar escapar fue alcanzado por una de las salvas del crucero, muriendo nueve personas, entre ellas una mujer y tres niños. El mercante no tuvo más opción que rendirse. 
Los cañones del "Canarias" atacaron al "Donostia" y posteriormente al "Nabarra" cuyo capitán Enrique Moreno Plaza, a pesar de la abrumadora inferioridad de su nave, decidió presentar batalla antes que rendirse.

Durante más de dos horas el bou vasco combatió valientemente hasta ser hundido por la entonces mayor y más moderna unidad naval española.  Para hacernos una idea de la dureza y crueldad del combate creo interesante ilustrarla con algunos párrafos genialmente narrados por José María de Gamboa en su obra “El Combate de Cabo Matxitxako (5-3-1937)

“El singular duelo entre el crucero y el bou entra en su segunda hora. Cada tres minutos retumban broncamente una de las dos piezas de 101 del bacaladero. La situación y acción en el "Nabarra" alcanzan verdaderos paroxismos de violencia. La tripulación y artilleros, en un estado de excitación colectiva, cargan, apuntan, disparan, maniobran... y mueren. La metralla lo acribilla todo. El palo mayor cae. La chimenea, alcanzada varías veces, está destrozada e inclina a estribor.
La pieza de proa tiene dificultades y se bloquea, aunque los artilleros ponen jaboncillo para introducir los proyectiles; hay que esperar varios minutos entre disparos, hasta que se enfríe la recámara y cerrojo”…

“ En pleno combate, bajo la lluvia de metralla, los artilleros y marineros llevan los proyectiles en cajas de proa a popa, fumando sendos cigarros y mirando dónde ponen los pies para evitar hierros torcidos, agujeros y muertos o heridos que yacen en cubierta.
En este universo de metralla, fuego y muerte aparece de vez en cuando Sarasola, animando, empujando y ayudando. Igualmente, cual trágico ángel de misericordia, Sarasola da tiros de gracia a varios mutilados agonizantes que así lo piden. El cañón de popa sigue disparando. Después de una explosión defectuosa el cerrojo de la pieza se abre brutalmente y alcanza de pleno la cara del cabo artillero, quien se desploma con la frente, boca y nariz aplastadas. Sus compañeros empujan su cuerpo a un rincón de la plataforma de tiro y vuelven a servir la pieza como locos enfurecidos.”…

 “Se acerca el fin. Un proyectil del crucero atraviesa cubierta superior, inferior, y estalla en el tubo de alimentación de las calderas y máquina del "Nabarra". En la tremenda explosión interna perecen casi todos los maquinistas, fogoneros y paleros”… 

El bou “Nabarra” , anteriormente llamado “Vendaval” era un bacaladero de vapor y casco de acero. Antes de su incautación por el Gobierno de Euzkadi el 30-10-36, pertenecía a la empresa pasaitarra PYSBE. Su eslora era de 65,40 m. pudiendo alcanzar una velocidad de 11 nudos. Durante la batalla de Matxitxako su armamento estaba compuesto por dos cañones Vickers de 101` 6/50 mm. (uno a proa y otro a popa) ; dos ametralladoras Steyr de 8 mm. y un fusil ametrallador Hotchkiss de 9 mm.
 
           “Aunque el bou va perdiendo lentamente velocidad, la pieza de popa sigue disparando después de la terrible explosión. Moreno y Sarasola comprenden que en breve el "Nabarra" quedará sin maniobra. Estos dos hombres enérgicos y decididos están determinados a que ni ellos ni el "Nabarra" caigan en manos enemigas”…

“Moreno, Sarasola, los oficiales y tripulantes habían sabido siempre que el bou "Nabarra" nunca se rendiría. La idea, compartida por todos, era muy simple: si el bou encontraba un adversario inferior, lo hundía o llevaba a Bilbao; si encontraba un adversario superior, perecería, pero jamás sufriría la humillación de captura. Por eso está todo claro y todos de acuerdo”…

Y efectivamente así sucedió, pues tanto el comandante Enrique Moreno Plaza (30 años), como el primer oficial Ambrosio Sarasola Landa (27 años) prefirieron irse al fondo del mar antes que rendirse y entregar su nave al enemigo. Junto a ellos y otros muchos más, se fueron dos marineros debarras muertos durante el combate, el artillero  Modesto Aspiazu Esnaola, de 23 años, y el fogonero Juan Odriozola Basurto, de 25 años. La lectura de estos párrafos nos da una idea de la dureza del combate en el que fallecieron 29 tripulantes del Bou Nabarra , 5 tripulantes del bou Gipúzkoa , 1 del crucero Canarias y 9 del mercante Galdames.

        Tripulantes del bou "Bizkaya" en el entrepuente, año1937.
Tanto Calderón como el comandante del "Canarias", Salvador Moreno ( los comandantes del "Nabarra" y del "Canarias" se apellidaban Moreno) quedaron impresionados por la osadía y valentía que mostraron los tripulantes del bou vasco durante el combate. Los veinte supervivientes del "Nabarra" fueron recogidos por el "Canarias" recibiendo un trato absolutamente correcto, en algunos momentos incluso amistoso, gracias a Calderón que conocía a alguno de los marineros del "Nabarra".


Años más tarde éste comentaría:”No he conocido hombres más valientes que aquellos. El bou ardía por los cuatro costados. Parecía que no podía quedar nadie vivo a bordo, pero cuando nos acercábamos para el remate nos soltaban otro cañonazo”.


Tras ser llevados a Pasajes, los supervivientes del Nabarra fueron  internados en la cárcel donostiarra de Ondarreta donde fueron juzgados y condenados a muerte. Mientras permanecían en capilla en espera de su ejecución, el destino hizo que Calderón fuese nombrado ayudante naval de Franco en Burgos. Sobra decir que sus gestiones ante el dictador fueron arduas y tenaces hasta tal punto que el Generalísimo le preguntó: “Calderón: ¿ por qué se interesa tanto por estos hombres?”, a lo que el marino debarra respondió: “Mi general, no se puede fusilar a unos valientes como estos”.
Al parecer, a pesar de la implacable dureza del dictador éste debía ser muy sensible, incluso propenso a la emoción ante hechos y narraciones referentes al valor en la lucha o al honor del guerrero.

Cierto día, Calderón recibió una llamada de Franco: "Calderón, sobre el asunto de esos vascos del "Nabarra", vaya a San Sebastián y sáquelos de la cárcel. Quedan libres. Después les invita usted a comer chipirones, por su cuenta, naturalmente. Quiero que luego sea usted su vicecónsul, para que una vez en libertad no les molesten con papeleos, expedientes, etc."

Así lo hizo, pues el 30 de noviembre de 1938, tras sacarlos de la prisión de Ondarreta se fue con algunos de ellos a tomar unos txikitos a la Parte Vieja donostiarra y desde allí a Hondarribia, donde dieron cuenta de unos buenos txipirones, naturalmente pagados por él.

Juan Odriozola Basurto,Fogonero del bou "Nabarra", muerto en combate durante la batalla de Matxitxako, a la edad de 25 años.

Modesto Aspiazu Esnaola,artillero del bou "Nabarra", muerto en combate durante la batalla de Matxitxako, a la edad de 23 años.Además de estos dos jóvenes lallecldos, hubo olros dos miembros de la Armada de Guerra Auxiliar de Euzkadi, naturales de Deba: Javier Andonegui Beristain "Muxu", y su hermano Luciano. El primero, estuvo destinado en los dragaminas D-10 y D-5, el segundo, en el D-3.


La humanitaria labor de Manuel Calderón no terminó con la guerra pues finalizada ésta, como si de un misionero se tratara, se dedicó a recorrer los puertos atlánticos franceses para convencer de su vuelta a casa a los arrantzales exiliados; claro está con todas las garantías. Además en muchas ocasiones, tras el regreso de estos, tuvo que enfrentarse a  numerosos “caciquillos” del bando vencedor (generalmente carlistas, falangistas y “aprovetxategis”) para salvaguardar los bienes y el honor de los retornados. Nada mejor que este fragmento de sus propias memorias para hacernos idea de los valores morales del militar debarra.

“Y, en Francia me metí. Con un coche que me prestó Juan Bautista Pardo, y teniendo por mecánico a Fermin Laintz, sin comisiones ni dietas de ninguna clase, me recorrí, pueblo a pueblo… lugar a lugar, todo el sudoeste de Francia, donde pudiera haber un pescador vasco exiliado. Las anécdotas de ese mes y pico de peregrinar, serían interminables de contar. No cabe la menor duda de que Dios me asistió plenamente, en trances dificilísimos que tuve, hasta alcanzar el éxito más completo.
Docenas de barcos fueron levantados sus embargos y traídos a España… y 713 pescadores de la costa vasca (desde Fuenterrabía a Santurce) pasaron a incorporarse a sus familias, rescatándoles de una penosa emigración a América. Es uno de mis hechos de vida de los que me siento más orgulloso. Enviaba mis listas de nombres al mismísimo Generalísimo, a medida que los iba pasando a España; tomaba su nombre en la frontera para que nada les pasase… Claro es que, luego, yo estaba “al quite” para evitarles la persecución de caciquillos pueblerinos que, sin mi, les hubieran hecho la vida imposible una vez en sus respectivos pueblos.

Al terminar mi misión, fui a darle cuenta al Generalísimo con todo detalle y, parece ser le gustó. Me recorrí la costa vasca española varias veces para evitar venganzas personales contra todos estos individuos, teniendo que actuar algunas de ellas, ya que, como el espíritu español es el de ser más papista que el Papa, a gentes que el propio Generalísimo había perdonado, por haber pertenecido a los rojos, se resistían a hacerlo, un alcaldillo pueblerino, o un jefecillo de la falange, sin otro motivo, las más de las veces, que por ser competidor suyo en el oficio e incluso porque no querían devolverle lo que les pertenecía y se querían apropiar de ello, en la impunidad de creer no volverían más. ¡Ellos que habían sido carlistas toda la vida…! Posiblemente, pero se habían convertido, amparados en nuestra guerra, en unos ladrones o en unos aprovechados”.

A la derecha de la imagen, realizada desde el monte Igeldo, puede apreciarse la cárcel donostiarra de Ondarreta, lugar donde fueron internados, juzgados y condenados a muerte los supervivientes del bou “Nabarra”. Manuel Calderón acudió personalmente a dicha cárcel para rescatar a los que, según él, eran verdaderos héroes.

EL AGRADECIMIENTO DE UN PUEBLO

No quisiera terminar este artículo sin comentar que a pesar del desconocimiento casi absoluto de la existencia de don Manuel Calderón Lopez-Bago en su propio pueblo, Deba, su figura y hechos recibieron en vida el homenaje, el agradecimiento y el cariño de numerosos marineros de toda la costa  vasca. Dos detalles significativos: el primero es que en la década de 1970 Don Manuel contaba con treinta y dos ahijados y ahijadas, hijos de arrantzales vascos. Poca gente puede presumir de haber apadrinado a tantas personas; todo un record Guiness.
El segundo es referente al primer homenaje que en 1976 se tributó frente a Matxitxako a los marinos vascos muertos en el bou Nabarra. Tras el homenaje se levantó un acta con el siguiente texto:   
 "En aguas de Cabo Matxitxako el 5 de marzo de 1976. Reunidos un grupo de vascos a bordo de un pesquero en aguas de Matxitxako, hemos dado a la mar una corona de flores en recuerdo de la Batalla de Cabo Matxitxako y del hundimiento del "Nabarra ". Al conmemorar su 39 aniversario, saludamos a aquellos marinos vascos muertos por su patria así como a los demás partícipes en la gesta. Deseamos igualmente enviar desde estas aguas un afectuoso recuerdo al Contralmirante Don Manuel de Calderón, en agradecimiento por haber salvado las vidas de los supervivientes del "Nabarra", gesto que no quedará olvidado entre los marinos vascos".


Este articulo fue publicado, originalmente, en el ejemplar nº74 de la revista DEBA, en diciembre del año 2009

5 comentarios:

  1. Excelente artículo y hermosa historia de heroísmo, caballerosidad y gente de bien. A veces las guerras también muestran lo mejor del ser humano.

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  2. Me llamo Juan Manuel López-Bago y no sabía de la existencia de, lo que es casi seguro, pariente mío. Me alegro que hubiera personas que aprovechando su cargo ayudaran a tanta gente, con la personal satisfacción de que sea un López-Bago.

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    1. Juan Manuel: me alegro te haya gustado el artículo. Me dices que también te apellidas López-Bago y que posiblemente seas familia de Don Manuel Calderón. Te lanzo el reto de averiguarlo y sacar todos los datos que puedas sobre esta gran persona.
      Un abrazo
      Alex Turrillas Aranzeta

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  3. Me llamo Juan Manuel López-Bago y no sabía de la existencia de, lo que es casi seguro, pariente mío. Me alegro que hubiera personas que aprovechando su cargo ayudaran a tanta gente, con la personal satisfacción de que sea un López-Bago.

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  4. Buenos días tocayo
    comentarte que uno de los ahijados de Manuel Calderón es
    "Apala",que siendo uno de las personas más buscadas por la policía,fue a verle al Hospital de la Marina,donde falleció Calderón

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